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El viernes serán inhumados los restos mortales de Juan
Pablo II, que están expuestos en la Basílica de San
Pedro para ser venerados por unos dos millones de fieles
de todo el mundo que se espera acudan a sus funerales.
El Papa Karol Wojtyla, su nombre polaco antes de ser
entronizado el 18 de octubre de 1978, falleció en la
noche del sábado a los 84 años a consecuencia de
insuficiencias renales y cardio-respiratorias.
Sus restos, al pie del altar mayor, están vestidos con
una casulla roja -el color de luto de los Pontífices- y
tocados con una mitra blanca; a su lado yace el báculo
pastoral. Dos guardias suizos en traje de gala los
flanquean.
La basílica fue consagrada en 1626 por Urbano III y en
los 120 años que demoró su construcción dirigieron los
trabajos los arquitectos Rafael, Antonio de Sangallo,
Miguel Angel -quien decidió añadir la impresionante
cúpula-, Della Porta y Carlo Maderno.
Su decoración final fue confiada a Bernini, a quien se
debe el baldaquino en bronce sobredodrado que cubre la
tumba de San Pedro en el altar mayor y que representa la
exaltación de los papas.
Miembros de la Curia y del cuerpo diplomático, así como
los más altos cargos de Italia desfilaron estedomingo
ante el cuerpo del Pontífice. La ceremonia fue
televisada a todo el mundo.
Más de 120 mil asistentes a la misa que ofició el
arzobispo argentino Leonardo Sandri, segundo en la
Secretaría de Estado vaticana, por el alma de Karol
Wojtyla, aclamaron al difunto Papa.
Particular emoción despertó entre los reunidos la
lectura que hizo Sandri de un texto de Juan Pablo II, en
uno de cuyos pasajes se dice: “El amor convierte a los
corazones y da la paz a una humanidad que parece perdida
y dominada por el poder del mal, el egoísmo y el miedo”.
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