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El XIX Festival Internacional Boleros de Oro dedicó con
gran satisfacción esta edición del 2005 a homenajear la
música de la hermana Puerto Rico y a algunos de sus
compositores, aquellos que en distintos períodos
históricos de su quehacer musical residieron en Cuba o
establecieron vínculos muy estrechos con la música
cubana y sus creadores, intérpretes y público cubano.
La canción y, más
específicamente, el bolero puertorriqueño, en la
pluma y las voces de sus grandes artistas, dejaron
una huella imborrable en la cultura musical cubana.
Este Festival recordará a aquellos grandes creadores que
enriquecieron nuestro patrimonio, y en profunda
interacción recibieron la influencia de lo mejor de la
música popular cubana. Entre esos gigantes del
bolero debemos mencionar a Rafael Hernández, Pedro
Flores, Daniel Santos, Bobby Capó, Mirta Silva y Tite
Curet Alonso. Cada uno dejó una obra relevante que
perdura como memoria histórica en nuestro país; baste
mencionar algunos de esos temas: “Capullito
de alelí”,
“Silencio” y “Campanitas
de cristal”, de Rafael Hernández;
“Perdón”,
de Pedro Flores; “Piel
Canela” y “Juguete”,
de Bobby Capó; “El
preso”, de Daniel Santos; “La
Tirana”, de Tite Curet Alonso y de
Mirta Silva.
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Conservamos frescas en nuestra memoria auditiva las
magníficas interpretaciones, tanto de excelentes
cantantes puertorriqueños de obras cubanas, como de
destacadísimos artistas cubanos en versiones
imperecederas de obras de autores puertorriqueños.
Resuena en los ámbitos acústicos la voz del gran Benny
Moré en “Perdón”,
de Pedro Flores, o el Inquieto Anacobero en “Dos
Gardenias”, de Isolina Carrillo, o Pacho
Alonso en “Juguete”,
de Bobby Capó, o La Lupe en “La
Tirana”, de Tite Curet, o la Orquesta
Aragón en “Silencio”,
o Barbarito Diez en “Capullito
de alelí”, ambas creaciones de Rafael
Hernández.
Más recientemente se escuchan en nuestros medios de
difusión masiva, versiones tan depuradas como “Son
al son”, de César Portillo de la Luz, en
la voz de Cheo Feliciano (quien nos visitó hace unos
años), o “Un
montón de estrellas”, de Polo Montañez,
en la magnífica interpretación de Gilberto Santa Rosa, o
“Tú
mi delirio” (Delirio), de César
Portillo de la Luz, en la voz maravillosa de Andy
Montañez, o —lo que es un himno entre nosotros— “Madrigal”,
de Don Felo, en la extraordinaria voz de Danny Rivera.
Andy y Danny nos visitaron nuevamente. Han hecho caso
omiso a presiones políticas y obstáculos de la
burocracia imperial, la misma que sojuzga a la nación
puertorriqueña y obliga a sus ciudadanos a acogerse a
las leyes coloniales norteamericanas.
Los nexos entre el bolero cubano y el bolero
puertorriqueño están sembrados profundamente y han
echado raíces sólidas de donde ha crecido un árbol,
cuyos frutos se enriquecen y producen infinitos aromas
y sabores sonoros que deleitan cada vez más los
exigentes gustos de cubanos y puertorriqueños.
Cuando se habla de bolero, los vasos comunicantes entre
nuestros dos países crecen. No puede ser de otro modo.
El público cubano lo sabe. No es casual que cada gala
puertorriqueña haya sido una detonación de legítimos
afectos. |