Año IV
La Habana
Semana 25 de JUNIO
1 de JULIO
de 2005

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Puerto Rico tan cerca de La Habana
José Loyola La Habana


El XIX Festival Internacional Boleros de Oro dedicó con gran satisfacción esta edición del 2005 a homenajear la música de la hermana Puerto Rico y a algunos de sus compositores, aquellos que en distintos períodos históricos de su quehacer musical residieron en Cuba o establecieron vínculos muy estrechos con la música cubana y sus creadores, intérpretes y público cubano.

La canción y, más específicamente, el bolero puertorriqueño, en la pluma y las voces de sus grandes artistas, dejaron una huella imborrable en la cultura musical cubana.

Este Festival recordará a aquellos grandes creadores que enriquecieron nuestro patrimonio, y en profunda interacción recibieron la influencia de lo mejor de la música popular cubana. Entre esos gigantes del bolero debemos mencionar a Rafael Hernández, Pedro Flores, Daniel Santos, Bobby Capó, Mirta Silva y Tite Curet Alonso. Cada uno dejó una obra relevante que perdura como memoria histórica en nuestro país; baste mencionar algunos de esos temas: “Capullito de alelí”,  “Silencio” y Campanitas de cristal”, de Rafael Hernández; “Perdón”, de Pedro Flores; “Piel Canela” y “Juguete”, de Bobby Capó;  “El preso”, de Daniel Santos; “La Tirana”, de Tite Curet Alonso y   de Mirta Silva.

Conservamos frescas en nuestra memoria auditiva las magníficas interpretaciones, tanto de excelentes cantantes puertorriqueños de obras cubanas, como de destacadísimos artistas cubanos en versiones imperecederas de obras de autores puertorriqueños. Resuena en los ámbitos acústicos la voz del gran Benny Moré en “Perdón”, de Pedro Flores, o el Inquieto Anacobero en “Dos Gardenias”, de Isolina Carrillo, o Pacho Alonso en “Juguete”, de Bobby Capó, o La Lupe en “La Tirana”, de Tite Curet, o la Orquesta Aragón en “Silencio”, o Barbarito Diez en “Capullito de alelí”, ambas creaciones de Rafael Hernández.

Más recientemente se escuchan en nuestros medios de difusión masiva, versiones tan depuradas como “Son al son”, de César Portillo de la Luz, en la voz de Cheo Feliciano (quien nos visitó hace unos años), o “Un montón de estrellas”, de Polo Montañez, en la magnífica interpretación de Gilberto Santa Rosa, o “Tú mi delirio”  (Delirio), de César Portillo de la Luz, en la voz maravillosa de Andy Montañez, o —lo que es un himno entre nosotros— “Madrigal”, de Don Felo, en la extraordinaria voz de Danny Rivera.

Andy y Danny nos visitaron nuevamente. Han hecho caso omiso a presiones políticas y obstáculos de la burocracia imperial, la  misma que sojuzga a la nación puertorriqueña y obliga a sus ciudadanos a acogerse a las leyes coloniales norteamericanas.

Los nexos entre el bolero cubano y el bolero puertorriqueño están sembrados profundamente y  han echado raíces sólidas de donde ha crecido un árbol, cuyos frutos se enriquecen y producen  infinitos aromas y sabores sonoros que deleitan cada vez más los exigentes gustos de cubanos y puertorriqueños.

Cuando se habla de bolero, los vasos comunicantes entre nuestros dos países crecen. No puede ser de otro modo. El público cubano lo sabe. No es casual que cada gala puertorriqueña haya sido una detonación de legítimos afectos.  

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