Año IV
La Habana

3 - 9 de DICIEMBRE
de
2005

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MANUEL LÓPEZ OLIVA:
Un artista con visión de argos

Paquita Armas Fonseca La Habana
Fotos: Cortesía del artista


Manuel López Oliva pinta a veces en su casa cuadros de dimensiones menores a los que realiza en Mercaderes número 2 donde, no  se sabe por qué sortilegio, aún está en pie su estudio.  Cuando este hombre de vastos oficios se queda en su apartamento, junto a una computadora que usa y no entiende, desbroza el camino para alguna de sus máscaras.  Allí, en una estrecha habitación con una envidiable ventana
menos en días de huracán hace y deshace su mundo plástico singular. A la par puede dialogar de estética, política, construcción,  religión, cocina, cine, en fin, cualquier  área de conocimiento humano. Pero su más intensa pasión, la de siempre,  es la pintura:

Bajo el título Manuel López Oliva: Cuba y el teatro del deseo, se exhibió una muestra  en el Bates Museum of Art de Lewiston, en EE.UU., hace dos años. ¿Cómo fue la recepción de tu obra en esa institución y en esa ciudad?

Sí, ya han pasado casi dos años. Se inauguró en octubre del 2003. Pero cuando se trata de sitios importantes, donde las  exposiciones se preparan con meses de anticipación—tanto en los aspectos curatoriales, como en los de montaje y promoción — dos años entre una y otra  no es demasiado tiempo. Aquella muestra en el  Bates Museum de Lewiston, Maine, estuvo fraguándose durante más de doce meses, pues era mi entrada en grande (aunque ya había participado en muestras colectivas en ese país) al circuito de exhibición de Artes Visuales de EE.UU. No se trata, en las dos ocasiones, de exponer en una galería de segunda clase, que con tal de vender “mercancía artística fresca”, hasta improvisan las exposiciones y muestran a cualquiera que les resulte una propuesta  prometedora comercialmente.  La presencia de mis creaciones allá, del 2003 al 2004, y próximamente, se inscribe en una perspectiva de exigencia, valoración estética y seriedad institucional inherente a  museos y centros de arte que abarcan la diversidad del quehacer plástico de nuestro tiempo.

El público contempla la obra "Boceto para baile de máscaras" (2000)
durante la exposición de López Oliva en The Bates Museum of Art,de Estados Unidos

Y para no caer en el “autobombo”, tan extendido en el medio social y cultural cubanos, señalaré escuetamente algunos de los efectos que tuvo Cuba y el Teatro del Deseo, es decir, la exhibición anterior, en el Estado de Maine. Como  no pude asistir entonces, ni podré  ahora —por absurdas negativas de permiso de entrada allá a los artistas cubanos reconocidos, lo que se está convirtiendo en “norma”supe que desde el día inaugural las obras expuestas atrajeron el interés de especialistas y  diferentes públicos que las contemplaron. Para ellos constituyó una sorpresa, pues en el norte de EE.UU. no era frecuente el contacto con nuestra pintura  actual. Allá conocían solo grandes maestros de Cuba, ya fallecidos, además de los tres o cuatro  nombres fuertes de pintores criollos vivos que se fueron a radicar en aquella nación, y algunos de los nuestros dedicados al ejercicio de poéticas no-objetuales,  instalativas o de abierto cuestionamiento contextual. Les resultaba “raro” y a la vez “atrayente” enfrentarse a una veintena de obras de un artista que no vieron personalmente, en su mayoría de formatos mayores, con una visión nueva de lo pictórico, eclécticas, sin apego a  corrientes tradicionales-cubanas de la modernidad, y donde el lenguaje personal y la expresión del sentido se proyectaban hacia distintas lecturas y maneras de asumir el arte. Aparte de la aceptación por  los críticos, la prensa, la televisión, los curadores y los artistas que estuvieron en contacto con mis imágenes, hubo positiva reacción de los coleccionistas y  otras personas (profesores y estudiantes universitarios, sobre todo) que  convirtieron  los  cuadros en objeto de estudio y reflexión dentro de asignaturas humanísticas. Existió  la iniciativa por parte del Departamento de Educación Artística del Bates College y  la gobernación de dos ciudades de Mainede que los niños de las escuelas primarias asistieran sistemáticamente a la exposición  y luego realizaran trabajos de clase acerca de lo que les había inspirado cuatro de las obras. La recepción fructífera que tuvo mi pintura  mostrada en Lewiston, sirvió de base a un proyecto de expansión  que tendrá su segundo momento significativo en la exhibición de  New Haven.

