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Cuando el Papa Juan Pablo II hizo su visita a esta
capital, hace siete años, el mundo entero estuvo
pendiente de su histórico encuentro con el presidente
cubano, Fidel Castro.
No era la primera vez que el Sumo Pontífice y el líder
cubano se reunían. En noviembre de 1996 ya habían
sostenido una entrevista en la sede del Vaticano,
calificada por Fidel Castro de "un milagro".
Ya aquel encuentro causó gran revuelo entre la prensa y
mucha gente que esperaba desencuentros entre el líder
revolucionario y Juan Pablo II. Sin embargo entre ambos
estadistas primaron expresiones de respeto y admiración
mutua.
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A su arribo a La
Habana el 26 de febrero de 1998, donde fue recibido por
el presidente cubano y las autoridades eclesiásticas de
la isla, Juan Pablo II se mostró satisfecho por la
acogida.
Me complace -dijo- dirigir mi saludo en primer lugar al
Señor Presidente Doctor Fidel Castro Ruz, que ha tenido
el gesto de venir a recibirme y al cual deseo manifestar
mi gratitud por sus palabras de bienvenida.
Santidad, expresó el mandatario cubano por su parte,
pensamos igual que usted en muchas importantes
cuestiones del mundo de hoy y ello nos satisface
grandemente; en otras, nuestras opiniones difieren, pero
rendimos culto respetuoso a la convicción profunda con
que usted defiende sus ideas.
En Cuba encontrará un pueblo instruido, al que usted
puede hablarle, con toda la libertad que desee hacerlo,
y con la seguridad de que posee talento, elevada cultura
política, convicciones profundas y toda la conciencia y
el respeto del mundo para escucharlo, refirió el jefe de
Estado cubano.
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En su segundo
día de estancia en la isla, el Papa realizó una visita
de cortesía al Jefe de Estado cubano, en la que
sostuvieron una conversación privada de más de 45
minutos de duración e intercambiaron regalos.
Al término de su histórico viaje Fidel Castro felicitó
al Papa por el ejemplo que ambos habían dado al mundo.
"Usted, visitando lo que algunos dieron en llamar el
último bastión del comunismo; nosotros, recibiendo al
jefe religioso a quien quisieron atribuir la
responsabilidad de haber destruido el socialismo en
Europa", apuntó.
Juan Pablo II, por su parte, expresó nuevamente a la
palestra pública su rechazo a las medidas del bloqueo de
Estados Unidos contra Cuba. Las consideró "injustas y
éticamente inaceptables".
Así Juan Pablo II, el Papa viajero, se marchaba dejando
un mensaje de paz y amor al pueblo cubano y su líder.
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