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Desde México, esa tierra hermana a la que nos unen
tantos entrañables lazos históricos y culturales, viene
la artista Laura Casamitjana a sumarse a la fiesta del
VII Salón y Coloquio Internacional de Arte Digital. Se
ve cumplido así un viejo sueño de ella y de su amiga
cubana Natalia Ramírez, quien cuidó amorosamente por más
de un año estas piezas que hoy tenemos el privilegio de
disfrutar. Y es todo un símbolo de unidad
latinoamericana que este esfuerzo entre dos países
fraternos tenga como marco específico la Casa Museo
Simón Bolívar, ese luchador incansable por unir en un
pueblo único las tierras desde el Río Grande hasta la
Patagonia.
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Resulta también significativo que las obras que hoy se
exponen hayan sido realizadas a partir de las nuevas
tecnologías que ponen al servicio de los artistas la
posibilidad de compartir, como nunca antes, sus
creaciones con un número ilimitado de personas a través
de la red. En esta ocasión, retenidas en dos
dimensiones, estas obras de Laura Casamitjana nos
remiten a un mundo de compleja y rica tradición que
reconocemos mexicano, no solo por la inclusión de
elementos típicos como el maguey o la granada o de una
iconografía directa, como el homenaje a esa gran pintora
que fue y es Frida Kahlo, sino por el colorido y el
tratamiento de los temas. Todo un universo poético que
tiene tras de sí siglos de cultura que es parte
sustancial de la herencia del pueblo de México y de sus
artistas.
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Pero además de pixels, Laura ha sentido la
necesidad de incluir otros elementos para completar el
mensaje de sus obras, pedazos de realidad física, cosas
simples de la vida cotidiana como una llave o un pedazo
de cinta que ponen una nota de indudable feminidad y
calor humano en la superficie de la obra. Porque su
mundo se basa en la poética de los aspectos sencillos de
la vida, en los que no está ausente el enigma para quien
sabe ver más allá de la superficie aparente. Llenas de
sorpresas, ternuras y misterios estas obras revelan un
fructífero dominio de la técnica que lejos de regodearse
en su posible perfección es utilizada en función de la
voluntad de comunicar.
Estrechemos entonces esta mano amistosa y cálida de
Laura, capaz de vencer las distancias físicas, para
reconocernos nosotros mismos como parte fundamental de
una cultura con matices diversos, pero de la que
formamos parte de manera inequívoca y que la
sensibilidad y el arte nos hace reconocer en nosotros
mismos. |