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Queridos compatriotas:
Lo que de inmediato les leeré ha sido elaborado a partir
de numerosos documentos de archivo. He dispuesto para
ello de brevísimo tiempo y contando con la colaboración
de varios compañeros, ya que prometí ayer tenerlo listo
para hoy a las 6:00 de la tarde. Opté por titularlo:
"LA CONDUCTA DIFERENTE"
12 de abril de 1997: Explota una bomba en la discoteca "Aché"
del hotel Meliá Cohíba. Era la primera acción de la
serie de atentados terroristas contra los hoteles
ejecutada por la red montada en Centroamérica por Luis
Posada Carriles y financiada por la Fundación Nacional
Cubano Americana.
30 de abril de 1997: Fuerzas especializadas del
Ministerio del Interior logran desactivar una carga
explosiva descubierta en el piso 15 del Hotel Meliá
Cohíba.
12 de julio de 1997. Se producen dos explosiones casi
simultáneas en los hoteles Capri y Nacional. Cuatro
personas resultaron heridas.
4 de agosto de 1997. Explosión terrorista en el hotel
Meliá Cohíba.
11 de agosto de 1997: La Junta de Directores de la
Fundación Nacional Cubano Americana publica un mensaje
triunfalista y cínico presentando textualmente las
bombas en los hoteles como "incidentes de rebeldía
interna que durante las últimas semanas se vienen
sucediendo a través de la Isla" y que "La Fundación
Nacional Cubano Americana […] respalda sin ambages ni
reparos" tales actos.
4 de septiembre de 1997. Explosiones en los hoteles
Copacabana, Chateau y Tritón, y en La Bodeguita del
Medio. En el primero muere el joven turista italiano
Fabio di Celmo.
A partir de los actos terroristas perpetrados desde el
17 de octubre de 1992 hasta el 30 de abril de 1997, se
había confeccionado una lista de 13 graves actos de esta
índole, cometidos especialmente contra instalaciones
turísticas, financiados casi en su totalidad por la
Fundación Nacional Cubano Americana, y se elaboró un
informe que se hizo llegar al Presidente de Estados
Unidos a través de una destacada personalidad política
que a principios de mayo realizó una visita privada a
Cuba.
Sobre tales hechos se habían enviado igualmente
numerosas notas al gobierno de Estados Unidos a través
de la Sección de Intereses de Estados Unidos en La
Habana (SINA).
1º de octubre de 1997. A las 11:00 p.m. se produce una
llamada al MINREX de Michael Kozak, Jefe de la SINA,
para trasladar información procedente de un tercer país
que indicaba que podía tener lugar otro atentado con
bomba en una instalación turística de la localidad de la
Habana, los días primero o 2 de octubre, dentro de las
próximas 24 horas, que no podían dar por confirmada esa
información, pero deseaban que la conociéramos.
2 de octubre de 1997. En horas de la mañana, fue citado
al MINREX el Jefe de la SINA para precisar detalles
sobre la anterior información y agradecer oficialmente
la comunicación.
5 de octubre de 1997. Se citó al Jefe de la SINA al
MINREX para leerle y entregarle una copia del siguiente
mensaje:
"Con relación a la información sobre el posible atentado
con bomba en una instalación turística de la Habana los
días primero y 2 de octubre, deseamos expresarles que
aunque no se produjo explosión alguna, se ha podido
comprobar que dicha información era rigurosamente
exacta, y sus características similares a los planes
anteriores.
"Considerando que pueda ser de interés y utilidad para
las autoridades norteamericanas, deseamos comunicarle
que la fuente que facilitó la misma demostró ser veraz.
Se ha actuado con la máxima discreción solicitada.
Expresamos nuestro agradecimiento."
El Jefe de la SINA respondió que la información que se
le brindaba era útil; que ellos la obtuvieron, pero que
no era posible confirmarla pues se trataba de un rumor;
que ahora podrían confiar más en la fuente; que viajaría
a Washington el siguiente domingo y que llevaría esa
información que considera positiva; que si obtuvieran
más de esta fuente sabrían cómo actuar; que no habían
descubierto nada más en las investigaciones que habían
hecho en Estados Unidos, pero que proseguían las mismas
en Centroamérica, sobre todo después del artículo
publicado por el Miami Herald. Dijo que cualquier
información que tenga Cuba y que se pueda aportar a
Estados Unidos sería muy útil, y concluyó señalando que
"esto era bueno".
7 de marzo de 1998. El Jefe de la SINA pidió ser
recibido urgentemente en el MINREX para trasladar
información sensible. Dijo que tenía información de una
fuente de confiabilidad no determinada de que un grupo
de exiliados cubanos tenían planes de realizar un
atentado con bomba entre el 7 y el 8 de marzo en Cuba.
Que no conocía el lugar, hora y blanco específicos; pero
que según la fuente los explosivos ya estaban en Cuba.
9 de marzo de 1998 . El Ministro de Relaciones
Exteriores recibió al jefe de la SINA y le leyó la
siguiente nota:
"En relación con la información ofrecida verbalmente el
pasado sábado 7 de marzo sobre planes de atentados
terroristas organizados por exiliados cubanos a
realizarse posiblemente los días 7 y 8 de este mes, y
que ya los explosivos estaban en Cuba, deseamos
comunicarles lo siguiente:
"1. Que una vez más se demuestra que las fuentes de
información de las autoridades de Estados Unidos sobre
estas actividades son absolutamente fidedignas.
"2. Que el pasado miércoles 4 de marzo en horas de la
tarde fueron arrestadas dos personas procedentes del
exterior y ocupados los explosivos y medios con los que
se proponían realizar, bajo promesa de pago en efectivo
de una cantidad de dinero por cada bomba, cuatro actos
de carácter terrorista similares a los realizados con
anterioridad, organizados de la misma forma y con los
mismos fines y métodos.
"3. Las autoridades cubanas tratan de reunir la mayor
información adicional posible.
"4. Estos hechos criminales son sumamente graves y
afectan no sólo a Cuba y a Estados Unidos sino también a
otros países de la región. Tenemos el deber de impedir
la realización impune de los mismos. Ello no sería
difícil si tanto Estados Unidos como Cuba coordinan, a
través de los órganos correspondientes, la lucha contra
tales acciones. Así se ha hecho en determinados casos de
tráfico de drogas con absoluta seriedad y discreción.
"5. Hasta el momento no hemos informado públicamente de
estos hechos, mientras realizamos determinadas gestiones
e investigaciones, pero no será posible dejar de
hacerlos públicos oportunamente.
"6. Agradecemos sinceramente la información
suministrada."
Una vez terminada la lectura, la reacción inicial del
Jefe de la SINA fue la de ofrecer gracias y
felicitaciones a las autoridades cubanas por su
eficiencia. Agregaron que si teníamos más información o
pistas que se pudieran seguir para determinar quién está
apoyando o controlando estas actividades, sería de mucha
utilidad que la trasladáramos, pues el Gobierno
norteamericano ya tiene tomada una decisión firme de
perseguir y aplicar la ley contra quienes sean
responsables de estos hechos. Insistió en que ellos
todavía no tienen información sobre quién tiene la
jefatura de estos hechos, que hay varias personas con
historial, pero que no todos viven, trabajan o pasan por
Miami, ni siquiera por Estados Unidos; que algunos están
en otros países, todo lo cual dificulta las
posibilidades de actuar contra ellos; que el Gobierno
norteamericano está claro de que estos hechos no son de
beneficio para nadie. Un funcionario de la SINA que le
acompañaba agregó que les resultó de mucho interés lo
planteado por el coronel Rabeiro en la televisión, al
mencionar que teníamos grabaciones del salvadoreño en
conversaciones telefónicas con Centroamérica, que esta
información sería de mucha utilidad, pues facilitaría
poder ubicar a los que controlan estas actividades.
