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Viengsay Valdés y
Joel Carreño |
Participar en la
gala-homenaje por los 80 años de la bailarina y
coreógrafa rusa Maya Plisetskaya fue para los primeros
bailarines del Ballet Nacional de Cuba (BNC) Viengsay
Valdés y Joel Carreño algo extraordinario, como mismo
fue una novedad el hecho de que bailaran en el Palacio
del Kremlin, en el centro de Moscú, ante 6 mil
espectadores.
La gala contó con un
elenco único, con figuras del Teatro Bolshoi de Moscú,
el Mariinsky de San Petersburgo, el Royal Ballet de
Londres, el Ballet de la Ópera de París, y de otros
renombrados elencos.
Fue una función de
alto nivel. Entre los bailarines y las bailarinas
figuraron la rusa Svetlana Sajarova,
la rumana Alina Cojocaru, el danés Johan Kobborg,
la francesa Agnès Letestu, y el español Joaquín Cortés.
El encuentro de las
estrellas cubanas con la mítica Maya Plisetskaya fue
breve. Ella es una persona muy solicitada. Maya les
agradeció el hecho de que estuviesen allí.
Con esa
participación, nuestras principales figuras dieron una
idea de lo que es, en estos momentos, la Escuela cubana
de ballet, de lo que es, hoy día, el ballet en Cuba. Fue
una buena posibilidad para ellos, pero también para la
Compañía, y para la danza y la cultura cubanas.
Tres días después, Viengsay y Joel participaron en la
Gran Gala Internacional celebrada en el Teatro Comunale
Francesco Cilea, de la ciudad italiana de Regio
Calabria.
Coincidieron en el programa con figuras del Stuttgart
Ballet, del Royal Ballet, de la Ópera de Viena, y del
American Ballet Theatre, entre ellas, la española Alicia
Amatriain, el canadiense Jason Reilly, la brasileña
Roberta Márquez, el ucraniano Iván Putrov, la rumana
Simona Noja, el italiano Giuseppe Picone y el húngaro
Tamás Solymosi.
Viengsay y Joel estuvieron bailando fuera de Cuba, en
Rusia (el domingo 20 de noviembre) y en Italia (el
miércoles 23), mas sentían una necesidad imperiosa de
bailar en esta capital: no debía de terminar la
temporada de invierno del BNC
―en
su sede habitual, la sala García Lorca del Gran Teatro
de La Habana―,
dedicada a El lago de los cisnes, sin que ellos
participaran...
JOEL “SIEGFRIED” CARREÑO
Hicieron un gran
esfuerzo ―lo pinchó La Jiribilla, inspirada por
las preguntas que a su vez le formulaba al bailarín el
colega Alain Rodríguez, de la Televisión Cubana.
Llegamos de Europa en
la noche del jueves (24 de noviembre) ―contó el primer
bailarín del BNC―, ensayamos el viernes en la sede del
Ballet, el sábado en el Gran Teatro, y a bailar el
domingo (27), sin siquiera tener un ensayo general con
la orquesta.
A pesar de la
rapidez, todo salió bien.
Me quedé con ganas de
hacer la variación de cuatro frases ―confesó―. Por
decisión de la dirección del BNC se hizo solo la de
tres. No obstante, fue un Lago... digno, y más
para Viengsay y para mí, que debimos superar
dificultades y afrontar retos. Esta función podría
quedar para la historia, no tanto para la historia del
ballet, sino para nuestras historias personales, la de
ella y la mía.
Hoy en particular usted debió de
apoyarla mucho a ella.
Ella sufría una lastimadura
―explicó Joel― y su mente podía jugarle una mala pasada,
cosa que en tal circunstancia le pasaría a cualquiera,
así que me propuse darle ánimo, le aseguré que podía
hacerlo, y traté de ayudarla lo más y mejor posible, en
todo lo que pude, todo el tiempo.
¿Para usted sigue siendo un
desafío salir a la escena en compañía de Viengsay
Valdés?
