Año IV
La Habana
2005

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¿DÓNDE QUIERES QUE TE PONGA EL PLATO?
El Moro y el Congrí
El Guajiro de El Crucero


Muchas veces me han puesto en la mesa un arroz congrí y me han dicho...  ¡Chúpate esa cocinero, qué clase de moro!... Y viceversa y la gente tiende a confundir estos dos platos,  incluso en las cartas de algunos restaurantes de cuyo nombre no quiero acordarme. Por esta razón voy a poner en claro las diferencias entre ellos, y  sugerir algunos paces mágicos que las abuelas, esas que siempre son cátedra del sazón, me han revelado cariñosamente. 

Primero, el arroz moro se hace a partir de los frijoles negros, preferiblemente de los chiquiticos, que se ablandan pronto. Coge pues una latica vacía de leche condensada y llénala de frijoles negros, que viene siendo más o menos media libra y da bien para cuatro raciones sin susto. Lávalos y ponlos en la olla de presión con el triple de agua, una cucharada de manteca y una hoja de laurel. En una sartén gorda, mientras se ablandan los negros, pon otra cucharada de manteca y dora unos trocitos de tocino entreverao, bien chiquitos y sin el pellejo. Ya doraditos, pica una cebolla mediana y machaca una cabeza de ajo junto con ella en el mortero. Cuando bajes el tocino, esa grasa está a punto de temperatura para añadir la mezcla de cebolla y ajo, que debes tapar y dejarla por unos diez minutos sin candela hasta que suelte lo suyo.

 En ese tiempo ya los negritos deben andar blandos. Entonces en la caldera donde harás el arroz, pon el sofrito y los granos a fuego duro para que sellen. Luego agrega una pizca de comino y tres laticas de arroz lavado removiendo constantemente para que no se pegue. Y  ahora viene la magia de los arroces, que es la cantidad de líquido en que se cocinan.

 Tienes que saber con qué clase de arroz estás tratando compadre, o comadre,  y tener conciencia de que el moro no puede quedar ni desgranao ni pegao, sino entre término.

Así que para tres laticas de arroz, vas a poner cuatro de líquido. Bien, ese caldo de frijoles que compensaste con agua, lo agregas a la cazuela y punteas de sal. Pese a lo que digan algunos maestros, tú, paleta en mano, revuelve constantemente hasta que seque y abra el arroz, entonces lo tapas y a fuego muy bajito lo dejas cocinar hasta que la nariz te diga. 

P.D. No se te vaya a ocurrir que de un solo palo, te vas a llevar las dos recetas. Si sigues conectándote con La Jiribilla, pronto sabrás lo que de verdad es el congrí.    

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