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Bárbara Llanes Zertucha es una de las sopranos líricas
cubanas más reconocidas. Con solo treinta y cuatro años,
ha conquistado varios lauros en certámenes de alto
nivel, en Cuba y en el extranjero. Entre ellos, el
segundo puesto en el Concurso Nacional de Canto
“Alejandro García Caturla”, en 1996 y el “Premio per
stranieri di Perugia, Italia” en el I Concurso
Iberoamericano de canto en Guanajuato, México, en el
2002. Recientemente, la noche del pasado 14 de mayo, en
el Teatro de la Paz de la Ciudad de Belem, en el Estado
de Pará, Brasil, subió el escenario, entre las ovaciones
del público, para recoger el premio concedido al Segundo
Lugar —el Primero quedó desierto— en el Concurso
Internacional de Canto Bidu Sayão.
De regreso a la Isla, inmersa en los preparativos para
el próximo concierto del Cubadisco dedicado a las
Mujeres de Luz, en el cual tomará parte, accedió a
conversar acerca del galardón, sus experiencias, ideas y
planes.
¿En qué momento de la carrera de Bárbara Llanes llega
este último premio y cómo valora su significado?
He obtenido, además de este, otros premios en Cuba y en
el extranjero, que también me han dado una alegría
tremenda. Es una satisfacción porque constituye la
prueba de que mi trabajo ha tenido un resultado
importante. Es decir, la gente me reconoce, compra mi
disco.
Antes, gané un premio en Perú y otros aquí en Cuba. Eso
le ha servido un poco de plataforma, de apoyo, a mi
carrera; como promoción, digamos.
En estos momentos estamos celebrando acontecimientos muy
importantes: el lanzamiento del disco Iré Habana,
de José María Vitier, donde figuro como invitada; la
grabación de mi disco, el concierto de las Mujeres de
Luz, participé en una película y más adelante formaré
parte de una gira por Europa.
Todo eso está muy combinado con el rigor que tengo como
estudiante porque soy profesional, pero estudiante a la
vez. Constantemente me supero. La exigencia con una
misma tiene que ser fuerte todo el tiempo para que sean
posibles los progresos. Esa exigencia paralela es la que
permite estar en competencia, tanto en mi país como en
el extranjero, además de que mi carrera avance. He
tenido la oportunidad de trabajar con músicos
extraordinarios. Eso me da una satisfacción enorme.
El Premio llega en un momento muy favorable. Este último
álbum con José María Vitier y otros músicos prestigiosos
me ha parecido muy especial. Es una música bastante
novedosa; sino totalmente nueva, por lo menos, la
intención de todos al reunirnos fue crear. La virtud del
disco recae no solamente en los arreglos del gran músico
que es Vitier, sino al trabajo común, porque cada uno
aportó su granito de arena. Creo que se logró un
producto, además de muy buena factura, novedoso. Algo
difícil de conseguir.
Por otra parte, este año también cantaré con la
Sinfónica será un concierto muy importante que
repetiremos en Venezuela. Seré dirigida por un director
español que está trabajando en Londres.
Me gusta mucho
cantar. Quisiera hacerlo más a menudo, sobre todo
para el público de nuestro país. Voy a hacer todo lo
posible para que la gente me conozca mejor. Tengo
mil ideas, mil proyectos, espero que en un futuro
pueda realizar alguno de ellos.
Una intérprete de su
calidad, de reconocidas aptitudes, incluso con discos
grabados, ¿por qué apuesta por concursos que, como el
Bidu Sayao, buscan fundamentalmente lanzar a jóvenes
valores?
Es que
nunca se sabe a quién pueda hallar uno en esos
escenarios.
Por otra parte, un concurso es algo que te obliga a ser
mejor, a medirte con otras personas de cualquier país
que no conoces. Esas confrontaciones son importantes
para los artistas. Creo que para otros, para un
científico y un deportista, también. Ese enfrentamiento,
ese encuentro, esa confraternización con artistas de
otros países, deja mucho. Se aprende de la forma de ser
de los demás, del que lo hace bien y del que no lo hace
tan bien. A veces uno no es consciente de sus valores
reales. Entonces, observando a los demás te percatas.
Asimismo, existe la posibilidad de ser premiado y eso
constituye una alegría, desde todos los puntos de vista.
Sin embargo, la tensión que implica cansa un poco.
Es un espacio en el cual hay que jugar con el criterio
del jurado. Siempre existe quien quiere beneficiar a una
persona por encima de otras. La interpretación no es
algo que se pueda medir de manera objetiva… es algo
intangible. Tiene ciertos estándares, dentro de un
criterio estético, técnico, pero prima la consideración,
la apreciación. Se está a merced de estas cosas. Sin
embargo, me parece que sí me ha hecho falta ese acicate,
esa fuerza necesaria para presentarme, ante una
situación que ofrece dos posibilidades: ganar o perder.
Del otro lado está lo que se comparte con otros músicos
y que puedo hacer mi música.
