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En el libro Los caminos del guerrero, queda claro
quienes son los compinches de fechorías de Luis Posada
Carriles, aunque en algún momento dice que él no le
cuenta sus planes a sus amigos y familiares, se
evidencia que sin su apoyo no hubiera podido fugarse de
la cárcel en Venezuela, el 18 de agosto de 1985.
Francisco Pimentel, un comerciante de nacionalidad
venezolana, de origen cubano, con fuertes vínculos con
la DISIP, en los años en que Posada Carriles trabajaba
para esa institución, hoy se mueve libremente entre
Caracas, Miami y otros destinos, se reúne con Luis
Posada y sus peones en la Florida, y sirve en Caracas de
financista de Joaquín Chaffardett, abogado y vocero
autorizado por Posada para representarlo en Venezuela.
El aumento de la actividad internacional de Francisco
Pimentel visto en restaurantes de Caracas, Miami y Nueva
York, está relacionada con el caso Posada Carriles.
Entre sus invitados se encuentran connotados agentes de
la CIA, terroristas anticastrista de vieja data,
periodistas, opositores venezolanos al Gobierno de
Chávez y ex militares venezolanos residentes en La
Florida, casi todos del grupo de oficiales que se
alzaron en la Plaza Altamira.
La relación de amistad entre Posada Carriles y Francisco
Pimentel comienza hace varias décadas, en el libro
Los caminos del guerrero, su autor reconoce a un
gran amigo, el incondicional Paco, es mencionado en
varias ocasiones por Posada en el libro. A continuación
una breve muestra de las referencias que hace de
Francisco Paco Pimentel y demás personajes que
reconocerán hoy están incursos en pública y abierta
actividad conspirativa contra el actual Gobierno de
Chávez en Venezuela:
Les he preparado para el almuerzo una gallina hervida
con verduras; con ellos viene mi hermano y amigo Paco
Pimentel. Paquito siempre me visitó durante mis años de
cautiverio y también carga paquetes: chocolates, libros.
A ninguno de ellos le cuento mis planes (para qué
preocuparlos), aunque todos adivinan que pronto, algo va
a suceder…
Paco solo se toma el caldo del hervido y dice que está a
dieta; desde que lo conozco, está a dieta…
Me acuesto y trato de leer uno de los libros que me ha
traído Paco, pero a los cinco minutos estoy
profundamente dormido.
Tenemos un trato preferencial en lo que a comida se
refiere; una vez a la semana nos dejan entrar a los
almacenes donde guardan los víveres. Allí llenamos
nuestros canastos de cebollas, ajíes, verduras, arroz,
café, etc. Nuestros familiares solamente tienen que
traernos la carne; para mantenerla fría, tenemos el
pequeño refrigerador que me regaló mi amigo y hermano,
Paco Pimentel.
Paco me visita frecuentemente, me trae chocolates y me
consuela. Me da esperanzas, viaja mucho y siempre que
hace un viaje, me compra ropa; me cuenta cómo son los
trajes que me ha traído. En mi casa, desde hace años,
reposan trajes franceses y trajes italianos de Nueva
York, camisas y corbatas finísimas que, según la fe de
Paco, algún día me pondré.
El sábado llega mi primera visita: Nieves con mis hijos
Jorge y Janet. Los acompaña Paco Pimentel; les he hecho
un hervido de gallina, que todos comen y saborean sin
hablar mucho.
La tristeza y la pena acompañan siempre estas visitas. A
las doce del día, después del almuerzo, llega Hermes
Rojas, quien ya es comisario de la DISIP. Sin embargo,
me visita frecuentemente, sin importarle las
consecuencias que pueda acarrearle a su carrera. Cuando
me pregunta ¿cómo estás?, yo le respondo en forma de
broma:
—Aquí preparando mi otra fuga.
Otra vez el hervido de gallina. Con frecuencia me
visitan Paco Pimentel, mi querido amigo y hermano;
Joaquín Chaffardet, Nelly, Pedro, el comisario Hermes
Rojas, mi buen amigo Pepe Quijano, Félix, la señora del
gallego López Franco, que es como de mi familia: traen
comida, chocolates, libros; transcurre el tiempo y
también mis planes. La fuga es difícil, tiene pocas
posibilidades, pero habrá que arriesgarlo todo.
Otros amigos de los que no habla en el libro pero que
aparecen vinculados a la fuga son el abogado Ricardo
Koesling, quien lo ha dicho públicamente; Salvador
Romaní, hoy prófugo de la justicia venezolana en Miami,
y Pepe Vázquez, ex comisario de la DISIP, de origen
cubano, que reside, actualmente en la ciudad de Miami.
El grupo de “apoyo legal” creado en Venezuela por si
ocurre la extradición de Posada Carriles es monitoreado
directamente desde una oficina que se encuentra situada
en el Centro Comercial Tamanaco, piso 5, perteneciente
al abogado golpista-fascista Ricardo Koeslig. Allí se
reúnen militares golpistas, políticos, Salvador Romaní,
(hijo), y otros miembros del llamado “Bloque
Democrático” que serían quienes darían sustentación
política a la defensa de Posada si es sometido por la
justicia venezolana.
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