Agregaron que después de la guerra de Centroamérica
quedan muchas personas de extrema derecha en esos países
que se involucran en actividades criminales; valoraron
mucho la importancia de poder corroborar que la fuente
de ellos es confiable, y comprendieron la importancia de
colaborar en esta esfera. Al final, insistieron de nuevo
en la utilidad de que compartiéramos cualquier
información.
18 de abril de 1998. Partiendo de los intercambios
positivos relatados y conociendo de un próximo viaje a
Estados Unidos del escritor Gabriel García Márquez,
ocasión en que se reuniría con William Clinton, lector y
simpatizante de sus libros como otras muchas personas en
el mundo y con el cual el autor había tenido anteriores
contactos, decidí enviarle un mensaje al Presidente de
Estados Unidos, que personalmente redacté.
El mensaje abordaba de forma breve y sintética siete
temas. Me limitaré a incluir en este informe el primero
y más directamente relacionado con los graves
acontecimientos que hoy tienen lugar: los actos
terroristas organizados y financiados desde Estados
Unidos contra el pueblo de Cuba.
Llevaba el siguiente título:
"SÍNTESIS DE LAS PALABRAS EXPRESADAS A GABRIEL GARCÍA
MÁRQUEZ QUE PUEDE TRANSMITIR CONFIDENCIALMENTE AL
PRESIDENTE CLINTON.
"Punto 1" (textualmente):
"Un asunto importante. Se mantienen planes de actividad
terrorista contra Cuba, pagados por la Fundación
Nacional Cubano Americana y usando mercenarios
centroamericanos. Se han realizado ya dos nuevos
intentos de hacer estallar bombas en nuestros centros
turísticos antes y después de la visita del Papa. En el
primer caso, los responsables pudieron escapar,
regresando por vía aérea a Centroamérica sin lograr sus
propósitos, dejando abandonados los medios técnicos y
los explosivos, que fueron ocupados. En el segundo
intento, fueron arrestados tres mercenarios,
ocupándoseles los explosivos y demás medios. Son de
nacionalidad guatemalteca. Por cada una de las cuatro
bombas que debían estallar recibirían 1.500 dólares.
"Ambos casos fueron contratados y suministrados por
agentes de la red creada por la Fundación Nacional
Cubano Americana. Ahora están planeando y dando ya pasos
para hacer estallar bombas en aviones de las líneas
aéreas cubanas o de otro país que viajen a Cuba trayendo
y llevando turistas desde y hacia países
latinoamericanos. El método es similar: colocar el
dispositivo de pequeño tamaño en lugar oculto del avión,
explosivo potente, detonante controlado por reloj
digital que puede ser programado hasta con 99 horas de
anticipación, abandonar la nave normalmente en el lugar
de destino. La explosión se produciría en tierra o en
pleno vuelo posterior. Procedimientos verdaderamente
diabólicos: mecanismos fáciles de armar, componentes
casi imposibles de descubrir, entrenamiento mínimo para
su empleo, impunidad casi total. Sumamente peligrosos
para las líneas aéreas, instalaciones turísticas o de
cualquier otro tipo. Instrumentos utilizables para
crímenes y delitos muy graves. Si llegan a divulgarse y
conocerse tales posibilidades, pueden convertirse en una
epidemia como ocurrió en otros tiempos con los
secuestros de aviones. Otros grupos extremistas de
origen cubano radicados en Estados Unidos comienzan a
moverse en esa dirección.
"Las agencias policiales y de inteligencia de Estados
Unidos poseen informaciones fidedignas y suficientes de
los principales responsables. Si realmente lo desean,
pueden hacer abortar a tiempo esta nueva forma de
terrorismo. Imposible frenarla, si Estados Unidos no
cumple el elemental deber de combatirla. No se puede
dejar la responsabilidad de hacerlo sólo a Cuba, muy
pronto podría ser víctima de tales actos cualquier país
del mundo."
7 de mayo de 1998. Reunión del Gabo en la Casa Blanca.
INFORME TEXTUAL DE GABRIEL GARCÍA MÁRQUEZ SOBRE LA
MISIÓN SOLICITADA DE HACER LLEGAR EL MENSAJE AL
PRESIDENTE CLINTON.
Copia textual sin omitir una sola palabra:
"A fines de marzo, cuando confirmé a la Universidad de
Princeton que iría a hacer un taller de literatura desde
el 25 de abril, le pedí por teléfono a Bill Richardson
que me gestionara una visita privada con el presidente
Clinton para hablarle de la situación colombiana.
Richardson me pidió que lo llamara una semana antes de
mi viaje para darme una respuesta. Días después fui a La
Habana en busca de algunos datos que me faltaban para
escribir un artículo de prensa sobre la visita del Papa,
y en mis conversaciones con Fidel Castro le mencioné la
posibilidad de entrevistarme con el presidente Clinton.
De allí surgió la idea de que Fidel le mandara un
mensaje confidencial sobre un siniestro plan terrorista
que Cuba acababa de descubrir, y que podía afectar no
sólo a ambos países sino a muchos otros. Él mismo
decidió que no fuera una carta personal suya, para no
poner a Clinton en el compromiso de contestarle, y
prefirió una síntesis escrita de nuestra conversación
sobre el complot y sobre otros temas de interés común.
Al margen del texto, me sugirió dos preguntas no
escritas que yo podría plantear a Clinton si las
circunstancias fueran propicias.
Aquella noche tomé conciencia de que mi viaje a
Washington había sufrido un giro imprevisto e
importante, y no podía seguir tratándolo como una simple
visita personal. Así que no sólo le confirmé a
Richardson la fecha de mi llegada, sino que le anuncié
por teléfono que llevaba un mensaje urgente para el
presidente Clinton. Por respeto al sigilo acordado no le
dije por teléfono de quién era —aunque él debió
suponerlo— ni le dejé sentir que la demora de la entrega
podía ser causa de grandes catástrofes y muertes de
inocentes. Su respuesta no llegó durante mi semana en
Princeton, y esto me hizo pensar que también la Casa
Blanca estaba valorando el hecho de que el motivo de mi
primera solicitud había cambiado. Llegué inclusive a
pensar que la audiencia no sería acordada.
Tan pronto como llegué a Washington el viernes primero
de mayo, un asistente de Richardson me informó por
teléfono que el Presidente no podía recibirme porque
estaría en California hasta el miércoles seis, y yo
tenía previsto viajar a México un día antes. Me
proponían, en cambio, que me reuniera con el director
del Consejo Nacional de Seguridad de la Presidencia, Sam
Berger, quien podía recibirme el mensaje en nombre del
Presidente.
