Año IV
La Habana
Semana 25 de JUNIO
1 de JULIO
de 2005

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JULIETAS –Y ROMEOS– EN LA HABANA
¡Qué diría Shakespeare si las viera!

Hilario Rosete Silva La Habana
Fotos:
Nancy Reyes
 

Miguelángel Blanco (Shakespeare, el vendedor de máscaras) en un balcón de Verona

“Me interesa más hacer Shakespeare que Romeo”, dijo Víctor Gilí, anclado en el personaje de Mercucio.

“Me atrae más Teobaldo que Shakespeare”, confesó Miguelángel Blanco, que tuvo la posibilidad de moverse entre uno y otro.

“Me gustaría seguir siendo versátil”, afirmó Octavio Martín, que sin renunciar al monopolio de Shakespeare, hizo de Teobaldo y de Romeo.

Los juicios encontrados dan fe de la riqueza implícita en una de las últimas creaciones coreográficas de Alicia Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba (BNC): Shakespeare y sus máscaras o Romeo y Julieta.

CLAVES DE ADAGIO

Con música de Ch. Gounod, adaptación orquestal de J. Piñera, y libreto de J. R. Neyra sobre la tragedia de Romeo y Julieta, de W. Shakespeare, esta coproducción entre el BNC y la Généralité de Valencia, tuvo su estreno mundial en aquella ciudad en julio de 2003.

Anette Delgado (Julieta) y Octavio Martín (Romeo) en la alcoba

Aplaudida por la escenografía del cubano R. Reymena, el vestuario del español Pedro Moreno, y las luces de la también ibérica Gloria Montesinos, la obra se estrenó en Cuba en diciembre del propio 2003 (con siete funciones), y ahora festejó su regreso a la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana los días 4 y 5, y del 9 al 12 del presente mes de junio de 2005.

“Hemos trabajado un poco más la actuación y el sentido de cada escena, o sea, del diálogo de la pareja en cada cuadro, tratando de que se entienda bien lo que debemos decir”, declaró Joel Carreño en nombre suyo y en el de su partenaire, la experimentada Viengsay Valdés. “Por ejemplo, cuando Romeo es desterrado, el público debe entender que le ha sido impuesto ese castigo, aunque ni Julieta ni él mismo lo deseen. Primero ella lo retiene, luego, con la subida de la luz del día, lo exhorta a marcharse...”

¿Cómo se logra esa comunicación con el público? –preguntamos con falsa ingenuidad.

Mediante los movimientos corporales –respondió al término de la función de abertura. En los inicios de la fiesta que tiene lugar en la casa de los Capuleto, donde se infiltra el trío Montesco (Romeo, Mercucio y Benvolio), los virtuales amantes están enmascarados y no puede vérseles la expresión de sus rostros, lo más que se les ve es la boca, riéndose; es preciso lograr esa comunicación con gestos, con inclinaciones hacia uno y otro lado, para que el público comprenda de qué están hablando o qué están sintiendo.

Viengsay Valdés (Julieta), Joel Carreño (Romeo)
y  Félix Rodríguez (Fray Lorenzo) en la boda

DE PRIMERAS A BUENAS

“Hubo cambios, pequeños detalles que mejoraron la puesta”, confirmó la maître Ana Leyte, una de las cabezas visibles de la reposición. “La coreógrafa (Alicia Alonso) fue puliendo y enriqueciendo todo. El asesinato de la mujer de la calle que acontece en la primera plaza, sucede ahora en un primer plano, con menos bailarines sobre la escena, junto al telón de boca. Es preciso atraer la atención sobre ese incidente, reflejo de la poca importancia que se le daba a la muerte de una prostituta, del poco valor que podía tener la vida de un ser humano en la sociedad de la época.

“La disputa, por un corte de tela, entre dos de estas mujeres y las dos floristas de la segunda plaza, también ganó en lucidez. En general, abundan los cambios en las posiciones de los bailarines, en nuevos modos de mover o desplazar el cuerpo de baile y en sus nuevas ubicaciones, de manera que el escenario luzca mejor poblado. Asimismo, hay un mejor enlace entre las salidas y las entradas.”

A partir de la tercera función de diciembre de 2003, el intermedio ganó espacio en la obra.

Se buscó el momento más adecuado para insertarlo, la función de ballet propicia el encuentro social, y un entreacto es ideal para el intercambio de opiniones. Luego, la historia de la obra transcurre en un mismo día, pero el descanso reafirma el efecto de paso del tiempo y progreso de la acción.

