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Desde su
fundación en 1959 por Haydée Santamaría, la Casa de las
Américas ha auspiciado cientos de eventos que propician
el encuentro, intercambio y debate, entre escritores,
artistas, investigadores y estudiosos de todas las
manifestaciones del arte. La música no constituye
excepción. Por ello, desde el 28 de noviembre y hasta el
2 de diciembre sesionó en la prestigiosa institución la
X edición del Premio de Musicología.
Este evento, surgido
en 1979, es el resultado de una propuesta del músico y
compositor mexicano Mario Lavista, quien sugirió la
institución de un Premio que estimulara y reconociera la
investigación de la cultura musical del continente. La
idea fue acogida de inmediato por el doctor Argeliers
León, quien en aquel momento se desempeñaba como
director del Departamento de Música de la Casa de las
Américas. Así pues, corresponde al destacado
investigador cubano el honor no solo de ser el gestor
del Premio desde el punto de vista organizativo, sino
también el de haber establecido la concepción y la línea
que debía seguir este reconocimiento a lo largo de su
desarrollo.
El propio Argeliers
León, además de María Teresa Linares, Danilo Orozco y
Carlos Fariñas, entre otros prominentes investigadores
cubanos, latinoamericanos y caribeños, han enaltecido el
evento como miembros del jurado, el cual, además de
premiar la mejor entre las obras concursantes, coadyuva
a la publicación de la investigación laureada.
En la pasada edición,
celebrada en el 2003, resultó galardonado con el Premio
de Musicología Casa de las Américas, el doctor Juan
Pablo González, que junto al historiador Claudio Rolle
presentaron a concurso el trabajo titulado Historia
Social de la Música Popular en Chile. 1890-1950.
Según la conclusión
final del jurado en aquella ocasión, dicha obra
“presenta una minuciosa reconstrucción histórica y
social de la música popular en Chile, desde la música de
Salón en el siglo XIX hasta 1950. Paralelamente expone
los procesos de industrialización, masificación y
democratización de la música a partir del desarrollo de
los medios tecnológicos”.
La investigación
“traza por primera vez la historia de estos procesos en
Chile, al tiempo que abre la posibilidad de establecer
un abanico de comparaciones con la de otros países
latinoamericanos, y expone los circuitos de circulación
de los géneros protagonistas de la música popular”.
Finalmente, en su
acta concluyente el jurado puntualiza: “por el valioso
aporte de la información manejada e interpretación de la
misma, este trabajo establece un modelo potencial para
futuras investigaciones comparativas y analíticas”.
En la tarde del
pasado 29 de noviembre, como parte del programa de
actividades de la X edición del Premio de Musicología,
fue presentado, en la sala Che Guevara de la Casa de las
Américas, el volumen Historia Social de la
Música Popular en Chile. 1890-1950. Texto que por su
estructura y contenido resulta para el lector una suerte
de guía hacia lo que puede considerarse una historia
perfectamente equilibrada, dicotómica, exhaustiva y
sobre todo coherente, de la música popular en el país
andino.
Uno de sus autores se
encuentra de visita nuevamente en Cuba, en esta
oportunidad como miembro del Jurado del Premio de
Musicología. Se trata del doctor Juan Pablo González,
quien, como ganador del certamen en la pasada edición,
refirió en exclusiva para La Jiribilla: “Haber
obtenido el Premio de Musicología Casa de las Américas,
representa un gran honor que comparto con mi colega el
historiador Claudio Rolle. Este reconocimiento, por un
lado, instala nuestro trabajo internacionalmente. Un
trabajo que tiene que ver con la música chilena, pero
también con la presencia de la música latinoamericana en
Chile. Por lo tanto, es un trabajo que interesa también
en otras latitudes. Además, es una investigación que
intenta aportar un modelo de análisis, que coloca un
discurso sobre las músicas populares modernas, urbanas,
mediatizadas, que empezamos a considerar también como
patrimoniales dentro de América Latina. Asimismo, el
Premio, junto con darle mayor visibilidad internacional
a nuestro trabajo, nos permite legitimar lo que hacemos
y respaldar lo que hacemos en Chile, puesto que el
trabajo sobre estas músicas populares urbanas, híbridas,
cosmopolitas, también de márgenes, no son músicas que
tengan precisamente un prestigio en el ámbito académico,
o incluso, para el propio estado. De modo que un Premio
como este, tremendamente prestigioso dentro y fuera del
continente, es un respaldo a la labor, y señala una
dirección, al tiempo que contribuye a apoyar el trabajo
de tantos músicos anónimos, músicos de bar, músicos de
calle, músicos que han dado una vida completa para
instalar esta música en el cuerpo, en el corazón y en la
mente de las personas y que muchas veces no tienen el
reconocimiento que merecen.”
