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Compañeras y compañeros:
En realidad, les voy a presentar a ustedes algunos
documentos que prueban, irrefutablemente, lo que el
compañero Fidel acaba de decir. No son todos los
documentos, habría otras cosas que se pudieran buscar.
En el juicio que se efectuó en Venezuela, hay como una
docena de folios dedicada nada más que a eso, a la
vinculación, según los dos terroristas venezolanos, que
ellos tenían con la Agencia Central de Inteligencia.
Me voy a concentrar en presentarles algunos documentos,
ninguno cubano, ninguno del Gobierno cubano; son,
fundamentalmente, del Gobierno de los Estados Unidos de
América, o de otras autoridades de otros países.
El 6 de octubre de 1976 yo era embajador de Cuba en
Naciones Unidas, y, desde Nueva York, estaba acreditado
también como embajador en Trinidad y Tobago, y tenía
algunas responsabilidades con relación a los Estados del
Caribe, con los que habíamos establecido relaciones
diplomáticas poco antes.
Por ese motivo participé en una serie de reuniones que
tuvieron lugar en el área del Caribe, inmediatamente
después del atroz acto terrorista contra nuestro avión.
Vamos a verlo por partes:
Por un lado, los dos individuos que descendieron del
avión en Barbados, después de haber colocado los
artefactos explosivos que hicieron estallar el avión en
pleno vuelo, permanecieron unas pocas horas en ese país,
fueron a un hotel; fueron, sobre todo, a la embajada de
los Estados Unidos de América, e inmediatamente esa
noche viajan de regreso hacia Puerto España, la capital
de Trinidad.
Por las sospechas que levantaron ante las autoridades de
Barbados, que advirtieron a sus colegas de Trinidad,
inmediatamente fueron detenidos por las autoridades
trinitarias.
En Barbados se constituyó una comisión de investigación
para, entre otras cosas, determinar la causa que produjo
la explosión de ese avión en pleno vuelo. Desde el punto
de vista técnico, pudiera haber sido un accidente,
pudiera haber sido alguna falla mecánica, técnica,
etcétera. Según los procedimientos de la Organización de
Aviación Civil Internacional, esa es una de las cosas
que hay que hacer, y lo hicieron las autoridades de
Barbados.
No se limitaron a eso —como ustedes van a ver
enseguida—, sino que también estudiaron, recibieron
otros testimonios, otros elementos de juicio alrededor
de ese hecho, desconocido completamente para la sociedad
barbadense.
Mientras, paralelamente, la policía de Trinidad y
Tobago, que detuvo a los dos venezolanos mercenarios que
fueron los que colocaron la bomba, realizaba su propia
investigación.
La comisión investigadora de Barbados invitó a algunos
otros países a estar representados allí. Cuba participó,
fueron especialistas nuestros de Cubana de Aviación,
participaron otros países del Caribe; participó Canadá,
porque era el país de fabricación de la aeronave y, por
lo tanto, tenía especialistas que podían determinar si
hubo algún error, alguna falla, etcétera; y participó
Estados Unidos, porque pidió participar, porque quiso
estar en esa investigación, la primera, que les va a
servir para enterarse de que no había sido un accidente,
de que no había sido un fallo mecánico, de que había
sido una acción terrorista. Anoten eso por ahí, es muy
importante.
Una delegación norteamericana, encabezada por un señor
llamado Willis, participó en las actividades de aquella
comisión de investigación, que se extendieron desde el
28 de octubre hasta el 3 de diciembre del año 1976.
Aquí yo tengo solamente las conclusiones del Capítulo
VIII, de la segunda parte del informe, redactado por las
autoridades de Barbados.
Entre otras cosas, aquí los barbadenses indican que sus
colegas trinitarios les habían trasladado la siguiente
información: que uno de los venezolanos —al que
identifica aquí el documento de Barbados como el señor
Lozano— le había dicho al jefe de la policía de Trinidad
y Tobago que él era miembro de la Agencia Central de
Inteligencia de Estados Unidos, que su jefe era una
persona que residía en Caracas y que se llamaba Luis
Posada Carriles y que él había ido tres veces a la
embajada de Estados Unidos en Barbados, después de la
explosión del avión, en las pocas horas que ellos
permanecieron en ese país, las necesarias para hacer dos
cosas: ir a la embajada norteamericana, pasar por el
hotel y llamar a un teléfono en Caracas, correspondiente
al señor Luis Posada Carriles, y a otro teléfono,
correspondiente al señor Orlando Bosch Ávila.
En el informe las autoridades de Barbados incluyen los
recibos, las notas, los datos del hotel: de qué número
llamó, quién, a qué número, y son los teléfonos de
Posada y de Bosch en Caracas. Es a partir de ahí que las
autoridades de Venezuela más tarde van a detener a estos
dos individuos.
