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Miguelángel Blanco (Shakespeare,
el vendedor de máscaras) en un balcón de Verona |
“Me interesa
más hacer Shakespeare que Romeo”, dijo Víctor Gilí,
anclado en el personaje de Mercucio.
“Me atrae más Teobaldo que Shakespeare”, confesó
Miguelángel Blanco, que tuvo la posibilidad de moverse
entre uno y otro.
“Me gustaría seguir siendo versátil”, afirmó Octavio
Martín, que sin renunciar al monopolio de Shakespeare,
hizo de Teobaldo y de Romeo.
Los juicios encontrados dan fe de la riqueza implícita
en una de las últimas creaciones coreográficas de Alicia
Alonso, directora general del Ballet Nacional de Cuba (BNC):
Shakespeare y sus máscaras o Romeo y Julieta.
CLAVES DE ADAGIO
Con música de Ch. Gounod, adaptación orquestal de J.
Piñera, y libreto de J. R. Neyra sobre la tragedia de
Romeo y Julieta, de W. Shakespeare, esta
coproducción entre el BNC y la Généralité de Valencia,
tuvo su estreno mundial en aquella ciudad en julio de
2003.
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Anette Delgado (Julieta) y Octavio
Martín (Romeo) en la alcoba |
Aplaudida por
la escenografía del cubano R. Reymena, el vestuario del
español Pedro Moreno, y las luces de la también ibérica
Gloria Montesinos, la obra se estrenó en Cuba en
diciembre del propio 2003 (con siete funciones), y ahora
festejó su regreso a la sala García Lorca del Gran
Teatro de La Habana los días 4 y 5, y del 9 al 12 del
presente mes de junio de 2005.
“Hemos trabajado un poco más la actuación y el sentido
de cada escena, o sea, del diálogo de la pareja en cada
cuadro, tratando de que se entienda bien lo que debemos
decir”, declaró Joel Carreño en nombre suyo y en el de
su partenaire, la experimentada Viengsay Valdés.
“Por ejemplo, cuando Romeo es desterrado, el público
debe entender que le ha sido impuesto ese castigo,
aunque ni Julieta ni él mismo lo deseen. Primero ella lo
retiene, luego, con la subida de la luz del día, lo
exhorta a marcharse...”
¿Cómo se logra esa comunicación con el público?
–preguntamos con falsa ingenuidad.
Mediante los movimientos corporales –respondió al
término de la función de abertura. En los inicios de la
fiesta que tiene lugar en la casa de los Capuleto, donde
se infiltra el trío Montesco (Romeo, Mercucio y Benvolio),
los virtuales amantes están enmascarados y no puede
vérseles la expresión de sus rostros, lo más que se les
ve es la boca, riéndose; es preciso lograr esa
comunicación con gestos, con inclinaciones hacia uno y
otro lado, para que el público comprenda de qué están
hablando o qué están sintiendo.
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Viengsay Valdés
(Julieta), Joel Carreño (Romeo)
y Félix Rodríguez (Fray Lorenzo) en la boda |
DE PRIMERAS A BUENAS
“Hubo cambios,
pequeños detalles que mejoraron la puesta”, confirmó la
maître Ana Leyte, una de las cabezas visibles de
la reposición. “La coreógrafa (Alicia Alonso) fue
puliendo y enriqueciendo todo. El asesinato de la mujer
de la calle que acontece en la primera plaza, sucede
ahora en un primer plano, con menos bailarines sobre la
escena, junto al telón de boca. Es preciso atraer la
atención sobre ese incidente, reflejo de la poca
importancia que se le daba a la muerte de una
prostituta, del poco valor que podía tener la vida de un
ser humano en la sociedad de la época.
“La disputa, por un corte de tela, entre dos de estas
mujeres y las dos floristas de la segunda plaza, también
ganó en lucidez. En general, abundan los cambios en las
posiciones de los bailarines, en nuevos modos de mover o
desplazar el cuerpo de baile y en sus nuevas
ubicaciones, de manera que el escenario luzca mejor
poblado. Asimismo, hay un mejor enlace entre las salidas
y las entradas.”
A partir de la tercera función de diciembre de 2003, el
intermedio ganó espacio en la obra.
Se buscó el momento más adecuado para insertarlo, la
función de ballet propicia el encuentro social, y un
entreacto es ideal para el intercambio de opiniones.
Luego, la historia de la obra transcurre en un mismo
día, pero el descanso reafirma el efecto de paso del
tiempo y progreso de la acción.