Manuel López Oliva: Cuba, Mito y Mascarada, es el título de la muestra que se exhibirá en The Center Contemporary Art  John Slade Ely House, de New Haven.  ¿Bajo qué presupuestos está concebida esta exposición, atendiendo a lugar, fecha, y siendo la segunda ocasión que te presentas allá en soledad?

Fue precisamente la buena impresión dejada por mi anterior exposición de Maine, la que propició el interés del Sr.  Paul Clabby, director del importante Centro de Arte Contemporáneo de esa Ciudad del Estado de Connecticut, por mis realizaciones pictóricas. La curadora de la exhibición, Dra. Lillian Guerra, logró un acuerdo para exhibir mi obra entre el Ely House y la Universidad de Yale, que copatrocina la muestra en función de sus intereses académicos y dentro de un proyecto de presentación de temas significativos del arte, la cultura y la realidad actual del Caribe y América Latina. La exposición, que sobrepasa la cantidad de piezas exhibidas en la anterior e incluye cuadros del 2004 y 2005, quedará inaugurada a comienzos de enero y se cerrará a mediados de marzo del venidero año. Aparte de las obras, contará con la proyección regular del video de arte Paradojas del deseo, concebido a partir de mi pintura por el realizador cubano Juder Laffita. A su vez, existirá un programa complementario que incluirá conferencias sobre mi obra y acerca de una posición no complaciente de la plástica cubana de hoy, además de visitas dirigidas destinadas  especialmente a los estudiantes, profesores y estudiosos de Yale. Se trata de un nuevo sumando en el propósito de dar a conocer en  la sociedad norteamericana el lenguaje artístico que me caracteriza, y abrir así  canales para acceder de modo más o menos estable a un mercado de rigor, distante de la simple predilección por lo hedonista o lo snob, de las “marcas generacionales” o los precios apropiados para los “revendedores” llegados a tierra cubana con disfraces disímiles.

Máscara escénica, 2005
acrílico/tela. 30 x 24 cms

De nuevo el teatro, las máscaras… ¿por qué?

Debo empezar diciéndote que lo teatral y las máscaras no son para mí simples temas que uso valiéndome de lo característico de mi estilo. Hay quienes parten de una reiterada manera de hacer, del personal manejo de  ciertos medios sintácticos del oficio plástico, y con ello pueden abordar —como es común al ilustrador de revistas  y  libros— diversos “contenidos” y temas. Pero ese no es mi caso…En lo que concibo existe una orgánica fusión de significado y estructura formal, de referente y expresión, de figuración y procedimiento creativo. De ahí que la teatralidad y la mascarada constituyan ingredientes de un lenguaje visual, complejos semánticos encarnados en un “macro-tema” que se manifiesta en relación con otras posibles temáticas, cuerpos de una problemática humana multilocalizada y sin tiempo. Por eso, considero al teatro más allá del “arte de la escena” y del lugar donde se actúa. Lo entiendo como un equivalente simbólico de la historia o, como he dicho en otras ocasiones, una metáfora de la vida misma. Y dentro de esa poética, las máscaras desempeñan los roles  personales, las acciones protagónicas, la función de los arquetipos y hasta la condición de dobles o espejos de los propios espectadores.  Lo que pinto no es otra cosa que mi visión de los dramas y las tragedias, monólogos y comedias  reales  e interminables….., como interminables y concretos  son el mito, la simulación y el enmascaramiento.

También es bueno aclarar que mis máscaras no son solo aditamentos que se colocan sobre el rostro, sino los propios rostros con sus singulares geografías de cicatrices y señales del deseo, el orgullo, la alegría, el dolor y la muerte. En mis figuraciones está sintetizada una extensa  presencia de estas en  actividades, culturas y estamentos sociales de los hombres. Históricamente han existido máscaras que afirman la fuerza y el poder, así como otras destinadas a las funciones míticas, alegóricas,  festivas  y memoriales. La identidad resulta, a veces, una máscara. No solo se ha usado la máscara para ocultar y cambiar el rostro, sino que igualmente lo ha sido para el cuerpo: el tatuaje es máscara corporal.