Tres veces visitaron, sin embargo, la embajada
norteamericana, según dice uno de ellos en su confesión
en Puerto España; pero sucede que en Barbados, en su
propia investigación —van las dos paralelamente, en las
dos islas— que están haciendo los barbadenses incluye
los testimonios de dos personas, cuyo oficio es ser
choferes de alquiler. Una persona que está realizando
esa función en el aeropuerto de Bridgetown y que
recuerda cuando estos dos individuos alquilaron su
automóvil para dirigirse del aeropuerto a la embajada de
los Estados Unidos de América, antes de haber ido
siquiera al hotel; y el otro da cuenta, un chofer del
hotel Holiday Inn, que en dos ocasiones los llevó, a
esos mismos individuos, hacia la embajada de Estados
Unidos.
En una ocasión, y esto le llama la atención al señor
Firebrace, que es el chofer que trabaja en el
aeropuerto, dice que cuando van —una gente que llega a
un país— del aeropuerto hacia la ciudad, él escucha que
los que están hablando, uno de ellos señala con la mano
hacia un edificio del centro de Bridgetown, la capital
de Barbados, que hay un banco, en ese edificio está la
embajada de Estados Unidos, pero no todo el mundo lo
sabe. Conocer dónde está la embajada de Estados Unidos,
alguien que está llegando, arribando a un país, suscita
las siguientes preguntas, que la hace el Gobierno de
Barbados: "¿Cuándo y en qué circunstancias pudo saber de
la ubicación de esa embajada?" Y concluyen las
autoridades barbadenses: "A nuestro modo de ver, una
evaluación global de las pruebas da cierta base para
asegurar que Lozano y Lugo visitaron la embajada
estadounidense el 6 de octubre".
"No se hizo ningún intento por llevar las pruebas en
contra y no se dio ninguna explicación de tal visita", a
pesar de que había un representante de Estados Unidos,
el señor Willis, que se limitó a señalar que el nombre
de la persona que decían los dos terroristas, con quien
se habían reunido en la embajada norteamericana, el
señor McLeod, que no hay nadie con ese nombre en el
personal de la embajada y que no hay ningún
norteamericano que hubiera llegado a Barbados ese día
con ese nombre.
Con toda sabiduría caribeña, les voy a leer la frase
final de este informe:
"Solo haríamos la observación, que si se estaba
realizando cualquier transacción oculta, no podría
sorprender que se hubiera utilizado un nombre falso."
Eso lógicamente se le tenía que ocurrir a cualquiera.
Las autoridades de Trinidad-Tobago, como les decía,
continuaron sus investigaciones, ambas, Barbados y
Trinidad, hay que decirlo, tuvieron una actitud
realmente de mucha dignidad, de mucho decoro. Son dos
países muy pequeños que sabían que estaban enfrentando
un problema muy serio: nada más y nada menos que a la
Agencia Central de Inteligencia y a sus prácticas
terroristas. Países, además, no Trinidad pero sí
Barbados, para el cual el turismo es la fuente
fundamental, ¡imagínense la tragedia para ellos de que
hubieran hecho estallar un avión, que todo el mundo vio,
desde las playas de Barbados, cómo se destrozaba en el
aire!
Arrestados estos dos individuos en Trinidad, los otros
dos, los jefes y autores intelectuales, en Caracas, el
Gobierno de Trinidad y Tobago convocó una reunión
internacional en Puerto España, en la que participaron
todos los países que, de un modo o de otro, estábamos
afectados por este asunto: o sea, Guyana, porque había
varios guyaneses que perdieron la vida; Venezuela,
porque todos los acusados o eran venezolanos o residían
en Venezuela, obviamente se había planificado allí el
atentado; Barbados, porque ocurrió muy cerca de su
territorio el incidente, y Cuba.
Nos reunimos en Puerto España, analizamos toda esta
problemática, se habló muy claramente. Yo no olvidaré
jamás las expresiones directas, claras, nítidas de las
autoridades policiacas de esas islas, que estaban más
que convencidas de quién había sido el autor real de
este hecho atroz, y acordamos que el juicio tuviese
lugar en Venezuela y que todos cooperaríamos con las
autoridades venezolanas para que se hiciera justicia. Y
así lo hicimos, los tribunales venezolanos recibieron
centenares si no miles de páginas enviadas por Cuba, por
Barbados, por Trinidad, por Guyana, y ustedes podrán
preguntar: ¿Estados Unidos hizo algo? No, esta vez sí no
expresó ningún interés en participar en esta otra
reunión o en asociarse con esa otra investigación.
Ya había sabido lo que quería saber, que no se podía
confundir a la opinión pública con la idea de que fue un
accidente; ya supieron desde el principio de que había
pruebas irrefutables de que había sido un acto
terrorista, y a partir de ahí van a actuar como si ellos
no tuviesen nada que ver con el asunto, como vamos a ver
un poquitico más adelante.
Quien entonces era el presidente de Venezuela, el señor
Carlos Andrés Pérez, viajó a las Naciones Unidas en el
mes de noviembre de aquel año, habló ante el plenario de
la Asamblea General, hay que decir que condenó de forma
categórica ese hecho terrorista, y pidió la ayuda a la
comunidad internacional. Le pidió a todos los países que
si sabían algo, si tenían algún elemento de juicio,
alguna información que, por favor, se la dieran a
Venezuela para ayudar al proceso legal. Eso lo dijo ante
el plenario de la Asamblea General; pero después, en una
reunión con la prensa en el edificio de Naciones Unidas,
el señor Pérez dijo, además, lo siguiente:
"No podría hacer aseveraciones concretas en torno a
posible responsabilidad de alguna agencia del Gobierno
de los Estados Unidos en conexión con el terrorismo
cubano. Pero sí creo que es un deber de los Estados
Unidos despejar todas las dudas que constantemente
recoge la prensa internacional y la propia
norteamericana, sobre la participación de agencias
oficiales en connivencia con esos grupos terroristas."