Mi sospecha maligna fue que se estaban interponiendo
condiciones para que el mensaje llegara a los servicios
de seguridad pero no a las manos del Presidente. Berger
había estado presente en una audiencia que me concedió
Clinton en la oficina Oval de la Casa Blanca, en
setiembre de 1997, y sus escasas intervenciones sobre la
situación de Cuba no fueron contrarias a las del
Presidente, pero tampoco puedo decir que las compartiera
sin reservas. Así que no me sentí autorizado para
aceptar por mi cuenta y riesgo la alternativa de que
Berger me recibiera en vez del Presidente, sobre todo
tratándose de un mensaje tan delicado, y que además no
era mío. Mi opinión personal era que sólo debía
entregarse a Clinton en su mano.
Lo único que se me ocurrió por lo pronto fue informar a
la oficina de Richardson que si el cambio de
interlocutor se debía sólo a la ausencia del Presidente,
yo podía prolongar mi estancia en Washington hasta que
él regresara. Me contestaron que se lo harían saber.
Poco después encontré en mi hotel una nota telefónica
del embajador James Dobbins, Director para Asuntos
Interamericanos del Consejo de Seguridad Nacional (NSC)
pero me pareció mejor no darla por recibida mientras se
tramitaba mi propuesta de esperar el regreso del
Presidente.
No tenía prisa. Había escrito más de veinte páginas
servibles de mis memorias en el campus idílico de
Princeton, y el ritmo no había decaído en la alcoba
impersonal del hotel de Washington, donde llegué a
escribir hasta diez horas diarias. Sin embargo, aunque
no me lo confesara, la verdadera razón del encierro era
la custodia del mensaje guardado en la caja de
seguridad. En el aeropuerto de México había perdido un
abrigo por estar pendiente al mismo tiempo de la
computadora portátil, el maletín donde llevaba los
borradores y los disquetes del libro en curso, y el
original sin copia del mensaje. La sola idea de perderlo
me causó un escalofrío de pánico, no tanto por la
pérdida misma como por lo fácil que habría sido
identificar su origen y su destino. De modo que me
dediqué a cuidarlo mientras escribía, comía y recibía
visitas en el cuarto del hotel, cuya caja de seguridad
no me merecía ninguna confianza, porque no se cerraba
por combinación sino con una llave que parecía comprada
en la ferretería de la esquina. La llevé siempre en el
bolsillo, y después de cada salida inevitable comprobaba
que el papel seguía en su lugar y en el sobre sellado.
Lo había leído tanto, que casi lo había aprendido de
memoria para sentirme más seguro si tuviera que
sustentar alguno de los temas en el momento de
entregarlo.
Siempre di por hecho además que mis conversaciones
telefónicas de aquellos días ?como las de mis
interlocutores— estaban intervenidas. Pero me mantuvo
tranquilo la conciencia de estar en una misisn
irreprochable, que convenía tanto a Cuba como a los
Estados Unidos. Mi otro problema serio era que no tenía
con quién ventilar mis dudas sin violar la reserva. El
representante diplomático de Cuba en Washington, Femando
Remírez se puso por entero a mi servicio para mantener
abiertos los canales con La Habana. Pero las
comunicaciones confidenciales son tan lentas y azarosas
desde Washington —y en especial para un caso de tanto
cuidado—, que las nuestras sólo se resolvieron con un
emisario especial. La respuesta fue una amable solicitud
de que esperara en Washington cuanto fuera necesario
para cumplir la diligencia, tal como yo lo había
resuelto, y me encarecieron que fuera muy cuidadoso para
que Sam Berger no se sintiera desairado por no aceptarlo
como interlocutor. El remate sonriente del mensaje no
necesitaba firma para saber de quién era: "Deseamos que
escribas mucho".
Por una casualidad afortunada, el ex presidente César
Gaviria había organizado para la noche del lunes una
cena privada con Thomas ‘Mack’ McLarty, quien acababa de
renunciar a su cargo de consejero del presidente Clinton
para América Latina, pero continuaba siendo su amigo más
antiguo y cercano. Nos habíamos conocido el año
anterior, y la familia Gaviria planeó la cena desde
entonces con una finalidad doble: conversar con McLarty
sobre la indescifrable situación de Colombia y complacer
a su esposa en sus deseos de aclarar conmigo algunas
inquietudes que tenía sobre mis libros.
La ocasión parecía providencial. Gaviria es un gran
amigo, un consejero inteligente, original e informado
como nadie de la realidad de América Latina, y un
observador alerta y comprensivo de la realidad cubana.
Llegué a su casa una hora antes de la acordada, y sin
tiempo de consultarlo con nadie me tomé la libertad de
revelarle lo esencial de mi misión para que me diera
nuevas luces.
Gaviria me dio la verdadera medida del problema y me
puso sus piezas en orden. Me enseñó que las precauciones
de los asesores de Clinton eran apenas normales, por los
riesgos políticos y de seguridad que implica para un
Presidente de los Estados Unidos recibir en sus manos y
por un conducto irregular una información tan delicada.
No tuvo que explicármelo, pues recordé al instante un
precedente ejemplar: en nuestra cena de Marta’s Vineyard,
durante la crisis por la emigración masiva de 1994, el
Presidente Clinton me autorizó para que le hablara de
ése y de otros temas calientes de Cuba, pero antes me
advirtió que él no podía decir ni una palabra. Nunca
olvidaré la concentración con que me escuchó, y los
esfuerzos titánicos que debió hacer para no replicarme
en algunos temas explosivos.
Gaviria me alertó también en el sentido de que Berger es
un funcionario eficiente y serio que debía tomarse muy
en cuenta en las relaciones con el Presidente. Me hizo
ver además que el solo hecho de comisionarlo para
atenderme era una deferencia especial de alto nivel,
pues solicitudes privadas como la mía solían dar vueltas
durante años por las oficinas periféricas de la Casa
Blanca, o se las transferían a funcionarios menores de
la CIA o del Departamento de Estado. Gaviria, en todo
caso, parecía seguro de que el texto entregado a Berger
llegaría a manos del Presidente, y eso era lo esencial.
Por último, como yo lo soñaba, me anunció que al final
de la cena me dejaría a solas con McLarty para que me
abriera el camino directo con el Presidente.
La noche fue grata y fructífera, solo con nosotros y la
familia Gaviria. McLarty es un hombre del sur, como
Clinton, y ambos son de un trato tan fácil e inmediato
como el de la gente del Caribe. En la cena se rompieron
los hielos desde el principio, sobre todo en relación
con la política de los Estados Unidos para América
Latina, y en especial con el narcotráfico y los procesos
de paz. ‘Mack’ estaba tan informado que conocía hasta
las minucias de la entrevista que me concedió el
Presidente Clinton en setiembre pasado, en la cual se
trató a fondo el derribo de las avionetas en Cuba, y se
mencionó la idea de que el Papa fuera mediador de los
Estados Unidos durante su visita a Cuba.
La posición general de McLarty en las relaciones con
Colombia —y por la cual parece dispuesto a trabajar— es
que las políticas de los Estados Unidos requieren un
cambio radical. Nos dijo que el gobierno estaba
dispuesto a hacer contacto con cualquier presidente que
fuera elegido para ayudar a fondo en la paz. Pero ni él,
ni otros funcionarios con que hablé más tarde, tienen
claro cuáles serían los cambios. El diálogo fue tan
franco y fluido, que cuando Gaviria y su familia nos
dejaron solos en el comedor, McLarty y yo parecíamos
viejos amigos.
