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Queremos con
fervor que el ejemplo del Papa perdure, ratificó ayer el
Comandante en Jefe Fidel Castro durante su intervención
especial en el Palacio de las Convenciones, ante
dirigentes del Partido, del Estado, del Gobierno y la
UJC, representantes de las organizaciones de masas y
oficiales y combatientes de las Fuerzas Armadas
Revolucionarias y el Ministerio del Interior.
Nos honra, dijo,
que él nos haya visitado; tuve razón, agregó, cuando
entonces afirmé que al Papa no le animaba ninguna
intención de hacer daño a nuestro pueblo. Sus
sentimientos hacia los cubanos fueron nobles, y
quedaron resumidos por él al marcharse de Cuba en
las palabras claras y paradigmáticas que expresó
contra el bloqueo, al cual calificó de injusto y
éticamente inaceptable. Estos juicios del Santo
Padre, opinó Fidel, no deberían ser olvidados ahora
por el Presidente de EE.UU., cuando participe en las
honras fúnebres en Roma.
Apreció que el
fallecimiento del líder religioso constituye un
acontecimiento de gran trascendencia que ha conmovido a
la opinión pública internacional y dado lugar a una
semana de luto en todo el planeta.
A Juan Pablo II le
tocó vivir uno de los momentos más complejos y cruciales
de la humanidad, cuando el mundo vive en una verdadera
encrucijada como en ningún otro momento de la historia.
Por primera vez es real el peligro de desaparición de
nuestra especie y no solo debido a la guerra y a la
proliferación de armas nucleares; el hombre también
corre riesgos inéditos porque está destrozando la
naturaleza, contaminándolo todo, expresó Fidel.
El líder de la
Revolución caracterizó los rasgos fundamentales de los
conflictos en la era contemporánea, como base para
comprender la trascendencia del pontificado de Juan
Pablo II, a quien catalogó como un hombre excepcional,
luchador tesonero, incansable, cuyas virtudes no deben
ser desconocidas. Estas son nuestras opiniones desde el
enfoque humano y social, a la luz de cuestiones
fundamentales para la humanidad, aunque respetamos las
opiniones diferentes, consideró.
El Comandante en Jefe
también leyó fragmentos de cartas oficiales enviadas a
él por el Sumo Pontífice católico, las cuales fueron
siempre respetuosas y contentivas de un profundo amor y
admiración hacia nuestro pueblo. Con igual respeto el
Comandante en Jefe respondió las misivas del Papa y en
ellas siempre dejó claros los puntos de convergencia con
el pensamiento social y humano de Juan Pablo II en
defensa de los desposeídos del mundo.
EL PAPA NO DESTRUYÓ
EL CAMPO SOCIALISTA
Es cierto, comentó,
que el Sumo Pontífice tuvo una actitud crítica frente a
cuestiones que desde su punto de vista religioso
entendía estaban mal hechas en las sociedades
socialistas. No debemos olvidar que en Polonia, su país
natal, la nación y la religión católica habían nacido
juntas, indisolublemente unidas, lo cual fue desestimado
por aquel Estado socialista, donde se cometieron muchos
errores, entre ellos los relacionados con el respeto a
las distintas creencias.
Fidel ahondó en el
ámbito histórico en que nació y creció el que llegó a
ser durante 26 años el Jefe de la Iglesia Católica.
Analizó igualmente la evolución política de Europa en
vísperas de la Segunda Guerra Mundial, y advirtió que el
comunismo siempre asustó a todo el mundo, incluidos los
cubanos en aquella época. Fue la cultura alcanzada con
la Revolución la que permitió a nuestro pueblo superar
esos prejuicios.
El Papa no había
nacido ni se había formado para destruir al socialismo.
Responsabilizarlo de la caída de este sistema en Europa
es hacer un análisis simplista de la historia, opinó.
La cultura política
en nuestro país nació con la Revolución, aseguró, porque
el imperio, la oligarquía, los explotadores se habían
encargado de repetir por todo el mundo que lo más
horrible que había era el comunismo. En los primeros
años después del triunfo revolucionario de 1959, indicó,
se llegaron a decir barbaridades tales como que íbamos a
privar a la familia cubana de la patria potestad, enviar
los niños a Rusia, donde los procesarían para
convertirlos en carne en conserva.