Hasta ahí las palabras de Carlos Andrés Pérez ante la
prensa, en Nueva York, en el edificio de Naciones
Unidas.
Fíjense, compañeros, cómo subrayaba Fidel ayer y antes
de ayer, "alegado", "supuesto terrorista", o "supuestos
hechos".
Carlos Andrés Pérez, del cual no voy a hablar ahora,
todo el mundo sabe quién es y su involución política, él
habla en noviembre de 1976, voy a volverlo a leer:
"Las dudas que constantemente recoge la prensa
internacional y la propia norteamericana sobre la
participación de agencias oficiales en connivencia con
esos grupos terroristas."
¿Dónde está la prensa norteamericana? ¿Dónde está la
prensa internacional? Se les olvidó que eso que Carlos
Andrés recordaba es verdad. Es verdad que en el mundo
entero, y en esta parte del mundo, a partir de cosas
como las que ya dije, desde lo que sabía un chofer, lo
que sabía la telefonista del hotel, lo que
inevitablemente se fue sabiendo de aquellas
investigaciones iniciales, y todos los antecedentes
históricos que, lógicamente, marchaban en la dirección
correcta, al sospechar que las autoridades
norteamericanas tenían que ver con este asunto.
Ya dije que en el expediente que presentan los
trinitarios, los dos individuos, de forma solemne,
reiterada, dicen que son empleados, miembros —fue la
expresión exacta— de la CIA y dicen, además, quién era
su jefe en la CIA, el mismo individuo que era, además,
su empleador; porque el señor Posada, en aquella época,
usaba como fachada una supuesta agencia de
investigaciones privadas, o de detectives, y los dos,
Hernán Ricardo y Fredy Lugo, eran sus empleados.
Un buen día, en el año 1985 se produce lo que la prensa
insiste en calificar de fuga. Nadie se fuga por la
puerta de entrada de un edificio. Posada salió
caminando, muy bien acompañado, atravesó el ala central
de la prisión donde él estaba encerrado, hasta la puerta
se la abrieron; salió, se montó en un automóvil, de ahí
para un aeropuerto y directamente a Ilopango, a cumplir
una misión que le había asignado la Casa Blanca. Por
favor, eso consta, además, en documentos
norteamericanos. La Comisión Tower, la que investigó
todo el proceso del llamado Irán-Contra, o del Contra-Gate.
El no tuvo que fugarse, salió caminando despaciosamente;
él sabía que podía hacerlo, porque habían comprado,
habían sobornado a quienes tenían que sobornar. Y eso le
consta al Gobierno norteamericano en el informe de la
Comisión Tower; pero, además, en las vistas que el
Senado norteamericano realizó con relación al llamado
Irán-Gate o Irán-Contra, como quieran llamarlo, ahí
está.
El señor Oliver North, asesor del Presidente de Estados
Unidos, que estaba dirigiendo un plan violatorio de las
leyes norteamericanas, para enviar clandestina e
ilegalmente armas a la contrarrevolución nicaragüense,
algo que estaba prohibido por ley del Congreso, el señor
North le pide al señor Jorge Más Canosa que aporte 50000
dólares para sobornar a determinadas personas y
organizar la "fuga", atravesando abiertamente la puerta
de entrada de la cárcel, del señor Posada Carriles, para
llevarlo a Ilopango, donde va a ocupar la
responsabilidad de dirigir, en nombre de Oliver North,
esa actividad clandestina; pero, además, va a ocupar un
cargo oficial, público del Departamento de Estado como
director asociado, o director de apoyo, de una cosa que
llamaban como de ayuda humanitaria. Porque el Congreso
prohibió la ayuda militar a los contras, pero autorizó
que se les pudiera dar lo que ellos llaman ayuda
humanitaria.
Para encubrir la actividad ilegal del señor Posada, el
Departamento de Estado lo nombró director de esa otra
oficina. Hay un memorando suscrito por él, por Luis
Posada Carriles, que como funcionario de nivel podía
escribir a la Casa Blanca, recomendando —y hay que
reconocerle el sentido práctico— que se fundieran las
dos oficinas. Por supuesto, sin afectarle el salario,
que sumaran los dos salarios, pero que fuera la misma
cosa, para qué esa bobería de llamarle ayuda humanitaria
al tráfico de armas en que él estaba involucrado.