Sin ninguna reticencia le revelé el contenido del
mensaje para su presidente y no disimuló su sobresalto
por el plan terrorista, aun sin conocer los detalles
atroces. No estaba informado de mi solicitud de ver al
presidente, pero prometió hablar con él tan pronto como
éste regresara de California. Animado por la facilidad
del diálogo, me atreví a proponerle que me acompañara en
la entrevista con el presidente, y ojalá sin ningún otro
funcionario, para que pudiéramos hablar sin reservas. La
única pregunta que me hizo sobre eso —y nunca supe por
qué— fue si Richardson conocía el contenido del mensaje,
y le contesté que no. Entonces dio la charla por
terminada con la promesa de que hablaría con el
presidente.
El martes temprano informé a La Habana por el conducto
ya habitual sobre los puntos básicos de la cena, y me
permití una pregunta oportuna: si el presidente decidía
al final no recibirme y le encomendaba la tarea a
McLarty y a Berger ¿a cuál de los dos debía entregarle
el mensaje? La respuesta pareció inclinarse a favor de
McLarty, pero con el cuidado de no desairar a Berger.
Aquel día almorcé en el restaurante Provence con la
señora McLarty, pues nuestra conversación literaria no
había sido posible durante la cena de Gaviria. Sin
embargo, las preguntas que ella llevaba anotadas se
agotaron pronto, y sólo quedó su curiosidad por Cuba. Le
aclaré todas las que pude y creo que quedó más
tranquila. A los postres, sin que se lo pidiera, llamó
por teléfono a su esposo desde la mesa, y éste me hizo
saber que aún no había visto al presidente pero esperaba
darme alguna noticia en el curso del día.
Antes de dos horas, en efecto, un asistente suyo me
informó a través de la oficina de César Gaviria que el
encuentro sería mañana en la Casa Blanca, con McLarty y
tres altos funcionarios del Consejo Nacional de
Seguridad. Pensé que si uno de ellos hubiera sido Sam
Berger lo habrían dicho con su nombre, y ahora mi
sentimiento fue el contrario: me alarmó que no
estuviera. ¿Hasta qué punto pudo haber sido por un
descuido mío en alguna llamada intervenida? Ahora no
importaba: puesto que McLarty había arreglado el asunto
con el presidente, éste debía estar ya al corriente del
mensaje. Así que mi decisión de no esperar más fue
inmediata e inconsulta: acudiría a la cita para entregar
el mensaje a McLarty. Tan seguro estaba, que reservé
lugar en un vuelo directo para México a las cinco y
media de la tarde del día siguiente. En esas estaba
cuando recibí de La Habana la respuesta a mi última
consulta con la autorización más comprometedora que me
han dado en la vida: "Confiamos en tu talento."
La cita fue a las 11.15 del miércoles 6 de mayo en las
oficinas de McLarty en la Casa Blanca. Me recibieron los
tres funcionarios anunciados del Consejo de Seguridad
Nacional (NSC): Richard Clarke, director principal de
asuntos multilaterales y asesor del presidente en todos
los temas de política internacional, y especialmente en
la lucha contra el terrorismo y los narcóticos; James
Dobbins, director principal de NSC para asuntos
interamericanos con rango de embajador, y asesor del
presidente para América Latina y el Caribe, y Jeff
Delaurentis, director de asuntos interamericanos del NSC
y asesor especializado en el tema de Cuba. En ningún
momento surgió una coyuntura para preguntar por qué no
estaba Berger. Los tres funcionarios fueron de trato
amable y una gran corrección profesional.
No llevaba notas personales, pero conocía el mensaje al
dedillo, y en la agenda electrónica había anotado lo
único que temía olvidar: las dos peguntas fuera de
texto. ‘Mack’ estaba terminando una junta en otra
oficina. Mientras llegaba, Dobbins me dio una visión
panorámica más bien pesimista de la situación de
Colombia. Sus datos eran los mismos de McLarty en la
cena del lunes, pero los manejaba con más familiaridad.
Yo le había dicho a Clinton el año anterior que la
política antidroga de los Estados Unidos era un
agravante funesto de la violencia histórica de Colombia.
Por eso me llamó la atención que este grupo de NSC —sin
referirse a mi frase, por supuesto— parecía de acuerdo
en que debía cambiarse. Fueron muy cuidadosos en no dar
juicios sobre el gobierno ni los candidatos actuales,
pero no dejaron dudas de que la situación les parecía
catastrófica y de futuro incierto. No me alegré por los
propósitos de enmienda, pues varios observadores de
nuestra política en Washington me los habían comentado
con alarma. "Ahora que quieren ayudar de verdad son más
peligrosos que nunca —me dijo uno de ellos— porque
quieren meterse en todo."
McLarty, con un traje cortado sobre medida y sus buenas
maneras, entró con la premura de alguien que hubiera
interrumpido un asunto capital para ocuparse de
nosotros. Sin embargo, impuso a la reunión un tono
reposado, útil y de buen humor. Desde la noche de la
cena me agradó que hablara mirando siempre a los ojos.
Así fue en la reunión. Después de un abrazo cálido se
sentó frente a mí, apoyó las manos en sus rodillas, y
abrió la charla con una frase de cajón tan bien dicha
que pareció verdad: "Estamos a su disposición".
Quise establecer de entrada que iba a hablar por derecho
propio sin más méritos ni mandato que mi condición de
escritor, y en especial sobre un caso tan abrasivo y
comprometedor como Cuba. De modo que empecé con una
precisión que no me pareció superflua para las
grabadoras ocultas: "Esta no es una visita oficial".
Todos aprobaron con la cabeza y su solemnidad imprevista
me sorprendió. Entonces conté de un modo simple y en un
estilo de narración doméstica, cuándo, cómo y por qué
había sido la conversación con Fidel Castro que dio
origen a las notas informales que debía entregar al
presidente Clinton. Se las di a McLarty en el sobre
cerrado, y le pedí el favor de que las leyera para poder
comentarlas. Era la traducción inglesa de siete temas
numerados en seis cuartillas a doble espacio: complot
terrorista, complacencia relativa por las medidas
anunciadas el 20 de marzo para reanudar vuelos a Cuba
desde los Estados Unidos, viaje de Richardson a La
Habana en enero de 1998, rechazo argumentado de Cuba a
la ayuda humanitaria, reconocimiento por el informe
favorable del Pentágono sobre la situación militar de
Cuba, beneplácito por la solución de la crisis de Iraq y
gratitud por los comentarios que hizo Clinton ante
Mandela y Kofi Annan en relación con Cuba.
McLarty no lo leyó para todos en voz alta como yo
esperaba, y como sin duda habría hecho si lo hubiera
conocido de antemano. Lo leyó sólo para él, al parecer
con el método de lectura rápida que puso de moda el
presidente Kennedy, pero los cambios de las emociones se
reflejaban en su rostro como destellos en el agua. Yo lo
había leído tantas veces que casi pude deducir a qué
puntos del documento correspondía cada uno de sus
cambios de ánimo.
