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El cardenal alemán Joseph Ratzinger pronunció la homilía
durante el oficio religioso.
El cardenal alemán Joseph Ratzinger consideró hoy que
Juan Pablo II fue "sacerdote de todo corazón" e hizo del
Evangelio su vida hasta el final de sus días, en un
multitudinario funeral en la Plaza de San Pedro del
Vaticano al que acudieron numerosas personalidades y
cientos de miles de fieles.
En su homilía, Ratzinger, decano del Colegio
Cardenalicio, describió el camino vocacional del
fallecido jefe de la Iglesia católica y estableció
paralelismos entre Karol Wojtyla y la vida de
Jesucristo. "El Santo Padre fue sacerdote hasta el
final, pues ha ofrecido su vida a Dios por sus ovejas",
dijo el alemán. "Quería entregarse por Cristo y por
ello, también por nosotros", señaló. El purpurado
consideró que Juan Pablo II sufrió y amó por Jesucristo
y afirmó que por ello su camino de sufrimiento fue tan
fecundo. Según Ratzinger, ya desde muy joven, desde la
pérdida de su madre y más tarde de su padre, el Papa
supo escuchar las palabras de Jesús y se refugió en la
Virgen María, a la que dedicó el lema de su pontificado
"Totus Tuus" ("Todo tuyo"). "Podemos estar seguros de
que nuestro querido Papa está ahora en la ventana de la
casa del Padre, nos ve y nos bendice. Nos ve y nos
bendice. Sí, bendíganos, Santo Padre", dijo el que fuera
uno de los más estrechos colaboradores de Juan Pablo II,
en una homilía interrumpida en numerosas ocasiones por
los aplausos de los fieles.
Al comienzo de la prédica, el cardenal saludó a los
fieles y a las numerosas personalidades presentes, entre
ellos más de 200 jefes de Estado y de gobierno. Durante
la ceremonia en la Plaza de San Pedro fue expuesto el
sencillo sarcófago de madera de Juan Pablo II, adornado
por un Evangelio. Entre los presentes se encontraban el
presidente de Estados Unidos, George W. Bush, el
presidente francés, Jacques Chirac, el canciller alemán,
Gerhard Schroeder, y el secretario general de Naciones
Unidas, Kofi Annan. Grandes ausentes fueron el
presidente ruso, Vladimir Putin, y el chino, Hu Jintao.
Ya desde primeras horas de la mañana, una enorme marea
humana comenzó a inundar la Plaza de San Pedro y la
anexa Via della Conciliazione. Según las autoridades, en
los últimos días acudieron a Roma unos tres millones de
personas para dar su último adiós a Juan Pablo II, quien
murió el sábado de la semana pasada después de gobernar
la Iglesia católica durante más de 26 años.
En vista de que en la Plaza de San Pedro y las vías
aledañas vaticanas sólo tienen capacidad para unas
500.000 personas, fueron colocadas en diversas plazas y
parques de la ciudad pantallas gigantes en las que poder
seguir la ceremonia, seguramente las más multitudinaria
vivida por Roma hasta la fecha. "Se trata de una masa
humana casi inimaginable", dijo un colaborador vaticano,
señalando que todo marchó en orden y con tranquilidad.
Numerosas personas pasaron la noche a la intemperie en
las cercanías del Vaticano para asegurarse un lugar en
la misa fúnebre, entre ellas muchos peregrinos de la
Polonia natal del Papa.
Las medidas de seguridad durante la ceremonia y en días
anteriores fueron extremas para evitar posibles
atentados en vista de la multitudinaria asistencia y de
la destacada participación internacional. Para acceder a
la Plaza de San Pedro, los fieles fueron registrados en
en busca de armas y explosivos. También los obispos
tuvieron que someterse a los controles. Además, las
autoridades italianas cerraron parte del espacio aéreo
de Roma, mientras que se prohibió circular en automóvil
por el centro de la ciudad.
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