Continuó el resto de las personas detenidas en Caracas
en prisión, un proceso judicial al cual valdría la pena
dedicarle otro momento, pero plagado de irregularidades,
de maniobras, de presiones de todo tipo durante
aproximadamente 11 años, hasta que, finalmente, el
tribunal absolvió al señor Bosch, condenó a los dos
mercenarios, y no se pronunció sobre Posada. Más de una
vez uno encuentra mentiras en la prensa internacional en
estos días. No es verdad que Posada haya sido absuelto;
él fue declarado prófugo, que es diferente. El tribunal
se pronuncia sobre los tres que estaban allí, y con
relación a Posada dice: "Este señor se mantiene prófugo
de la justicia y sobre él no nos pronunciamos". Y
pudieran haber absuelto a Bosch y condenado a Posada,
después de todo él era el jefe, el que le pagaba a los
dos asesinos convictos por ese tribunal.
Pero, lo que sí quiero decir de ese extremadamente
irregular proceso judicial es que el señor Bosch no fue
declarado inocente porque hubiera probado su inocencia.
El señor Bosch fue declarado inocente porque el
tribunal, ignorando los esfuerzos que habían hecho las
autoridades caribeñas durante años; la investigación
meticulosa, rigurosa, seria de gente que se respeta, de
países que son pequeños pero que se saben respetar en su
soberanía, ah, pues, sencillamente, por razones
completamente de detalles —como venía todo aquello en
inglés, como es lógico, porque es el idioma que se habla
en el Caribe, hubo que traducirlo al castellano, y se
tradujo, pero al final parece que el tribunal consideró
que no debió haber sido hecha la traducción por
fulanito, sino que debió haberla hecho menganito—, se
agarraron de un detalle de tipo administrativo y tomaron
la increíble decisión, de desestimar completamente el
fruto del trabajo que las autoridades que habían hecho
la investigación de este acto terrorista habían
realizado, donde estaban las confesiones, donde estaban
las llamadas a Bosch, donde estaban las llamadas a
Posada; lo que habían hecho muy seriamente las
autoridades de Barbados y de Trinidad, y que, además, el
tribunal había recibido años atrás, la habían traducido
años atrás, porque ese fue un proceso que demoró 11 años
aproximadamente, y, al final, tranquilamente, aduciendo
ese detalle, declara absuelto al señor Bosch y culpables
a sus dos mercenarios, y no absuelve a Posada, sino lo
declara prófugo de la justicia, que no es lo mismo.
Bueno, el señor Bosch hace lo que cualquier terrorista
hábil haría: irse para Miami inmediatamente. Si él
realmente fuera inocente, el lugar lógico para estar era
Caracas, que fue donde consiguió una absolución. No, él
prefiere irse a Miami, a pesar de que en Miami, en
Estados Unidos, él tenía una cuentecita pendiente.
Años atrás él había realizado algunos hechos de
terrorismo en Estados Unidos, un bazucazo a un barco
polaco en el puerto de Miami, por lo cual fue condenado.
Por supuesto, no a una gran pena, ni cumplió ni siquiera
la mitad de aquello que se le impuso y fue declarado en
libertad condicional; pero él violó los términos de su
libertad condicional y se marchó en los años setenta a
Santiago de Chile. Recuerden los nexos que van a tener
estos terroristas con los terroristas de Estado de las
tiranía suramericanas, empezando por el señor Pinochet.
El sabía que si llegaba a Miami tendría que responder
por aquella violación a su libertad condicional, pero
prefería irse a Miami porque es la patria del
terrorismo, y allá llegó, y, por supuesto, fue detenido
durante un tiempo. Era el régimen de Bush padre, año
1988.
Se procede entonces a todo el proceso normal de
solicitud de asilo, lo analizan las autoridades,
etcétera, y eso concluye en este documento; en este
documento que es la determinación del Departamento de
Justicia, o la Fiscalía General —aquí está la firma del
señor Joe D. Whitley, fiscal general en funciones, junio
23 de 1989. Este es un documento norteamericano del
Departamento de Justicia, de la Fiscalía General de
Estados Unidos; no tiene nada que ver con nosotros, de
Cuba se habla muchísimo, porque se habla mucho de
terrorismo desde allá, pero no responde a nuestras
autoridades, es el resultado del trabajo del FBI y del
Departamento de Justicia.
Déjenme leerles algunas partes muy importantes de este
documento.
El Fiscal General de los Estados Unidos explica que para
llegar a esta determinación, que fue la de expulsar a
Orlando Bosch por terrorista, para eso él había tomado
en cuenta distintas informaciones, mucha documentación.
Sus palabras textuales:
"En los archivos del FBI y otros organismos
gubernamentales figura una gran cantidad de información
documental" —desde los años 60— "en que el señor Bosch"
—y se puede decir lo mismo del señor Posada, por
supuesto—, "personalmente ha promovido, alentado,
organizado actos de violencia terrorista en este país"
—o sea, en Estados Unidos— "y en varios otros y ha
participado en ellos." Eso, según el Fiscal, la
información que figura en esos archivos, señala eso de
manera clara e inequívoca.
Después precisa:
"Hay una cantidad de información pública" —información
que no es de índole confidencial— "y una cantidad
bastante mayor, tanto secreta como no secreta es de
índole confidencial debido a la necesidad de proteger
fuentes y métodos de obtener información".