El primer punto, sobre el complot terrorista, le arrancó
un gruñido: "Es terrible". Más adelante reprimió una
risa traviesa, y exclamó sin interrumpir la lectura:
"Tenemos enemigos comunes". Creo que lo dijo a propósito
del punto cuarto, donde se describe la conspiración de
un grupo de senadores para sabotear la aprobación de los
proyectos Torres-Rangel y Dodd, y se agradecen los
esfuerzos de Clinton para salvarlo.
Al terminar la lectura, le pasó el papel a Dobbin, y
éste a Clarke, quienes lo leyeron mientras ‘Mack’
exaltaba la personalidad de Mortimer Zuckerman, dueño de
la revista US News and World Report, que había viajado a
La Habana en febrero pasado. Hizo el comentario por una
mención que acababa de leer en el punto sexto del
documento, pero no contestó la pregunta implícita de si
Zuckerman había informado a Clinton de las dos
conversaciones de doce horas que sostuvo con Fidel
Castro.
El punto que ocupó casi todo el tiempo útil después de
la lectura fue el del plan terrorista que impresionó a
todos. Les conté que había volado a México después de
conocerlo en La Habana y tuve que sobreponerme al terror
de que estallara la bomba. El momento me pareció
oportuno para colocar la primera pregunta personal que
me había sugerido Fidel: ¿No sería posible que el FBI
hiciera contacto con sus homólogos cubanos para una
lucha común contra el terrorismo? Antes de que
reaccionaran, les agregué una línea de mi cosecha:
"Estoy seguro de que encontrarían una respuesta positiva
y pronta por parte de las autoridades cubanas".
Me sorprendieron la inmediatez y la energía de la
reacción de los cuatro. Clarke, que parecía ser el más
cercano al tema, dijo que la idea era muy buena, pero me
advirtió que el FBI no se ocupaba de asuntos que fueran
publicados en los periódicos mientras estuvieran en
investigación. ¿Estarían los cubanos dispuestos a
mantener el caso en secreto? Ansioso por colocar la
segunda pregunta le di una respuesta para distender el
ambiente:
"Nada les gusta más a los cubanos que guardar un
secreto".
A falta de un motivo apropiado para la segunda pregunta,
la resolví como una afirmación mía: la colaboración en
materia de seguridad podría abrir paso a un clima
propicio para que se autorizaran de nuevo los viajes de
norteamericanos a Cuba. La astucia salió mal, porque
Dobbin se confundió, y dijo que eso quedaría resuelto
cuando se implantaran las medidas anunciadas el 20 de
marzo.
Aclarado el equívoco, hablé de la presión a que me
encuentro sometido por los muchos norteamericanos de
toda clase que me buscan para que los ayude a hacer en
Cuba contactos de negocios o de placer. Entre ellos
mencioné a Donald Newhouse, editor de varias
publicaciones periódicas y presidente de la Associated
Press (AP), quien me ofreció una cena estupenda en su
mansión campestre de New Jersey al terminar mi taller en
la Universidad de Princeton. Su sueño actual es ir a
Cuba para tratar con Fidel en persona la instalación de
una oficina permanente de la AP en La Habana, semejante
a la que tiene la CNN.
No puedo asegurarlo, pero me parece que en la animada
conversación de la Casa Blanca quedó claro que no
tenían, o no conocen o no quisieron revelar ningún
propósito inmediato de reanudar los viajes de
norteamericanos a Cuba. Lo que sí debo destacar es que
en ningún momento se habló de reformas democráticas, ni
de elecciones libres o derechos humanos, ni de ninguno
de los latiguillos políticos con que los norteamericanos
pretenden condicionar cualquier proyecto de colaboración
con Cuba. Al contrario, mi apreciación más nítida de
este viaje es la certidumbre de que la reconciliación
está empezando a decantarse como algo irreversible en el
inconsciente colectivo.
Clarke nos llamó al orden cuando la conversación empezó
a derivar, y me precisó ?tal vez como un mensaje— que
ellos dar?an los pasos inmediatos para un plan conjunto
de Cuba y los Estados Unidos contra el terrorismo. Al
final de una larga anotacisn en su libreta, Dobbins
concluyó que se comunicarían con su embajada en Cuba
para encaminar el proyecto. Yo hice un comentario
irónico sobre el rango que le daba a la Oficina de
Intereses en La Habana, y Dobbins me replicó con buen
humor: "Lo que tenemos allá no es una embajada pero es
mucho más grande que una embajada". Todos rieron no sin
cierta malicia de complicidad. No se discutieron más
puntos, pues en verdad no era del caso, pero confío en
que los hayan analizado después entre ellos.
La reunión, contado el retraso de ‘Mack’, duró cincuenta
minutos. ‘Mack’ la dio por terminada con una frase
ritual: "Sé que usted tiene una agenda muy apretada
antes de volver a México y también nosotros tenemos
muchas cosas por delante". Enseguida hizo un párrafo
breve y ceñido que pareció una respuesta formal a
nuestra gestión. Sería temerario intentar una cita
literal, pero el sentido y el tono de sus palabras era
expresar su gratitud por la gran importancia del
mensaje, digno de toda la atención de su gobierno, y del
cual se ocuparían de urgencia. Y a manera de final
feliz, mirándome a los ojos, me coronó con un laurel
personal: "Su misión era en efecto de la mayor
importancia, y usted la ha cumplido muy bien". Ni el
pudor que me sobra ni la modestia que no tengo me han
permitido abandonar esa frase a la gloria efímera de los
micrófonos ocultos en los floreros.
Salí de la Casa Blanca con la impresión cierta de que el
esfuerzo y las incertidumbres de los días pasados habían
valido la pena. La contrariedad de no haber entregado el
mensaje al presidente en su propia mano me parecía
compensada por lo que fue un cónclave más informal y
operativo cuyos buenos resultados no se harían esperar.
Además, conociendo las afinidades de Clinton y ‘Mack’, y
la índole de su amistad desde la escuela primaria,
estaba seguro de que el documento llegaría tarde o
temprano a las manos del presidente en el ámbito
cómplice de una sobremesa. Al término de la reunión,
también la Presidencia de la República se hizo presente
con un gesto gallardo: a la salida de la oficina, un
ujier me entregó un sobre con las fotos de mi visita
anterior tomadas seis meses antes en la Oficina Oval. De
modo que mi única frustración en el camino del hotel era
no haber descubierto y gozado hasta entonces el milagro
de los cerezos en flor de aquella primavera espléndida.
Apenas tuve tiempo de hacer la maleta y alcanzar el
avión de las cinco de la tarde. El que me había llevado
de México catorce días antes tuvo que regresar a su base
con una turbina averiada, y esperamos cuatro horas en el
aeropuerto hasta que hubo otro avión disponible. El que
tomé de regreso a México, después de la reunión en la
Casa Blanca, se retrasó en Washington una hora y media
mientras reparaban el radar con los pasajeros a bordo.
Antes de aterrizar en México, cinco horas después, tuvo
que sobrevolar la ciudad casi dos horas por causa de una
pista fuera de servicio. Desde que empecé a volar hace
cincuenta y dos años, nunca me había sucedido nada
semejante. Pero no podía ser de otro modo, para una
aventura pacífica que ha de tener un sitio de privilegio
en mis memorias. Mayo 13 de 1998."
