Año IV
La Habana

3 - 9 de DICIEMBRE
de
2005

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Presagios… ¿otro mundo emerge?
Hortensia Montero La Habana


Precedida por una amplia y exitosa trayectoria, la presencia de Roberto Fabelo en el Museo Nacional de Bellas Artes —cuando exhibe Un poco de mí, mayo de 2003— demuestra sus potencialidades como un genuino autor pleno de inquietudes creativas. Nos descubre el valor del objeto en sí mismo y su importancia como individualidad; lo potencia y lo sobredimensiona al propio tiempo que lo conjuga, en aras de lograr la concepción artística. Descubrimos a un hombre que pone su intelecto en función de desmarcarse de los pequeños formatos para componer instalaciones abarcadoras de un mayor espacio y conceptualmente más complejas. Este cambio de sensibilidad, junto a su empeño y entusiasmo al servicio del arte, le concede al artista una enriquecedora experiencia de búsquedas y hallazgos.

La propuesta actual —Mundos— desarrolla un continuo de sus preocupaciones ontológicas y reitera su marcado interés por los objetos. Existe una estrecha relación entre ambas exposiciones; es más, esta surge como una consecuencia natural de aquella. Quizás el mayor reto consiste en presentarlas tan cercanas en el tiempo,  sin que las soluciones defrauden las expectativas. Sin embargo, este proyecto es más agudo y atrevido con relación al anterior. Establece un proceso de continuidad por cuanto incorpora nuevas posibilidades experimentales de su trabajo, articulando una secuencia progresiva desde un múltiple y extenso registro.

El objetivo del artista es presentar las angustias del hombre moderno ante la sinrazón, sin imponer un único punto de vista: una reflexión sobre la amistad, el amor y la muerte; un pase de cuentas a la decadencia mundial. El autor sopesa cómo el mundo estalla de nuevo, cómo los valores están en crisis en una situación internacional muy inestable y turbulenta.

Fabelo ha demostrado una vocación ferviente por la exaltación de los valores humanos así como un profundo interés por develar la capacidad del arte para propiciar comprensión y conocimiento. Caracterizada por la pluralidad y las diferencias dadas por el intercambio de manifestaciones, la impronta axiológica de estas obras propone una postura abierta al vínculo directo con el espectador. Desde su título, Mundos, se avizora la intencionalidad de esta muestra que enriquece nuestro acervo cultural a partir de premisas hermenéuticas establecidas. Constituye una obra testimonial de la que emana su carácter social, colectivo y popular. Refleja un amor profundo a sus convicciones al tributarle la connotación de mundos a personalidades relevantes en nuestra tradición independentista. Atrapa la imagen de Martí, su legado y su espíritu en Mundo de luz, y sintetiza la intención simbólica en el Proyecto para un homenaje a Maceo, apostando por una revalorización de la historia y una supervivencia de la cubanía, de la identidad.

En su interés cohabitan diferentes opciones o miradas sobre un mismo tema mientras la línea imaginativa, junto a la excelente factura, garantiza su multiplicidad de modos de expresión. El leitmotiv de la muestra es el elemento circular apreciado en diferentes soportes. Esta obsesión origina la rebeldía que subyace en una serie de proposiciones diversas. Se nos revelan perspectivas múltiples constituidas individualmente mediante diferentes componentes: casquillos de balas, huesos, cubiertos, cucarachas o carbón. La crueldad manifiesta en Mundo K, aludiendo al universo kafkiano, expresa lo revelador del mensaje ya que se prevé que los únicos sobrevivientes de una guerra nuclear serán las cucarachas. Esta práctica, abordada en la serie de las esferas, alcanza una emotividad visual importante y marca pautas para el abordaje de una mirada crítica a partir de la complejidad de la realidad. El conjunto se complementa por la persistencia del artista en el dibujo, esta vez, sobre telas estampadas o cartón tabla, así como el esgrafiado en metal, en los cuales se amplía el espectro de imágenes contenidas en numerosos bocetos. Asimismo, la presencia de la mitad de una esfera colocada dentro de un amplio plato de metal, semejando un basurero, mantiene el vínculo temático con la  presentación precedente.

Su obra es un amplio SOS emitido desde mundos heterogéneos asumidos con un sentido simbólico. La dependencia e importancia de la reiteración del símbolo se hace patente, inclusive, en las telas exhibidas, si bien reflejan un ambiente delicado en contrapunteo con la imagen abordada en el resto del conjunto. Sin embargo, no por azar, los dibujos sobre tela estampada muestran un tratamiento suave y retoman el contenido erótico y sensual característico del autor, dado por su capacidad para mantenerse optimista a pesar del dramatismo que acecha al universo.

Reflexivo, meditativo ante las contingencias y con una mirada filosófica, Fabelo nos propone cinco esferas colgadas del techo que parecen levitar en el espacio sideral y producen una agradable sensación de ingravidez. Su apariencia nos sorprende, pues el conjunto alude a la diferencia que ofrecen diversos ámbitos. Sus presupuestos ideoestéticos conllevan a una advertencia sobre los tiempos que corren y reclaman la solución de los problemas más urgentes y acuciantes de la humanidad. El hilo conductor es el llamado de alerta al peligro latente que nos acecha y la voluntad del artista de mimetizarse con el espíritu de su época. Dentro de este universo se percibe un ambiente de incertidumbres, pesares y esperanzas al expresar su horror a las guerras, a la violencia. Así, Fabelo reabre los caminos de la imaginación en torno a este entramado de referencias visuales.

Una vez más, su consagración artística se asienta en un argumento conceptual conmovedor. Figura clave en la consolidación de la vanguardia contemporánea y de su influencia en el panorama cultural nacional, Fabelo delata la presencia de un artista fiel a los ideales de innovación desde una lealtad pasional a su compromiso con su cultura y con su país.

Curadora de la exposición.

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