El pasado domingo (27 de noviembre de 2005),
en la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana,
concluyó
la temporada de invierno del Ballet Nacional de Cuba
(BNC).
“Pesado,
contado y dividido” como pocos, puesto en tela de juicio
por amantes y detractores, el ciclo abarcó siete
funciones dedicadas a El lago de los cisnes en la
versión de Alicia Alonso ―sobre la original de Marius
Petipa y Lev Ivánov.
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Miguelángel Blanco |
10 bailarines y bailarinas, ubicados en desiguales
niveles del sistema de categorías vigente en el BNC,
defendieron los roles protagónicos de Siegfried y de
Odette-Odile.
El grupo lo encabezaron las primeras y los primeros
bailarines Hayna Gutiérrez, Anette Delgado, Rómel
Frómeta, Viengsay Valdés y Joel Carreño. También
encarnaron dichos roles las bailarinas y los bailarines
principales Sadaise Arencibia, Miguelángel Blanco,
Yolanda Correa y Javier Torres. A la menuda tropa de
línea se sumó el solista Elier Bourzac.
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Anette Delgado |
Es obvio que los 10 integrantes de estas cinco parejas
de valientes, inclusive los clasificados en una misma
categoría, no tienen similar grado de experiencia y, por
la misma razón, no disponen del mismo caudal de recursos
para obtener lo que ambos papeles exigen.
La madurez a la que vienen arribando en el desempeño de
sus personajes Viengsay Valdés y Joel Carreño, no se
compara con el desarrollo ya alcanzado por Hayna
Gutiérrez, Anette Delgado y Rómel Frómeta.
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Rómel Frómeta |
El florecimiento de Hayna Gutiérrez, la frescura de
Anette Delgado y el ascenso de Rómel Frómeta, tampoco se
equiparan con el adelanto de Sadaise Arencibia y
Miguelángel Blanco.
La sazón de Sadaise Arencibia y el punto de Miguelángel
Blanco, a su vez no se miden con la circunstancia de
Yolanda Correa y Javier Torres.
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Yolanda Correa |
La sensatez de Yolanda Correa, estrenada en el papel
apenas en junio de 2004, difiere de la prudencia de
Javier Torres. Lo mismo que el cuidado de Javier
contrasta con el verdor de Elier Bourzac.
Los dos últimos, Javier Torres y Elier Bourzac,
debutaron por estos días en las zapatillas del príncipe
Siegfried.
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Javier Torres |
GAJES DEL
OFICIO
No es la primera vez que, para interpretar los roles de
Siegfried y de Odette-Odile, bailar íntegramente su
versión actual de El lago de los cisnes, tres
actos y un epílogo, y presentar siete funciones, la
dirección del BNC se sirve de dúos conformados por
bailarinas y bailarines clasificados en diferentes
categorías ―por ejemplo, de Anette Delgado y Rómel
Frómeta, ambos con el título de primeros bailarines, y
de Sadaise Arencibia y Miguelángel Blanco, nombrados
como bailarines principales.
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Hayna Gutiérrez |
Tampoco es noticia el hecho de que, para alcanzar su
objetivo, la Compañía decida conformar una pareja
protagónica con bailarines que se hallan en distintos
niveles de su estructura jerárquica ―el caso de Hayna
Gutiérrez, primera bailarina, y Elier Bourzac, solista.
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Elier Bourzac |
La acertada política, práctica común del elenco cubano,
se echó de ver más por la circunstancia particular que
de pronto atraviesa el BNC: la escasez de primeras
figuras, sobre todo masculinas, que no es lo mismo que
la falta de buenas bailarinas y de prometedores
bailarines.
Dicha carencia se hizo visible con el alejamiento
temporal de los planos estelares, por razones de salud,
de dos experimentadas figuras, Víctor Gilí y Bárbara
García ―aún rutilante en la danza española del III
acto–, y por las dolorosas bajas o tristes deserciones
de los meses recientes que, claro, dañaron al
colectivo.
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Bárbara García |
Las vacantes, originadas por múltiples razones ―también
hay artistas contratados por compañías extranjeras―,
fueron cubiertas por bailarines que, viniendo de abajo,
contarían con talento y progreso técnico para asumir las
responsabilidades.
Se entiende por qué decimos “contarían”: hay casos en
los que se acomoda un tanto el baile y hasta se fuerza
un poco al bailarín asignándole roles para los que
todavía no está preparado.
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Sadaise Arencibia |
Así sucedería con algunos de los que bailaron en este
“vilipendioso” Lago: son gajes de la formación,
hijos de las circunstancias que, por supuesto, no
atentaron contra la calidad general de las funciones.
No será la última ocasión en que el BNC se conciencie de
su propio talento, de la riqueza de su cantera ―la
escuela cubana de ballet y la Escuela de Ballet―, y
busque, con premura, sustitutos en su “cola”.
Por demás, no hay otra alternativa. El Ballet Nacional
de Cuba no cerrará sus puertas.
“Es la hora de los hornos, en
que no se ha de ver más que la luz”.
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Joel Carreño |
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