Sin duda. Ella es una bailarina
“fuerte”, tiene una buena técnica, y esto supone un
estímulo adicional, yo agradezco esa “presión” a la hora
de bailar. No sé a ciencia cierta si seguirá siendo mi
pareja. Todo depende de la dirección del BNC, mas
supongo que así sea. Por lo menos yo lo deseo. Me siento
cómodo bailando con ella y creo que se nota. Ustedes,
los periodistas, el público, ¿acaso no lo notan?
VIENGSAY
“ODETTE” VALDÉS
¿Cómo usted cataloga la función
de hoy? ―continuamos el diálogo, La Jiribilla y
la Televisión, ahora con la primera bailarina Viengsay
Valdés.
Fue especial ―contestó―, tuve que
sobreponerme a una distensión de la rodilla y hacer un
gran esfuerzo, pero sabía que ahí estaba el público,
esperándome, y yo deseaba darle todo: lo hice con cariño
y amor.
¿El público también es acreedor
del éxito de esta tarde-noche?
El público cubano ―dio detalles― es
buen conocedor y buen animador, sabe admirar, seguir y
esperar por sus bailarines preferidos, pero reconoce
tanto sus excelencias como sus faltas, es exigente,
hábil, un gran catador, tenerlo delante es contar con
una fuente de inspiración, irradia una energía que los
artistas deberíamos de tener presente.
En su carrera artística, ¿qué
significaría este Lago?
Marcaría un límite ―dijo sin
titubear―. Es de conocimiento público que vengo de
participar en galas internacionales celebradas en Rusia
e Italia, fue una semana especial, importante en mi
carrera profesional y en mi vida personal, viví grandes
experiencias, diferentes emociones, este Lago fue
un digno cierre para esa etapa.
Volviendo al esfuerzo que
realizó para sobreponerse a su lesión, ¿acaso este no le
causa el mayor gozo que se puede sentir en este mundo:
el de superarse a sí misma?
Sí, lo que me ocurrió hoy es una
muestra de las hazañas cotidianas que en el mundo
protagonizan los bailarines. Proeza no es solo una
acción heroica, sino también un hecho valeroso.
Cualquiera otra persona en circunstancia similar podría
haberse amilanado. En cambio yo encontré suficientes
recursos para bailar con energías, sin perder el
control.
CASCANDO NUECES
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Viengsay Valdés y
Joel Carreño |
Usted habló de control, la
palabra clave.
Sí, al bailarín no le está
permitido descuidarse, podría dar un paso en falso. Una
debe estar centrada, por ejemplo, en que colocó bien la
pierna, o en que está en eje. Y claro, esa concentración
produce agotamiento físico y mental.
Amén del espíritu voluntarioso
de los protagonistas, ¿incide en los resultados el
comportamiento del resto del elenco? ¿No contribuye el
cuerpo de baile con una atmósfera de mayor o menor
lucimiento escénico?
Aquí se verifica un curioso sistema
de retroalimentación. Para el cuerpo de baile también es
importante contar con una pareja principal que lo
motive. Entonces se da el caso de que desde el I acto,
cuando en El lago de los cisnes todavía no
apareció Odette ―el cisne blanco―, el espectador ya
intuye, juzgando por cómo bailan los campesinos el
pas de six o el pas de trois, que esta será
una gran función. En fin, los primeros bailarines
arrastran al cuerpo de baile, y el cuerpo de baile
permanece a la altura de los primeros bailarines.
A esta “altura del viaje”, ¿qué
representa para usted bailar con Joel Carreño?
Es la pareja que he tenido a mi
lado durante años. Juntos compartimos múltiples
escenarios nacionales e internacionales, bailamos en
diferentes festivales de ballet y cumplimos numerosas
temporadas. Me siento bien, es grato bailar con él. Me
ha ayudado mucho. Hoy mismo fue cercano; producto de mi
lastimadura, sentí que me sostuvo o guió con más
cuidado. Lo admiro como bailarín y como persona.
¿Cuál será y cómo comenzará su
próximo “ciclo”?
De momento pienso descansar un
poco, recuperarme bien, de modo que al recomenzar pueda
hacerlo con nuevas fuerzas. Con todo, la próxima meta
sería el acostumbrado Cascanueces de fin de año,
y de año nuevo. Allí nos veremos. |