Sentenció que si un
día el socialismo cubano se derrumbara, la culpa no
sería de nadie más que de nosotros mismos. Enfatizó,
además, que una vez terminada la guerra fría el Papa fue
muy crítico en relación con el sistema capitalista.
RESPETO A TODAS LAS
CREENCIAS
Fidel narró su
experiencia personal desde niño en relación con la
religión y expresó su convicción de que los sentimientos
y las creencias religiosas de cada cual son
estrictamente personales y merecen el mayor respeto.
Esa actitud es la que
debe acompañar a un revolucionario, a un político, dijo,
y afirmó que nosotros hemos luchado siempre por la
dignidad, la libertad y todos los derechos de los seres
humanos.
También agradeció la
oportunidad que le dio la vida de estudiar y la utilidad
de adquirir enseñanzas de Marx, Engels y Lenin para
llevar adelante la conducción revolucionaria y entender
los complejos acontecimientos del mundo en que vivimos.
Aseveró que la
Revolución cubana nunca será sectaria; ella brinda
igualdad de derechos, oportunidades y apoyo a todas las
religiones, con el máximo respeto, pero debe estar
siempre en guardia ante las manifestaciones extremistas.
Como ejemplo destacó el gesto del Gobierno cubano, a
propósito de la visita del Papa, de declarar feriado el
25 de diciembre, día de Navidad para los cristianos.
UN ENCUENTRO ESPERADO
Y FRUCTÍFERO
El Papa fue recibido
en Cuba en 1998, dijo Fidel, y nuestro pueblo reconocía
en su prédica por todo el mundo la batalla que entonces
libraba el Sumo Pontífice contra el subdesarrollo, la
pobreza, la deuda externa y el saqueo de los países, y
por la globalización de la solidaridad, pues se trataba
de ideas con las cuales la Revolución tiene plena
coincidencia.
Recordó que juicios
como ese los expuso públicamente desde diciembre de 1997
dentro de un período de sesiones de la Asamblea Nacional
del Poder Popular y más tarde en ocasión de una
entrevista transmitida por la televisión el 16 de enero
de 1998, días antes de que se produjera la visita del
Papa; ello demuestra que la dirección de la Revolución
no ha cambiado sus opiniones; han sido puntos de vista
sostenidos durante años. No se trata por tanto de
modificaciones de criterios de manera oportunista tras
el reciente fallecimiento de Juan Pablo II.
En la mencionada
conversación con periodistas de la televisión cubana en
enero de 1998, al referirse a la impresión que le había
causado el Papa durante el encuentro de ambos en Roma,
Fidel dijo que había sido muy buena; Juan Pablo II fue
muy amable y respetuoso, y hasta podríamos decir,
afectuoso. Es un hombre de rostro noble, inspira
realmente respeto; y esa impresión la recogimos todos
los compañeros que estuvimos en ese diálogo.
En su intervención, el líder de la Revolución también rememoró que en
aquella comparencia por televisión evaluó que la
conversación con el Papa había sido muy fácil por su
dominio del idioma español, por ser una persona precisa
al manifestar sus ideas, quien sabía escuchar con mucha
atención. Esas impresiones, indicó Fidel, las ha
manifestado en otras muchas ocasiones durante estos
años.
No obstante, ratificó
que la visita del Papa a nuestro país tuvo lugar en una
coyuntura difícil para la Revolución por la situación
económica creada por el derrumbe de la Unión Soviética y
del campo socialista en Europa del Este. El imperio
mantenía una desaforada presión que consistía, por un
lado, en bloquear y tratar de hacer rendir por hambre a
una nación y, por otra, abrir las puertas a todos los
que aun cometiendo crímenes se trasladan a EE.UU. por
cualquier vía. Y estas condiciones las hemos soportado
hasta hoy en que las cosas han empezado a cambiar de una
forma radical, subrayó.
