|
Escritora española plagió documentos de la Expedición
Madidi
Sergio Cáceres
El juguete rabioso
En septiembre de 2000, Pablo Cingolani publicó en El
Juguete Rabioso(1) un breve ensayo que se
tituló “Viaje al mundo perdido”, donde anunciaba el
inicio de la primera Expedición al Madidi. Tres años más
tarde, apareció una novela titulada El origen perdido
de la española Matilde Asensi, un éxito de ventas que es
presentada por la Editorial Planeta como “una obra que
revoluciona el género de aventuras”.
Lo que no dice la
casa editorial ―obviamente― es que Asensi tomó gran
parte de los elementos y argumentos que construyen la
trama y desenlace de su novela de los materiales
(memorias, relatos, crónicas y entrevistas) y archivos
de las expediciones al Madidi que realizó el periodista
e historiador Pablo Cingolani y su equipo de
expedicionarios.
Después de una lectura y cotejamiento entre el contenido
de la novela El origen perdido y los archivos de
la Expedición Madidi se puede hablar de uso indebido de
propiedad intelectual, hecho sancionado por la ética y
por las leyes. Según el Código Penal español, “Será
castigado con la pena de prisión de seis meses a dos
años o de multa de seis a veinticuatro meses quien con
ánimo de lucro y en perjuicio de tercero, reproduzca,
plagie, distribuya o comunique públicamente, en todo o
en parte, una obra literaria, artística o científica, o
su transformación, interpretación o ejecución artística
fijada en cualquier tipo de soporte o comunicada a
través de cualquier medio, sin la autorización de los
titulares de los correspondientes derechos de propiedad
intelectual o de sus cesionarios” (2).
El argumento de la novela
La novela de Matilde Asensi, que es una de las
escritoras que más libros vende en España, cuenta cómo
un grupo de piratas informáticos llega a Bolivia para
encontrar la cura a una maldición que sufre el hermano
de uno de ellos, a causa de entrometerse en el estudio
del idioma aymara. Buscando el remedio al mal se
introducen primero en una hipotética cámara secreta en
Tiwanacu y luego organizan una expedición ―junto con una
arqueóloga española, un colega boliviano y una médica
estadounidense― que se interna en las selvas del Madidi.
Lo hacen para localizar a los “capacas”, los últimos
sabios aymaras que se habían refugiado en el bosque tras
la invasión española. En plena selva, encuentran a los
toromonas y estos los contactan con los sabios, quienes,
finalmente, les revelan unas palabras mágicas para sanar
al enfermo.
En su primera parte, la novela discurre entre citas
eruditas de autores que van desde Umberto Eco hasta el
recién fallecido Carlos Ponce Sanjinés. También incluye
fuentes tomadas de Internet, desde la Biblioteca Virtual
Miguel de Cervantes al periódico La
Razón.
Es decir, citando esas fuentes, la autora parece que
pretendiera darle verosimilitud a su narración para
llevarla luego a los terrenos de la fabulación. Pero
cuando la novela ingresa a su segunda parte ―es decir la
aventura en la selva―, Asensi toma párrafos, ideas y
personajes de las memorias de la Expedición Madidi y las
presenta como hallazgos o creaciones propias.
Si en la primera parte la escritora se extendió en citas
colocadas a pie de página ―un recurso poco usual en la
narrativa de ficción―, ¿por qué no citó también los
documentos y trabajos de la Expedición Madidi?
Pablo Cingolani tiene una explicación razonable: “pienso
que ella pretendió venderle a su público la idea de que
las aventuras que sus personajes viven en la selva
boliviana son fruto de su invención. Quizás si les
hubiese dicho que eran hechos puntuales tomados de una
expedición verdadera entonces quizás habrían leído su
novela con otros ojos. A lo mejor se habrían interesado
en las fuentes originales y la novela no habría vendido
la cantidad de libros que vendió”.
Las expediciones al Madidi dirigidas por Pablo Cingolani
recibieron amplia cobertura en la prensa nacional e
internacional, ese material está publicado en Internet
(3), que es el lugar desde donde la escritora
española “potenció” su inspiración.