Viene un resumen de las informaciones principales, según
el Fiscal, de carácter confidencial y de carácter no
confidencial, haciendo esta aclaración:
"La descripción de los elementos confidenciales se ha
abreviado y depurado, como era forzoso hacerlo, para
proteger su índole confidencial." Depurado esto es como
decir blanqueado, suavizado, para encubrir, para tapar.
Tengan en cuenta eso.
A pesar de eso, yo les voy a leer dos acápites
relacionados con la documentación confidencial que el
Fiscal General de Estados Unidos, el 23 de junio de 1989
dice poseer con relación al señor Bosch, que es
aplicable también al señor Posada, a parte de la vida de
Posada.
Oigan bien:
"Información sobre la organización y estructura de mando
de la CORU, según la cual, entre junio de 1976 y marzo
de 1977, diversas personas vinculadas a la CORU
participaron en alrededor de 16 episodios que
comprendían detonaciones de bombas, intentos de
secuestro, asesinatos políticos e intentos de asesinatos
políticos. Los episodios habían tenido lugar en los
Estados Unidos, España, el Caribe, América Central y
América del Sur." Ustedes no oyeron la palabra supuesto
ni alegado, ni sospechoso; no, es bien directo,
información sobre todo eso, detonaciones de bombas,
secuestros, asesinatos, etcétera, etcétera.
Siguiente párrafo que les quiero leer, y escuchen bien:
"Información que indicaba que la detonación de una
bomba, el 6 de octubre de 1976, en un avión de línea
cubano, había sido una operación de la CORU dirigida por
Bosch." "Información que indicaba"; información, no
suposiciones, no rumores, información confidencial, y
esta formulación está abreviada y depurada.
¿Qué quiere decir eso? Que el Gobierno de Estados Unidos
tenía pruebas sobre quiénes eran los autores de aquel
hecho terrorista, pero no se las dio jamás a las
autoridades de Venezuela. ¿Para qué, para ayudar a la
justicia o para proteger a su terrorista?
Voy a seguir, porque si hay algo que prueba el cinismo
de la política norteamericana es este hecho.
Con esos elementos el Fiscal decidió lo que cualquier
persona razonable hubiera decidido, ordenar la expulsión
del señor Bosch. Dijo: "Este tipo no puede entrar aquí
si es un terrorista, es un asesino, es un criminal";
pero de aquí que ante esta determinación de su Ministro
de Justicia, la decisión que tomó el presidente Bush
padre fue la de sacar al señor Bosch del centro de
detención donde se encontraba y enviarlo para su casa en
Miami, en condición de detenido, ¡cuidado!; cuidado,
porque ellos saben ser muy estrictos con eso, que se lo
digan a las compañeras de nuestros Cinco Héroes. Se
puede ser terrorista y estar cumpliendo una sanción en
la casa, en su casa, porque el señor Bush le dio esa
facilidad.
Y después, el 18 de julio del año 1990, lo perdonó, le
perdonó todos sus crímenes, lo declaró un hombre libre,
sin antecedentes penales, el papá del gladiador contra
el terrorismo.
Pasó el tiempo, llegamos a los años noventa, y otra vez
yo regreso a Nueva York —no quiero ser personalista,
pero me ha tocado el tema en los dos extremos—; en los
años noventa se produce una cosa muy interesante,
específicamente en el año 1992: Cuba fue miembro del
Consejo de Seguridad año 1990 y 1991, cesamos en el
Consejo el 31 de diciembre de 1991 y dio la casualidad
que no hizo más que salir Cuba por una puerta y Estados
Unidos empezó a promover la cumbre, una reunión del
Consejo de Seguridad en la Cumbre para discutir el
terrorismo internacional, para condenar el terrorismo y
para movilizar, bueno, para incorporar a la agenda del
Consejo de Seguridad la temática del terrorismo. Hubo
varias reuniones, hubo varias resoluciones entre enero y
marzo de 1992, incluyendo una reunión a nivel de jefes
de Estado de los miembros del Consejo de Seguridad.
Nosotros, en vista de ese inusitado interés del Consejo
de Seguridad y de Estados Unidos por la lucha contra el
terrorismo, iniciamos un proceso para tratar de, si lo
hicieron en enero, lo hicieron en febrero y lo hicieron
en marzo, ver si en abril también podían hablar de
terrorismo.
¿Por qué lo hicimos? Porque, por un lado, perdonaban al
señor Bosch; por el otro, se había destapado todo el
escándalo del Irán-contra y, por lo tanto, de las
fechorías más recientes del señor Posada, y el perdón
para Bosch, su liberación primero y el perdón después,
estuvo precedido de la más sucia, la más vergonzosa
campaña de la mafia anexionista de Miami para convertir
a este señor en un héroe.
Hay un día dedicado a él en esa ciudad, hay un día de
Orlando Bosch en Miami. Me imagino que pronto haya el
día de Posada Carriles, o la semana de Posada Carriles.
