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No obstante las críticas realizadas al tratamiento dado
a la Teología de la Liberación por
Juan Pablo II, muchas cualidades también son puestas
de manifiesto. Según Leonardo Boff, obligado a callarse
por la Santa Sede cuando todavía era fraile franciscano
en 1984, “Juan Pablo II fue un hombre de profunda fe”.
Evalúa que el Papa siguió y creyó en todas las reglas
canónicas a ser seguidas por un “patriarca de
Occidente”.
“Lo importante no es la avalancha de documentos de todo
orden que dejó, más de cien mil páginas. El gran
discurso es su figura. Lo que permanecerá en la historia
es su imagen carismática, al mismo tiempo vigorosa,
tierna y profundamente religiosa. ¿Cuál es su legado? Él
mismo. ¿Cuál es el contenido de este legado? La
religión”, escribió en su artículo “El legado: el
rescate de la religión”. Boff, sin embargo, resalta que
es discutible la orientación que le dio a la religión,
“en una línea conservadora, doctrinariamente fija y
moralmente rígida”, no obstante no niega la relevancia
del elemento religioso y místico incorporado por Juan
Pablo II en la configuración de la nueva humanidad.
El sacerdote Marcelo Barros, monje benedictino y autor
de 27 obras, evalúa que Karol Wojtyla innovó el modo de
ser del papado, al inaugurar un ministerio itinerante.
“En medio de un mundo en guerras, predicó la paz; en
países ricos, insistió en el diálogo entre las naciones;
condenó regímenes dictatoriales y enseñó a todos el
derecho de los pobres, de los indios, de los negros y la
sacralidad de todo ser humano”. El sacerdote Marcelo
recuerda que Juan Pablo II “sedujo al mundo con su
personalidad mediática”, fundamentalmente por los gestos
proféticos y valientes como la aproximación a los
judíos, musulmanes, al Dalai Lama y a los otros
religiosos que visitaba y que invitó a reunirse para
orar por la paz; así como destacó la iniciativa personal
de pedir perdón a los negros y a los indios por la
participación de la Iglesia Católica en la esclavitud y
opresión de sus ancestros.
Recuerda además que este Papa hizo algunos intentos de
reforma espiritual de la Iglesia, aunque no hayan sido
exitosos exactamente por fortalecer una organización de
la Iglesia Católica como una diócesis única en la cual
él era el obispo con jurisdicción universal. “Dentro de
este modelo medieval de Iglesia, se vuelve difícil hacer
reformas que suponen otra forma de organización
eclesial”, concluye. El monje benedictino critica además
a Juan Pablo II, porque “insistió en el extremo
dogmatismo de la moral sexual, firmó la condena de la
Teología de la liberación, negó a la mujer su
participación plena en los ministerios eclesiales e
intentó restaurar el discurso religioso en el debate
público de la sociedad postmoderna”.
Don Tomás Balduíno, presidente de la Comisión Pastoral
de la Tierra en Brasil, afirmó en una entrevista a una
agencia de noticias internacional que el Papa retrocedió
toda la apertura que la Iglesia Católica había alcanzado
en el Concilio Vaticano II. “Juan Pablo II creó una
iglesia más clerical, masculina, ortodoxa,
centralizadora, sin la visión del pueblo de Dios”. Al
mismo tiempo el obispo emérito de São Félix do Araguaia,
D. Pedro Casaldáliga, evalúa que "Juan Pablo, como
polaco que vivió bajo el imperio rojo, tenía una
oposición visceral a todo lo que pudiese parecerse al
marxismo. Y eso es comprensible".
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