Año IV
La Habana
Semana 21-27 de MAYO
de 2005

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ENTREVISTA CON ÁNGEL ALONSO
La creación digital, ¿se globaliza?

Estrella Díaz La Habana
Fotos: Alain Gutiérrez


Cuando el 21 de junio se desate la oleada de arte digital y La Habana vuelva a ser, como cada año desde hace siete, la anfitriona del VII Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital quienes nos visiten a partir de esa fecha y hasta  fines de julio, podrán ponerse en contacto no solamente con lo que hacen los creadores de la Isla, sino con las estéticas de los cultivadores de ese género en varias latitudes. 

También, paralelamente al Salón y Coloquio —auspiciado por el Centro Cultural Pablo de la Torriente Brau— en la Sala Lumiere (ubicada en la calle Mercaderes en La Habana Vieja y que pertenece a la Oficina del Historiador) y en la sala del Centro Cultural Cinematográfico del Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos, ICAIC, se exhibirá una muestra internacional de video con obras procedentes de Argentina, El Salvador, Estados Unidos, México, Colombia, Perú, Venezuela y Rusia.  

Esa muestra —aún se está armando— tiene la  característica especial de que no ha sido enviada por artistas de manera individual, sino que instituciones, pertenecientes a los países mencionados, han sido las encargadas de hacer una preselección lo cual, obviamente, la dota de una mayor rigurosidad y calidad. 

El pintor, grabador y artista digital Ángel Alonso —Tercer Premio en el III Salón de Arte Digital, Mención (en las categorías de audiovisual y obra impresa) en el VI Salón, Premio Audiovisual en el V Salón (por su obra “El hogar y sus fantasías”), jurado en el VI Salón— tiene bajo su responsabilidad la curaduría de la muestra internacional de video, trabajo que, según aseguró en entrevista para La Jiribilla, ha sido complicado y a la vez hermoso. 

“El Salvador hizo llegar obras (cuatro) premiadas en la categoría de animación del Primer Salón de Arte Digital organizado por la Fundación CLIC de ese país centroamericano. 

El caso de México es especial porque las obras que han llegado a La Habana fueron creadas durante un taller que impartió en el DF el diseñador y artista digital cubano Eduardo Moltó y que reúne piezas muy lindas; Perú remite una muestra (doce) de una institución llamada Desarrollo Artístico Cultural Peruano, una entidad que despliega un intenso trabajo en cuanto a la producción de videos.  

Venezuela mandó una amplia selección del II y III Salón de Arte Digital que se llama CARPE DIEM. En cuanto a Rusia, estoy muy impresionado con la muestra que nos ha llegado porque hacía mucho tiempo que no veía video ruso debido a que, al menos hacia América Latina, no se exporta y tampoco se comercializa. Considero la muestra rusa muy especial y poseedora de una  carga y una energía muy nuevas.  

He comenzado a trabajar las entregas de EE.UU. (dos muestras, una de profesores y otra de estudiantes del Kinetic Imaging program de la Virginia Commonwealth University) y de Argentina (una selección de diez videos que participaron en el Festival Internacional de Videoarte PLAY III) aún no me atrevo a dar criterios porque estoy en los momentos iniciales.  

¿Cómo quedará organizada la muestra internacional de video?

Se harán dos programas de hora y media aproximadamente; uno incluirá tres países y el otro cuatro, por lo que a cada nación le corresponde un promedio de treinta minutos.    

Esto ha sido muy difícil porque la cantidad de obras fluctúa por países y hay que decantar lo cual puede no ser muy justo y se corre el riesgo de ser más estricto con los que enviaron muestras más voluminosas. Es probable que  queden fuera piezas muy buenas. Tuvimos en cuenta la calidad y también el tiempo aunque no hemos sido esquemáticos.  

Por ejemplo, de Perú hay una obra que tiene más de diez minutos, está muy bien hecha y aborda un tema importantísimo y me pareció que era imprescindible dejarla a pesar de que se excede en el tiempo.     

¿Ese aspecto es el que ha complicado la curaduría?

El aspecto de la desproporción en las muestras enviadas. Esto ha sido lo más complicado; tratar de ser lo más abierto, lo más equitativo posible a la hora de hacer una muestra para que sea representativa de un país.  

¿Calidades?

A nivel creativo lo que he visto hasta ahora me ha parecido impresionante. La muestra rusa ha sido una sorpresa muy grande; Perú  tiene un videoarte social tremendamente interesante.   

En el caso de El Salvador todo lo que nos llegó fue animaciones porque la muestra proviene de un salón en el que solo se compitió en esa categoría, pero fue una revelación porque es un país que no tiene gran tradición cinematográfica; creo que es la primera vez que se verá algo con esas características en Cuba.  

¿Cuáles son los recursos digitales que con mayor asiduidad se utilizan?   