 Todos los atributos y simbolismos del acto de enmascararse me han servido para desplegar mis “documentos”  teatralizados sobre la conducta y las acciones.  Todavía hay mucho que revelar al respecto.

Algunos estudiosos opinan que para aprehender tu obra se necesita información, y más que ello, cultura, por la fusión que logras entre la cultura clásica y la actualidad. ¿Es tu intención hacer una pintura así o “es como sale desde dentro de ti”?

Toda creación artística verdadera expresa a  quién la produce, tenga o no el autor conciencia de ello. Como soy un individuo dado también a las labores del intelecto, y por contar con una cultura “del ojo” y un pensamiento que se ha nutrido de informaciones disímiles, mi obra se fundamenta en códigos cultos. En términos populares y comerciales puede resultar más fácil lograr la  aceptación  de imágenes simples y con sentido único, pero hacer lo que no tiene que ver conmigo, sería traicionarme y traicionar, por tanto,  a los espectadores.

Siempre he manifestado  mi adhesión a las ideas y al espíritu de Martí. No sé si porque nací un 19 de mayo o porque he creado mis pinturas en una edificación de la Habana Vieja (que hoy peligra con derrumbarse) en la cual trabajó el Héroe Nacional Cubano. Martí  dijo una vez que “los juicios de lo pasado son códigos de lo futuro”. En consonancia con esto, te diría que en la concepción matriz de mis visiones existe la constante transformación de lo histórico y  la cultural  en recursos de expresión necesarios. Simultáneamente hay  un lenguaje que  interioriza  la dinámica conceptual de la contemporaneidad.  Así, lo clásico (sea antiguo o de  períodos posteriores), por servir de modelo y trascender en el tiempo, deviene uno de los  medios para la conformación visual de mis expresiones.  Esto me conecta, además, con la combinación de influencias  artísticas derivadas de épocas diferentes, que ha sido parte del mejor legado posmoderno.

Retrato del natural, 2005
acrílico/tela.80 x 60 cms

¿Cuál es tu mejor público? ¿Por qué?

A  diferencia de las artes del espectáculo, el cine para espectadores  estandarizados y la televisión, las denominadas Artes Plásticas o Visuales—con la diversidad de géneros, transgéneros y modos que hoy concurren en ellas― no se producen a partir de un determinado nivel de aceptación o decodificación del público. Prácticamente, en este campo  existen  tanto tipos de público como manifestaciones tradicionales o renovadoras hay. Solo ciertos especialistas, curadores, críticos y “amantes” de lo artístico están en condiciones  de percibir como se debe, de entender y disfrutar de una manera plural, tan vasto “universo” de propuestas.

He notado que mis realizaciones llegan a varios de esos públicos. Por suerte, pueden percibirse en su aspecto formal y cromático, apreciar solo “su cáscara”, lo que les permite satisfacer gustos hedonistas, deseosos de una equilibrada armonía. E igualmente se las ve en lo que  representan o sugieren en planos sensoriales, literarios y eróticos. Pero están también las lecturas integrales, más específicas e informadas, que pueden asomarse “tras bambalinas” y detectar los numerosos signos y las referencias que actúan en cada obra. Y no son pocas las personas que caen en la trampa de mis operaciones paradójicas: ven en la imagen lo que parece ser y no lo que realmente es.

No me decido, por eso, por un público único. Considero que el carácter complejo y a la vez abierto de mi pintura se destina a distintos públicos, que tienen la opción de percibirlas en correspondencia con sus predilecciones, sensibilidad, vivencia, formación cultural o información especializada. Cada persona  cuenta con  la posibilidad de asignarles a las obras los sentidos que considere adecuados.

Y si por todo lo dicho puede  parecer que estoy  afiliado a una “estética relativista”, en verdad no hago más que proyectar, mediante una concepción poliédrica del hecho plástico, un amplio campo de significación.