En unas
declaraciones ofrecidas por usted a propósito de la
entrega de este premio, comentaba que
no sentía al público como medidor de una buena
actuación sobre el escenario. ¿Cuándo Bárbara Llanes
tiene la certeza de que ha realizado una buena
interpretación?
Eso es algo muy interesante. El público responde a
una generalidad, no a determinados detalles que uno ha
trabajado durante un tiempo, o sea, en algún momento uno
trabaja sobre lo general; pero después lo hace
profundamente sobre detalles. Algunas veces, estos
salen bien, pero otras, provocan incomodidad.
Entonces, lo mejor es que ese rigor, las cosas difíciles
te puedan salir del alma, no te hagan sufrir. Con esto
me refiero a las complejidades de la obra, la felicidad
que pueda resultar de la obra; que vayas, vivas con
ella, y sea posible transmitírselo al público, de alguna
manera comunicar qué siento cuando canto, con la música.
Si esto se traba, una se siente descontenta. Pero aún
así, la gente es generosa. Claro, el público no perdona
muchas cosas: si te equivocas no perdona. Aunque,
generalmente, si lo haces decentemente bien, aplaude
porque la obra es difícil y lo sabe reconocer. Si es uno
quien no se siente bien, porque no lo ha dado todo,
empieza la contradicción: me aplauden, pero es por la
obra, no por mí. Cuando se está plenamente satisfecho,
se alcanza la felicidad total, cuando esas dos cosas
confluyen, has disfrutado y has hecho disfrutar.
El canto
lírico en Cuba, indiscutiblemente, tiene tradición. Sin
embargo, no es de los géneros musicales que cuenta con
mayor popularidad. Siendo usted una intérprete tan
joven, con tantas cualidades vocales, ¿por qué escoge el
canto lírico que pudiera ser un camino más empedrado,
más difícil?
Sucede que
el momento no es propicio para ninguna música en
general, ni con lo lírico ni con nada. Hay una dirección
mundial, no solamente en Cuba, hacia un tipo de música
que es toda igual: absolutamente populista, ya no
popular. Porque nuestra música popular tiene valores
extraordinarios, pero desgraciadamente, no es la más
comercializada en estos momentos. Como no es
comercializada mucha música internacionalmente. En estos
momentos, se escuchan dos o tres cosas, y eso es culpa
de los medios, de las grandes transnacionales. Somos
golpeados y no solamente la música lírica.
Pienso que en Cuba hubo un momento de intérpretes
fabulosos, que sí fueron reconocidos, de los cuales
todavía nos queda una maravillosa intérprete del lírico,
que yo tuve la oportunidad de ver en mi niñez, Rosita
Fornés. Aquel fue un instante de esplendor de la música
buena, de la canción de reales valores.
No estamos en ese momento, desgraciadamente. Aunque
pienso que, como todo desarrollo, implica una
contradicción. Entonces, en algún tiempo futuro
volveremos a disfrutar de condiciones semejantes. Tengo
esa esperanza, como mismo que el pueblo cubano, ese que
está ávido de escuchar este tipo de música, se vuelva a
vincular a espectáculos como aquellos.
En respuesta a tu pregunta, escogí el lírico porque es
bello. Porque la ópera, la zarzuela, son maravillosas.
Me gusta mucho el teatro, al igual que la música. Soy
músico, y tuve un contacto directo con este género desde
muy joven, cuando asistía a las conferencias de Vázquez
Viara en la Biblioteca Nacional. Me apasioné, para mí
fue un descubrimiento. A partir de esos días, empecé a
amar el lírico, la ópera como tal. Creo que a la gente
le falta un poco conocer eso, para que vean todo lo
extraordinario que contiene.
Usted
obtuvo el derecho de participación para este concurso a
partir de La Ventana de Oro que ganó en la ciudad de
Trujillo, Perú. ¿De alguna manera, este antecedente creó
expectativas alrededor suyo?
Creo que
no se lo esperaban. Yo era la única del concurso que
tenía esa ventaja. Y sí, claro, todo el mundo estaba
esperando a que yo cantara. La gente me preguntaba en
cualquier idioma, porque no había nadie de habla
hispana. Por supuesto, todo el mundo aguardaba
pacientemente mi turno. Yo era el número uno en el
sorteo, y es lógico que la gente tuviera ganas de saber
cómo cantaba la cubana.
Finalmente, según tu
experiencia, ¿qué te pareció la rigurosidad del concurso
y la calidad de los intérpretes en competencia?
Había de todo. Los había no tan buenos y otros de mucha
calidad. Intérpretes, incluso, que contaban en sus
currículos con haber recibido clases de genios del canto
lírico. Eso es otra cosa que tiene de bueno participar
en un concurso, pues se escucha a personas que han
estudiado con grandes maestros o con grandes intérpretes
—porque
una cosa no implica necesariamente la otra. Siempre es
bueno escuchar la opinión o el consejo de un gran
solista. Puede ser interesante y provechoso ver cómo una
persona que ha tenido la posibilidad de haber sido
alumna de grandes maestros del universo lírico, se
desenvuelve y actúa.
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