Año IV
La Habana
Semana 21-27 de MAYO
de 2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

La rumba
Raúl Martínez Rodríguez La Habana


La rumba cubana, compuesta por toques, cantos, bailes y pantomima surgió durante el colonialismo español mientras se producía la expansión azucarera. Es una de nuestras manifestaciones musicales de mayor prestigio folclórico y popular, que se extiende hacia otras naciones. Sus principales protagonistas  fueron los negros libres y sus descendientes, pertenecientes a distintas  étnicas africanas como  la lucumí, ganga, arará y quizás la más significativa  de todas: la gangá-bantú. De ellas se tienen referencias históricas asociadas  a esta música bailada desde los siglos XVIII y XIX  en sitios como barracones, dotaciones,  en los campos y zonas suburbanas como bateyes y caseríos cercanos a los ingenios  o fábricas de azúcar. Los hombres realizaban danzas pugilísticas atribuidas a los congos conocidas como “baile de maní”,  las cuales pudieran considerarse   como  rumbas muy primitivas. Esta variante se identificaría más tarde con el nombre  de columbia. Las mismas eran acompañadas por un conjunto de tres tambores profanos, muy primitivos y  conocidos como de yuca, los cuales se percutían con algunas especies de  agogos de metales  o guatacas. También existían  otras danzas  en parejas muy eróticas nombradas de macuta o de yuka las que posiblemente  fueron  la base de otros estilos de la rumba  como  el antiguo  yambú  y el actual guaguancó  de carácter más urbano. En los cabildos negros organizados en las ciudades  o  pueblos se efectuaban  rumbas que eran sinónimo de fiesta, donde no solo se bailaba y  cantaba, sino que también  se ingería alimentos y bebidas alcohólicas, o se hacía bajar un oricha  (deidad) para que participara  profanamente  en la  fiesta.

La rumba, generalmente, tiene  un  carácter improvisado. Cuando    no  existían  los instrumentos  musicales que hoy conocemos en los conjuntos de rumba, sus intérpretes se hacían acompañar por cualquier medio sonoro percutido. Los tocadores  creaban una compleja y alegre polirritmia,  que era la base acompañante para los bailes, cantos y  estribillos,  los cuales se mezclaban  con los golpes de un pequeño  tambor rudimentario profano, de origen africano.  Los toques  de este instrumento acentuaban  el ritmo y  con frecuencia  en medio de la fiesta, eran confiscados racialmente por las autoridades españolas. 

La célula rítmica  de la rumba es  fundamentalmente  de procedencia  africana,  y lo español   está dado en el   lalaleo,  llorao o diana, lo que  parece ser que viene  del canto andaluz para levantar el canto.

Como en el baile de pareja  guaguancó, la letra puede ser picaresca,  satírica  o canto de puya, unida  con una melodía  rítmicamente  compleja. La hembra baila con coquetería  imitando con la cintura el movimiento gracioso de una gallina;  y el hombre, a un gallo  o palomo,  tratando  de seducirla  y poseerla simbólicamente en un descuido  con el llamado vacunao o abrochao  (movimiento pélvico de su cintura hacia el sexo de ella, de lo cual ella siempre se cuida).

Se dice que la variante conocida por  columbia de origen campesino nació en el antiguo caserío  conocido de ese modo en  la provincia de Matanzas, en la cual se tiene referencia  desde 1880, especialmente en la zona de Sabanilla, Unión de Reyes y Colón. La misma es bailada y cantada por un hombre solo  aunque se dice de mujeres como Andrea Baró y Justa  Chumbele fueron excelentes  intérpretes de este singular modo. Dentro de los hombres se destacaron Celestino  Domenech  y el legendario José Rosario Oviedo, más conocido por “Malanga”, del pueblo de Unión de Reyes; Esteban Lantrí  “Saldiguera”, en la ciudad de Matanzas; y  el famoso  José Luciano “Chano” Pozo,  de La Habana. En estas formas de hacer rumba se levanta el canto con una diana a manera de llorao  o lalaleo  en el texto, y se acompaña  con tambores, cajones,  el parche del fondo de un taburete, claves (hechas de “madera de corazón”), una guataca o cualquier hierro. Tiene una línea  melódica y letra muy breve llena de vocablos africanos. Su baile es muy ágil, fuerte y viril,  donde el bailador demuestra sus habilidades acrobáticas, entre las que se destacan llevar un vaso de ron o agua en la cabeza,  tener en las manos  peligrosamente unos machetes y en los pies  cuchillos  a manera de espuelas de gallo. En la rumba, en general, existen varias  figuras mímicas  e infinidad  de  figurados rítmicos  de origen africano y español  que los negros  criollos genialmente han procesado musicalmente en toda nuestra isla.

