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Estamos aquí para continuar la batalla, dijo el
Presidente Fidel Castro al inicio de sus palabras, para
informar a la población del curso de los acontecimientos
relacionados con el terrorista internacional Luis Posada
Carriles.
Observamos desconcierto en el Gobierno de Estados
Unidos, como si no supieran qué hacer luego de nuestras
denuncias. Y debemos cooperar en lo posible para que
hagan lo que deben hacer. El costo político sería menor.
No nos anima ningún espíritu de venganza. Tenemos la
razón; argumentos irrebatibles, expresó.
La sesión de denuncias del viernes tuvo una fuerte
repercusión dentro de Cuba y en el exterior. Fidel
informó que todos los materiales de esa reunión están
perfectamente traducidos, por lo pronto en el idioma
inglés, el más universal. Además, hoy lunes, los
recibirán todos los miembros de la Organización de
Naciones Unidas, así como otros muchos miles de personas
en el mundo.
El Jefe de la Revolución señaló que se ha creado una
situación complicada, porque se están haciendo cosas
locas, absurdas y chapuceras en EE.UU., que ponen en una
situación moral muy débil al Gobierno de aquel país.
Fidel dijo que esta vez aportaría nuevos datos para
desenmascarar a José Pujol, más conocido como Pepín, el
capitán del barco camaronero Santrina que trasladó a
Posada Carriles hasta Miami. Se trata de un viejo agente
de la CIA y miembro de los grupos especiales de esa
entidad de espionaje con una amplia hoja de servicios en
favor de los actos terroristas contra Cuba y al servicio
de la mafia miamense.
Pujol llegó a Estados Unidos de manera ilegal en los
años sesenta; integró algunas organizaciones
contrarrevolucionarias como Comandos L y Alfa 66;
participó en ataques a buques mercantes extranjeros que
viajaban a Cuba. En el 2002 se vinculó a Santiago
Álvarez Fernández Magriña, convirtiéndose, ese propio
año, en el capitán del Santrina, de matrícula
norteamericana y perteneciente a una estructura
terrorista anticubana, y utilizado en infiltraciones
armadas contra nuestro país.
REVELADORES ARTÍCULOS DE PRENSA
Fidel dio lectura a parte de un artículo aparecido este
sábado en el periódico Por Esto, de Quintana Roo, que
profundiza en los hechos relacionados con el Santrina y
su permanencia en el litoral de ese Estado mexicano,
donde según las autoridades competentes, fue sometido a
una inspección de rigor y no hallaron nada irregular.
El Presidente cubano recordó el largo historial de
vinculación de Posada Carriles con las drogas y el
narcotráfico en los mismos Estados Unidos. "Posada
Carriles huele a drogas", dijo.
Le estamos pidiendo al Gobierno mexicano que investiguen
e informen a la opinión internacional sobre lo ocurrido
en su territorio en relación con el terrorista. Ese
barco debió ser investigado más, opinó. Debían haber
indagado más sobre los señores que estaban allí.
Debieron prestarle más atención a la sugerencia que les
hicimos de que fueran rápido al lugar de los hechos,
pero tomaron el incidente como cualquier otro que no
amerita sanción alguna porque según las autoridades
competentes los papeles estaban en regla.
Seguidamente Fidel se refirió a materiales publicados
por los influyentes periódicos The New York Times y The
Washington Post, y la revista Newsweek sobre los
"íntimos" del presidente norteamericano Bush, John
Bolton y Otto Reich, y el afán desmedido de ambos por
destruir a la Revolución cubana.
Se las verán con nuestro Partido, nuestro pueblo,
millones de combatientes que saben usar las armas,
enfatizó Fidel.
En el artículo de The New York Times del miércoles 13,
donde se cuestiona a Bolton, al que han propuesto como
representante de Estados Unidos en la Organización de
las Naciones Unidas, este acusó a Cuba de estar
produciendo armas o investigando armas biológicas que
pudieran ser usadas contra Estados Unidos. Una brutal
mentira que tenía como propósito atizar aún más la
campaña de difamación contra la Revolución cubana.
Según el rotativo norteamericano, mientras más se
dilataba la audiencia en el Senado sobre John Bolton
para el cargo de representante ante las Naciones Unidas,
más ofensivo parecía que el presidente Bush pudiera
haber nominado a un hombre que había convertido el
desdeño a ese órgano internacional en la rúbrica de su
carrera en las relaciones internacionales. La Comisión
de Relaciones Exteriores del Senado desestimó el
nombramiento.
Lo último que necesita la nación es un enviado a las
Naciones Unidas que trate de forzar la inteligencia
hacia una interpretación ideológica.
La revista Newsweek, del 13 de abril del 2005, señaló
que el ex jefe del Consejo Nacional de Inteligencia
declaró que Bolton visitó su oficina para exigir que el
principal experto para América Latina fuera despedido de
su cargo por considerar insuficientemente alarmistas los
análisis del especialista sobre el tema de la supuesta
existencia de armas biológicas en Cuba. Estas
predicciones han sido luego repetidamente desmentidas
por el ex presidente James Carter.
Carl Ford, un veterano analista del Departamento de
Estado, se afirma en un artículo de The Washington Post,
pudiera ser el testigo que vendría a describir ante el
Comité del Senado el comportamiento agresivo de Bolton
hacia funcionarios encargados del tema Cuba.
