Año IV
La Habana
Semana 21-27 de MAYO
de 2005

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ENTREVISTA CON BÁRBARA LLANES
De canciones y palabras

Jennifer Piñero Roig  La Habana


Bárbara Llanes Zertucha es una de las sopranos líricas cubanas más reconocidas. Con solo treinta y cuatro años, ha conquistado varios lauros en certámenes de alto nivel, en Cuba y en el extranjero. Entre ellos, el segundo puesto en el Concurso Nacional de Canto “Alejandro García Caturla”, en 1996 y el “Premio per stranieri di Perugia, Italia” en el I Concurso Iberoamericano de canto en Guanajuato, México, en el 2002.  Recientemente, la noche del pasado 14 de mayo, en el Teatro de la Paz de la Ciudad de Belem, en el Estado de Pará, Brasil, subió el escenario, entre las ovaciones del público, para recoger el premio concedido al Segundo Lugar —el Primero quedó desierto— en el Concurso Internacional de Canto Bidu Sayão.

De regreso a la Isla, inmersa en los preparativos para el próximo concierto del Cubadisco dedicado a las Mujeres de Luz, en el cual tomará parte, accedió a conversar acerca del galardón, sus experiencias, ideas y planes.

¿En qué momento de la carrera de Bárbara Llanes llega este último premio y cómo valora su significado?

He obtenido, además de este, otros premios en Cuba y en el extranjero, que también me han dado una alegría tremenda. Es una satisfacción porque constituye la prueba de que mi trabajo ha tenido un resultado importante. Es decir, la gente me reconoce, compra mi disco.

Antes, gané un premio en Perú y otros aquí en Cuba. Eso le ha servido un poco de plataforma, de apoyo, a mi carrera; como promoción, digamos.

En estos momentos estamos celebrando acontecimientos muy importantes: el lanzamiento del disco Iré Habana, de José María Vitier, donde figuro como invitada; la grabación de mi disco, el concierto de las Mujeres de Luz, participé en una película y más adelante formaré parte de una gira por Europa.

Todo eso está muy combinado con el rigor que tengo como estudiante porque soy profesional, pero estudiante a la vez. Constantemente me supero. La exigencia con una misma tiene que ser fuerte todo el tiempo para que sean posibles los progresos. Esa exigencia paralela es la que permite estar en competencia, tanto en mi país como en el extranjero, además de que mi carrera avance. He tenido la oportunidad de trabajar con músicos extraordinarios. Eso me da una satisfacción enorme.

El Premio llega en un momento muy favorable. Este último álbum con José María Vitier y otros músicos prestigiosos me ha parecido muy especial. Es una música bastante novedosa; sino totalmente nueva, por lo menos, la intención de todos al reunirnos fue crear. La virtud del disco recae no solamente en los arreglos del gran músico que es Vitier, sino al trabajo común, porque cada uno aportó su granito de arena. Creo que se logró un producto, además de muy buena factura, novedoso. Algo difícil de conseguir.

Por otra parte, este año también cantaré con la Sinfónica será un concierto muy importante que repetiremos en Venezuela. Seré dirigida por un director español que está trabajando en Londres.

Me gusta mucho cantar. Quisiera hacerlo más a menudo, sobre todo para el público de nuestro país. Voy a hacer todo lo posible para que la gente me conozca mejor. Tengo mil ideas, mil proyectos, espero que en un futuro pueda realizar alguno de ellos.

Una intérprete de su calidad, de reconocidas aptitudes, incluso con discos grabados, ¿por qué apuesta por concursos que, como el Bidu Sayao, buscan fundamentalmente lanzar a jóvenes valores?

Es que nunca se sabe a quién pueda hallar uno en esos escenarios.

Por otra parte, un concurso es algo que te obliga a ser mejor, a medirte con otras personas de cualquier país que no conoces. Esas confrontaciones son importantes para los artistas. Creo que para otros, para un científico y un deportista, también. Ese enfrentamiento, ese encuentro, esa confraternización con artistas de otros países, deja mucho. Se aprende de la forma de ser de los demás, del que lo hace bien y del que no lo hace tan bien. A veces uno no es consciente de sus valores reales. Entonces, observando a los demás te percatas.

Asimismo, existe la posibilidad de ser premiado y eso constituye una alegría, desde todos los puntos de vista. Sin embargo, la tensión que implica cansa un poco.

Es un espacio en el cual hay que jugar con el criterio del jurado. Siempre existe quien quiere beneficiar a una persona por encima de otras. La interpretación no es algo que se pueda medir de manera objetiva… es algo intangible. Tiene ciertos estándares, dentro de un criterio estético, técnico, pero prima la consideración, la apreciación. Se está a merced de estas cosas. Sin embargo, me parece que sí me ha hecho falta ese acicate, esa fuerza necesaria para presentarme, ante una situación que ofrece dos posibilidades: ganar o perder. Del otro lado está lo que se comparte con otros músicos y que puedo hacer mi música.