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Ana Leyte conversa con
La Jiribilla en la pata del Gran Teatro de La
Habana |
MAGIA
Y CREATIVIDAD
Dos primeras bailarinas del BNC, Hayna Gutiérrez y
Anette Delgado, promovidas en abril de 2005 a esa
categoría, alternaron en el personaje de florista y
rompieron fuego en el de Julieta, joven de la familia
Capuleto.
“En la concepción de mi Julieta me ayudó mucho la
interpretación de la actriz anglo-argentina Olivia
Hussey en la película del director italiano Franco
Zeffirelli (Romeo y Julieta, 1968)”, reveló Hayna.
“Sin perder frescura y belleza, Olivia le imprimió
carácter, fuerza, y cierta madurez al personaje. Eso
mismo fue lo que yo intenté hacer.”
La niñería de
Julieta, su urbanidad y su finura, reforzadas por su
pertenencia a una familia de alcurnia, no estarían
reñidas con su natural sensualidad, con la mujer que
vive y despierta en ella.
Y esa conciencia de sí es la que le permite, en su
cortedad, entregarse a Romeo con conocimiento de causa:
ella sabe quién es él, conoce las rivalidades existentes
entre su familia de ella, los Montesco, y la familia de
los Capuleto, a la que pertenece el elegido de su
corazón.
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Hayna Gutiérrez
(Julieta) e Ivette González (La nodriza) en la
fiesta |
¿En qué
momento creyó rozar el límite de sus capacidades
histriónicas?
Quizás los pas de deux de la alcoba y de la tumba
sean los más complicados para las bailarinas actrices.
En la alcoba se consumó la entrega de Julieta a Romeo,
fruto de un amor a primera vista que la mantuvo
deslumbrada, y que yo, actriz y mujer, abordé y sentí
sobre la escena aún creyendo que dicha pasión no es tan
maravillosa como la pintó William Shakespeare: ¡ya
quisiera yo, en la vida real, vivir un amor así!
¿Y en la tumba?
En
la escena de la tumba Julieta despierta de su letargo, y
pasa, del susto por hallarse en el panteón familiar, a
la alegría de encontrarse con Romeo. Desconoce que su
amado se ha envenenado por creerla difunta, y poco
después pasará ella, de vuelta, a un estado de angustia
extrema cuando se acelere la agonía de Romeo... Los
cambios interpretativos son bruscos y rápidos, es algo
difícil de lograr.
No es cosa fácil mantener la
altura.
La
cuestión es entrar en el personaje, y eso cuesta. En más
de una ocasión durante los ensayos, siguiendo los pasos
de la coreografía, sentía que me quedaba afuera, y me
incomodaba. Al final estoy satisfecha con mi estreno,
con mi primera Julieta, largamente deseada, con mi nivel
de entrega, y con el grado de acogida del público.
Abundan en la obra los personajes
masculinos: el vendedor de máscaras, Romeo, Mercucio,
Teobaldo, Benvolio, Paris, Fray Lorenzo, y hasta Escalus,
en detrimento de las figuras femeninas: Julieta, la
nodriza... Si alguno de los bailarines que interpretan
aquellos se indispusiera, ¿qué papel preferiría usted
asumir y por qué?
(Sin pensarlo dos veces.) ¡Shakespeare!: a mí siempre me
están bullendo ideas en la cabeza, me seduce la
creatividad, y este personaje es un gran conductor, un
mago, un innovador, un creador. Cierro los ojos y me veo
en ese papel, quizás el más importante de este ballet,
¡sería genial!, ojalá que alguna vez a Alicia Alonso,
autora de la coreografía, se le ocurriese hablar de una
vendedora de máscaras...
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Anette Delgado
(Julieta) y Octavio Martín (Romeo) en la tumba |
Viengsay Valdés. Hayna Gutiérrez. Laura Hormigón. Anette
Delgado. Durante la reposición, las primeras bailarinas
del BNC bailaron no solo con el gesto y el cuerpo. Quien
pudo mirarles de cerca a los ojos, las vio lanzar
miradas de niña y de mujer, de capricho y de sino. En
ellas hubo luz y muerte, y un abanico de estados de
ánimo. La alegría
—sobre
todo de Hayna y de Viengsay—
y tristeza
—sobre
todo de Anette y de Laura—
que supieron imprimirles a sus bellas Julietas, por
momentos levantaron suspiros entre unos espectadores
que, en éxtasis, parecían haber sido transportados a la
mismísima Verona.
¡Qué
diría Shakespeare si las viera! |