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El presidente Fidel Castro asistió a una misa funeral en
memoria del Papa Juan Pablo II y antes firmó un libro de
condolencias abierto en la sede de la Nunciatura
Apostólica aquí con motivo del deceso del prelado.
A la misa, celebrada
la víspera en la Catedral de La Habana, también
concurrieron los vicepresidentes Carlos Lage y Esteban
Lazo, el presidente del Parlamento, Ricardo Alarcón, el
canciller Felipe Pérez Roque, y el ministro de Cultura,
Abel Prieto.
Además, se encontraban
presentes Caridad Diego, jefa de la Oficina de Asuntos
Religiosos del Comité Central del Partido Comunista de
Cuba; José Ramón Fernández, Vicepresidente del Consejo
de Ministros, y otros ministros de la Isla.
La eucaristía tuvo
lugar en la Catedral de La Habana, donde el mandatario
cubano fue recibido por monseñor Jorge Serpa, vicario de
la Vicaría Norte de La Habana y rector del Seminario San
Carlos y San Ambrosio.
La ceremonia fue oficiada por el cardenal Jaime Ortega,
arzobispo de La Habana, y concelebrada por el Nuncio
Apostólico en Cuba, monseñor Luigi Bonazzi, y todo el
clero de la Arquidiócesis.
El cardenal Ortega
Alamino señaló en la homilía que un dolor sereno y hondo
embarga a la Iglesia en estos momentos en que el mundo
cristiano, y muchos hombres y mujeres de todo el
planeta, creyentes o no, lloran la partida del Papa Juan
Pablo II.
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Significó que el Sumo
Pontífice fue un apasionado de la verdad y trabajó sin
descanso por la paz en el orbe, por la unidad de los
cristianos, la promoción del diálogo interreligioso y la
compresión entre la ciencia y la Fe.
Antes de su homilía, el cardenal Ortega saludó al
mandatario cubano y le expresó su gratitud por el modo
tan sentido con que ha sido acogido en la isla el deceso
de Juan Pablo II.
Por su parte Luiggi Bonazzi, Nuncio Apostólico en Cuba,
dijo que el Santo Padre hizo de su vida un continuo acto
de amor a la Iglesia y al mundo y calificó de
inolvidable su visita pastoral a la nación antillana en
enero de 1998.
También recordó las últimas palabras del fallecido Jefe
de la Iglesia católica hacia la Ínsula, el ocho de enero
pasado, en la ceremonia de presentación de las cartas
credenciales del nuevo embajador cubano ante la Santa
Sede.
Dijo que en aquella ocasión Juan Pablo II exhortó a que
se puedan superar cuanto antes los obstáculos que
impiden la libre comunicación e intercambio entre la
nación cubana y parte de la comunidad internacional, con
lo cual reiteró su oposición al criminal bloqueo
económico, comercial y financiero de EE.UU. contra el
país.
La misa fue seguida por cientos de personas dentro del
recinto religioso,
construido en
1777 y consagrada como Catedral en 1793,
y en la plaza exterior, donde se ubicaron pantallas de
vídeo. Se encontraban presentes, además, miembros del
cuerpo diplomático acreditado en la Isla, representantes
religiosos ortodoxos, protestantes y de otras
denominaciones.
Los restos mortales de Juan Pablo II están expuestos
desde ayer en la Basílica de San Pedro, donde según
estimados serán venerados por unos dos millones de
fieles de todo el mundo antes ser inhumados el viernes.
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