|
Cuando el 21
de junio se desate la oleada de arte digital y La Habana
vuelva a ser, como cada año desde hace siete, la
anfitriona del VII Salón y Coloquio Internacional de
Arte Digital quienes nos visiten a partir de esa fecha y
hasta fines de julio, podrán ponerse en contacto no
solamente con lo que hacen los creadores de la Isla,
sino con las estéticas de los cultivadores de ese género
en varias latitudes.
También,
paralelamente al Salón y Coloquio —auspiciado por el
Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau— en la
Sala Lumiere
(ubicada en la calle Mercaderes en La Habana Vieja y
que pertenece a la Oficina del Historiador) y en la
sala del Centro Cultural Cinematográfico del
Instituto Cubano de Arte e Industria
Cinematográficos, ICAIC, se exhibirá una muestra
internacional de video con obras procedentes de
Argentina, El Salvador, Estados Unidos, México,
Colombia, Perú, Venezuela y Rusia.
Esa muestra —aún se
está armando— tiene la característica especial de que
no ha sido enviada por artistas de manera individual,
sino que instituciones, pertenecientes a los países
mencionados, han sido las encargadas de hacer una
preselección lo cual, obviamente, la dota de una mayor
rigurosidad y calidad.
El pintor, grabador y
artista digital Ángel Alonso —Tercer Premio en el III
Salón de Arte Digital, Mención (en las categorías de
audiovisual y obra impresa) en el VI Salón, Premio
Audiovisual en el V Salón (por su obra “El hogar y sus
fantasías”), jurado en el VI Salón— tiene bajo su
responsabilidad la curaduría de la muestra internacional
de video, trabajo que, según aseguró en entrevista para
La
Jiribilla,
ha sido complicado y a la vez hermoso.
“El Salvador hizo
llegar obras (cuatro) premiadas en la categoría de
animación del Primer Salón de Arte Digital organizado
por la Fundación CLIC de ese país centroamericano.
El caso de México es
especial porque las obras que han llegado a La Habana
fueron creadas durante un taller que impartió en el DF
el diseñador y artista digital cubano Eduardo Moltó y
que reúne piezas muy lindas; Perú remite una muestra
(doce) de una institución llamada Desarrollo Artístico
Cultural Peruano, una entidad que despliega un intenso
trabajo en cuanto a la producción de videos.
Venezuela mandó una
amplia selección del II y III Salón de Arte Digital que
se llama CARPE DIEM. En cuanto a Rusia, estoy muy
impresionado con la muestra que nos ha llegado porque
hacía mucho tiempo que no veía video ruso debido a que,
al menos hacia América Latina, no se exporta y tampoco
se comercializa. Considero la muestra rusa muy especial
y poseedora de una carga y una energía muy nuevas.
He comenzado a
trabajar las entregas de EE.UU.
(dos muestras, una de profesores y otra de estudiantes
del
Kinetic Imaging program
Virginia Commonwealth
University) y de Argentina (una selección de diez videos
que participaron en el Festival Internacional de
Videoarte PLAY III) aún no me atrevo a dar criterios
porque estoy en los momentos iniciales.
¿Cómo quedará
organizada la muestra internacional de video?
Se harán dos
programas de hora y media aproximadamente; uno incluirá
tres países y el otro cuatro, por lo que a cada nación
le corresponde un promedio de treinta minutos.
Esto ha sido muy
difícil porque la cantidad de obras fluctúa por países y
hay que decantar lo cual puede no ser muy justo y se
corre el riesgo de ser más estricto con los que enviaron
muestras más voluminosas. Es probable que queden fuera
piezas muy buenas. Tuvimos en cuenta la calidad y
también el tiempo aunque no hemos sido esquemáticos.
Por ejemplo, de Perú
hay una obra que tiene más de diez minutos, está muy
bien hecha y aborda un tema importantísimo y me pareció
que era imprescindible dejarla a pesar de que se excede
en el tiempo.
¿Ese aspecto es el
que ha complicado la curaduría?
El aspecto de la
desproporción en las muestras enviadas. Esto ha sido lo
más complicado; tratar de ser lo más abierto, lo más
equitativo posible a la hora de hacer una muestra para
que sea representativa de un país.
¿Calidades?
A nivel creativo lo
que he visto hasta ahora me ha parecido impresionante.
La muestra rusa ha sido una sorpresa muy grande; Perú
tiene un videoarte social tremendamente interesante.
En el caso de El
Salvador todo lo que nos llegó fue animaciones porque la
muestra proviene de un salón en el que solo se compitió
en esa categoría, pero fue una revelación porque es un
país que no tiene gran tradición cinematográfica; creo
que es la primera vez que se verá algo con esas
características en Cuba.
¿Cuáles son los
recursos digitales que con mayor asiduidad se
utilizan?