En unas declaraciones ofrecidas por usted a propósito de la entrega de este premio, comentaba que no sentía al público como medidor de una buena actuación sobre el escenario. ¿Cuándo Bárbara Llanes tiene la certeza de que ha realizado una buena interpretación?

Eso es algo muy interesante. El público responde a una generalidad, no a determinados detalles que uno ha trabajado durante un tiempo, o sea, en algún momento uno trabaja sobre lo general; pero después lo hace  profundamente sobre detalles. Algunas veces, estos salen bien, pero otras, provocan incomodidad.

Entonces, lo mejor es que ese rigor, las cosas difíciles te puedan salir del alma, no te hagan sufrir. Con esto me refiero a las complejidades de la obra, la felicidad que pueda resultar de la obra; que vayas, vivas con ella, y sea posible transmitírselo al público, de alguna manera comunicar qué siento cuando canto, con la música. Si esto se traba, una se siente descontenta. Pero aún así, la gente es generosa. Claro, el público no perdona muchas cosas: si te equivocas no perdona. Aunque, generalmente, si lo haces decentemente bien, aplaude porque la obra es difícil y lo sabe reconocer. Si es uno quien no se siente bien, porque no lo ha dado todo, empieza la contradicción: me aplauden, pero es por la obra, no por mí. Cuando se está plenamente satisfecho, se alcanza la felicidad total, cuando esas dos cosas confluyen, has disfrutado y has hecho disfrutar.

El canto lírico en Cuba, indiscutiblemente, tiene tradición. Sin embargo, no es de los géneros musicales que cuenta con mayor popularidad. Siendo usted una intérprete tan joven, con tantas cualidades vocales, ¿por qué escoge el canto lírico que pudiera ser un camino más empedrado, más difícil?

Sucede que el momento no es propicio para ninguna música en general, ni con lo lírico ni con nada. Hay una dirección mundial, no solamente en Cuba, hacia un tipo de música que es toda igual: absolutamente populista, ya no popular. Porque nuestra música popular tiene valores extraordinarios, pero desgraciadamente, no es la más comercializada en estos momentos. Como no es comercializada mucha música internacionalmente. En estos momentos, se escuchan dos o tres cosas, y eso es culpa de los medios, de las grandes transnacionales. Somos golpeados y no solamente la música lírica.

Pienso que en Cuba hubo un momento de intérpretes fabulosos, que sí fueron reconocidos, de los cuales todavía nos queda una maravillosa intérprete del lírico, que yo tuve la oportunidad de ver en mi niñez, Rosita Fornés. Aquel fue un instante de esplendor de la música buena, de la canción de reales valores.

No estamos en ese momento, desgraciadamente. Aunque pienso que, como todo desarrollo, implica una contradicción. Entonces, en algún tiempo futuro volveremos a disfrutar de condiciones semejantes. Tengo esa esperanza, como mismo que el pueblo cubano, ese que está ávido de escuchar este tipo de música, se vuelva a vincular a espectáculos como aquellos.

En respuesta a tu pregunta, escogí el lírico porque es bello. Porque la ópera, la zarzuela, son maravillosas. Me gusta mucho el teatro, al igual que la música. Soy músico, y tuve un contacto directo con este género desde muy joven, cuando asistía a las conferencias de Vázquez Viara en la Biblioteca Nacional. Me apasioné, para mí fue un descubrimiento. A partir de esos días, empecé a amar el lírico, la ópera como tal. Creo que a la gente le falta un poco conocer eso, para que vean todo lo extraordinario que contiene.

Usted obtuvo el derecho de participación para este concurso a partir de La Ventana de Oro que ganó en la ciudad de Trujillo, Perú. ¿De alguna manera, este antecedente creó expectativas alrededor suyo?

Creo que no se lo esperaban. Yo era la única del concurso que tenía esa ventaja. Y sí, claro, todo el mundo estaba esperando a que yo cantara. La gente me preguntaba en cualquier idioma, porque no había nadie de habla hispana. Por supuesto, todo el mundo aguardaba pacientemente mi turno. Yo era el número uno en el sorteo, y es lógico que la gente tuviera ganas de saber cómo cantaba la cubana.

Finalmente, según tu experiencia, ¿qué te pareció la rigurosidad del concurso y la calidad de los intérpretes en competencia?

Había de todo. Los había no tan buenos y otros de mucha calidad. Intérpretes, incluso, que contaban en sus currículos con haber recibido clases de genios del canto lírico. Eso es otra cosa que tiene de bueno participar en un concurso, pues se escucha a personas que han estudiado con grandes maestros o con grandes intérpretes porque una cosa no implica necesariamente la otra. Siempre es bueno escuchar la opinión o el consejo de un gran solista. Puede ser interesante y provechoso ver cómo una persona que ha tenido la posibilidad de haber sido alumna de grandes maestros del universo lírico, se desenvuelve y actúa.

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