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Los estadounidenses que han madurado han dejado de creer
en la pulcritud de sus instituciones y de sus políticos
Los norteamericanos que han crecido y madurado
intelectualmente en los últimos 30 años y perciben como
algo lejano los escándalos políticos de Watergate, los
Papeles del Pentágono y el allanamiento de las oficinas
del siquiatra Daniel Ellsberg, se suman a la larga fila
de los que dejan de creer en la pulcritud de sus
instituciones y de sus políticos cuando, sin haber
asimilado las mentiras sobre Iraq, se internan en el
escándalo de Luis Posada Carriles.
El affaire que comenzó cuando el fino olfato de
los reporteros de POR ESTO! , un periódico
mexicano, descubrió el potencial de una urdimbre que
comenzó cuando el buque camaronero Santrina encalló en
los bajos de El Farito, a mediados del pasado mes de
marzo.
En el buque viajaban connotadas figuras del terrorismo
internacional basificado en La Florida, que fueron hasta
Isla Mujeres para recoger a Luis Posada Carriles, el más
notorio terrorista del hemisferio, y trasladarlo a los
EE.UU.
Mientras en La Habana el presidente Fidel Castro daba
prioridad a la denuncia de la maniobra iniciada en Isla
Mujeres y que pretendía consumarse al conceder asilo
político en los EE.UU. al connotado criminal,
denunciando día a día la sucia conspiración, en Miami
los cómplices del terrorista, algunos de los cuales
viajaron con él a bordo del Santrina, entre arrogantes y
burlones, hacían impúdicos anuncios, daban ruedas de
prensa e incluso se mofaban de las autoridades
norteamericanas. Paralizado por la denuncia cubana que
la prensa comenzó a sustanciar y por sus compromisos con
la cúpula derechista de la mafia cubano-americana que
habita en Miami, el gobierno norteamericano, por
intermedio de sus voceros, comenzó a balbucear
incoherentes explicaciones.
El cantinfleo ha llevado al ridículo que las autoridades
del FBI y el Departamento de Seguridad de la Patria con
180 000 empleados, 22 agencias y 15 servicios especiales
que dice ignorar lo que todo el mundo sabe: Posada
Carriles está en Miami, llegó a bordo del Santrina, es
acogido en una residencia de las afueras, habla por
teléfono y recibe amistades.
A las investigaciones periodísticas de la publicación
mexicana, se sumó la prensa cubana, luego los más
importantes periódicos de Miami y de La Florida y ahora
los de toda la nación, incluyendo al New York Times.
De ahora en lo adelante la cobertura de prensa, no solo
será más sencilla, sino también más fecunda al ser
favorecida por la publicación de 14 documentos secretos
de la CIA y el FBI, realizada por el Archivo de
Seguridad Nacional, en los que se recoge una amplísima
información clasificada acerca de las actividades
terroristas de Luis Posada Carriles, sus cómplices,
jefes y subalternos y la actual conducta del gobierno
norteamericano hacia ese sujeto, que expresa una de las
más sórdidas paradojas de la política norteamericana.
La contradicción comienza cuando se revela que Luis
Posada Carriles, una de las criaturas más inescrupulosas
a la que pueda hacerse referencia, es de hechura
norteamericana, un resultado del adoctrinamiento
ideológico y del entrenamiento criminal de los servicios
de inteligencia estadounidense, habituados a servirse de
elementos criminales para realizar lo que impúdicamente
llaman: "trabajos sucios". Las revelaciones oficiales
sobre sucesos ocurridos hacen alrededor de 20 años,
desnudan la recurrente utilización de individuos de baja
catadura moral y antecedentes criminales, para la
realización de objetivos políticos oficiales.
De ese modo, importantes círculos de las elites
intelectuales, académicas, diplomáticas e incluso
políticas de la sociedad y amplias capas de la
población, descubren que las instituciones creadas para
proveer seguridad, garantizar la integridad del país y
asegurar la inviolabilidad de las fronteras, traicionan
su razón social convirtiéndose en su contrario.
Ahora se sabe con certeza, no porque lo diga La Habana,
sino porque lo revelan la CIA y el FBI y lo amplifican
importantes órganos de prensa, que Posada Carriles es un
ex agente de la CIA, responsable de la voladura del
avión de Cubana de Aviación en las inmediaciones de
Barbados en 1976, uno de los planificadores del atentado
que en Washington costó la vida al ex Ministro de
Relaciones Exteriores del gobierno de Salvador Allende,
Orlando Letelier y su asistente la norteamericana Ronni
Moffi.
