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El principal
hallazgo de estas canciones hechas para un niño quizás
esté en que su autora haya comprendido tan bien que no
se trataba del todo de canciones ni, mucho menos, de
canciones infantiles.
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En estos versos hay
dolor, pero no quejumbre. Arengas guerreras, más que
nanas, hace Martí a su hijo. Despertarlo quisiera, no
dormirlo. De aquí que la monotonía, aquí esencial, del
ritmo, no sea tampoco la de la nana sino la de la
marcha, y la marcha guerrera, que sean versos, en fin,
como para una caballería andante.
Martí quiso hacer con estos poemas la hazaña que
admiraba en el orfebre Cellini: tallar en un salero a
Júpiter. Pero no hay que engañarse por el aire
versallesco con que saluda a su príncipe enano:
enseguida veremos que su príncipe es también su
caballero, que la fiesta no es baile cortesano, sino
batalla magna, como que es la batalla de la pureza, con
solo serlo, da a las huestes infernales.
Era preciso , pues, encontrar una música que fuera a la
vez guerrera y festiva: de aquí que los acordes primeros
de la guitarra nos recuerden a un tiempo el ímpetu
monótono, implacable, de la marcha y la fanfarria con
que el juglar anuncia un suceso alegre e insólito o el
paje la llegada del rey.
El que busque
modernas complejidades armónicas huya de estas
canciones donde lo simple constituye el hallazgo
difícil, la terca inspiración, el encuentro con la
tonada eterna.
Hay que admitir que una solución musical que
alcanzase la diferencia de intención entre un vuelo
y otro, halló, en la doble vocación de Teresita de
alegrar con sus canciones la fiesta de un niño, y su
profunda catolicidad, una feliz coincidencia;
catolicidad decimos, más que catolicismo, vuelta a
la raíz etimológica de universalidad, de aquella
integración de arco y flecha contrarios, que también
quiso realizar la definición clásica de la armonía.
Y es aquí donde se enlaza su Ismaelillo árabe,
desterrado de su propia tierra y el hermoso mito
griego del Niño-Amor, que tradujo y del que nos dio
en sus Apuntes una tan original versión.
No creo que sin una
profunda formación cristiana pudiera el simple arte
hallar el equivalente musical de este vuelo diferente,
que alcanza tres tiempos: el de la fiesta inicial, el
deber patriótico que lleva a la renuncia, y aquel en que
la fiesta retoma otro mayor sentido, en que la vida
nueva deja atrás las historias viejas / del hombre y de
sus rencillas : ya puede el padre dejar en las manos del
hijo este librillo pequeño como sus años: ya puede
retomar su aire, su caballería andante, el cuento de la
fiesta hecha en honor de un Príncipe.
¿Quién es Teresita?
Teresita Fernández
nació el 20 de diciembre de 1930 en Santa Clara, en el
seno de una familia eminentemente musical.
Comenzó a cantar desde los cuatro años en la emisora
radial CMHI de aquella ciudad, en el programa Hora
Martha, que dirigía su madre Amparo García.
En 1948 se graduó de
maestra normalista y en 1959 obtuvo el título de Doctora
en Pedagogía. Su debut profesional como trovadora se
produjo el 20 de julio de 1965 en la Sala Arlequín
de La
Habana, a donde asistió a escucharla el inmortal Sindo
Garay.
Ese mismo año comenzó
sus presentaciones en el programa Chez Bola del
restaurante Monseigneur, y un año más tarde creó
su espacio musical en el club nocturno El Cóctel. De
ella diría Ignacio Villa, el gran Bola de Nieve:
"es la única guajira que yo resisto con una guitarra".
Como excelente
comunicadora social, condujo los programas radiales
Musa traviesa y De regreso. Su primera
incursión en televisión fue en 1960, al inaugurar el
programa La casita de azúcar.
En 1975 fundó la Peña
de los juglares en el Parque Lenin donde compartió con
prestigiosas personalidades de la cultura nacional e
internacional, entre ellas: Alicia Alonso, Onelio Jorge
Cardoso, Cintio Vitier, Fina García Marruz, Pablo
Milanés, Silvio Rodríguez, Sara González, Antonio Gades,
Tania Libertad y Dany Rivera.
Desde 1988 hasta la
fecha se ha presentado en diversos escenarios
internacionales entre los que se destacan sus
actuaciones en la Jornada Dariana en Nicaragua y en el
II Festival Iberoamericano de Narración Oral y Escénica
de Monterrey, México, en el que obtuvo el Premio Chamán.
A lo largo de su
extraordinaria carrera ha obtenido innumerables
reconocimientos: el Disco de Plata de la EGREM, 1980; el
Premio EGREM, 1988, con el LD Mi gatico Vinagrito;
la Orden Por la Cultura Nacional; la Orden por la
Educación Cubana, Orden Rafael María de Mendive, las
medallas Raúl Gómez García y X Aniversario de la Nueva
Trova.
Es
autora de canciones que forman parte de lo mejor del
género no solo en Cuba, sino en Iberoamérica como “Mi
gatico Vinagrito”, y “Tin, tin, la lluvia”.
Teresita también posee una extensa obra para adultos,
para muchos desconocida, que incluye boleros, poemas
musicales, villancicos, habaneras y canciones. |