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En medio de la conmoción por la anunciada hoy muerte del
Papa Juan Pablo II, el Vaticano comenzó con rigor el
proceso que sigue al fallecimiento del jefe de la
Iglesia católica impuesto por la tradición y los
pontífices.
Por ahora y hasta que se elija un nuevo Papa,
corresponderá al actual camarlengo, el cardenal español
Eduardo Martínez Somalo, ejercer la máxima autoridad en
la Santa Sede.
A Martínez Somalo también correspondió constatar
oficialmente el deceso de Juan Pablo II golpeando su
frente con un pequeño martillo de plata y decir vere
papa mortus est, de verdad el papa está muerto y
comunicarlo para que fuera anunciado al mundo.
El camarlengo debió romper el anillo del Papa y también
deberá sellar sus aposentos.
De acuerdo con la tradición el cuerpo sin vida debe ser
vestido con los paramentos pontificios, la mitra blanca
en la cabeza, la capa roja que se usa para celebrar las
misas y cuyo color es el de luto de los Papas, la estola
blanca con cruces negras, símbolo de la dignidad.
Como parte de esos ritos, sus restos se exponen al
público en la basílica de San Pedro y los funerales
solemnes se realizan tres días después del deceso.
Mientras, los cardenales celebran durante nueve días los
Novendiali, las exequias por el alma del difunto.
Al funeral, o missa poenitentialis, presenciada por los
cardenales y oficiada por el alemán y presidente de la
Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger,
asistirán delegaciones de estado de todo el mundo.
Según dispuso Juan Pablo II en la Constitución
apostólica de 1999, excepto algún motivo especial, su
cuerpo será sepultado entre el cuarto y sexto día
después de su muerte.
Por la duración de las exequias, con anterioridad, los
cuerpos de los papas eran embalsamados para lo cual se
les retiraba los órganos internos, pero Pio X eliminó
esa práctica.
Para relevar al Sumo Pontífice, la Santa Sede convoca al
conclave del colegio cardenalicio que comenzará los
debates por lo menos dos semanas después del deceso.
El colegio cardenalicio reunido en la Casa de Santa
Marta, a la izquierda de la Basílica de San Pedro,
designará al Sumo Pontífice entre los 117 cardenales
menores de 80 años, 58 europeos, 14 norteamericanos, 21
latinoamericanos, 11 africanos, 11 asiáticos y dos de
Oceanía.
Para ello, se mantendrán incomunicados con el mundo
exterior, pero en el momento de la votación se
trasladarán a la capilla Sixtina.
Si en 30 votaciones el Papa propuesto no alcanza los dos
tercios de los sufragios necesarios para ser elegido,
entonces la designación se realizará con la mayoría
sencilla.
Desde el balcón del Vaticano, los cardenales anuncian
los resultados de sus concilios con señales de humo, si
este es negro no se pusieron de acuerdo, pero si es
blanco eligieron al nuevo Papa.
Entonces el más mayor de los cardenales anuncia desde el
balcón del Vaticano: Habemus Papam.
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