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PARÍS NO ES UNA FIESTA
Más de 2 000 personas han sido arrestadas, de ellos al menos 73 menores de
edad. Ya 260 se encuentran cumpliendo alguna condena en prisión y el resto
está a la espera de ser procesados. Sobre ellos el Ministro del Interior
francés, Nicolás Sarkozy, ha declarado: “Lo mantengo y lo afirmo: son
gentuza y maleantes”.
Lo que no ha dicho es que esa “gentuza” no poseía ninguno de los más de 6
000 vehículos incendiados durante la rebelión parisina. No poseía esos
vehículos ni ninguna otra cosa. Son los que viven en los ghetos, los
excluidos del sistema educativo, los que no tienen trabajo ni pueden
siquiera alquilarse un apartamento porque son negros o parecen árabes, las
mismas y únicas razones por las cuales a menudo sufren arbitrarios y
humillantes controles policiales.
El gobierno francés, para reprimirlos, proclamó ahora el “estado de
urgencia”, basándose en una Ley que data de 1955, establecida para ahogar la
rebelión independentista en su entonces colonia argelina. La Ley es la
misma, la reacción gubernamental es la misma. Los reprimidos son los mismos
también.
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