¿Acaso las características de tu pintura no hacen que existan desavenencias con respecto a tu obra  en el matrimonio arte-mercado?

Desde hace ya bastante tiempo Marx descubrió una regularidad de las producciones destinadas al mercado: “el fetichismo de la mercancía”. Se trata de la enajenación del producto respecto del productor y la dominación de este por lo que produce, lo que también tiene lugar en tipos de arte cuya  finalidad primordial es la comercialización. Así, la reiteración de una fórmula de oficio y el manejo de significantes  plásticos  de éxito, en artistas que se adaptan a géneros convencionales o serializan imágenes complacientes y atractivas a los compradores, constituye el comportamiento más frecuente en  firmas de la plástica que responden  al negocio. Y, por desgracia, tampoco la plástica cubana  es ajena a semejante distorsión  de la creatividad y la  función del hecho artístico.

Por tener conciencia de ese y otros peligros de la mercantilización, evito la iteración y la monosignificación en mis pinturas. Trato de que cada cuadro sea “familia” de los demás, pero nunca una copia o solo variación de los anteriores. Construyo cada pieza como unidad autónoma, imagen que responde a un problema específico, y obra orientada a fines culturales y no exclusivamente a  solicitudes de mercado. La dedicación a un arte de pensamiento, donde la multiformidad de la vida se expresa mediante escenas, tipos y máscaras muy diferentes, me aleja  del  artista que hace de los valores materiales y del  lucro una meta  rectora de su trabajo. Esa es una  de las razones  de las desavenencias a las cuales te refieres en la pregunta, y así mismo del divorcio que subyace, en mi caso, dentro del matrimonio arte-mercado. Tampoco estoy dispuesto, por elemental eticidad, a plegarme a las prácticas comerciales subsidiarias y dependientes (con ventas en ferias del exterior, subastas criollas y contratos de entrega periódica…), que también en nuestro país ya pautan sus ventas, promocionan las firmas y establecen los rangos de valor a partir de los intereses de supuestos coleccionistas foráneos, en su mayoría revendedores.

Suelo vender por necesidad  lo que hago, a quien pueda serle atrayente o comunicativo; pero no podría dedicarme solo a pintar lo que más se vende de cuanto he realizado.

A tu vocación y oficio de pintor unes múltiples aristas (profesor, crítico, investigador, promotor...). ¿Admites una participación indirecta de esos otros intensos amores en tu pintura actual? ¿Por qué?

Debido a la  formación que cuando niño tuve en el manzanillero taller de pintura de mi padre y por estar entonces muy cerca de la revista Orto (a 50 metros de mi casa), como consecuencia de recibir las improntas  de las tradiciones libertarias de mi región y a raíz de la sed de cultura que se acentuó en los revolucionarios años 60, se me desarrolló una personalidad abierta a varias disciplinas  humanísticas. Por eso desde los tiempos estudiantiles ejercí  labores distintas: de plástica, literatura, periodismo e investigación cultural. También he sido profesor de Pintura e Historia del Arte, y a la par de participar en la génesis de instituciones del sector, realicé crítica y promoción especializada en las expresiones visuales. El cine como objeto de análisis, tampoco quedó fuera de mis intereses… Hoy debo admitir que ninguna de esas acciones ha desaparecido completamente de lo que hago, puesto que se han sumado a mis  acervos y mecanismos de imaginación y reflexión. El periodismo me aportó la  inclinación a  estar informado y actualizado, así como la noción de síntesis en la formulación de las ideas. La crítica y la docencia de arte me ampliaron y profundizaron la capacidad de aceptar y comprender disímiles tendencias artísticas y tipos de artistas aparentemente contrapuestos. La investigación en la cultura me ha permitido apreciar el gusto y los intereses de las gentes, además de ciertos temas y símbolos que suelo usar en mis obras. El trabajo de promoción y mercado en entidades de  plástica constituyó, también, un espacio de aprendizaje para la definición del camino a seguir en la proyección de mis creaciones. Es así que “esos otros intensos amores” participan, de manera diversa, en mi pintura actual: en su gestación, elaboración,  tramado conceptual, interrelación con otros campos  y conversión en propuestas cultas. En cuanto a la influencia ejercida  sobre  la  poética que trabajo, te diría  que esas “múltiples aristas”  me han transformado en un artista con “visión de Argos”. Tanto se han tejido ellas en mi conciencia creadora y método plástico, que me ayudan a  concebir imágenes donde se integran memoria y presente, operar dialógicamente con los espectadores, jugar con la dramaturgia y la realidad, y asumir la crítica de lo histórico y la cultura desde la perspectiva universal del arte.

