Año III
La Habana
Semana 2 - 8
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Concluye rito de las exequias
del Romano Pontífice
Prensa Latina Roma


Con el entierro de Juan Pablo II concluyeron hoy las exequias del Romano Pontífice, seguido por millones de fieles desde la Plaza de San Pedro, en los alrededores por pantallas gigantes y desde todo el mundo por televisión.

Millones de peregrinos llegaron desde diversas partes del planeta a despedir a Su Santidad, para colmar la Plaza y sus accesos, desde el lunes cuando su cuerpo mortal quedó expuesto.

Tres estaciones conformaron el rito, iniciado con los dos momentos identificados con la verificación de la muerte del Papa, el sábado anterior a los 84 años de edad, y la exposición de sus restos en un lugar adecuado.

La Basílica Vaticana se convirtió en contexto de la segunda estación, que comprendió el traslado del cuerpo de Su Santidad de la Casa Pontificia con la Misa exequial, la última recomendación y la despedida, para terminar en la tercera etapa, de traslado del féretro al lugar de la sepultura y el entierro.

De acuerdo con lo establecido por la Congregación General de los Cardenales, la Misa exequial se realizó en el atrio de la Basílica Vaticana presidida por el decano del colegio cardenalicio, el alemán Joseph Ratzinger.

La Misa fue precedida por la colocación de los restos mortales de Su Santidad en el féretro, que luego se trasladó al sepulcro y al entierro en una caja de madera de ciprés.

El rito de clausura del féretro fue encabezado por el camarlengo, el cardenal español Eduardo Martínez.

El maestro de las celebraciones litúrgicas arzobispo Piero Marini leyó el Acta que recuerda la vida y obra mas importante del difunto Pontífice, uno de cuyos ejemplares quedó en el interior de un tubo de metal enterrado junto al Papa.

Al final de la celebración eucarística, el cuerpo mortal fue acompañado al lugar de la sepultura, en las Grutas Vaticanas dentro de la Basílica, a través de la puerta de Santa Marta.

El féretro de ciprés, ubicado dentro de una caja de zinc y ambos en otra de madera, quedó colocado en el sepulcro que acogió antes el cuerpo del beato Juan XXIII, para luego decretar nueve días de especiales celebraciones de la Eucarístía en sufragio por el Papa.

Sólo después de estas celebraciones, el próximo 18 de abril, el Cónclave iniciará la búsqueda del sucesor de Juan Pablo II con una o más votaciones de los 117 cardenales electores (con menos de 80 años de edad, en busca de dos tercios de los criterios.

En caso de que tras 21 sesiones de escrutinio ningún candidato lo consiga, se elegirá entre los dos con más votos, siempre que se logre la mayoría absoluta.

Despidieron a Juan Pablo II con rigurosa y lúcida ceremonia

Los funerales de Juan Pablo II, posiblemente el mayor de un Papa en la historia, finalizaron hoy tras cumplirse una rigurosa y lucida ceremonia que comenzó luego de colocar su cuerpo en un ataúd, frente a la basílica de San Pedro.

Al concluir la misa, una pequeña procesión de cardenales encabezada por el camarlengo Eduardo Martínez Somalo inició el traslado del ataúd de madera de ciprés a las grutas vaticanas.

Allí, el ataúd será ubicado de un féretro de zinc y otro de nogal, el cual se depositará directamente en la tierra, en el lugar en que se encontraba Juan XXIII, el llamado Papa bueno, a quien beatificó y cuyos restos ordenó trasladar a la basílica.

Karol Wojtyla reposará, según eligió, cerca de Pablo VI y Juan Pablo I y en la cripta más inmediata a donde se encuentran los restos de San Pedro, primer Papa de la Iglesia católica Romana.

La misa fúnebre comenzó tras ubicarse el ataúd sobre una alfombra roja en la plaza y colocado encima un libro del evangelio.

El cardenal alemán Joseph Ratzinger ofició la misa ante la presencia del colegio cardenalicio y más de dos mil 500 personalidades de relevancia mundial, además de cientos de miles de peregrinos, que colmaron la plaza de San Pedro.

La primera lectura de la misa fue hecha en español, la segunda en inglés y la tercera en latín.

Alejandra Correa leyó en español un fragmento de las actas de los Apóstoles, John G. McDonald recordó en inglés que Cristo transformará nuestro cuerpo y Marcos Pavan cantó el salmo 22, nada me faltará, en latin.

Luego se recitó la oración universal en varias lenguas por el difunto Papa.

Ratzinger destacó en la homilia que Juan Pablo II fue un sacerdote total y ofreció su testimonio hasta en los últimos momentos de su vida.

También describió al finado Papa de buen pastor que amó sus ovejas y buscó el encuentro con todos, para quienes tuvo capacidad de perdón y apertura de su corazón.

Esa ceremonia fue seguida por el rito de la eucaristía, que conmemora la última cena de Cristo.

Los sacerdotes dieron la comunión a todos los presentes, ceremonia que seguirá con el rito de las exequias.

Pero desde mucho antes de la multitud pidieron, cumpliendo una vieja tradición, que Juan Pablo II sea declarado Santo, momento en que Ratzinger debió esperar varios minutos para continuar.

Católicos del rito oriental cantaron la liturgia bizantina, mientras se pasaba incienso sobre el ataúd.

Luego se procedió al homenaje a los difuntos en el cual se encomendó el alma a Dios y pidió protección a los santos para que lo acompañen.

Ratzinger roció con agua bendita el ataúd, sobre el cual también pasó incienso y luego entonó rezos en los cuales pidió honor y gloria por los siglos de los siglos para el finado jefe de la iglesia católica.

Con lo que se dio por finalizada la misa y comenzaron a retirarse los cardenales para preparar la procesión para dar sepultura a Juan Pablo II, mientras una docena de caballeros papales cargaron el ataúd hacia el interior de la Basílica.

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