Año IV
La Habana

3 - 9 de DICIEMBRE
de
2005

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DE MOSCÚ A CALABRIA Y LA HABANA
VIENGSAY VALDÉS Y JOEL CAREÑO
El ciclo de la madurez
Hilario Rosete Silva
La Habana
Fotos: Nancy Reyes

 

Viengsay Valdés y Joel Carreño

Participar en la gala-homenaje por los 80 años de la bailarina y coreógrafa rusa Maya Plisetskaya fue para los primeros bailarines del Ballet Nacional de Cuba (BNC) Viengsay Valdés y Joel Carreño algo extraordinario, como mismo fue una novedad el hecho de que bailaran en el Palacio del Kremlin, en el centro de Moscú, ante 6 mil espectadores. 

La gala contó con un elenco único, con figuras del Teatro Bolshoi de Moscú, el Mariinsky de San Petersburgo, el Royal Ballet de Londres, el Ballet de la Ópera de París, y de otros renombrados elencos. 

Fue una función de alto nivel. Entre los bailarines y las bailarinas figuraron la rusa Svetlana Sajarova, la rumana Alina Cojocaru, el danés Johan Kobborg, la francesa Agnès Letestu, y el español Joaquín Cortés.  

El encuentro de las estrellas cubanas con la mítica Maya Plisetskaya fue breve. Ella es una persona muy solicitada. Maya les agradeció el hecho de que estuviesen allí. 

Con esa participación, nuestras principales figuras dieron una idea de lo que es, en estos momentos, la Escuela cubana de ballet, de lo que es, hoy día, el ballet en Cuba. Fue una buena posibilidad para ellos, pero también para la Compañía, y para la danza y la cultura cubanas. 

Tres días después, Viengsay y Joel participaron en la Gran Gala Internacional celebrada en el Teatro Comunale Francesco Cilea, de la ciudad italiana de Regio Calabria.

 

 

Coincidieron en el programa con figuras del Stuttgart Ballet, del Royal Ballet, de la Ópera de Viena, y del American Ballet Theatre, entre ellas, la española Alicia Amatriain, el canadiense Jason Reilly, la brasileña Roberta Márquez, el ucraniano Iván Putrov, la rumana Simona Noja, el italiano Giuseppe Picone y el húngaro Tamás Solymosi.

 

Viengsay y Joel estuvieron bailando fuera de Cuba, en Rusia (el domingo 20 de noviembre) y en Italia (el miércoles 23), mas sentían una necesidad imperiosa de bailar en esta capital: no debía de terminar la temporada de invierno del BNC en su sede habitual, la sala García Lorca del Gran Teatro de La Habana, dedicada a El lago de los cisnes, sin que ellos participaran...


JOEL “SIEGFRIED” CARREÑO
 

Hicieron un gran esfuerzo ―lo pinchó La Jiribilla, inspirada por las preguntas que a su vez le formulaba al bailarín el colega Alain Rodríguez, de la Televisión Cubana. 

Llegamos de Europa en la noche del jueves (24 de noviembre) ―contó el primer bailarín del BNC―, ensayamos el viernes en la sede del Ballet, el sábado en el Gran Teatro, y a bailar el domingo (27), sin siquiera tener un ensayo general con la orquesta. 

A pesar de la rapidez, todo salió bien. 

Me quedé con ganas de hacer la variación de cuatro frases ―confesó―. Por decisión de la dirección del BNC se hizo solo la de tres. No obstante, fue un Lago... digno, y más para Viengsay y para mí, que debimos superar dificultades y afrontar retos. Esta función podría quedar para la historia, no tanto para la historia del ballet, sino para nuestras historias personales, la de ella y la mía. 

Hoy en particular usted debió de apoyarla mucho a ella. 

Ella sufría una lastimadura ―explicó Joel― y su mente podía jugarle una mala pasada, cosa que en tal circunstancia le pasaría a cualquiera, así que me propuse darle ánimo, le aseguré que podía hacerlo, y traté de ayudarla lo más y mejor posible, en todo lo que pude, todo el tiempo. 

¿Para usted sigue siendo un desafío salir a la escena en compañía de Viengsay Valdés? 