En una entrevista periodística, Matilde Asensi explicaba
que no necesitó viajar a Bolivia ni al Madidi para
escribir su novela aunque afirmó, sin embargo, que todo
lo que dice su libro es real (4). Quizás
debió agregar “es real porque lo tomé de los archivos de
la Expedición Madidi”.
La agencia EFE dio la alerta
La alerta de que las “investigaciones [de Cingolani]
coinciden con una parte esencial de la trama” de la
novela El origen perdido la hizo el periodista de
la agencia española EFE, Raúl Cortés, en una crónica que
se ha publicado en varios países, incluyendo España y
EE.UU. Pero hasta hoy, ni Asensi ni la editorial ―que en
anteriores oportunidades ya se ha visto envuelta en
escándalos de este tipo― se han pronunciado sobre el
caso.
Para Pablo Cingolani, periodista de El Juguete
Rabioso desde su fundación, no hay dudas de que la
escritora española “utilizó materiales de un trabajo que
venimos realizando desde hace cinco años. Es una
historia que nos costó mucho esfuerzo empezarla y
hacerla creíble. Cuando anunciamos que íbamos a la selva
a tratar de probar que los toromonas existían, hasta un
ministro nos dijo que estábamos perdiendo el tiempo”.
Cingolani y su equipo realizaron dos expediciones al
Madidi, documentaron en texto y video sus viajes y hasta
hoy siguen trabajando en este proyecto. Lograron muchos
avances y recolectaron nueva información tanto sobre los
toromonas como sobre el destino de un agrónomo noruego
llamado Lars Hafskjold que desapareció en 1997, también
buscando a esta tribu.
“Hay indicios de que los toromonas (como los llaman las
crónicas históricas) u otra etnia no contactada habitan
en el valle y las cabeceras del río Colorado, si es así
habría que preservar su aislamiento”, dice Cingolani.
Las expediciones al Madidi fueron organizadas con rigor
científico y Pablo Cingolani tenía preparado, incluso,
el guión de una película, “nuestro interés siempre ha
estado orientado a llegar al público europeo y
sensibilizarlo con el tema y lograr apoyo para cerrar el
caso de Lars y de los toromonas, pero nunca nos
imaginamos que sería de esta manera. De verdad que es un
asunto incómodo, que ojalá sirva para reivindicar lo
hecho y poder proyectarlo hacia delante. No sé si a la
señora Asensi le importe, pero a nosotros sí: queremos
saber que pasó con Lars y si existe un grupo aislado,
preservarlo en su identidad”.
A pesar de existir datos que hablan de un plagio ―el
diccionario de la Real Academia define este hecho como:
tomar en lo sustancial una obra ajena y darla como
propia―, Pablo Cingolani manifestó que por ahora no
piensa iniciar acciones legales para exigir un
resarcimiento material, como se suele hacer en estos
casos, “cuando iniciamos las expediciones al Madidi
nunca pensamos encontrarnos algún día con situaciones
como esta. Es desagradable darse cuenta de que el
trabajo de uno termina siendo utilizado indebidamente.
El objetivo de las expediciones y de todos los
materiales, textos y videos, que hemos producido han
sido siempre serios. Vamos a hacer las consultas
pertinentes para decidir cómo encarar esta situación”,
dijo Pablo Cingolani a tiempo de recordar que las
expediciones que encabezó trataron de incorporar el
conocimiento de esos territorios y sus etnias a la
historia del país, por eso el Congreso de Bolivia
declaró a la Expedición Madidi XXI, como “de interés
nacional”.
(1) El Juguete Rabioso, número 16, 3-16 de
septiembre, 2000.
(2) Ley Orgánica 10/1995, del 23 de noviembre, del
Código Penal. Este documento se puede consultar en el
Portal Internacional de la Universidad de Alicante sobre
Propiedad Industrial e Intelectual y Sociedad de la
Información.
(3) Ver, por ejemplo, www.phfawcettsweb.org/withinmadidi.htm
(4) Ver www.elcolombiano.com |