En el caso de la
animación casi todos utilizan el programa Flash
de Macromedia que es de muy fácil manejo para lograr el
movimiento de manera efectiva y rápida. Ese es el
programa que emplean con mayor frecuencia aunque percibo
que existe cierto abuso en el uso y, según mi criterio,
no es el más adecuado. Flash tiene una imagen un
poco plástica y el movimiento que da a veces no es del
todo conveniente y convincente.
En relación con el
material grabado, casi siempre se trabaja con una sola
cámara y en equipos pequeños y esa es, precisamente, la
alternativa al cine; se pasa el video a la computadora y
se le hace casi siempre algo utilizando las herramientas
que ofrece la computadora. También hay una serie de
recursos que se utilizan, por ejemplo, el envejecimiento
de la película para referirse al pasado con programas
que conocemos y en ocasiones se torna aburrido.
Los software son
universales y, por tanto, los efectos que incluyen son
los mismos. Incluso una de las cosas que sucede con el
videoarte —y con el arte digital en general— es que como
los programas que se venden en todas partes son
similares y los filtros son exactamente iguales, pues
los efectos visuales son muy parecidos y eso globaliza
la imagen digital.
Pero, ¿eso es para
bien o para mal?
Creo que si se
utiliza inteligentemente y uno se va por encima de eso
—como es el caso de muchos artistas que participan en
esta muestra— es para bien porque el valor está en lo
que el artista sea capaz de crear y en las ideas que van
por encima del recurso utilizado, pero cuando se limita
a la tecnología, entonces resulta muy aburrido e
impersonal. En el espectador puede quedar la desazón de
no identificar nada, de no ver una personalidad en el
creador, de no apreciar una característica propia en la
muestra de un país o de un artista determinado.
¿Aparecen temas
recurrentes en la muestra?
En la muestra de
Perú, que tiene una cierta tradición en el videoarte, se
ahonda más en el tema social; uno de los cortos más
importantes trata sobre el asesinato de una dirigente
sindical y hay varias películas que abordan el tema de
la pobreza.
En el caso de México
se habla de problemas concretos como el tema de la
pornografía y hay entrevistas con gentes que venden
pornografía, pero hay un acento artístico y es menos
crudo y pasan como por un filtro que intenta hacer una
búsqueda en lo formal, se persigue un abordaje desde el
arte, y el asunto social no se expone tan crudamente.
En el caso de la
muestra rusa está el tema social, pero desde una
perspectiva nostálgica. Los rusos tienen una tradición
fílmica muy fuerte y arraigada, y poseen todo un
lenguaje cinematográfico que los jóvenes artistas han
heredado.
Es evidente que se
sienten identificados, por ejemplo, con el cineasta
Andrei Tarkovski
(1932, Moscú –
1986, Suecia), se palpa el lenguaje surrealista del buen
cine ruso y se ve que lo han incorporado a los temas
actuales. Por ejemplo, uno de los cortos que apunta
hacia lo nostálgico es una grabación digital de unos
muchachos montando patinetas en lo que otrora fue un
monumento soviético y de fondo está La Internacional.
Es una pieza que
advierte muy crudamente para lo que han quedado los
parques que antes estaban llenos de flores y ahora se
han tornado unos ruinosos sitios de dudable diversión.
Con un abordaje muy sutil, sin decirte nada
abiertamente, sin recurrir al panfleto, —que sí sucede
muchas veces en las muestras latinoamericanas— la
muestra rusa trata temas sociales muy fuertes, de forma
ingeniosa y hasta humorística.
Otro video es una
sonrisa que se hace con un aparato; simplemente es la
filmación de un aditamento que, supuestamente, estira el
rostro a un hombre y se titula “Sonrisa americana”.
Como artista, ¿qué
te ha aportado el estar en contacto con estas muestras
de videos?
En primer lugar ha
sido importante para mi información. He tenido que ver
mucho más que lo que los espectadores van a disfrutar y
además con un criterio selectivo y de evaluación.
Es una gran suerte
que el Comité organizador del Salón y del Coloquio
confiara en mi visión y considero muy difícil esta faena
sobre todo cuando uno se propone hacerla bien.
Además de la calidad
y del tiempo en pantalla, tienes que proponerte que la
muestra seleccionada sea representativa y que posea
equilibrio.
¿Algunos de estos
videos te han sembrado inquietudes particulares?
Vi muchas ideas que
me hubiera gustado hacer, observé recursos de edición de
los cuales nunca estuve tan cerca como hasta ahora. La
mirada del curador es muy diferente a la del
espectador; una ojeada mucho más profesional en la cual
se aprende de otra forma y te sientes más cerca de los
artistas que han enviado sus obras.
También el trabajo
del curador entraña una responsabilidad muy grande
porque muchos de esos artistas van a visitar La Habana y
será un poco duro para mí que algunos vean que su
película no está ahí. Pero hay que pasar por encima de
eso y tratar de ser objetivo en la selección.
|