Año III
La Habana
Semana 2 - 8
ABRIL
de 2005

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TERESITA FERNÁNDEZ
Poetas y juglares: cronistas de los siglos
Estrella Díaz La Habana
Fotos:
Alain Gutiérrez


Tres generaciones consecutivas de cubanos han disfrutado del cantar de Teresita Fernández y, en algún sentido, crecido al amparo de sus textos porque ella, juglar por excelencia y decisión, aparece en el lugar que se le convoque; “mientras mas humilde, mejor” asegura. 

Ella, poseedora de una impresionante obra hasta el momento no recogida ampliamente en discos, es de la opinión de que “quien trabaja para y con los niños asegura un futuro de amor”; de ahí que cuando está frente a los pequeños es  feliz. “Ellos no me cansan nunca”.  

Teresita —a quien no le gustan los cómodos teatros porque las luces no le permiten ver al público y disfruta “verle el rostro a la gente, que es una forma de comunicarme con ellos”— se considera una mujer primitiva; amante de los  gorriones y le fascina estar en contacto estrecho con la naturaleza.

Se autocalifica de juglar porque “el juglar se reveló del Rey y del mundo de la corte y cantaba en plazas y parques para el pueblo; era pobre, nómada y libre  y también muy feliz”.  

A estas alturas de su vida y a punto de cumplir 75 años de edad, Teresita coincide con el gran poeta estadounidense Walt Whitman (1819-1892) cuya obra aboga por unicidad de todos los seres humanos y quien definió a los poetas “como cronista de los siglos”.  

Considera la juglar que ha hecho su propia crónica de viaje desde que comenzó a “cantar antes de hablar”, y que hacerlo y componer ha sido como escribir un diario: “no entiendo mucho de promoción, lo que para mí está claro es que soy feliz cuando agarro una guitarra y desato mis emociones”.    

Teresita regresó recientemente de España donde participó en el Festival Internacional de la Oralidad: Un mundo de cuentos que auspicia el Ayuntamiento de  Elche (Alicante), la Universidad de Alicante, Teatro La carátula y el profesor Antonio González, académico que durante más de cuatro décadas trabajó en ese centro de altos estudios.  

La trovadora cubana, quien fue electa miembro de honor del Festival, compartió con otros artistas de Argentina, Colombia, España, Georgia, México, Sahara Occidental, Uruguay y Venezuela y realizó presentaciones en el Aula Magna de la Universidad de Alicante, Leiria, Castellón, Albacete y Burgos. 

Según contó en entrevista especial para La Jiribilla, la acogida del público fue magnífica. En su mayoría —dijo— jóvenes universitarios con los que estableció  de inmediato una gran comunicación. “Les conté, por ejemplo, de mis abuelos valencianos y asturianos, que no conocí y de las canciones que hice  pensando en ellos. Ahora, casi cien años después, regreso a su tierra para compartir esos textos y esas emociones”.

Uno de los proyectos actuales que más motiva a Teresita Fernández —quien tiene como principio en la vida hacer feliz a los demás “porque cuando hago feliz a otros lo soy yo”— es realizar un libro en el que narre su infancia a través de canciones que irán acompañadas por ilustraciones de los personajes de los textos. Esas ilustraciones (perfiles) podrán ser coloreadas y rellenadas por los niños y las niñas.

Uno de sus mayores anhelos es que se comprenda definitivamente la importancia de trabajar culturalmente con los niños. “La gente confunde la creación para niños con la simplicidad porque piensan que el mundo del niño es simple. No. Lo que sucede es que es un terreno diferente al del adulto y, además, los pequeños son muy sensibles y sinceros. Los mayores tenemos que aprender mucho de los niños”, enfatizó.  

Sobre el significado de este sabio consejo reflexionaremos hasta que muy pronto, seguramente, volvamos a reencontrarnos en cualquier plaza o parque con Teresita y, quizás, con su “Gatico Vinagrito”, uno de los más significativos textos de la canción infantil cubana que hemos cantado, y aun cantamos, las últimas tres generaciones de cubanos. Y las que siguen, de seguro, también.  

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