Recuerdo a la señora Ros-Lehtinen en la época, único
legislador de origen cubano, que hizo toda su campaña
alrededor de dos temas: Libertad para Orlando Bosch y
Aviones para Hermanos al Rescate, aviones militares para
Hermanos al Rescate, aviones del modelo O-2 que acababan
de quedar en desuso, porque ya había terminado el
conflicto armado en El Salvador, y esta señora hizo una
gran campaña para que esos aeroplanos, de doble uso y
empleados en VietNam y en El Salvador como instrumentos
bélicos, les fue
ran entregados a ese grupo terrorista que entonces
comenzaba a actuar.
En las dos cosas esta señora obtuvo éxito, le dieron los
aviones y enviaron al señor Bosch para su casa y
después, además, lo amnistiaron.
Obviamente, eso significaba una muestra más de que
Estados Unidos iba a continuar e intensificar su campaña
contra Cuba, incluyendo su campaña terrorista.
Por cierto, la señora esta que mencioné tuvo éxito en
gran medida, porque en aquellos días ella tenía como uno
de sus colaboradores a alguien de apellido Bush y de
nombre Jeb, que después ha llegado a ser, incluso,
gobernador de aquel estado, que dicen que convenció al
papá de las dos cosas: que les dieran los aviones a los
terroristas y que liberaran al terrorista.
El Gobierno de Cuba, por mi intermedio, el 27 de abril
del año 1992, solicitó al Consejo de Seguridad que se
reuniera para discutir estas cosas, para discutir el
terrorismo contra Cuba; para discutir el caso todavía
pendiente, no resuelto, sobre el cual no se ha
pronunciado el honorable Consejo de Seguridad, del
ataque al avión cubano en Barbados, ese Consejo que
acababa de condenar dos actos terroristas cometidos, uno
contra un avión de la Pan American; o sea, una línea
norteamericana, y otro contra un vuelo de la UTA, una
compañía francesa. Me parece muy bien, no se deben hacer
estallar en el aire ni aviones norteamericanos ni
aviones franceses, ¿pero es que acaso los cubanos sí?
Sobre esa base, a ver si era verdad toda esa retórica,
que llegó hasta nivel de Jefes de Estado del Consejo de
Seguridad en su lucha contra el terrorismo, le pedimos
que se reuniera también para discutir estos aspectos del
terrorismo internacional, los que afectan a Cuba, y
entonces vino la transformación absoluta de ese Consejo:
perdió la velocidad, perdió la agitación, y aquí yo
tengo varios compañeros que estábamos juntos en aquella
época. Nos pasamos un mes bombardeando al Consejo con
cartas, pidiendo lo más elemental: una reunión.
No fue hasta el 21 de mayo de 1992 que el Consejo,
finalmente, acepta reunirse para escuchar nuestra
denuncia. Dos oradores nada más: este servidor y el
delegado norteamericano. Los demás de la "ilustre"
Europa, de la "noble" América, ni suspiraron: silencio
absoluto en aquella sala.
Pero ahí se produjo algo que me parece que es muy
importante registrarlo: la mentira del Gobierno
norteamericano reflejada en un documento que el
embajador Perkins, exactamente el 21 de mayo, presentó a
ese Consejo, yo lo tengo aquí.
Voy a leer dos frases nada más:
"En el Departamento de Estado no hay constancia de
haberse recibido del Gobierno de Venezuela ninguna
solicitud de pruebas o de testimonio, en relación con el
proceso penal", está hablando, por supuesto, del caso de
nuestro avión. "Los países que Cuba enumera como países
que han presentado información al tribunal venezolano
son países que tenían alguna vinculación a los hechos;
es decir, aquellos en los que ocurrió el delito, en los
que se detuvo a los sospechosos o cuyos ciudadanos
fueron víctimas del delito. Al parecer, las autoridades
venezolanas consideraron que era poco probable que los
EstadosUnidos tuviesen alguna información útil que no
tuviesen ya las autoridades venezolanas." Hasta ahí la
cita de la declaración del Departamento de Estado.
Bueno, pues todavía estas informaciones, según las
cuales la detonación de la bomba el 6 de octubre fue un
hecho del CORU, dirigido por Orlando Bosch, todavía las
autoridades de Venezuela, el tribunal de Venezuela y la
opinión pública, están esperando por recibirla.
El Gobierno que dijo que no tenía nada, sabía que tenía
esto; pero bien protegido, para proteger a sus
terroristas.
Ha pasado el tiempo, ha pasado el tiempo, por supuesto,
y han ocurrido algunas cosas más, el compañero Fidel
hace un momento lo señalaba, y hay algo que yo creo que
los norteamericanos no pueden ignorar, que es esta
Resolución del Consejo de Seguridad, este texto (Lo
muestra), que es muy importante, lo han blandido por
todo el planeta, redactado por ellos, por Estados
Unidos, que fue el autor de esta propuesta, la
Resolución 1373.
Termina su preámbulo con esta frase, que los que conocen
Naciones Unidas saben su implicación: "Actuando en
virtud del Capítulo VII de la Carta de las Naciones
Unidas..." ¿Qué quiere decir eso? Que lo que viene
ahora, señores, es obligatorio, y que el que no lo
cumpla puede ser objeto de sanciones y hasta del uso de
la fuerza. Eso es el CapítuloVII.
