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Caso Roquetas: Muerte
Natural
El
diario español El País no solo es generoso a la hora de mentir ―tanto
como especialista en ocultar la verdad― sino que resulta émulo de
Cantinflas, cuando salta sobre lo evidente para dejar a sus lectores en
Babia... esto es, menos informados que antes de abrir sus páginas.
Ejemplo es el artículo “Investigación del Caso Roquetas”, del 10 de agosto
pasado sobre la muerte de Juan Martínez Galdeano a manos de la policía
española. Los bajantes de este artículo son geniales: “Los forenses apuntan
que la fractura del esternón causó la muerte del detenido” y “Un nuevo
informe descarta que la rotura, que provoca asfixia, ocurriera durante la
reanimación”. Pareciera una noticia, solo que lo más importante permanece a
la sombra, pese a toda la evidencia: y es que no se dice en el titular, ni
en los bajantes, ni en ningún otro lugar, que la muerte de Galdeano se debe
a la brutalidad policial ejercida contra él.
Encima, veladamente pretende revivir la tesis de que Galdeano murió por una
mala práctica de la maniobra de resucitación ejecutada por los sanitarios
del cuartel, al citar fuentes que consideran “casi” imposible que la
maniobra provocara la fractura del esternón de la víctima, causa del
fallecimiento. Y es que “casi” imposible no implica imposible del todo, y
ahí se va dejando una puerta abierta...
Resultaría delicioso, si no fuera macabro, la manera en se describe el modo
en que se produjo la fractura fatal: “por la caída de varios guardias sobre
el pecho” de la víctima. Pero, ¿cuántos son “varios guardias”? y ¿por qué
cayeron sobre el pecho de Galdeano? ¿Acaso resbalaron y fueron a dar
accidentalmente allí?
El informe forense afirma que el golpe que recibió Galdeano fue “de una
fuerza desmesurada”. Los agentes reconocen que lo redujeron e inmovilizaron
en el suelo, es decir, se le tiraron encima violentamente ―cosa que no dice
El País― y lo mantuvieron así durante ¡veinte minutos! Uno de los
guardias admite que le oprimía contra el suelo con su pie.
Solo después de al menos veinte minutos de la víctima inmovilizada en el
suelo con varios guardias “caídos” sobre su pecho ―que pudo ser más tiempo,
pues lo que sí es “casi imposible” en esas circunstancias es que alguien
mirara un reloj y calculara el tiempo transcurrido― los guardias ven que
Galdeano no respira, llaman a los sanitarios... y luego surge la tesis de
que la maniobra de resucitación fue mal ejecutada.
Galdeano en vida era agricultor, lo cual supone un individuo de gran
resistencia física y más si, como es el caso, su estatura era de 1,86 metros
y pesaba 107,5 kilogramos ―unas 236 libras. A alguien así es “casi
imposible” provocarle una fractura de esternón solo por “caerle encima”
varios guardias. Hace falta, además, una gran golpiza. ¿O alguien creerá el
cuento de que el guardia aquel, “con su pie” solo “le oprimía contra el
suelo?” ¿No será que le oprimió contra el suelo repetidas veces,
violentamente, o sea, dándole una soberbia pateadura?
De momento, los uniformados implicados en el asesinato permanecen en
libertad y, oficialmente, la causa de su muerte fue una “insuficiencia
respiratoria o cardiorrespiratoria aguda (síndrome asfixiático general)”.
Todo ello recuerda aquel son: Camilo Manrique falleció, plantación adentro
camará. Y tal como el personaje de la canción, Juan Martínez Galdeano murió
de muerte natural. Sí, porque como reza la letra: después de una tunda de
palo, lo más natural es que se muera.
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