En el 2002, continuó leyendo Fidel, cuando se puso a
atacar a Cuba mientras toda la atención de Washington se
dirigía hacia Iraq y Al Qaeda, Bolton se enfrentó con el
especialista en armamentos de destrucción masiva del
Departamento de Estado, Christian Westerman y tuvo Ford,
como jefe de la Oficina de Inteligencia e Investigación
del mismo Departamento de Estado, que intervenir en su
favor. Nunca más Bolton le dirigió la palabra. Son
rencorosos, gángsters, acotó Fidel.
Leyó seguidamente párrafos de un artículo aparecido en
Newsweek con el título Investigan intento de golpe para
intimidar a funcionarios contra Cuba, en el que se
afirma que investigadores del Comité de Relaciones
Exteriores han contactado al Departamento de Estado y a
los Servicios de Inteligencia para documentar
informaciones según las cuales Bolton valoró como
"insuficientemente alarmistas" los análisis de los dos
especialistas sobre el tema de las armas biológicas en
Cuba.
Newsweek precisa que acusaciones en ese sentido han
circulado desde por lo menos el 2003 en los círculos de
inteligencia, cuando el Congreso investigó acusaciones
similares acerca de analistas víctimas de presiones para
producir informes alarmantes sobre el armamento de Iraq.
Las audiencias no dieron gran resultado, relata Newsweek.
Otto Reich confesó a esa publicación, que redactó una
carta secreta dirigida a los jefes del analista
Christian Westerman para criticar su trabajo. George
Tennet, ex director de la CIA, resistió las presiones de
Bolton y Reich, cuenta Newsweek.
El funcionario fue promovido a pesar de la campaña del
bandido este, subrayó Fidel.
En comparecencia, ante el Comité de Relaciones
Exteriores del Senado, Carl Ford recordó desavenencias
en el año 2002 sobre la presunta capacidad de Cuba de
elaborar armas biológicas, algo que nunca fue
comprobado, pero que Bolton quería destacar en un
discurso.
Otro de los artículos glosados por Fidel, este de Otto
Reich, apareció en el Wall Street Journal del pasado
jueves. Reich afirma que las audiencias del Comité de
Relaciones Exteriores del Senado sobre la designación de
Bolton como embajador de los Estados Unidos ante las
Naciones Unidas han desenmascarado públicamente la
campaña desatada para desacreditarlo y obstaculizar su
nombramiento.
También han puesto de relieve una vez más, siguió
leyendo, la necesidad de reformar el proceso de
confirmación del Senado, que se ha politizado tanto que
ya no cumple su objetivo constitucional, según Reich.
Está protestando, dijo Fidel, de ese proceso, porque
allí se le han rebelado contra Bolton, y quisiera
modificar incluso la Constitución de los Estados Unidos,
porque está desquiciado.
Más adelante Fidel indicó que fueron Bolton y John
Wolfowitz, entonces segundo del Pentágono y hoy
Presidente del Banco Mundial (impuesto por el Presidente
de los Estados Unidos), los que promovieron la guerra en
Iraq a base de mentiras. Estos dos señores fueron los
más importantes promotores de los pretextos para esa
guerra.
De modo que sobre la conciencia de esos "caballeros",
denunció, pesan más de 100 000 iraquíes que han muerto
ya. Y he ahí los frutos siniestros de las mentiras de
estos bandidos que se han constituido en el círculo más
íntimo del Presidente de los Estados Unidos.
Esa guerra, refirió Fidel, ha costado la muerte de más
de 1 500 norteamericanos. Acotó que al parecer en EE.UU.
empieza a formarse una conciencia fuerte de la
responsabilidad de los que condujeron a esa guerra
ingloriosa y costosa.
El líder de la Revolución hizo notar que le parecía muy
triste para una Secretaria de Estado (Condoleeza Rice),
muy reaccionaria pero mujer inteligente, que la obliguen
a decir, cuando han pasado 30 días de la posible llegada
a los Estados Unidos de Posada Carriles, que no tiene
evidencia de la presencia de ese terrorista en Estados
Unidos, y que la teoría de que está allí es un invento
de la Inteligencia cubana. Al menos eso ha dicho una y
otra vez el vocero del Departamento de Estado.
Esa persona debe comprender que se trata de una
chapucería increíble, agregó, y así no puede haber
diplomacia en ningún Estado que se respete a sí mismo, y
en ese país hay muchos políticos, escritores,
intelectuales que se respetan a sí mismos, reconoció.
Sería muy interesante saber, continuó Fidel, cuándo,
dónde, cómo y a quién le dijeron que Posada Carriles iba
a entrar escoltado por Santiago Álvarez, violando todas
las leyes de los Estados Unidos y burlando las tareas de
15 organizaciones de inteligencia y el trabajo de 180
000 funcionarios y el empleo de 30 000 millones de
dólares. Creo que jamás en la historia ocurrió algo
parecido, subrayó.
Acto seguido indicó que está probado que en el Comité de
Relaciones Exteriores están interrogando e investigando
qué hizo este señor que va para las Naciones Unidas.
Fidel cerró su intervención con la lectura completa de
un artículo aparecido ayer en The Washington Post
con el título de "Nadie escucha", que calificó de
"realmente interesante", escrito por la misma periodista
que, en el año 1998, entrevistó a Posada Carriles y
escribió entonces tres artículos en The New York
Times.
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