Se conoce además que el sujeto fue el cerebro criminal
que ideó el plan para hacer estallar bombas en una
decena de hoteles de La Habana y que usando dinero de la
Fundación Nacional Cubano-Americana, reclutó a los
mercenarios ejecutores materiales, los proveyó de los
explosivos y los entrenó.
Como resultado de esas acciones, en el hotel Copacabana
resultó muerto el joven italiano Fabio di Celmo del que
Posada Carriles dijo ante la televisión norteamericana:
"Estaba en el momento y lugar equivocado".
El caso Posada y el voluminoso archivo secreto oficial
de que ahora se dispone ha revelado una arista en la que
hasta ahora pocos habían reparado, se trata de la
dramática y bochornosa dependencia de varios gobiernos
latinoamericanos y de la actitud omisa, tolerante e
irresponsable de los sistemas judiciales y las entidades
policíacas de más de una decena de países.
En Venezuela, en los años 70, cuando ya Posada era un
notorio criminal, no solo se le concedió la ciudadanía,
sino que se le otorgaron importantes cargos en la
policía política y se facilitó el acceso a las más
importantes figuras de la política, incluyendo al
entonces presidente Carlos Andrés Pérez.
En México, según se ha revelado, Posada Carriles
participó en actos dinamiteros en una institución
cultural soviético-mexicana, planificó atentados contra
buques en sus puertos, conspiró para asesinar personal
diplomático, además de entrar y salir ilegalmente del
país.
Este macabro personaje utilizó el territorio de El
Salvador donde fue acogido cuando se fugó de una cárcel
de Caracas mientras era juzgado por el sabotaje al avión
cubano, para traficar con drogas, contrabandear armas,
planificar acciones terroristas, así como reclutar y
entrenar mercenarios.
En Honduras, Posada entró con pasaporte falso, se movió
libremente por el país y desde allí ingresó a México,
utilizado como escala para de modo también ilegal,
internarse en los EE.UU.
Posada Carriles se ensañó con Chile al participar en el
brutal asesinato de Orlando Letelier, una de las más
limpias y prestigiosas figuras de las que acompañaron al
presidente Allende.
Italia vio morir a manos de Posada Carriles a Fabio di
Celmo un joven lleno de vida y de esperanzas y asiste
indiferente al sufrimiento de un anciano padre
inconsolable que no deja La Habana porque sueña conque
el hijo regresará para alegrar sus últimos años.
En EE.UU. nunca se había dado el caso de que un ex
embajador ante Washington, ex canciller de un país con
el que se sostenían relaciones y una personalidad a
quien el país concedió asilo político luego de salir de
las cárceles de Pinochet, fuera brutalmente asesinado.
En el avión cubano perecieron también ciudadanos de
Corea y Guyana. Para vergüenza hemisférica nunca, ni
siquiera para llenar un trámite los gobiernos de México,
Chile, Italia, El Salvador, Honduras ni el de EE.UU. han
movido un dedo para promover que se haga justicia.
La única razón por la que autoridades policiales que no
perdonan una infracción de tránsito, son implacables con
carteristas y ladronzuelos, están capacitadas para
montar impresionantes operaciones de rastrillos con el
fin de localizar a un opositor y que cuentan con medios
para reprimir multitudes, sean indulgentes con Posada
Carriles es que lo saben protegido por el imperio.
Ahora veremos. Ya el New York Times, primer
violín del concierto mediático imperial, dio una nota
alta, preparemos para el coro. Bienvenido sea.
Hace algún tiempo, cuando un periodista norteamericano,
frente a las cámaras interrogó a Orlando Bosh, autor
junto a Posada de la voladura del avión cubano, el
asesino respondió que todos a bordo del aparato eran
culpables por el solo hecho de viajar en un avión de
Castro.
El reportero entre perplejo e indignado insistió:
— ¿Y los deportistas? ¿El equipo juvenil de esgrima?
Aquellos jovencitos, casi niños: ¿Eran también
culpables?
— ¡Ah! — Respondió despreciativo el criminal— ¿Usted se
refiere a las negritas?
Lo que el fascista llama "negritas" eran niñas cubanas
que también podían haber sido italianas, chilenas,
mexicanas o norteamericanas que hubieran estado en
Mérida o en alguna de las bibliotecas saboteadas.
Las negritas del avión cubano, como las del vuelo de
Panamerican saboteado en Lockerbi, las de las Torres
Gemelas y de la estación de Atocha en Madrid, son como
almas en pena que no podrán descansar en paz mientras no
se haga justicia.
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