En el caso de la animación casi todos utilizan el programa Flash de Macromedia que es de muy fácil manejo para lograr el movimiento de manera efectiva y rápida. Ese es el programa que emplean con mayor frecuencia aunque percibo que existe cierto abuso en el uso y, según mi criterio, no es el más adecuado. Flash tiene una imagen un poco plástica y el movimiento que da a veces no es del todo conveniente y convincente.  

En relación con el material grabado, casi siempre se trabaja con una sola cámara y en equipos pequeños y esa es, precisamente, la alternativa al cine; se pasa el video a la computadora y se le hace casi siempre algo utilizando las herramientas que ofrece la computadora. También hay una serie de recursos que se utilizan, por ejemplo, el envejecimiento de la película para referirse al pasado con programas que conocemos y en ocasiones se torna aburrido. 

Los software son universales y, por tanto, los efectos que incluyen son los mismos. Incluso una de las cosas que sucede con el videoarte —y con el arte digital en general— es que como los programas que se venden en todas partes son similares y los filtros son exactamente iguales, pues los efectos visuales son muy parecidos y eso globaliza la imagen digital.  

Pero, ¿eso es para bien o para mal?

Creo que si se utiliza inteligentemente y uno se va por encima de eso —como es el caso de muchos artistas que participan en esta muestra— es para bien porque el valor está en lo que el artista sea capaz de crear y en las ideas que van por encima del recurso utilizado, pero cuando se limita a la tecnología,   entonces resulta muy aburrido e impersonal. En el espectador puede quedar la desazón de no identificar nada, de no ver una personalidad en el creador, de no apreciar una característica propia en la muestra de un país o de un artista determinado.

¿Aparecen temas recurrentes en la muestra? 

En la muestra de Perú, que tiene una cierta tradición en el videoarte, se ahonda más en el tema social; uno de los cortos más importantes trata sobre el asesinato de una dirigente sindical y hay varias películas que abordan el tema de la pobreza.  

En el caso de México se habla de problemas concretos como el tema de la pornografía y hay entrevistas con gentes que venden pornografía, pero hay un acento artístico y es menos crudo y pasan como por un filtro que intenta hacer una búsqueda en lo formal, se persigue un abordaje desde el arte, y el asunto social no se expone tan crudamente.  

En el caso de la muestra rusa está el tema social, pero desde una perspectiva nostálgica. Los rusos tienen una tradición fílmica muy fuerte y arraigada,  y poseen todo un lenguaje cinematográfico que los jóvenes  artistas han heredado.   

Es evidente que se sienten identificados, por ejemplo, con el cineasta Andrei Tarkovski (1932, Moscú – 1986, Suecia), se palpa el lenguaje surrealista del buen cine ruso y se ve que lo han incorporado a los temas actuales. Por ejemplo, uno de los cortos que apunta hacia lo nostálgico es una grabación digital de unos muchachos montando patinetas en lo que otrora fue un monumento soviético y de fondo está La Internacional.  

Es una pieza que advierte muy crudamente para lo que han quedado los parques que antes estaban llenos de flores y ahora se han tornado unos ruinosos sitios de dudable diversión. Con un abordaje muy sutil, sin decirte nada abiertamente, sin recurrir al panfleto, —que sí sucede muchas veces en las muestras latinoamericanas— la muestra rusa trata temas sociales muy fuertes, de forma ingeniosa y hasta humorística.  

Otro video es una sonrisa que se hace con un aparato; simplemente es la filmación de un aditamento que, supuestamente, estira el rostro a un hombre y se titula “Sonrisa americana”.  

Como artista, ¿qué te ha aportado el estar en contacto con estas muestras de videos?  

En primer lugar ha sido importante para mi información. He tenido que ver mucho más que lo que los espectadores van a disfrutar y además con un criterio selectivo y de evaluación.  

Es una gran suerte que el Comité organizador del Salón y del Coloquio confiara en mi visión y considero muy difícil esta faena sobre todo cuando uno se propone hacerla bien.  

Además de la calidad y del tiempo en pantalla, tienes que proponerte que la muestra seleccionada sea representativa y que posea equilibrio.  

¿Algunos de estos videos te han sembrado inquietudes particulares?

Vi muchas ideas que me hubiera gustado hacer, observé recursos de edición de los cuales nunca estuve tan cerca como hasta ahora. La mirada del  curador es muy diferente a la del espectador; una ojeada mucho más profesional en la cual se aprende de otra forma y te sientes más cerca de los artistas que han enviado sus obras.  

También el trabajo del curador entraña una responsabilidad muy grande porque muchos de esos artistas van a visitar La Habana y será un poco duro para mí que algunos vean que su película no está ahí. Pero hay que pasar por encima de eso y tratar de ser objetivo en la selección.    

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