9 de mayo de 1998. Se recibe en el MINREX al Jefe
interino de la SINA, John Boardman. El objetivo era
trasladar un mensaje sobre el cual recibieron
instrucciones el 8 de mayo en la noche para que se lo
comunicaran a Alarcón y al MINREX. Dijo que por alguna
vía que él desconocía el Gobierno de Cuba había hecho
saber al Gobierno de su país que nuestras autoridades
tenían preocupaciones fundadas de que hubiera la
intención por parte de organizaciones radicadas en los
Estados Unidos de llevar a cabo acciones terroristas
contra Cuba, en particular en la esfera del turismo y
muy específicamente acciones contra aviones de pasajeros
con turistas que viajan desde y hacia Cuba.
La respuesta del gobierno de los Estados Unidos que se
trasladaba por esta vía era la siguiente:
"El Gobierno de los Estados Unidos no tiene
información sobre vínculos existentes entre ciudadanos
de los Estados Unidos y los actos terroristas que se
cometieron en los hoteles. La prensa ha hecho
especulaciones pero el gobierno de los Estados Unidos no
tiene información seria al respecto.
"El Gobierno de los Estados Unidos ha presentado
numerosas Notas diplomáticas indicando su disposición
para analizar cualquier información o evidencia física
que el Gobierno de Cuba tenga que fundamente esas
informaciones.
"El Gobierno de los Estados Unidos desea reiterar que
esta es una oferta seria. Está preparado para recibir
cualquier información y evaluar alguna oportunidad para
que sus expertos examinen cualquier evidencia física que
el Gobierno de Cuba pueda tener al respecto.
"El Gobierno de los Estados Unidos manifiesta su
preocupación por esas acciones terroristas y está
dispuesto a actuar sobre esas informaciones para hacer
cumplir la ley y combatir el terrorismo internacional.
"El Gobierno de los Estados Unidos solicita al
Gobierno de Cuba compartir las informaciones adecuadas
de otros gobiernos que puedan tener en relación con el
riesgo de actos terroristas sobre vuelos a Cuba desde
sus territorios.
11 de mayo de 1998. Remírez informa que fue citado por
el Departamento de Estado para encuentro con John
Hamilton, quien le hizo los siguientes planteamientos:
"1) Objetivo reunión era reiterar planteamiento de la
SINA el pasado sábado, y consistía en dar respuesta a
nuestras preocupaciones sobre actividades terroristas
contra Cuba, usando para agilizar ‘double track
diplomacy’ (diplomacia dos vías).
"2) Como en ocasiones anteriores, acogieron con seriedad
nuestras preocupaciones sobre posibles actos terroristas
contra instalaciones turísticas y aeronaves.
"3) Según las verificaciones que han realizado no hay
elementos permitan indicar existencia planes desde
Estados Unido
"4) En pasado, ante nuestros alegatos de que personas
y/o organizaciones en Estados Unidos puedan estar
involucradas en actos terroristas contra Cuba, nos han
pedido evidencias con interés investigar.
"5) En estos momentos quieren enfatizar la seriedad de
la oferta de Estados Unidos para investigar y tomar
acciones apropiadas ante cualquier evidencia tengamos.
No es intento de devolver la pelota a nuestra cancha ni
tampoco un trámite formal
"6) Seriamente quieren examinar de conjunto cualquier
evidencia tengamos y darle seguimiento hasta su
esclarecimiento. Por nuestra parte agradecimos
ofrecimiento asegurándole lo trasladaríamos nuestras
autoridades y le preguntamos si oferta incluía
cooperación entre los dos países en eventual proceso
investigativo, a lo que Hamilton contestó que suponía
así fuera. Reiteró que oferta era seria y no mera
respuesta diplomática, agregando que único objetivo
reunión por su importancia era ese."
12 de mayo de 1998. El MINREX citó al Jefe Interino de
la SINA y le trasladó la siguiente respuesta a la
solicitud que plantearan el pasado sábado 9 en nombre
del Gobierno de los Estados Unidos:
"Las informaciones nuestras son muy seguras, pero por
vías muy sensibles a la divulgación de las fuentes. No
podemos trabajar como proponen. Nos satisface saber que
están alertas y prestando atención al problema."
El Jefe interino de la SINA aceptó y agradeció la pronta
respuesta y manifestó su disposición a tramitar
cualquier información que estimáramos apropiada sin que
se comprometiera la fuente. Su acompañante, quien había
sido descrito como el funcionario SINA encargado de los
asuntos relativos al cumplimiento de las leyes y temas
de seguridad, intervino para afirmar que van a seguir de
cerca este asunto por todas las vías posibles, a través
de todas sus agencias y en contacto con los diferentes
grupos. También verificarán con servicios de otros
países. Comentó que ellos consideran que "a estas
alturas, cualquier amenaza de esta naturaleza es
intolerable".
20 de mayo de 1998. Alarcón recibe una llamada de
Hamilton desde Washington en la que le explicó le
llamaba personalmente por la importancia del asunto y
que deseaba plantearle lo siguiente:
"Sobre riesgos actos terroristas contra aviones viajen
a Cuba: Toman muy seriamente información le trasladó
Cuba y adoptarán medidas seguridad en aviones salgan de
Estados Unidos.
"Para desarrollar otras acciones necesitarían analizar
pruebas poseemos en Cuba. Están dispuestos enviar
expertos norteamericanos a Cuba para analizarlas con
nosotros.
"Con elementos ellos recibieron de nosotros no pueden
hacer advertencias a otros países desde donde también
salen aviones hacia Cuba. Caso nosotros hagamos tal
advertencia, podemos informar a esos países que Estados
Unidos estaría dispuesto a considerar forma expedita
solicitudes asistencia técnica para prevenir
incidentes."
3 de junio de 1998. El Jefe de la SINA, Michael Kozak,
se entrevista con Alarcón. Le informa sobre los
preparativos para el envío a Cuba de una delegación del
FBI y le entrega el texto que los norteamericanos
piensan circular entre las compañías aéreas para
consideración de la parte cubana. El texto dice lo
siguiente:
"Hemos recibido información sin confirmar acerca de un
complot para colocar artefactos explosivos a bordo de
naves aéreas civiles que operan entre Cuba y países
latinoamericanos. Las personas involucradas en el
complot planean dejar un pequeño artefacto explosivo a
bordo de una nave aérea con el intento de hacer que el
artefacto estalle durante la prolongación del servicio.
El artefacto explosivo, según informes, es de tamaño
pequeño, contiene un fusible y un cronómetro digital
capaz de ser programado 99 horas antes. No se ha
identificado blanco, lugar y marco de tiempo
específicos.
"No podemos descontar la posibilidad de que la amenaza
pueda incluir operaciones de carga internacional desde
los Estados Unidos. El Gobierno de Estados Unidos
continúa buscando información adicional parea
esclarecer, y verificar o refutar, esta amenaza."
4 de junio de 1998. Se instruye a Alarcón responder que
la delegación puede viajar a partir del día 15.
