La VII edición de este evento
artístico atrae una vez más la
atención del público hacia este arte
inmanente. Del incentivo que
proporcione a los artistas para la
continuidad en su creación digital y
de la capacidad de estos para
contravenir la pasividad de los
espectadores al interactuar con
ellos a través de sus obras
dependerá el desarrollo de una
expresión artística en constante
devenir.
En esta comunidad viven terroristas
de origen cubano. Los amigos, los
jefes y los subalternos de Posada
Carriles. Aquí han vivido y viven y
aquí actúan impunemente y han
afectado de por sí el comportamiento
político y social de esta comunidad.
El terrorismo no es solo matar gente
o amenazar matar gente o poner
bombas. El terrorismo es también la
amenaza latente de utilizar la
violencia contra toda una comunidad
y eso es lo que ha sucedido en
Miami.
Imaginaremos la imagen nuevamente en
este VII Salón con toda la libertad
que el ser humano merece y con la
conciencia de que esa unión entre
arte y tecnología debe ir más allá
de la superficie de la hoja impresa
o la pantalla iluminada. Soñaremos
la palabra que trata de explicarnos
tantos misterios y a la que
pediremos explicaciones por tantas
desigualdades en este mundo
imperfecto y maravilloso y a veces
esperanzado donde nos ha tocado
vivir...
El jurado del VII Salón de Arte
Digital, que comenzó el martes 21 en
La Habana, decidió otorgar el PRIMER
PREMIO en la categoría de OBRA
IMPRESA a Nadal Antelmo (Relato
erótico), mientras que en la
categoría de OBRA AUDIOVISUAL recayó
en Katia Hernández y Enrique Smith (¿Quién
quiere vivir por siempre?).
Gracias a los Salones que auspicia
desde hace siete años el Centro
Cultural Pablo de la Torriente Brau
el espectador puede tener una amplia
y variada muestra de las tendencias
que se están desarrollando en Cuba y
también en otras latitudes en
relación con el arte digital, para
muchos el arte del futuro...
El miércoles 22 y el jueves 23 se
desarrolló en la capital cubana,
auspiciado por el Centro Cultural
Pablo de la Torriente Brau, el
Coloquio Internacional de Arte
Digital, evento teórico que reunió a
creadores de Argentina, Colombia,
Venezuela, México, EE.UU., Brasil,
Ecuador, El Salvador, Suecia y Cuba.
Ha sido tanto el abuso de la imagen
del cuerpo y su capacidad
comunicativa, que parece —aunque no
es cierto— haber llegado al
agotamiento. Precisamente, por eso
es un reto para el artista
retomarlo; tendrá que trabajar, muy
cuidadosamente, en escapar de
muchísimos clichés para aportar una
visión personal.
El cuerpo por sí mismo es una obra
de arte, perfecta y equilibrada.
Quizás por ello es que Marely
utiliza el soporte de la piel, del
músculo en movimiento: sus tomas
fotográficas y composiciones nos
hacen una referencia inmediata al
movimiento, son flexibles y en
constante mutación.
La realidad del hombre debe ser
encarada desde los más diversos
puntos de vista en un despliegue
simultáneo de perspectivas que no
tienen por qué ser excluyentes; y
las diferencias, lejos de resultar
amenazantes o perturbadoras, pueden
contribuir a desplazar las
jerarquías tradicionales al
reconocer, como único centro
deseable, las dimensiones de ese ser
lleno de contradicciones que es el
hombre.
El oficio que distingue a Eduardo
Moltó es el de diseñador.
Definitivamente ha tomado el relevo
de aquella generación de artistas
cubanos que dignificaron el diseño
como una concepción estética, más
que publicitaria, y como plataforma
para una ruta experimental de
carácter abierto, instrumental.
Estas obras de Laura Casamitjana nos
remiten a un mundo de compleja y
rica tradición que reconocemos
mexicano, no solo por la inclusión
de elementos típicos como el maguey
o la granada o de una iconografía
directa, como el homenaje a esa gran
pintora que fue y es Frida Kahlo,
sino por el colorido y el
tratamiento de los temas. Todo un
universo poético que tiene tras de
sí siglos de cultura que es parte
sustancial de la herencia del pueblo
de México y de sus artistas.
El diseño gráfico y el arte digital
solo fueron el pretexto, la mínima
llama que movió los resortes de la
imaginación y la belleza, del
talento y los deseos de seguir
“compartiendo sueños” desde ambos
lados de ese pequeño espacio de mar
que separa, geográficamente, a Cuba
de los EE.UU.
La muestra internacional que
acompaña cada Salón de Arte Digital
ha sido esperada con atención e
interés desde que el Centro Pablo de
la Torriente Brau convocara por
primera vez, en el año 2002, a
artistas de otros países para que
nos acompañasen en esta aventura que
quisiéramos interminable.
La exposición El arte en el
cuerpo, propone un sutil juego
de palabras que nos hace reflexionar
acerca del arte "dentro" del cuerpo
/ del creador / del artista, y el
cuerpo "dentro" del arte. La muestra
se propone jugar con una idea
insular, que maneja el cuerpo como
isla.
Reconforta esta aventura de
imaginar, de transitar la
cartografía virtual de un puñado de
bits que me han enviado para que
pueda componer, en el recóndito
mosaico del alma, la idea de El arte
en el cuerpo.
Arte en el cuerpo resulta
desde sus orígenes una idea muy
hermosa que está obligada a
repetirse. Su culminación hizo
posible la reunión de tres creadores
de América Latina, cuyas obras,
salvando las pequeñas diferencias,
se funden, se mezclan, se
interrelacionan en torno a un tema
central: el cuerpo.
El
bolero es único como formulación
melódico-armónica integral, pero
tenía que evolucionar. A mediados
del siglo pasado, no podía seguir
constreñido al patrón trovadoresco.
Tenía que liberarse armónicamente
precisamente para que la expresión
melódica diera un salto de calidad.
Eso vino con el filin entre
nosotros, pero también con esa
latinoamericanización que apuntaba.
Ha publicado Las palmeras domésticas (narrativa,
Premio Calendario 1996), en·trance (narrativa,
Premio Abril 1997) y Templos y turbulencias
(poesía, 2004). Sus textos se incluyen en antologías de
la literatura cubana contemporánea editadas en varios
países de América y Europa.