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A hombros de doce antiguos portadores de la Silla
Gestatoria, el féretro con el cuerpo sin vida de Juan
Pablo II llegó a la plaza de San Pedro desde el interior
de la basílica para el funeral.
Un fuerte aplauso acogió la aparición del ataúd en la
puerta principal de la basílica de San Pedro.
La procesión partió en medio de toque de las campanas a
muerto. A su llegada al sagrario de la plaza, el ataúd
fue colocado delante del altar, en el suelo.
Encima le fue colocado un libro de los Evangelios
abierto.
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La misa ha sido
oficiada por el decano del Colegio Cardenalicio, Joseph
Ratzinger, y concelebrada por 164 purpurados. Un total
de 320 sacerdotes repartieron la comunión.
Un tapiz con Cristo resucitado, colgado de la puerta
principal de la basílica de San Pedro, preside la
ceremonia.
Al final de la misa se procedió al rito de la despedida.
El cardenal vicario de Roma, Camillo Ruin, imploró a
Dios en nombre de la Iglesia de Roma que acoja en su
seno a Juan Pablo II.
También cumplieron este rito el patriarca ecuménico de
Constantinopla, Bartolomé I; el primado de la Iglesia
Anglicana, Rowan Williams, y el Patriarca de Alejandría
de los Coptos, Stephanos Gattas.
A la misa asisten representantes de todas las iglesias
ortodoxas, entre ellas el Patriarcado de Moscú, los de
Ucrania, Georgia, Serbia, Rumania, Bulgaria y Grecia, la
Iglesia Copta, la Apostólica de Armenia, la ortodoxa de
Etiopía y la de Eritrea.
También estuvieron presentes la Comunión Anglicana, la
Federación Luterana Mundial, las Iglesias Reformadas, el
Consejo Ecuménico de las Iglesias.
Asimismo, asisten el rabino jefe de Roma, Riccardo de
Segni, el Congreso Hebreo Mundial, y delegaciones de la
Comunidad Islámica, del budismo, de los sij y del
hinduísmo.
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Delegaciones oficiales
de 200 países, entre ellos España y todos los
Latinoamericanos, también están presentes en la plaza de
San Pedro, llena a rebosar por cientos de miles de
personas venidas de todo el mundo.
Decenas de miles de fieles han sido repartidos por
diferentes lugares de Roma ante la imposibilidad de
entrar en la plaza de San Pedro. Siguieron el rito a
través de pantallas gigantes de televisión.
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