5 de junio de 1998. Alarcón entrega al Jefe de la SINA
respuesta cubana, que yo también redacté personalmente,
a la propuesta de información circular presentada por
los norteamericanos, que dice textualmente:
"Nosotros no solicitamos que se hiciese advertencia
alguna a las compañías de aviación. No es esa la forma
de enfrentar este problema para cuya solución se pueden
y deben tomar otras medidas. Nadie podría garantizar la
discreción. Una indiscreción en este caso pudiera
incluso dificultar la investigación y obstaculizar
medidas más eficientes.
"Su difusión además podría crear pánico, ocasionando
considerable daño a la economía de Cuba, que es
precisamente lo que están buscando los terroristas. Este
daño además afectaría a las líneas aéreas.
"Por esas razones no estamos de acuerdo con que se
trasmita la advertencia y nos oponemos seriamente a
ello. Con el grupo de expertos podemos analizar bien los
pasos más aconsejables."
En la reunión, el Jefe de la SINA planteó que pudiera
tratarse de una confusión con el mensaje inicial (que
ellos pensaron que les pedían se hiciera la advertencia)
o que hubiera alguna obligación legal para sus
autoridades de advertir a las líneas aéreas y cubrirse
de eventuales reclamaciones. Dijo que trasmitiría la
posición cubana a Washington y que no harían
advertencia.
6 de junio de 1998. Nueva reunión de Alarcón con el Jefe
de la SINA. Este entrega mensaje norteamericano en
respuesta al documento entregado el día anterior, que
antes le había leído por teléfono, en el que se plantea:
"1. El proyecto de aviso suministrado ya a la parte
cubana es llamado una ‘información circular’. De acuerdo
con las leyes y regulaciones de aviación de los Estados
Unidos, se requiere suministrar informaciones circulares
a las oficinas de seguridad interna de las líneas aéreas
cada vez que el gobierno de los Estados Unidos tiene
cualquier información creíble relativa a posible amenaza
al avión.
"2. Aproximadamente de 15 a 20 informaciones circulares
son emitidas cada año por la Administración Federal de
Aviación. Estos no son documentos públicos.
"3. De acuerdo con nuestra ley y regulaciones, estamos
requeridos a proceder inmediatamente con la notificación
a las aerolíneas que tienen aviones que vuelan entre los
Estados Unidos y Cuba directamente o a través de
terceros países, y de notificar a los gobiernos de los
terceros países. No tenemos alternativa a este respecto
en la medida en que creemos que la información es
creíble.
"4. Dada la naturaleza de esta información, y nuestra
obligación de cooperar con otros países para prevenir
ataques contra la aviación, seguimos creyendo que es
importante que ustedes o nosotros notifiquemos a las
aerolíneas que vuelan desde otros destinos y a los
gobiernos responsables. Si fuera posible para la parte
cubana adelantar la reunión de expertos para comienzos
de la próxima semana (por ejemplo, martes o miércoles)
propondríamos hacer tales notificaciones después que
hubiéramos tenido una oportunidad de evaluar la
información con la parte cubana. Si tal reunión temprana
no es realizable, nosotros procederíamos a hacer las
notificaciones. Cualquier paso adicional podría ser
determinado durante la reunión de expertos la semana del
15 de junio.
"5. Nosotros reconocemos los puntos señalados por las autoridades cubanas que procuremos evitar daños a la
investigación en pactos adversos sobre las líneas aéreas
y la economía cubana. Estamos haciendo el máximo
respecto a estos puntos dentro de la limitada discreción
otorgada por nuestras leyes y regulaciones y la
prioridad que atribuimos a la prevención de ataques
contra aviones civiles. Nuevamente, estas circulares de
información son relativamente de rutina y en nuestra
experiencia, incluso cuando ellas se han hecho públicas,
normalmente no tienen impacto significativo o duradero
en la transportación aérea de pasajeros o carga."
Ese propio día, Alarcón entrega al Jefe de la SINA nueva respuesta del Ministerio de Relaciones Exteriores,
redactada en los términos siguientes:
"Estamos en desacuerdo. La probable publicidad de esa
información perjudica los trabajos de investigación,
satisface y alienta los planes de los terroristas contra
la economía cubana.
"Ignoramos y no podemos comprender la existencia de
obligaciones de carácter legal que, lejos de beneficiar,
pueden afectar los esfuerzos que se realizan para evitar
víctimas humanas y daños materiales.
"La divulgación en detalle de los procedimientos que
pueden ser utilizados para tales actos, constituye un
incuestionable error que puede favorecer los planes de
grupos terroristas activos o potenciales. Respetamos los
criterios de las autoridades norteamericanas, pero no
coincidimos en la forma en que deben contrarrestarse
tales actividades, las cuales deben ser analizadas, a
partir de la información disponible, con el cuidado y la
profundidad requeridos."
El Jefe de la SINA señaló que había hablado con el señor
Dobbins, responsable de América Latina en el Consejo
Nacional de Seguridad, quien pidió trasladara los
siguientes comentarios adicionales:
"Que tenían la obligación de alertar a las empresas
que vuelan desde Estados Unidos por las leyes
norteamericanas, y a las que desde otros países vuelan a
Cuba, como consecuencia de acuerdos internacionales. La
decisión de ellos de trasmitir esa advertencia indicaba
que tomaban seriamente nuestra información y la
consideraban creíble.
"Con respecto al párrafo 4 del documento, Dobbins
insistió en que no lo fuéramos a interpretar, en modo
alguno, como un elemento de presión. De lo que se trata
es que si bien ellos tienen la obligación de informar
inmediatamente a las líneas que vuelan desde los Estados
Unidos, la obligación respecto a las que salen desde
otros países, aunque también existe, no les resulta tan
presionante, pero no pueden retenerla durante toda una
semana. Teóricamente, la reunión de expertos pudiera
llevarlos a la conclusión de que la amenaza no fuera tan
inminente, pero como parten de la base de considerar
seriamente nuestra información y darle credibilidad,
entonces no podrían esperar ese tiempo sin cumplir su
obligación."
8 de junio de 1998. La Agencia Federal de Aviación emite
la información circular.
15 de junio de 1998. Llega a La Habana delegación del
FBI para sostener contactos con las autoridades cubanas.
16-17 de junio de 1998. Se efectúan varias reuniones
conjuntas en La Habana entre expertos cubanos y
oficiales norteamericanos del FBI sobre el tema de los
planes de atentados terroristas. Se entrega a la
delegación norteamericana del FBI abundante información
documental y testimonial. Los materiales entregados
incluían 64 folios en los que se aportaban elementos
investigativos acerca de 31 acciones y planes
terroristas contra nuestro país, ocurridos entre 1990 y
1998. A la mayor parte de estas acciones estaba
vinculada la Fundación Nacional Cubano Americana que,
además, organizó y financió los más peligrosos,
especialmente los ejecutados por la estructura
terrorista dirigida por Luis Posada Carriles en
Centroamérica. Se adjuntaron relaciones detalladas y
fotografías del armamento, los explosivos y los medios
ocupados en cada hecho. Además, se entregaron 51 folios
con información sobre el dinero suministrado por la
Fundación Nacional Cubano Americana a diferentes grupos
terroristas para realizar acciones contra Cuba; se
incluyeron también las grabaciones de 14 conversaciones
telefónicas de Luis Posada Carriles en las cuales
brindaba información acerca de acciones terroristas
contra Cuba; datos para ubicar a Posada Carriles, tales
como direcciones de sus residencias, lugares que
frecuentaba, características de los autos y chapas en El
Salvador, Honduras, Costa Rica, República Dominicana,
Guatemala y Panamá. Se entregaron también las
transcripciones de 8 conversaciones de terroristas
detenidos en Cuba en las que revelan sus vínculos con
Posada Carriles.
