|
Distinguidos invitados, compañeros y amigos:
Bienvenidos a nuestro Centro de Estudios Martianos, que
los acoge precisamente en vísperas del aniversario 110
de la caída en combate de José Martí. Otros combates
libramos hoy, que no serían posibles sin la inspiración
del más universal de todos los cubanos. Esa
universalidad no sería posible asumirla si no fuera por
el modo como nuestro Apóstol venció radicalmente la
poderosa tentación del odio, desde que en el Presidio,
infierno político de este mundo, exclamó triunfante: “Si
yo odiara a alguien me odiaría por ello a mí mismo.”
La marcha combatiente que nos movilizará mañana*,
aunque provocada por las más bajas agresiones que un
pueblo puede sufrir, no estará desprovista de
indignación como no lo estuvo la palabra de Martí, pero
su horizonte verdadero no será la venganza sino la
justicia. No digo esto para seguir el estilo de ninguna
propaganda, sino por la convicción profunda que desde la
raíz de este Centro nos ilumina.
De ustedes esperamos el mensaje que más necesitamos en
esta hora y siempre: el de la confirmación de nuestra
identidad, que debemos a los más altos valores de España
y de nuestra América, en un doloroso y parturiento
diálogo de siglos. Ustedes saben, como nosotros, que
nadie amó más entrañablemente a la España popular y
creadora que nuestro máximo independentista y
antimperialista. Por eso mismo sabemos ustedes y
nosotros que el vehemente admirador de Quevedo y de
Cervantes, de Whitman y de Emerson, de Bolívar y de
Lincoln, nos impone el deber de un ecumenismo
revolucionario, en cuyo nombre los abrazamos como a
hermanos.
16 de mayo 2005
Palabras pronunciadas en el
Coloquio "Martí y las letras hispánicas".
* Se refiere a la Gran Marcha del pueblo combatiente
contra el terrorismo protagonizada por el pueblo
capitalino el martes 17 de mayo frente a la SINA.
|