Año IV
La Habana
Semana 21-27 de MAYO
de 2005

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CONVERSACIÓN CON LUIS CARBONELL
El privilegio de lo irrepetible

Odal Palma  La Habana


“Una de mis preocupaciones predilectas es el estudio de la historia, en particular de la Historia de Cuba y dentro de ella he leído con especial atención la obra de nuestro José Martí”, aseguró Luis Carbonell en conversación exclusiva para La Jiribilla

Nacido en Santiago de Cuba, hace 81 años, y con más de medio siglo de carrera artística, Luis Carbonell ha devenido figura cumbre de nuestra cultura nacional. Su manera criolla de declamar, su empeño en difundir la obra poética de autores cubanos y dar a conocer al mundo nuestro folclor, han hecho posible que este santiaguero “puro, puro, criollo y rellollo”, como él mismo asegura, haya contribuido de manera inequívoca  a la reafirmación de nuestra identidad. 

Así, cuando en 1999 se le otorgó la réplica del machete de Máximo Gómez, afirmó: “Este reconocimiento me hace sentir muy honrado. Es un símbolo de patriotismo y de lealtad a la Patria. Haberlo merecido me hace sentir todavía más orgulloso de ser cubano”. 

El teatro Hispano de New York, fue el escenario donde Luis Carbonell recibió los primeros aplausos como profesional. Corría el año de 1946. Antes, sin embargo, en su ciudad natal, siendo aún muy joven había impartido clases de inglés y repetía a escondidas de su madre los versos que su hermana mayor, dedicada oficialmente a la profesión de declamadora, recitaba. “Mi madre se oponía rotundamente a que yo también fuera declamador. Para mí ella reservaba las carreras de Derecho o en su defecto Medicina. Quise complacerla, pero dentro de mí se imponía cada vez con más fuerza el deseo de recitar”, rememora quien a partir de una presentación en el teatro capitalino Amadeo Roldán quedó bautizado para siempre como el Acuarelista de la Poesía Antillana.

“Fue José (Pepe) Viondi, el que me dio ese calificativo. Yo había regresado de EE.UU., país del que estaba loco por salir para instalarme nuevamente en mi suelo, y al terminar aquella presentación en el Teatro Auditórium, el comediante italiano me dijo: ‘Usted no recita. Usted dibuja los versos, los pinta. Usted es un acuarelista de la poesía.’ Más adelante, cuando incorporé a mi repertorio la obra de otros autores no cubanos, se le agregó antillana.”  

Formador de varias generaciones de artistas, Luis Carbonell, por la gracia y talento que posee, parece haber sido tocado por el don mágico de los orishas negros. Pero él asevera: “No soy nada extraordinario, soy una persona como otra cualquiera, solo me diferencia el haberme pasado años y años de estudio, de intenso sacrificio, de constantes renuncias y de férrea disciplina para lograr este poquito de satisfacción, de alegría, de felicidad, que hoy he logrado reunir. Es muy cómodo que te aplaudan, pero eso cuesta mucho trabajo, es muy difícil de lograr. A esos artistas que han sido mis alumnos, algunos consagrados, otros ya desaparecidos, los he formado bajo un principio, una máxima de Stanislasky  que hice mía desde hace ya mucho tiempo: hay que ganarse el derecho de pararse en un escenario”. 

A juicio del Acuarelista de la Poesía Antillana lo primero que debe hacer un artista es cultivarse, adquirir cultura para trascender, para quedar para siempre. 

Nadie puede poner en duda de que él quedará para siempre. La sonoridad de su rítmica voz, la gestualidad de sus movimientos al compás de ritmos genuinamente cubanos en los versos de Nicolás Guillén, Emilio Ballagas, Federico García Lorca y de otros tantos escritores, o su magistral incorporación de los Versos Sencillos, de José Martí a esa “Guantanamera” suya de los años 60, hacen que Luis Carbonell, al decir de la escritora y etnóloga cubana Natalia Bolívar, haya logrado lo que pocos: conquistar, palmo a palmo ese impreciso dominio donde moran, ya libres del tiempo, los elegidos; esos que en nuestro país gozan del raro privilegio de ser irrepetibles.  

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