Año IV
La Habana
Semana 21-27 de MAYO
de 2005

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Paradojas
Jorge Gómez Barata  La Habana


Los estadounidenses que han madurado han dejado de creer en la pulcritud de sus instituciones y de sus políticos

Los norteamericanos que han crecido y madurado intelectualmente en los últimos 30 años y perciben como algo lejano los escándalos políticos de Watergate, los Papeles del Pentágono y el allanamiento de las oficinas del siquiatra Daniel Ellsberg, se suman a la larga fila de los que dejan de creer en la pulcritud de sus instituciones y de sus políticos cuando, sin haber asimilado las mentiras sobre Iraq, se internan en el escándalo de Luis Posada Carriles.

El affaire que comenzó cuando el fino olfato de los reporteros de POR ESTO! , un periódico mexicano, descubrió el potencial de una urdimbre que comenzó cuando el buque camaronero Santrina encalló en los bajos de El Farito, a mediados del pasado mes de marzo.

En el buque viajaban connotadas figuras del terrorismo internacional basificado en La Florida, que fueron hasta Isla Mujeres para recoger a Luis Posada Carriles, el más notorio terrorista del hemisferio, y trasladarlo a los EE.UU.

Mientras en La Habana el presidente Fidel Castro daba prioridad a la denuncia de la maniobra iniciada en Isla Mujeres y que pretendía consumarse al conceder asilo político en los EE.UU. al connotado criminal, denunciando día a día la sucia conspiración, en Miami los cómplices del terrorista, algunos de los cuales viajaron con él a bordo del Santrina, entre arrogantes y burlones, hacían impúdicos anuncios, daban ruedas de prensa e incluso se mofaban de las autoridades norteamericanas. Paralizado por la denuncia cubana que la prensa comenzó a sustanciar y por sus compromisos con la cúpula derechista de la mafia cubano-americana que habita en Miami, el gobierno norteamericano, por intermedio de sus voceros, comenzó a balbucear incoherentes explicaciones.

El cantinfleo ha llevado al ridículo que las autoridades del FBI y el Departamento de Seguridad de la Patria con 180 000 empleados, 22 agencias y 15 servicios especiales que dice ignorar lo que todo el mundo sabe: Posada Carriles está en Miami, llegó a bordo del Santrina, es acogido en una residencia de las afueras, habla por teléfono y recibe amistades.

A las investigaciones periodísticas de la publicación mexicana, se sumó la prensa cubana, luego los más importantes periódicos de Miami y de La Florida y ahora los de toda la nación, incluyendo al New York Times.

De ahora en lo adelante la cobertura de prensa, no solo será más sencilla, sino también más fecunda al ser favorecida por la publicación de 14 documentos secretos de la CIA y el FBI, realizada por el Archivo de Seguridad Nacional, en los que se recoge una amplísima información clasificada acerca de las actividades terroristas de Luis Posada Carriles, sus cómplices, jefes y subalternos y la actual conducta del gobierno norteamericano hacia ese sujeto, que expresa una de las más sórdidas paradojas de la política norteamericana.

La contradicción comienza cuando se revela que Luis Posada Carriles, una de las criaturas más inescrupulosas a la que pueda hacerse referencia, es de hechura norteamericana, un resultado del adoctrinamiento ideológico y del entrenamiento criminal de los servicios de inteligencia estadounidense, habituados a servirse de elementos criminales para realizar lo que impúdicamente llaman: "trabajos sucios". Las revelaciones oficiales sobre sucesos ocurridos hacen alrededor de 20 años, desnudan la recurrente utilización de individuos de baja catadura moral y antecedentes criminales, para la realización de objetivos políticos oficiales.

De ese modo, importantes círculos de las elites intelectuales, académicas, diplomáticas e incluso políticas de la sociedad y amplias capas de la población, descubren que las instituciones creadas para proveer seguridad, garantizar la integridad del país y asegurar la inviolabilidad de las fronteras, traicionan su razón social convirtiéndose en su contrario.

Ahora se sabe con certeza, no porque lo diga La Habana, sino porque lo revelan la CIA y el FBI y lo amplifican importantes órganos de prensa, que Posada Carriles es un ex agente de la CIA, responsable de la voladura del avión de Cubana de Aviación en las inmediaciones de Barbados en 1976, uno de los planificadores del atentado que en Washington costó la vida al ex Ministro de Relaciones Exteriores del gobierno de Salvador Allende, Orlando Letelier y su asistente la norteamericana Ronni Moffi.