¿Y qué dice la Resolución?, sería terrible leerla
completa, ir párrafo a párrafo:
"Párrafo 2. Decide que todos los Estados "a) Se
abstengan de proporcionar todo tipo de apoyo, activo o
pasivo, a las entidades o personas que participen en la
comisión de actos de terrorismo;
"b) Adopten las medidas necesarias para prevenir la
comisión de actos de terrorismo, inclusive mediante la
provisión de alerta temprana a otros Estados mediante el
intercambio de información." Mediante el intercambio de
información, no la hipocresía esa de decir que "al
parecer las autoridades de Venezuela suponían que
nosotros no sabíamos nada."
¿Y quién era Carlos Andrés Pérez? ¡Qué forma de insultar
a un viejo aliado y amigo de Estados Unidos! ¿El no era
el jefe del Estado venezolano? Y un discurso ante el
plenario de la ONU y una exhortación pública en la
prensa, donde el amigo Carlos Andrés le pide, por favor,
aclaren esto, todo el mundo está hablando de ustedes.
¿No le había pedido Venezuela a Estados Unidos que le
diera la información? Parece bastante obvio, pero voy a
seguir con la Resolución.
"c) Denieguen refugio a quienes financian, planifican o
cometen actos de terrorismo, o prestan apoyo a esos
actos, o proporcionan refugios."
¿Les suena algo?
Otro párrafo.
"f) Se proporcionen recíprocamente el máximo nivel de
asistencia en lo que se refiere a las investigaciones o
los procedimientos penales relacionados con la
financiación de los actos de terrorismo o el apoyo
prestado a estos, inclusive por lo que respecta a la
asistencia para la obtención de las pruebas que posean o
que sean necesarias en esos procedimientos."
Esta bien, esta Resolución no se había aprobado antes,
en 1992, no se había aprobado cuando el tribunal
venezolano bregó con el caso de nuestro avión y Estados
Unidos no le mandó información porque no se la pidieron;
pero ahora sí, ahora dicen que es una obligación, y
ahora dicen que el otro autor intelectual, el que nunca
fue juzgado, está allí.
¿Puede Estados Unidos acoger al señor Posada,
protegerlo, no entregar ahora mismo lo que sabe de ese
hecho y no estar violando esta Resolución?, que fue
adoptada, repito, actuando en virtud del Capítulo VII.
Amigos míos, eso quiere decir que es obligatorio, que al
que no la cumple le pueden aplicar hasta la fuerza
militar. Todos los Estados tienen que acatar las
decisiones del Capítulo VII, incluyendo los miembros del
Consejo de Seguridad, por supuesto; incluyendo los
autores de la Resolución que lo pida, en este caso los
norteamericanos.
Voy a seguir:
"g) Impidan la circulación de terroristas o de grupos
terroristas; intensificar y agilizar el intercambio de
información operacional, especialmente en relación con
las actividades o movimientos de terroristas
individuales; cooperar, en particular mediante acuerdos
y convenios bilaterales y multilaterales, para impedir y
reprimir los ataques terroristas, y adoptar medidas
contra quienes cometan esos actos."
Bueno, Estados Unidos está violando esta Resolución
aprobada al amparo del Capítulo VII, desde el momento en
que reiteradamente se ha negado a discutir con Cuba un
acuerdo bilateral para la lucha contra el terrorismo,
que se le ha reiterado en cada reunión bilateral que ha
habido entre los dos países. Ellos han dicho que no.
Capítulo VII para los demás, para ellos cinismo,
hipocresía, mentira. Aquí lo dice: tienen que cooperar,
incluso, mediante acuerdos bilaterales.
En realidad, Estados Unidos está en violación de este
documento, que fueron ellos los que buscaron su
aprobación por las Naciones Unidas, después del atroz
ataque al pueblo de Nueva York el 11 de septiembre del
año 2001. Está en violación de esa doctrina todos los
días que pasan, aplicando esa política de propiciar el
terrorismo contra Cuba, como parte de su campaña
anticubana.
No quiero cerrar sin presentar otra prueba evidente, de
una claridad irrefutable, de cómo ellos están violando
sus propias palabras y sus propias resoluciones en la
lucha contra el terrorismo. Está aquí representada con
toda dignidad por las compañeras, las madres y las
esposas de nuestros Cinco Héroes.
Esta Resolución se aprobó en el Consejo de Seguridad en
septiembre del año 2001. En ese momento se estaba a la
espera de las sentencias contra nuestros cinco
compañeros, y cuando vino ese momento el mismo Gobierno
que escribió esto, escribió lo que se llama Memorandos
de Sentencia, donde el Gobierno de Estados Unidos pidió
para Gerardo, para Ramón, para Antonio, para Fernando y
para René la pena máxima posible en todos los casos;
pero no es solamente que sean condenados desde dos
cadenas perpetuas, en el caso de Gerardo, otros dos más
a cadenas perpetuas, ¡ni un segundo de encerramiento a
esos compañeros está justificado! Pero es que no fueron
solamente condenados a eso, los memorandos hechos por el
Gobierno de Estados Unidos, por escrito, al mismo tiempo
que están haciendo esto, claramente plantean una nueva
doctrina jurídica: la de la "incapacitación".