Relató que después de
la caída del campo socialista y sobre todo de la Unión
Soviética, el imperio arreció su política agresiva
contra la Revolución cubana. Cualquier cálculo indicaba
que el país no podía resistir, dijo. Pero nuestro pueblo
resistió, a pesar de perder de repente todos los
suministros de combustibles, fertilizantes, alimentos...
Nuestra producción petrolera era de apenas 700 000
toneladas anuales. Nos habíamos quedado sin los 14
millones de toneladas del crudo proveniente de la Unión
Soviética.
En ese contexto,
dentro del imperio y en otros lugares, vieron la visita
del Papa como algo que daría lugar al desmoronamiento
del socialismo en Cuba. Creían que la Revolución se
derrumbaría como se derrumbó Jericó ante el sonido de
las trompetas. Y el Papa no traía trompetas, ni traía la
intención de destruir a la Revolución, apuntó.
Reiteró que entonces
la propaganda anticomunista había creado el mito de que
el Papa tenía gran parte del mérito en la caída del
campo socialista y de la URSS. Pretendíamos brindarle el
recibimiento que se merecía, por lo cual era preciso
explicar a muchos de nuestros compatriotas —como hizo
por la televisión— el significado de aquella visita y
esclarecer a muchos sobre las posturas de Juan Pablo II,
y las condiciones históricas y personales que habían
conformado su visión contra el socialismo y el
comunismo.
Ahora, comentó,
nuestros enemigos vuelven a desconcertarse al ver las
muestras de consideración y afecto expresadas en Cuba
luego de la muerte de Juan Pablo II. Se han quedado otra
vez despistados al observar cómo nuevamente el cardenal
Jaime Ortega tuvo la oportunidad de hablar al pueblo por
la televisión para referirse al deceso del Jefe de la
Iglesia Católica en el mundo.
El único momento
difícil durante la visita pastoral, añadió, fue causado
por las palabras del Arzobispo de Santiago de Cuba
durante la misa papal en esa ciudad. El contenido de esa
intervención, dijo, creó una situación difícil con el
pueblo y los militantes santiagueros invitados a la
misa; no nos preocupaba lo que se había dicho, sino la
reacción y el malestar del pueblo. Me consta, indicó
Fidel, que ni el Papa ni el cardenal Jaime Ortega sabían
qué discurso iba a pronunciar el Arzobispo.
Fidel denunció
también las maquinaciones del imperio y sus cipayos, con
Roger Noriega, entonces asesor del senador Jesse Helms,
a la cabeza para deslucir la visita del Papa a Cuba en
1998 las cuales se demuestran con la entrevista de este
con el Arzobispo, de la cual el religioso informó a las
autoridades del Partido.
No fuimos nosotros
los que politizamos la visita; la Revolución en ningún
momento trató de buscar mezquinas ventajas y beneficios
para Cuba y su proceso socialista, señaló Fidel, al
continuar una rápida lectura de lo dicho por él en enero
de 1998.
El Presidente de los
Consejos de Estado y de Ministros refirió los hechos que
durante años no propiciaron la presencia del Papa en
Cuba, entre los cuales incluyó las tensiones y
diferencias que hubo con la dirección de la Iglesia
Católica en nuestro país durante los primeros años de la
Revolución, aunque se contó con la colaboración de quien
era entonces el representante aquí de la Santa Sede: un
hombre que trabajó intensamente por aliviar y eliminar
dificultades.
Ponderó, además, la
valentía histórica del recién fallecido Papa al criticar
públicamente pasados errores de la Iglesia Católica
tales como la Inquisición o la negativa a aceptar la
teoría de la evolución de Charles Darwin.
Detalló las
facilidades ofrecidas en todo momento por el Gobierno
cubano a las diferentes órdenes católicas tales como la
de Santa Brígida; pero puso en claro que no hay ni habrá
diferencias en el trato respetuoso respecto a las
religiones presentes en Cuba; en este punto puso como
ejemplos la inauguración de una Iglesia ortodoxa griega
y otra rusa en el futuro.