¿Qué le motivó
realizar una investigación acerca de una música, de la
cual usted mismo asegura que es más bien de frontera,
carente de prestigio en el ámbito académico, incluso,
para el propio estado chileno?
Sí, justamente
nosotros jugamos, si se quiere un poco, con el asunto en
cuanto a tratar de molestar a veces el estado de las
cosas. En cuanto a una Universidad, a un sistema
académico tan elitista que considera la música de
concierto, la música clásica como una música superior,
suprema, por un lado, y que desprecia las
manifestaciones reales de las personas, y, por otro
lado, frente a un folclorismo un tanto purista y
utópico. Pero considerando que todavía, digamos, el
pueblo latinoamericano es un pueblo prácticamente
analfabeto, que se mueve solamente por la cultura oral,
que no tiene contacto con la industria musical, con la
cultura de masas, con la tecnología, entonces, nosotros
jugamos un poco con esa situación. Quisimos molestar
también porque yo creo que una de las labores del
intelectual es molestar, es un poco incomodar, un poco
poner el dedo en la llaga, digamos hacer críticas. Pero
siempre buscando desarrollar el conocimiento y
perfeccionar lo que tenemos.
Entonces, nosotros
decimos: bueno, nos interesan las orillas, lo ilegítimo,
lo marginal, la frontera, instalarlo en el ámbito
académico y recibir un Premio tan prestigioso, tiene que
ver con esa idea de “molestar”.
Según la tradición de
este evento, usted, que fue el ganador del Premio de
Musicología hace dos años, participa en la presente
edición como miembro del jurado. Revestido con tamaña
responsabilidad, ¿qué opinión le merecen las obras
aspirantes al Premio en el 2005?
Estoy todavía un poco
imposibilitado de hacer demasiados comentarios sobre las
obras en concurso. De todos modos puedo adelantar
algunas generalidades, como que todas las obras son de
muy buen nivel, aunque ―como ocurre en todos los
concursos― hay unas mejores que otras. Los trabajos
vienen de una diversidad de países latinoamericanos y
cubren un espectro completo de la música, considerando
las músicas de concierto, antiguas, históricas,
coloniales, del siglo XIX, del siglo XX, las músicas
populares y la música de tradición oral.
Los conocimientos de
Musicología que posee Juan Pablo González ―alcanzados
primero en la Universidad de Chile, posteriormente en la
Universidad californiana de Los Ángeles y su desempeño
actual como Presidente de la Rama Latinoamericana de la
Asocicación
Internacional para estudios de la música popular en
América Latina― le permiten tener una visión bastante
abarcadora del comportamiento de esta disciplina en los
distintos países de nuestra región. ¿Podría entonces
expresar su punto de vista acerca del Premio de
Musicología y del Coloquio Internacional, que sesiona
paralelamente al Premio desde 1997?
Considero que el
Coloquio es una muy buena oportunidad para establecer
vínculos, establecer redes, conocernos mutuamente,
interactuar entre nosotros. Por su lado el Premio goza
de muy buena salud. Ha ido ganando participantes de una
manera asombrosa y también diversificando el campo de la
música. Esta es su X edición, somos cinco jurados de
cinco países distintos. Algunos nos conocíamos, otros no
y para nosotros es una especie de seminario que hacemos.
Estamos permanentemente reunidos, trabajando,
discutiendo, conversando.
Ser jurado es
realmente un seminario de postgrado. Muchas veces uno
lee un libro y no tiene con quién comentarlo, y ahora,
mientras trabajamos en la selección del mejor trabajo,
de la investigación que merece el Premio en el 2005,
estamos leyendo y estamos comentando inmediatamente con
nuestros colegas. Por todo ello, puede decirse que
realmente es una experiencia formadora para cualquier
investigador, una experiencia extraordinaria.
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