Cada día más se acuñan nuevas escuelas y tendencias en las artes visuales en Cuba y el mundo. ¿Dónde se ubicaría con más propiedad tu obra?¿Con cuáles artistas de esta época te identificas? 

Tanto el arte visual del mundo como el de Cuba, conforman hoy verdaderos “rompecabezas”. Es como si la conciencia artística global de nuestro tiempo —el comenzado siglo XXI, porque ya el XX es pasado— estuviera estructurada por numerosísimas líneas de creación (clásicas, tradicionales–modernas, no-objetuales, posmodernas…) e incontables propuestas individuales. Todas, en alguna medida, encarnan funciones instrumentales, sintácticas o semánticas en la contemporaneidad. Por eso, un artista que desee ser realmente actual en su espíritu y lenguaje, deberá liberarse de la manida mecánica de sustituciones y oposiciones de tendencias  practicadas por muchos artistas, útiles a ciertos críticos y curadores, productivas para determinados comerciantes.  

 

Ajax. 1999.
óleo/tela. 130 x 108 cms


Cuando se toman al azar algunos de mis cuadros o creaciones gráficas ― “Antígona”, “Monólogo”, “Ríe Payaso”, “Ajax”, “Boceto para baile de máscaras”, “Fuenteovejuna”, “Brand” , “Ícaro la máscara”, “Máscaras de baile”, “El pastor y la máscara”, o “¿Divina máscara?”— se advierte que en mi  hacer suelen conjugarse diferentes concepciones  del arte. Trabajo según un criterio desprejuiciado que me permite tomar lo que necesito para dar forma artística a la idea que se  visualiza en la mente. No temo por los resultados híbridos, combinatorios, porque provengo de una idiosincrasia nacional híbrida (“barroca” la han llamado Carpentier, Lezama Lima y otros pensadores) y porque la  experiencia vital  hizo de mí una personalidad también híbrida. Lo ahora  ecléctico del campo visual y de la información vívida del arte me sitúa, además, como un  pintor equidistante, por igual, de múltiples tendencias y nombres. Creadoramente estoy hasta desencajado de mi generación, puesto que por el enfoque de mi obra, las operaciones conceptuales que en ella se tejen y el carácter cuestionador que asoma frecuentemente en mis imágenes, tiendo a coincidir más con artistas del mundo o cubanos surgidos desde finales de los 80, que con los que hoy  tienen edades próximas a la mía o tuvieron su primer momento de labor profesional en el primer lustro de los 70. Es bueno recordar, además, que cada generación del arte cubano del siglo XX tuvo nombres que parecían distantes y raros, porque no concordaban con la concepción expresiva que unía a la mayoría. Bastaría  señalar, por ejemplo, a  Fidelio Ponce  y Antonia Eiríz, ambos verdaderamente singulares respecto de los indicadores estéticos más generales de las generaciones donde figuraron.

De hecho, lo que hago se coloca en una especie de “tierra de nadie “y a la vez “de todos”. Quizás sea eso lo que impide una clasificación generacional, de estilo o tendencia, y hasta genérica, de mi obra.  Posiblemente también es lo que torna mi itinerario paralelo, y no exactamente integrado a las etapas y parámetros que arman los esquemas de periodización del arte cubano más comunes en la historiografía al uso y en los museógrafos. 

Haber llegado a valorar de modo equivalente y sin superficiales dicotomías todo ese conjunto de concepciones y prácticas del arte, ha sido la base para que me identifique —como artista— con muchísimos autores y corrientes  nacidas en la pasada centuria, así como con lo que caracteriza a creadores y artesanos de otras épocas, y con  cineastas, teatristas, gente de ópera, escenógrafos, coreógrafos y  videoastas devenidos enriquecedores de la visualidad.

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