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Con el entierro de Juan Pablo II concluyeron hoy las
exequias del Romano Pontífice, seguido por millones de
fieles desde la Plaza de San Pedro, en los alrededores
por pantallas gigantes y desde todo el mundo por
televisión.
Millones de peregrinos llegaron desde diversas partes
del planeta a despedir a Su Santidad, para colmar la
Plaza y sus accesos, desde el lunes cuando su cuerpo
mortal quedó expuesto.
Tres estaciones conformaron el rito, iniciado con los
dos momentos identificados con la verificación de la
muerte del Papa, el sábado anterior a los 84 años de
edad, y la exposición de sus restos en un lugar
adecuado.
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La Basílica Vaticana
se convirtió en contexto de la segunda estación, que
comprendió el traslado del cuerpo de Su Santidad de la
Casa Pontificia con la Misa exequial, la última
recomendación y la despedida, para terminar en la
tercera etapa, de traslado del féretro al lugar de la
sepultura y el entierro.
De acuerdo con lo establecido por la Congregación
General de los Cardenales, la Misa exequial se realizó
en el atrio de la Basílica Vaticana presidida por el
decano del colegio cardenalicio, el alemán Joseph
Ratzinger.
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La Misa fue precedida
por la colocación de los restos mortales de Su Santidad
en el féretro, que luego se trasladó al sepulcro y al
entierro en una caja de madera de ciprés.
El rito de clausura del féretro fue encabezado por el
camarlengo, el cardenal español Eduardo Martínez.
El maestro de las celebraciones litúrgicas arzobispo
Piero Marini leyó el Acta que recuerda la vida y obra
mas importante del difunto Pontífice, uno de cuyos
ejemplares quedó en el interior de un tubo de metal
enterrado junto al Papa.
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Al final de la
celebración eucarística, el cuerpo mortal fue acompañado
al lugar de la sepultura, en las Grutas Vaticanas dentro
de la Basílica, a través de la puerta de Santa Marta.
El féretro de ciprés, ubicado dentro de una caja de zinc
y ambos en otra de madera, quedó colocado en el sepulcro
que acogió antes el cuerpo del beato Juan XXIII, para
luego decretar nueve días de especiales celebraciones de
la Eucarístía en sufragio por el Papa.
Sólo después de estas celebraciones, el próximo 18 de
abril, el Cónclave iniciará la búsqueda del sucesor de
Juan Pablo II con una o más votaciones de los 117
cardenales electores (con menos de 80 años de edad, en
busca de dos tercios de los criterios.
En caso de que tras 21 sesiones de escrutinio ningún
candidato lo consiga, se elegirá entre los dos con más
votos, siempre que se logre la mayoría absoluta.
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Despidieron a Juan Pablo II con rigurosa y lúcida
ceremonia
Los funerales de Juan Pablo II, posiblemente el mayor de
un Papa en la historia, finalizaron hoy tras cumplirse
una rigurosa y lucida ceremonia que comenzó luego de
colocar su cuerpo en un ataúd, frente a la basílica de
San Pedro.
Al concluir la misa, una pequeña procesión de cardenales
encabezada por el camarlengo Eduardo Martínez Somalo
inició el traslado del ataúd de madera de ciprés a las
grutas vaticanas.
Allí, el ataúd será ubicado de un féretro de zinc y otro
de nogal, el cual se depositará directamente en la
tierra, en el lugar en que se encontraba Juan XXIII, el
llamado Papa bueno, a quien beatificó y cuyos restos
ordenó trasladar a la basílica.
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Karol Wojtyla reposará, según eligió, cerca de Pablo VI
y Juan Pablo I y en la cripta más inmediata a donde se
encuentran los restos de San Pedro, primer Papa de la
Iglesia católica Romana.
La misa fúnebre comenzó tras ubicarse el ataúd sobre una
alfombra roja en la plaza y colocado encima un libro del
evangelio.
El cardenal alemán Joseph Ratzinger ofició la misa ante
la presencia del colegio cardenalicio y más de dos mil
500 personalidades de relevancia mundial, además de
cientos de miles de peregrinos, que colmaron la plaza de
San Pedro.
La primera lectura de la misa fue hecha en español, la
segunda en inglés y la tercera en latín.
Alejandra Correa leyó en español un fragmento de las
actas de los Apóstoles, John G. McDonald recordó en
inglés que Cristo transformará nuestro cuerpo y Marcos
Pavan cantó el salmo 22, nada me faltará, en latin.
Luego se recitó la oración universal en varias lenguas
por el difunto Papa.
Ratzinger destacó en la homilia que Juan Pablo II fue un
sacerdote total y ofreció su testimonio hasta en los
últimos momentos de su vida.
También describió al finado Papa de buen pastor que amó
sus ovejas y buscó el encuentro con todos, para quienes
tuvo capacidad de perdón y apertura de su corazón.
Esa ceremonia fue seguida por el rito de la eucaristía,
que conmemora la última cena de Cristo.
Los sacerdotes dieron la comunión a todos los presentes,
ceremonia que seguirá con el rito de las exequias.
Pero desde mucho antes de la multitud pidieron,
cumpliendo una vieja tradición, que Juan Pablo II sea
declarado Santo, momento en que Ratzinger debió esperar
varios minutos para continuar.
Católicos del rito oriental cantaron la liturgia
bizantina, mientras se pasaba incienso sobre el ataúd.
Luego se procedió al homenaje a los difuntos en el cual
se encomendó el alma a Dios y pidió protección a los
santos para que lo acompañen.
Ratzinger roció con agua bendita el ataúd, sobre el cual
también pasó incienso y luego entonó rezos en los cuales
pidió honor y gloria por los siglos de los siglos para
el finado jefe de la iglesia católica.
Con lo que se dio por finalizada la misa y comenzaron a
retirarse los cardenales para preparar la procesión para
dar sepultura a Juan Pablo II, mientras una docena de
caballeros papales cargaron el ataúd hacia el interior
de la Basílica.
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