Año IV
La Habana
30 de JULIO -
 5 de AGOSTO
de
2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

LIBRO DIGITAL

GALERÍA

LA OPINIÓN
LA CARICATURA
LA CRÓNICA
MEMORIAS
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

En tiempos de renacimientos
Isabel Monal La Habana
 


Hace diez años, en plena ola conservadora y contrarrevolucionaria planetaria, conmemorábamos el centenario del compañero de armas de Carlos Marx. Entonces, la reacción internacional celebraba jubilosa, junto con el colapso del socialismo esteuropeo, la muerte de Marx y de su concepción revolucionaria. Era, claro está asimismo, la señal de defunción histórica de su amigo entrañable. En el increíble corto lapso de tiempo histórico de solo una década el mundo parece otro. Los ilusionismos de un capitalismo siempre vital y eterno se desmoronan, la genuflexión ante los poderosos del planeta también parece pasar de moda. La realidad de la explotación y la pobreza indetenibles despierta conciencias y señala el ineluctable camino de la lucha permanente. Carlos Marx y Federico Engels, parecen resucitar de una muerte que nunca existió. Y en la América nuestra de Bolívar y Martí nuevos vientos de esperanza parecen imponerse a la resignación y el desaliento.

Solo dos lustros atrás, hasta una buena parte de la izquierda, entonces debilitada y arrinconada, creyó que el marxismo y el leninismo habían caducado, y desde los horizontes progresistas más variados se creía que las nuevas luchas revolucionarias que vendrían se llevarían a cabo sin los aportes y las concepciones de aquellos dos grandes revolucionarios. Recordar hoy a Federico Engels es una forma más de continuar la batalla por la vigencia del marxismo y por la necesidad impostergable de continuar su desarrollo creador y su adecuación a los nuevos tiempos.

Engels, el cofundador del marxismo no creyó nunca, como tampoco su amigo, que la concepción por ellos elaborada fuera una obra acabada y sin fallas. Muy por el contrario, pasaron buena parte de sus vidas en enmendar, enriquecer y modificar sus ideas a la luz tanto de las experiencias del movimiento obrero, y revolucionario en general, como de los nuevos saberes y ciencias que florecían en su época. Engels fue en este empeño analítico particularmente severo, y son bien conocidas sus observaciones y autocríticas durante los últimos de su vida, cuando ya Marx no estaba junto a él. Ambos dedicaron sus vidas de intelectuales a la lucha por los oprimidos y explotados de la tierra, y a poner sus esfuerzos teóricos y saberes en función de las exigencias de esas luchas. Fue también al final de su vida que Engels se convirtió en inestimable consejero político de los innumerables revolucionarios de diversas latitudes que acudían a él en busca de sus apreciaciones, evaluación de situación y guías de acción. La correspondencia y los testimonios de sus contemporáneos dan amplia prueba de todo ello. Junto a Marx, cuando este vivía, sentó las bases de una tradición esencial a la vida misma del movimiento revolucionario: el político y el teórico que actúa  en un haz unitario de creatividad.

Hoy Marx y Engels están más cercanos que nunca, porque nunca como ahora ha sido el capitalismo tan voraz y destructor. Es ahora que el imperialismo parece haber alcanzado cimas de horror: del horror silencioso de los que mueren de hambre y enfermedades y del horror de las armas. Tratar de marginar o negar el marxismo y el leninismo, como todavía intentan algunos en las filas progresistas, es renunciar a un arma y un instrumento imprescindible en las luchas contra la barbarie imperial y por la emancipación de los explotados.

Hoy asistimos a un alza del movimiento popular y revolucionario en América Latina, y también de un incipiente y tímido renacer del marxismo. No obstante, el viejo fantasma que más de una vez ha querido desvalorizar los aportes revolucionarios en la teoría y en la práctica de Engels ha vuelto también a despertar.

Sin duda, en el incipiente renacer que ahora observamos, Engels recibe, como antaño, los peores embates de la crítica y el rechazo. No es nuevo. La demonización de Engels ya ocurrió en vida de ambos luchadores. Por aquellos años del siglo XIX se le responsabilizaba de haber “desviado” a Marx del buen camino, de interesarlo en la economía política y el comunismo, frustrando, así, la perspectiva de una brillante carrera de profesor de filosofía. Después del triunfo de la Revolución de Octubre y cuando el estalinismo se amparó de buena parte del pensamiento y del quehacer de los movimientos revolucionarios, Engels ha sido culpado, directa o indirectamente, del mal rumbo que había tomado la teoría de Marx.

La obra de Engels, como la de Marx o Lenin, no está exenta de errores e insuficiencias. Pero el intento de expulsar al cofundador del marxismo, quien tantas veces se anticipó con su aguda mirada al propio Marx, no parece ser un sabio camino para las luchas revolucionarias de hoy. En el fondo sería ir a la batalla con armas melladas, y las tareas de la emancipación no pueden renunciar al marxismo en su integralidad, ni al invaluable legado del gran pensador revolucionario que fue Federico Engels.

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600