Los oficiales del FBI recibieron también 60 folios con
las fichas de 40 terroristas de origen cubano, la
mayoría residentes en Miami, incluidos los datos para su
ubicación. Se llevaron, además, tres muestras de
sustancias explosivas de 2 gramos cada una, de las
bombas desactivadas antes de explotar en el Hotel Meliá
Cohíba el 30 de abril de 1997 y en un microbús de
turismo el 19 de octubre de 1997, así como del artefacto
explosivo ocupado a dos terroristas guatemaltecos el 4
de marzo de 1998.
Se entregaron, además, 5 casetes de video y 8 de audio
con declaraciones de los terroristas centroamericanos
arrestados por la colocación de bombas en los hoteles,
en los cuales narran sus vínculos con organizaciones
terroristas cubanas que operan desde Estados Unidos y en
particular con Luis Posada Carriles.
La parte norteamericana reconoció el valor de la
información recibida y se comprometió a dar respuesta
del análisis realizado a estos materiales en el más
breve plazo.
Transcurren extrañamente casi tres meses sin la
respuesta seria prometida. Se reciben sólo algunas
noticias intrascendentes.
El 12 de septiembre son arrestados los cinco compañeros,
hoy Héroes de la República de Cuba, que, destacados en
Miami, constituían la principal fuente de información
sobre las actividades terroristas contra nuestro país.
¿Qué había ocurrido realmente? La dirección de la mafia
de Miami se había percatado de los contactos e
intercambios entre las autoridades de Cuba y Estados
Unidos con relación a los brutales actos de terror que
venían cometiéndose impunemente contra nuestro país, y
movieron todas sus fuerzas e influencias para impedir a
toda costa cualquier avance en ese terreno.
¿Quién fue uno de los responsables principales en la
ruptura de los contactos? El jefe del FBI en Miami:
Héctor Pesquera. Este funcionario había ostentado el
mismo cargo en Puerto Rico, coincidiendo con el arresto
del comando organizado directamente por el grupo
paramilitar de la Fundación Nacional Cubano Americana
capturado por los guardacostas en las proximidades de
aquella isla donde fueron arrestados, ocupándoseles el
yate y las armas.
Pesquera, que era un miembro de la mafia, fue clave en
lograr la impunidad total del grupo terrorista.
Se conoce que en los niveles más altos del FBI había
determinada resistencia a la idea de romper los
intercambios con Cuba, pero el empuje y la influencia
política de los líderes de la mafia pudieron más.
Sin duda que el FBI venía ya siguiendo los pasos del
grupo antiterrorista cubano, cuya información acerca de
los planes de hacer estallar aviones de aerolíneas en
tierra o en pleno vuelo, yo había hecho llegar al
presidente de Estados Unidos. Tales actos monstruosos
podían costar la vida tanto a ciudadanos cubanos como a
norteamericanos, muchos de los cuales viajaban a Cuba en
esos aviones.
Pesquera, jefe del FBI en Miami, concentró todas sus
fuerzas en identificar, perseguir y enjuiciar a los
cubanos. Se conoce el trato brutal recibido por los
patriotas cubanos.
De acuerdo con lo publicado por El Nuevo Herald el 15 de
septiembre de 1998, a los primeros que Pesquera informó
del arresto de nuestros Cinco Héroes fue a los
congresistas Ileana Ros-Lehtinen y Lincoln Díaz-Balart.
El propio Pesquera hizo confesiones en un programa
radial de Miami, que permiten comprobar cómo había
llegado desde Puerto Rico con la orientación de proceder
a cualquier costo contra el grupo de cubanos infiltrados
en las organizaciones terroristas miamense:
"Yo llegué aquí en mayo de este mismo año, del 1998. Me
ponen en conocimiento de lo que hay. Empezamos entonces
a hacer hincapié en esta investigación. A los efectos de
inteligencia, ya no debería mantenerse ahí. Y debería
cambiar de rumbo e irse entonces a una investigación
criminal."
La línea seguida por nuestro país era muy distinta. En
entrevista concedida a la periodista Lucía Newman, de la
CNN, en Oporto, Portugal, sede de una Cumbre
Iberoamericana, el 19 de octubre de 1998, le dije
textualmente:
"Estamos dispuestos a colaborar en la lucha contra
actividades terroristas que puedan afectar a Cuba o
puedan afectar a Estados Unidos.
"Estados Unidos corre un riesgo potencial con relación a
los cientos de organizaciones extremistas, muchas de las
cuales están armadas en los propios Estados Unidos, y
algunos de los procedimientos que usan contra Cuba
pueden usarlos allá, porque algunos de estos están
desarrollados, sofisticados. Nosotros les hemos
planteado a las autoridades de Estados Unidos, les hemos
hecho saber, les hemos comunicado las experiencias, los
métodos terroristas que se usan contra nuestro país, lo
cual es una contribución que puede ayudarlos a
defenderse, porque lo considero un país muy vulnerable a
esos tipos de ataques".
Lo más dramático para el pueblo norteamericano es que
mientras Pesquera y sus efectivos se consagraban con
ensañamiento a la persecución, arresto y enjuiciamiento
escandaloso de los cubanos, no menos de 14 de los 19
participantes en los ataques del 11 de septiembre contra
las Torres Gemelas de Nueva York y otros objetivos
vivían y se entrenaban precisamente en el área de
responsabilidad de Pesquera.
Apenas habían transcurrido tres años del arresto de
nuestros abnegados y valientes compañeros ?que con los
informes que recogieron y fueron puestos por Cuba a
disposición del pueblo de Estados Unidos tal vez
salvaron numerosas vidas de ciudadanos de ese país—,
miles de norteamericanos inocentes perdieron la vida
aquel funesto día.
Como nuestros compatriotas y la opinión pública
internacional pueden observar, ninguno de los documentos
desclasificados por nosotros contiene una sola
tachadura.
Antes de concluir, deseo expresar que el autor del
informe, Gabriel García Márquez, fue consultado sobre su
publicación. Ayer mismo envié un mensaje a Europa, en
que le orientaba a nuestro representante diplomático que
le transmitiera lo siguiente:
"Tengo imprescindible necesidad de hablar del tema del
mensaje que envié contigo sobre las actividades
terroristas contra nuestro país. No afecta en nada al
destinatario y mucho menos afectará tu gloria literaria.
"Se trata en esencia del texto que yo envié y del
maravilloso informe que me remitiste y lleva tu
inconfundible estilo. Son como las memorias mías, y
pienso que las tuyas estarían incompletas si no
contienen ese mensaje."
Todo lo que he narrado explica por qué, al iniciar mis
palabras, hablé de "La conducta diferente".
¡Viva la amistad entre los pueblos de Cuba y de Estados
Unidos!
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