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Los restos mortales del Papa Juan Pablo II recibieron
sepultura en las grutas vaticanas, a las 14:20 horas de
hoy, según informó el Vaticano. Como dicta la tradición,
el cuerpo del Pontífice fue inhumado dentro de un ataúd
de ciprés, colocado a su vez dentro de un segundo de
plomo, para evitar la humedad, y un tercero de nogal.
Terminada la misa funeral, a las 12:30 horas, el féretro
se llevó en procesión a través de la puerta de Santa
Marta hacia las grutas vaticanas, sólo acompañado por
algunos cardenales y en medio de los sonoros aplausos de
los fieles congregados en la Plaza de San Pedro. En las
grutas se realizó la inhumación, en la capilla donde se
encontraba enterrado Juan XXIII hasta que fue proclamado
beato por el propio Juan Pablo II.
El Papa dejó escrito que quería ser enterrado en la
tierra y que sobre él se colocase únicamente una lápida
de mármol y no un sarcófago. La inhumación solo se
realizó ante unos pocos cardenales y no fue transmitida
por las televisiones.
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Según la tradición, en
la capilla, el cardenal Camarlengo, Eduardo Martínez
Somalo, recita el Canto 'Salve Regina' y se procede a la
inhumación. El último paso es cerrar la tumba con una
lápida de mármol blanco con las únicas palabras "Johannes
Paulus P.P. II".
La solemne misa funeral por el papa Juan Pablo II
comenzó puntualmente a las diez de la mañana en la Plaza
de San Pedro, presidida por el decano del Colegio
Cardenalicio, el alemán Joseph Ratzinger, y concelebrada
por más de 164 cardenales. Ratzinger dijo durante la
homilía que los sentimientos que embargan en estos
momentos son de "tristeza total, pero también de alegre
esperanza y de profunda gratitud".
"Tenemos el corazón lleno de tristeza, pero también de
alegre esperanza y de profunda gratitud. Este es nuestro
estado de ánimo", afirmó el purpurado alemán, cuyas
palabras fueron acogidas con una fuerte aplauso por los
cientos de miles de presentes en la plaza de San Pedro.
El oficiante del funeral de Juan Pablo II trazó un
perfil del fallecido, resaltando sus años de juventud
cuando era un entusiasta del teatro y trabajaba en una
fábrica química (la Solvay), "circundado y amenazado por
el terror nazi". Recordó cuando fue ordenado sacerdote,
"lo fue siempre hasta el fondo", dijo, y subrayó que en
la frase "Como el Padre me ha amado, así os amo yo, os
llevo en mi corazón" se ve toda la figura del Pontífice.
Alejandra Correa, chilena de 30 años afincada en Miami
(Estados Unidos), fue la encargada de leer, en español,
la primera lectura de la misa funeral por Juan Pablo II,
un texto correspondiente a los Hechos de los Apóstoles.
La ceremonia incluye lecturas en varios idiomas: el
Salmo responsorial fue leído en latín por el joven
brasileño Marcos Pavan y la segunda lectura, la carta de
San Pablo a los Filipenses, fue en inglés, a cargo de
John G. McDonald.
El cuerpo sin vida de Juan Pablo II fue trasladado
previamente en procesión desde el templo vaticano,
después de que fuera introducido en un féretro de
ciprés, sellado en una ceremonia presidida por el
cardenal Camarlengo.
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A la ceremonia central
de las exequias del Papa Wojtyla han asistido unas
doscientas delegaciones de los principales países del
mundo, representantes de las distintas iglesias
cristianas y otras confesiones, así como en torno a
cuatro millones de personas llegadas de todo el mundo.
Se calcula que en la Plaza de San Pedro y los aledaños
había unos 600.000 fieles que habían pasado la noche a
la intemperie. El resto se repartieron por los
diferentes puntos en los que se habían colocado
pantallas gigantes.
Los fieles han pedido a gritos y con algunas pancartas
que Juan Pablo II sea proclamado santo lo antes posible,
interrumpiendo con sus aclamaciones los funerales por el
Papa. Algunas pancartas escritas en italiano también
pedían la canonización de Juan Pablo II lo antes
posible.
Muchos de los peregrinos que no han logrado, o ni
siquiera han intentado entrar a la zona del Vaticano se
han congregado en el histórico Circo Massimo, donde la
misa funeral se ha podido ver a través de dos enormes
pantallas colocadas en los laterales.
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Entre los fieles se ha podido ver un sinfín de banderas
de distintas naciones, entre ellas las de Polonia,
España, Francia, Bélgica, Brasil y Portugal, además de
varias pancartas, muchas escritas en polaco.
Todos los fieles que han querido entrar en la Plaza de
San Pedro han sido divididos en pequeños grupos y se les
ha obligado a pasar por un detector de metales y se les
ha revisado los bolsos y mochilas antes de entrar en la
Plaza. Esta operación de seguridad ha retrasado la
entrada de los fieles, que han llenado completamente la
plaza.
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