Ahí está escrito que para ellos, tan importante como
ponerles la pena más dura, está el asegurarse de que
esas personas queden para toda la vida incapacitados.
¿Incapacitados de qué? De seguir haciendo lo que habían
estado haciendo, de que no puedan volver a hacer lo que
hicieron.
¡Y qué diablos es lo que hicieron sino luchar contra el
terrorismo! No porque lo diga yo, es que lo dicen ellos.
Yo voy a citar lo que el Gobierno le pidió al tribunal y
lo que el tribunal accedió a darle. Los cinco son
cubanos, pero hay dos de ellos que tienen la ciudadanía
norteamericana por nacimiento, los otros tres que
estaban allá sin una documentación apropiada, se aclara
que una vez que cumplan su sentencia serán expulsados
hacia Cuba. En los otros dos casos, que son el caso de
René y el caso de Tony, ellos tienen un problema: como
nacieron en Estados Unidos, tienen la ciudadanía por
nacimiento, no pueden ser expulsados, y entonces están
condenados no solo a la cadena perpetua que tiene Tony y
a los 15 años que tiene René, sino, además, a
condiciones especiales para el día que recupere su
libertad René; incluso para el día que Tony, en su
segunda vida recupere su libertad, "por si acaso", dijo
la fiscalía, "este hombre llega a la calle, hay que
hacer lo mismo que pedimos con relación al señor
González". ¿Y qué es lo que establecen? Un régimen
especial con una serie de condiciones. Yo voy a leer
una, la que tiene que ver con esto:
"Como una condición especial adicional para la
liberación supervisada" —porque no serían hombres
libres, serían hombres controlados más allá de haber
cumplido su sentencia—, "se le prohíbe al acusado
asociarse con o visitar lugares específicos donde se
sabe que están o frecuentan individuos o grupos tales
como terroristas, miembros de organizaciones que abogan
por la violencia y figuras del crimen organizado."
¿Qué quiere decir eso? Que ellos saben que en el Sur de
la Florida hay individuos y grupos terroristas que no
están como topos escondidos debajo de la tierra. Hay
lugares que se sabe que ellos frecuentan, donde ellos
están; pero no van a buscarlos, no van a reprimirlos, no
van a aplicar esta resolución; hacen algo monstruoso,
castigan a personas norteamericanas o a personas en
Estados Unidos, los castigan con la prohibición de
acercarse por allí, de no hacer nada que pudiera, en
alguna forma, arriesgar las actividades que despliegan
sus terroristas.
Voy a concluir diciendo lo siguiente: Yo creo que
Estados Unidos está ante una magnífica oportunidad, ¡una
magnífica oportunidad! Papá Bush, al menos, tuvo varios
meses encarcelado —con todas las comodidades del caso,
por supuesto— al señor Bosch, cuando no existía esta
resolución, que es tan categórica; que yo no sé si el
señor Bush, hijo, si Bush el pequeño se la ha leído,
pero es bueno que alguno de sus colaboradores le llame
la atención sobre eso.
Ahora ellos están obligados a actuar, o a quedar
desenmascarados para siempre. Estados Unidos tiene una
obligación de la que no puede escapar, de informar a la
opinión pública, empezando por la norteamericana, todo
lo que sabe y ha ocultado durante muchos años y que hoy
está obligado por su propia Resolución del Consejo de
Seguridad a compartir con la opinión pública, con los
demás gobiernos. Y otros miembros de la comunidad
internacional, la culta Europa y otras naciones con
menos cultura aparentemente, tenemos la obligación de
exigir a Estados Unidos que haga eso, que ponga fin al
ocultamiento, que ponga fin a todas las acciones que ha
llevado a cabo durante muchos años para impedir que se
sepa la verdad, para mantener allí, en sus archivos
—sabiendo que los tiene, no la sospecha, no lo alegado—,
información de que eso es así; dicho por ellos, con sus
palabras, tienen la obligación de actuar contra los
terroristas o dejar de hablar de toda esta retórica
falsa, hipócrita de una supuesta batalla contra el
terrorismo.
Nosotros no debemos descansar hasta lograr que le sea
exigido eso, que se lo exija la gente, que se lo exija
el pueblo de Estados Unidos; porque cada día que pasa,
con esta situación cada día que pasa, protegiendo,
amparando a estos terroristas, es una afrenta a la
justicia, es una forma de mancillar las conciencias de
mucha gente ante estos crímenes sin castigo; pero es,
sobre todo, un insulto imperdonable a ustedes, a los
familiares de las víctimas, y a todos nosotros, a todo
nuestro pueblo, y es también un insulto y un agravio
imperdonable a los norteamericanos que fueron
injustamente asesinados el 11 de septiembre del año
2001.
Nosotros hoy estamos en una batalla que tenemos que
seguir librando, confiados, conscientes de que más
temprano o más tarde no será posible para ellos seguir
ocultando los crímenes de una política que cada vez es
más difícil justificar o engañar con ella a los demás.
Muchas gracias, compañeros (Aplausos).
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