Se conoce además que el sujeto fue el cerebro criminal que ideó el plan para hacer estallar bombas en una decena de hoteles de La Habana y que usando dinero de la Fundación Nacional Cubano-Americana, reclutó a los mercenarios ejecutores materiales, los proveyó de los explosivos y los entrenó.

Como resultado de esas acciones, en el hotel Copacabana resultó muerto el joven italiano Fabio di Celmo del que Posada Carriles dijo ante la televisión norteamericana: "Estaba en el momento y lugar equivocado".
El caso Posada y el voluminoso archivo secreto oficial de que ahora se dispone ha revelado una arista en la que hasta ahora pocos habían reparado, se trata de la dramática y bochornosa dependencia de varios gobiernos latinoamericanos y de la actitud omisa, tolerante e irresponsable de los sistemas judiciales y las entidades policíacas de más de una decena de países.

En Venezuela, en los años 70, cuando ya Posada era un notorio criminal, no solo se le concedió la ciudadanía, sino que se le otorgaron importantes cargos en la policía política y se facilitó el acceso a las más importantes figuras de la política, incluyendo al entonces presidente Carlos Andrés Pérez.

En México, según se ha revelado, Posada Carriles participó en actos dinamiteros en una institución cultural soviético-mexicana, planificó atentados contra buques en sus puertos, conspiró para asesinar personal diplomático, además de entrar y salir ilegalmente del país.

Este macabro personaje utilizó el territorio de El Salvador donde fue acogido cuando se fugó de una cárcel de Caracas mientras era juzgado por el sabotaje al avión cubano, para traficar con drogas, contrabandear armas, planificar acciones terroristas, así como reclutar y entrenar mercenarios.

En Honduras, Posada entró con pasaporte falso, se movió libremente por el país y desde allí ingresó a México, utilizado como escala para de modo también ilegal, internarse en los EE.UU.

Posada Carriles se ensañó con Chile al participar en el brutal asesinato de Orlando Letelier, una de las más limpias y prestigiosas figuras de las que acompañaron al presidente Allende.

Italia vio morir a manos de Posada Carriles a Fabio di Celmo un joven lleno de vida y de esperanzas y asiste indiferente al sufrimiento de un anciano padre inconsolable que no deja La Habana porque sueña conque el hijo regresará para alegrar sus últimos años.

En EE.UU. nunca se había dado el caso de que un ex embajador ante Washington, ex canciller de un país con el que se sostenían relaciones y una personalidad a quien el país concedió asilo político luego de salir de las cárceles de Pinochet, fuera brutalmente asesinado.

En el avión cubano perecieron también ciudadanos de Corea y Guyana. Para vergüenza hemisférica nunca, ni siquiera para llenar un trámite los gobiernos de México, Chile, Italia, El Salvador, Honduras ni el de EE.UU. han movido un dedo para promover que se haga justicia.

La única razón por la que autoridades policiales que no perdonan una infracción de tránsito, son implacables con carteristas y ladronzuelos, están capacitadas para montar impresionantes operaciones de rastrillos con el fin de localizar a un opositor y que cuentan con medios para reprimir multitudes, sean indulgentes con Posada Carriles es que lo saben protegido por el imperio.

Ahora veremos. Ya el New York Times, primer violín del concierto mediático imperial, dio una nota alta, preparemos para el coro. Bienvenido sea.

Hace algún tiempo, cuando un periodista norteamericano, frente a las cámaras interrogó a Orlando Bosh, autor junto a Posada de la voladura del avión cubano, el asesino respondió que todos a bordo del aparato eran culpables por el solo hecho de viajar en un avión de Castro.

El reportero entre perplejo e indignado insistió:
— ¿Y los deportistas? ¿El equipo juvenil de esgrima? Aquellos jovencitos, casi niños: ¿Eran también culpables?

— ¡Ah! — Respondió despreciativo el criminal— ¿Usted se refiere a las negritas?

Lo que el fascista llama "negritas" eran niñas cubanas que también podían haber sido italianas, chilenas, mexicanas o norteamericanas que hubieran estado en Mérida o en alguna de las bibliotecas saboteadas.

Las negritas del avión cubano, como las del vuelo de Panamerican saboteado en Lockerbi, las de las Torres Gemelas y de la estación de Atocha en Madrid, son como almas en pena que no podrán descansar en paz mientras no se haga justicia.

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