COINCIDENCIAS EN
PRINCIPIOS HUMANISTAS
Fidel ratificó que el
Estado y el Gobierno cubanos desde un principio
reconocieron y elogiaron a Juan Pablo II por su postura
de rechazo a la proliferación de armas nucleares; por
ser un gran abanderado en la lucha contra las guerras de
agresión, las conquistas territoriales, las
purificaciones étnicas y la deuda externa. Fue asimismo
un ferviente crítico de la globalización neoliberal y
del carácter consumista de las sociedades capitalistas y
de las políticas que aceleran la degradación del medio
ambiente. En Naciones Unidas, recordó, el Papa hizo
estas y otras importantes denuncias.
Para Fidel el tributo
que debería rendírsele al fallecido líder religioso
sería llevar a la práctica sus ideas humanistas. Fustigó
a los hipócritas que desconocen este legado y están
entre los principales responsables de los males que
sufre la humanidad, entre esos figura el Presidente del
país que produce el mayor número de armas nucleares y de
medios portadores para lanzarlas cualquier día, en
cualquier momento, contra cualquier rincón del planeta.
Resaltó la hipocresía
del "señor jefe del imperio", quien asiste a esos
funerales a llorar ante el cadáver de un hombre que
tanto se opuso a la guerra, a la invasión a Iraq. La
visita de Bush a Roma, opinó, es un ultraje a la memoria
de Juan Pablo II.
Al referirse a las
constantes presiones del Gobierno de EE.UU. contra la
Revolución, recalcó que el imperio en reiteradas
ocasiones nos exigió como condición para levantar el
bloqueo: retirar nuestra ayuda internacionalista a
Angola, a Etiopía, romper nuestras relaciones con la
Unión Soviética y cesar el apoyo a los movimientos
revolucionarios de América Latina. Explicó que eso nunca
lo aceptamos y tal apoyo solo dejó de existir cuando
esas fuerzas fueron extinguiéndose por sí solas.
Afirmó que el curso
de la historia, en tanto lucha de los pueblos contra los
opresores, se reanuda de nuevo con tremenda e
indetenible fuerza, sobre todo en esta América Nuestra
soñada por Martí. Ejemplo de ese renacer es Venezuela,
con su proceso bolivariano revolucionario y Hugo Chávez.
En otro momento de
sus palabras, el Comandante en Jefe apreció a Hugo
Chávez como un revolucionario de ideas bolivarianas y
martianas, con correctas interpretaciones del
cristianismo, pues su pensamiento tiene en cuenta al
Cristo que supo ponerse al lado de los pobres. Chávez,
opinó Fidel, ha sabido evaluar la historia y las
tradiciones de su pueblo.
EL HUMANISMO DE LA
REVOLUCIÓN
No habrá nada con qué
comparar las páginas de humanismo que nuestro glorioso
pueblo está escribiendo, dijo el Comandante en Jefe, y
ejemplificó con la atención que han recibido en Cuba
miles de niños y adolescentes ucranianos afectados por
el accidente de la central nuclear de Chernobil, y con
la realidad incontestable de que en Cuba, a diferencia
de lo ocurrido en países de nuestra propia región a
partir de tiranías instauradas por el imperialismo, no
ha habido un torturado, un asesinado, un desaparecido.
Ese mismo imperio nos
quiere condenar en la Comisión de Derechos Humanos de
Naciones Unidas, denunció. Que hagan lo que les dé la
gana; a mí me importa un bledo y al pueblo de Cuba le
importa un bledo la Comisión de Ginebra, añadió antes de
preguntarse qué dirán y qué harán los europeos en los
próximos días cuando se lleve a votación el proyecto de
resolución anticubana que presentará el Gobierno de
EE.UU.
Todos sin excepción,
advirtió, se toparán con un acero cada vez más duro,
cada vez más invulnerable, es decir, con una Revolución
más fuerte cuya obra humanista y de justicia social va
en ascenso.
Comparó que mientras
EE.UU. trata de condenar a Cuba por supuestas
violaciones de los derechos humanos y reclama la
liberación de mercenarios sancionados en nuestro país
por sus acciones contrarrevolucionarias, mantiene
injustamente encarcelados a Cinco Jóvenes cubanos
luchadores antiterroristas. |