Ana Leyte conversa con La Jiribilla en la pata del Gran Teatro de La Habana

 

MAGIA Y CREATIVIDAD

Dos primeras bailarinas del BNC, Hayna Gutiérrez y Anette Delgado, promovidas en abril de 2005 a esa categoría, alternaron en el personaje de florista y rompieron fuego en el de Julieta, joven de la familia Capuleto.

“En la concepción de mi Julieta me ayudó mucho la interpretación de la actriz anglo-argentina Olivia Hussey en la película del director italiano Franco Zeffirelli (Romeo y Julieta, 1968)”, reveló Hayna. “Sin perder frescura y belleza, Olivia le imprimió carácter, fuerza, y cierta madurez al personaje. Eso mismo fue lo que yo intenté hacer.”

La niñería de Julieta, su urbanidad y su finura, reforzadas por su pertenencia a una familia de alcurnia, no estarían reñidas con su natural sensualidad, con la mujer que vive y despierta en ella.

Y esa conciencia de sí es la que le permite, en su cortedad, entregarse a Romeo con conocimiento de causa: ella sabe quién es él, conoce las rivalidades existentes entre su familia de ella, los Montesco, y la familia de los Capuleto, a la que pertenece el elegido de su corazón.

Hayna Gutiérrez (Julieta) e Ivette González (La nodriza) en la fiesta

¿En qué momento creyó rozar el límite de sus capacidades histriónicas?

Quizás los pas de deux de la alcoba y de la tumba sean los más complicados para las bailarinas actrices. En la alcoba se consumó la entrega de Julieta a Romeo, fruto de un amor a primera vista que la mantuvo deslumbrada, y que yo, actriz y mujer, abordé y sentí sobre la escena aún creyendo que dicha pasión no es tan maravillosa como la pintó William Shakespeare: ¡ya quisiera yo, en la vida real, vivir un amor así!

¿Y en la tumba?

En la escena de la tumba Julieta despierta de su letargo, y pasa, del susto por hallarse en el panteón familiar, a la alegría de encontrarse con Romeo. Desconoce que su amado se ha envenenado por creerla difunta, y poco después pasará ella, de vuelta, a un estado de angustia extrema cuando se acelere la agonía de Romeo... Los cambios interpretativos son bruscos y rápidos, es algo difícil de lograr.

No es cosa fácil mantener la altura.

La cuestión es entrar en el personaje, y eso cuesta. En más de una ocasión durante los ensayos, siguiendo los pasos de la coreografía, sentía que me quedaba afuera, y me incomodaba. Al final estoy satisfecha con mi estreno, con mi primera Julieta, largamente deseada, con mi nivel de entrega, y con el grado de acogida del público.

Abundan en la obra los personajes masculinos: el vendedor de máscaras, Romeo, Mercucio, Teobaldo, Benvolio, Paris, Fray Lorenzo, y hasta Escalus, en detrimento de las figuras femeninas: Julieta, la nodriza... Si alguno de los bailarines que interpretan aquellos se indispusiera, ¿qué papel preferiría usted asumir y por qué?

(Sin pensarlo dos veces.) ¡Shakespeare!: a mí siempre me están bullendo ideas en la cabeza, me seduce la creatividad, y este personaje es un gran conductor, un mago, un innovador, un creador. Cierro los ojos y me veo en ese papel, quizás el más importante de este ballet, ¡sería genial!, ojalá que alguna vez a Alicia Alonso, autora de la coreografía, se le ocurriese hablar de una vendedora de máscaras...

Anette Delgado (Julieta) y Octavio Martín (Romeo) en la tumba

Viengsay Valdés. Hayna Gutiérrez. Laura Hormigón. Anette Delgado. Durante la reposición, las  primeras bailarinas del BNC bailaron no solo con el gesto y el cuerpo. Quien pudo mirarles de cerca a los ojos, las vio lanzar miradas de niña y de mujer, de capricho y de sino. En ellas hubo luz y muerte, y un abanico de estados de ánimo. La alegría sobre todo de Hayna y de Viengsay y tristeza sobre todo de Anette y de Laura que supieron imprimirles a sus bellas Julietas, por momentos levantaron suspiros entre unos espectadores que, en éxtasis,  parecían haber sido transportados a la mismísima Verona. ¡Qué diría Shakespeare si las viera!

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