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Las manifestaciones de duelo por el Papa Juan Pablo II
florecieron ayer en una gran peregrinación religiosa en
la que por lo menos un millón de personas había
confluido a la Plaza de San Pedro al final del primer
día de duelo público por el Santo Padre.
El número de visitantes fue extraordinaria e
inesperadamente alto, cuando faltaban tres días para el
funeral del Pontífice el viernes, al que asistirán
líderes de más de 100 países.
El enorme río de gente comenzó a poner a prueba los
servicios de seguridad y emergencia, desplegados en gran
número alrededor del Vaticano. Había poco tiempo para
prepararse para tal afluencia de gente, que al mismo
tiempo asombra y alarma a las autoridades italianas y
del gobierno del Vaticano.
“He podido medir la profundidad de las emociones que
este Papa suscitaba en la gente”, expresó Walter
Veltroni, el alcalde de Roma. “Pienso que nada en la
historia se compara con este acontecimiento, y hemos
tenido poco tiempo para prepararnos”.
En una ciudad de peregrinaciones, ésta está tomando
forma como quizá la más grande en la historia en la
ciudad.
Funcionarios del gobierno italiano dicen que esta
peregrinación incluso supera a las enormes celebraciones
relacionadas con el Jubileo de la Iglesia Católica en el
año 2000, que atrajeron a dos millones de personas.
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Ayer, un poderoso río de humanidad fluyó lentamente a
través de las calles medievales y empedradas en los
alrededores de la Basílica de San Pedro, que ahora está
abierta 21 horas al día para permitir que el mayor
número posible de personas vean el cuerpo del Papa.
Citando a funcionarios del gobierno, el Vaticano reportó
que anteayer había en la Plaza de San Pedro 400,000
personas cuando el cuerpo del Sumo Pontífice fue llevado
brevemente ante la multitud y al interior de la
basílica.
De acuerdo con cifras del gobierno, el Vaticano anunció
que otras 600,00 personas le rindieron homenaje ayer.
El propio Vaticano no llevó la cuenta del número de
personas que vieron el cuerpo, pero funcionarios
italianos dijeron que cada hora entraban a la Basílica
hasta 18,000 personas (otras agencias hablaban de
20,000). Algunas esperaron hasta 10 horas para entrar y
ser conducidas por asistentes vestidos de negro para
tener una visión rápida del cuerpo.
“Quizá fueron 15 ó 20 segundos con el papa”, expresó
Nicole Mayfield, de 20 años, oriundo de Steibenville,
Ohio, quien estudia en Austria y llegó después de un
viaje de 14 horas en autobús con 250 de sus
condiscípulos. “Definitivamente valió la pena el viaje,
sólo para poder hacer eso”.
La exposición del cuerpo del Papa concluirá mañana
jueves por la noche o en las primeras horas del viernes.
Dada la admiración en la Plaza de San Pedro, quizá no
sorprenda que surja el tema de la santidad de Juan Pablo
II. En una rueda de prensa, el Cardenal Francis George,
Arzobispo de Chicago, dijo que no duda que surja un
esfuerzo así, debido particularmente a lo mucho que
oraba Juan Pablo II.
“Si eso es santidad, y eso es lo que significa,
obviamente era un hombre santo”, aseveró.
Peregrinaciones religiosas tan grandes ciertamente
tienen precedente —millones de musulmanes realizan cada
año el hajj a La Meca —, pero las autoridades italianas
pasaban problemas ayer debido a la naturaleza imprevista
de ésta. Autoridades del Vaticano, italianas y
extranjeras dicen que la misma falta de tiempo de
preparación está resultando un desafío para los
oficiales de seguridad que se preparan para el arribo de
líderes mundiales a los funerales del viernes.
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