Sin duda. Ella es una bailarina “fuerte”, tiene una buena técnica, y esto supone un estímulo adicional, yo agradezco esa “presión” a la hora de bailar. No sé a ciencia cierta si seguirá siendo mi pareja. Todo depende de la dirección del BNC, mas supongo que así sea. Por lo menos yo lo deseo. Me siento cómodo bailando con ella y creo que se nota. Ustedes, los periodistas, el público, ¿acaso no lo notan? 

VIENGSAY “ODETTE” VALDÉS

¿Cómo usted cataloga la función de hoy? ―continuamos el diálogo, La Jiribilla y la Televisión, ahora con la primera bailarina Viengsay Valdés. 

Fue especial ―contestó―, tuve que sobreponerme a una distensión de la rodilla y hacer un gran esfuerzo, pero sabía que ahí estaba el público, esperándome, y yo deseaba darle todo: lo hice con cariño y amor. 

¿El público también es acreedor del éxito de esta tarde-noche? 

El público cubano ―dio detalles― es buen conocedor y buen animador, sabe admirar, seguir y esperar por sus bailarines preferidos, pero reconoce tanto sus excelencias como sus faltas, es exigente, hábil, un gran catador, tenerlo delante es contar con una fuente de inspiración, irradia una energía que los artistas deberíamos de tener presente.

En su carrera artística, ¿qué significaría este Lago

Marcaría un límite ―dijo sin titubear―. Es de conocimiento público que vengo de participar en galas internacionales celebradas en Rusia e Italia, fue una semana especial, importante en mi carrera profesional y en mi vida personal, viví grandes experiencias, diferentes emociones, este Lago fue un digno cierre para esa etapa. 

Volviendo al esfuerzo que realizó para sobreponerse a su lesión, ¿acaso este no le causa el mayor gozo que se puede sentir en este mundo: el de superarse a sí misma? 

Sí, lo que me ocurrió hoy es una muestra de las hazañas cotidianas que en el mundo protagonizan los bailarines. Proeza no es solo una acción heroica, sino también un hecho valeroso. Cualquiera otra persona en circunstancia similar podría haberse amilanado. En cambio yo encontré suficientes recursos para bailar con energías, sin perder el control. 

CASCANDO NUECES

Viengsay Valdés y Joel Carreño

Usted habló de control, la palabra clave. 

Sí, al bailarín no le está permitido descuidarse, podría dar un paso en falso. Una debe estar centrada, por ejemplo, en que colocó bien la pierna, o en que está en eje. Y claro, esa concentración produce agotamiento físico y mental. 

Amén del espíritu voluntarioso de los protagonistas, ¿incide en los resultados el comportamiento del resto del elenco? ¿No contribuye el cuerpo de baile con una atmósfera de mayor o menor lucimiento escénico? 

Aquí se verifica un curioso sistema de retroalimentación. Para el cuerpo de baile también es importante contar con una pareja principal que lo motive. Entonces se da el caso de que desde el I acto, cuando en El lago de los cisnes todavía no apareció Odette ―el cisne blanco―, el espectador ya intuye, juzgando por cómo bailan los campesinos el pas de six o el pas de trois, que esta será una gran función. En fin, los primeros bailarines arrastran al cuerpo de baile, y el cuerpo de baile permanece a la altura de los primeros bailarines.  

A esta “altura del viaje”, ¿qué representa para usted bailar con Joel Carreño? 

Es la pareja que he tenido a mi lado durante años. Juntos compartimos múltiples escenarios nacionales e internacionales, bailamos en diferentes festivales de ballet y cumplimos numerosas temporadas. Me siento bien, es grato bailar con él. Me ha ayudado mucho. Hoy mismo fue cercano; producto de mi lastimadura, sentí que me sostuvo o guió con más cuidado. Lo admiro como bailarín y como persona. 

¿Cuál será y cómo comenzará su próximo “ciclo”? 

De momento pienso descansar un poco, recuperarme bien, de modo que al recomenzar pueda hacerlo con nuevas fuerzas. Con todo, la próxima meta sería el acostumbrado Cascanueces de fin de año, y de año nuevo. Allí nos veremos. 

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