|
HURRICANE
Era un
presidente que estaba de vacaciones. Siempre.
Incluso
el lunes en la
mañana,
cuando un huracán avisado se
estrelló contra su costa.
El huracán llegó, cruzó y
destrozó –por cierto, muy lejos de donde descansaba el vacacionista
presidencial, que se reponía de las tensiones que le produjeran anteriores
descansos. Cinco días después, resignado, el presidente
suspende sus vacaciones –de las cuales acumula un récord sin precedentes– y
declaró: “Estaremos a la altura de las circunstancias” y “ayudaremos a las
personas que necesitan ayuda”. Nótese el uso de un futuro impreciso,
“estaremos” y “ayudaremos”. Es el recurso de todo demagogo que se precie...
la promesa... Pero los miles de damnificados sufren su desgracia en
presente, hora a hora, segundo a segundo.
Entonces sube al
helicóptero presidencial, y se da una
tournue por la zona afectada, la cual apenas se atreve a
apreciar... desde lejos... desde arriba...
“Hay gran cantidad de ayuda que será –persiste en su
desface temporal el presidente– enviada a los damnificados.”
Y esto es lo que sucede:
helicópteros con agua y alimentos tratan de aterrizar allí. Al no lograrlo
–por el apiñamiento de una multitud desesperada tras días de ser abandonada
a su suerte–, los soldados dejan caer los bidones de agua y alimentos desde
unos tres metros de altura. Los envases estallan contra el suelo,
desperdiciándose toda el agua.
Entonces, para
restablecer el orden, 7 000 miembros de la Guardia Nacional son despachados
al sitio del desastre. El teniente general Steven Blum declaró que se ellos
“son muy eficaces en el uso de una fuerza letal”. Justo lo que se
necesitaba...
En medio de la tragedia,
otro desfasado –en
www.libertaddigital.com– auguraba: “No se tiene noticias aún
sobre víctimas mortales pero, en el caso de que desgraciadamente las haya,
es seguro que no serán demasiadas”. No obstante, y por declaraciones del
alcalde de la ciudad desolada, se sabe que las víctimas fatales se cuentan
por centenas, tal vez millares.
Ese desfasado, insistía:
“La prosperidad de los ciudadanos estadounidenses ha facilitado que se
produzca una evacuación masiva en muy poco tiempo”. Esa “evacuación masiva”
solo existió en su imaginación, a no ser que se pretenda hacer pasar por tal
la única orientación que recibieron los ciudadanos amenazados: “¡Huyan!”.
Pero huir es pedir
demasiado a una población de la cual el 30% vive en la pobreza.
Y atender las necesidades
de los pobres quizá sea también pedirle demasiado al gobierno del país
responsable del 25% de la expulsión mundial de los gases de efecto
invernadero, causantes del calentamiento global, uno de cuyos efectos
inmediatos es el aumento de la frecuencia de los huracanes y su
recrudecimento.
Científicamente está
demostrado que lo único que cabe esperar es que habrá más y más y peores
huracanes.
Y que el presidente
seguirá de vacaciones.
|