La  rumba en el campo se hizo muy conocida desde finales  del siglo XIX en Matanzas,  La Habana, y en otras zonas como Ciego de Ávila, Florida  y  Morón en la provincia de Camagüey. Su traslado hacia las últimas zonas citadas se realizaba  con frecuencia por la visita de los propios rumberos matanceros.

El estilo conocido como guaguancó tiene como antecesor  a la antigua    rumba de viejos urbanos  conocida como  yambú. La rumba más actual conocida como guaguancó surgió  en ciudades y pueblos, y en barrios muy humildes y marginales. Tiene una línea melódica y texto  mucho más elaborado que el resto de las variantes.  La primera parte se canta generalmente a dúo (a la manera de los famosos cantadores matanceros Virulilla y Saldiguera)  y se acompaña con un grupo de percusión y medios sonoros como un simple costado de un escaparate, cajones donde venían las velas o el bacalao, cucharas o la botella  de aguardiente que se estaba bebiendo. Con los años se fue organizando  un conjunto con sus variantes de tres tambores (conga, tumba  y quinto o requinto), las claves, güirito,  maruga y güiritas de metal o cimarronas (en las muñecas  de los tocadores) y un cata, (de madera o de caña brava)  y cantantes.

Al igual que en Matanzas,  en  barrios habaneros como Pueblo Nuevo, Carraguao —del Cerro—, Belén —de La Habana más antigua—, aparecen rumberos muy prestigiosos como Agustín Gutiérrez, Elías Aróstegui, Tomás Erisa, José Luciano Pozo, Ignacio Piñeiro, Silvestre Méndez, Mario Alán, Gonzalo Asencio Hernandez “El Tío Ton”, Calixto Cayava, Pancho Quinto, y de Matanzas Florencio Calle, Juan Bosco Mesa, y gran  Chachá, entre otros. Entre las sociedades más importantes podemos destacar dos agrupaciones de rumberos rivales como Los Roncos y El Paso Franco,  de los barrios de Pueblo  Nuevo y El Cerro, (Carraguao) en La Habana. También existían  otros  como los nombrados  El  Lugareño, de Jesús María, El Triunfante,  y Los Rápidos Fiñes (de niños)  de Belén. En Matanzas se recuerdan   otros  como La Sorpresa, Los Marinos y el  Bando Azul. Existen otras rumberas históricas destacadas en el teatro,   cabaret y cines como María Antonieta Pons, Ninón Sevilla, Rosa Carmina, Amelita Vargas, Ana Gloria Varona y  otras, las cuales son mitos en la  cultura popular en nuestra América hispana. Agrupaciones de sones legendarias como el Conjunto de Arsenio Rodríguez, Chapottin  y sus  Estrellas de Chocolate e intérpretes vocales afamados como María Teresa Vera,  Celeste  Mendoza, Orestes  Macías y el actual Paulito FG se mueven dentro de la atmósfera de la rumba  en sus  actuaciones y canciones. En el pasado y en la  actualidad existieron y existen grupos de rumberos muy prestigiosos internacionalmente como los de Chano Pozo, Los Muñequitos de Matanzas, el Grupo Lulú Yorkori de Alberto Zaya, con el cantante Roberto Maza “El vive bien”, Papín y sus rumberos, Los Papines, Carlos Embale, Yoruba Aldabo, con Johanis García,  Clave y Guaguancó, Amado Desdeu, Gregorio Hernández “El Goyo” y su Grupo Afrocuba de Matanzas, Tata Güines y Pello el Afrokán, entre otros muchos, que con sus grabaciones y presentaciones personales  en distintas partes de Cuba y  del mundo  han dado a conocer lo más  auténtico  de la rumba cubana.

Fuentes:

1-Martínez Rodríguez, Raúl. Rumbeando asere  Rumbeando… (inédito)

2-Martínez Rodríguez, Raúl. El porqué de los Muñequitos de Matanzas

3-Reyes Fortún, José. 50 años de la discografía  cubana

4-Blanco, Jesús. La fiesta cubana, Rumba.
Número de la revista Salsa Cubana  dedicado a este género
Año 4 No ll del 2000, La Habana, Cuba

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600