Año III
La Habana
Semana 2 - 8
ABRIL
de 2005

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JUAN PABLO II, EL PAPA VIAJERO
Juan Carlos Sánchez ARGENPRESS


Después de una agonía enmarcada en las intrigas cardenalicias, tan particulares en el Vaticano, se extinguió la vida del Papa Juan Pablo II, el Pontífice que más ha viajado de todos los que pasaron por el sillón de San Pedro.

Y ha viajado en muchos sentidos, no solamente en su peregrinar por distintos pueblos y Estados sino también en su actividad política, la cual se ha caracterizado por su férrea lucha contra el comunismo y contra el capitalismo salvaje.

Oriundo de Polonia, supo de los horrores del nazismo y, muy pronto, del régimen soviético que supo construir la Cortina de Hierro a fuerza de muros como el de Berlín. Sin embargo, su obra puede advertirse a través de numerosos libros y de sus encíclicas, prueba cabal del viaje de su pensamiento a través de su vida.

Llegó al cardenalato de manos de Paulo VI, en el medio de los remezones del Concilio Vaticano II, como premio a su lucha contra el comunismo en su país pero ello significó constituirse en la voz privilegiada en la Europa del Este, para propagar los deseos de libertad sin pensar en el precio que debía pagar para ello.

El conservadurismo moderado fue el modelo elegido por sus antecesores inmediatos, aún cuando Juan Pablo I amenazaba con profundizar las reformas conciliares que, desde luego, pudieron llevarlo a su muerte tan poco clara como decisiva. Sin embargo, su postura firme en cuestiones teológicas lo llevaron a un conservadurismo exacerbado en alianza con el neoliberalismo de Reagan y de Margaret Thatcher, lo cual implicó una firme condena de la homosexualidad y del aborto.

En tanto, cultivaba su popularidad entre la grey católica latinoamericana por sus profundos llamados contra la guerra y la pobreza pero ello se contradecía con el aval a genocidas como Videla y Pinochet, encomendando a su Nuncio Apostólico en Buenos Aires, Monseñor Pío Laghi, la misión de encubrir las atrocidades que se cometían en el Cono Sur. Ni hablar de su visita en 1987, para tratar de evitar la aprobación de la actual Ley de Divorcio, cuyo debate generó enormes polémicas en la Argentina.

En un balance, podemos decir que su pontificado consistió en un viaje hacia las fuentes originales de la teología e impidiendo las profundas reformas que necesitaba la Iglesia Católica frente al avance de otros cultos y de la profunda deslegitimación producida por la conducta de muchos funcionarios eclesiales, aunque ella fuese tibiamente reprochada y en general, encubierta bajo subterfugios diversos.

En tiempos absolutamente volátiles, supo acomodar su discurso a los vaivenes de la política internacional para intentar recuperar algo del poderío perdido entre los siglos XVII y XVIII, aunque fuera sencillamente una utopía dada las características de la hegemonía norteamericana iniciada a partir de 1945 y profundizada a partir de 1989.

Sin embargo, el futuro amenaza con un conservadurismo a ultranza; tal vez, superior al ensalzado por el Papa viajero y ello es de esperarse en un contexto signado por el pensamiento único y por la progresiva extinción de los recursos naturales actuales, lo cual constituirá el germen de las futuras acciones del primer terrorista mundial: los Estados Unidos.

Se ha ido un Pontífice que ha viajado por el pensamiento conservador, pero esperemos que su reemplazante viaje por otro carril: el pensamiento renovador de las estructuras y de las acciones, en aras de una Iglesia que acepte su reinado espiritual y olvide el terrenal...

* Juan Carlos Sánchez es Profesor de Ciencias Jurídicas, Políticas y Sociales

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