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Hay
espacios en la vida cultural cubana que, a veces sin
proponérselo, se proyectan en dimensiones especiales,
que sobrepasan el hecho mismo porque hacen soñar en
términos más trascendentes.
Ese es el caso del XXII Festival Jazz Plaza,
realizado en el mes despedida de 2005, con escasa
divulgación previa, pero con una amplia paleta de
participantes de nueve países. Y me detengo en los
asistentes porque, si la memoria no falla, entre
ellos hay músicos de lugares nunca antes presentes
en este tipo de cita.
Perú,
Ecuador e Islas Caimán se sumaron ahora a naciones de
América Latina y el Caribe que ya han sido representadas
en otros encuentros jazzísticos similares. Ese es el
caso de México, Argentina y Brasil. El único asistente
que repite es el brasileño Iván Lins.
Y
aunque el cuadro podría ser mayor, si recordamos otros
visitantes de la región, esta cita permite renacer el
sueño de algunos: hacer del Jazz Plaza una plataforma
para el lanzamiento internacional de los talentos
latinocaribeños que siguen radicando en sus países de
origen.
Porque
no debe desconocerse que varios de los latinoamericanos
vistos en los escenarios del Jazz Plaza vivían y hacían
carrera en el extranjero, básicamente en EE.UU.
Recordemos en ese sentido al panameño Danilo Pérez, los
boricuas David Sánchez y Giovanni Hidalgo, los
brasileños Airto Moreira y Flora Purim y el argentino
Gato Barbieri, por mencionar a algunos.
Hubo
momentos, cuando el Festival Internacional de Jazz
seguía al Latinoamericano de Cine, que muchos soñábamos
con el día en que el de la música asumiera el ejemplo
del de la imagen, hoy reconocido mundialmente como una
vitrina de lujo de la cinematografía regional.
Hasta
el momento no ocurre formalmente así, pero el de 2005
parece bien encaminado por la senda de hacer del Jazz
Plaza un foro que diera realce y enlazara a esos que
―con
mucha calidad―
no tienen suficiente difusión internacional.
AUSENCIAS Y PRESENCIAS
La
ausencia de luminarias del jazz estadounidense del
Festival 2005 se repitió por segundo año consecutivo.
Solo los vocalistas Lola Pfeiffer, de Chicago; y Byron
Motley, oriundo de Kansas City, llegaron a los
escenarios capitalinos. Ellos disfrutaron del
intercambio cultural que significa compartir con los
jazzistas cubanos, algo que habituales visitantes como
Roy Hargrove, Steve Turre, Dave Valentín y muchos otros
se perdieron.
Porque
los efectos de las leyes del bloqueo de Washington
contra Cuba también alcanzan a los propios ciudadanos
del vecino país, incluyendo a sus músicos. Por eso
resultó novedosa la idea anunciada por el presidente del
Instituto Cubano de la Música, Abel Acosta, relativa a
realizar un festival fuera de Cuba, en la que los
jazzistas de ambos países pudieran compartir. Aunque no
se dijo, Canadá parece un excelente candidato para esa
cita en el año 2006.
Como
muestra de que las relaciones culturales también están
en la cúspide de los intereses del gobierno canadiense,
este año la delegación de ese país al encuentro habanero
fue la más numerosa de todos los tiempos. Se festejaba
el aniversario 60 de las relaciones entre los dos
países y ello sirvió de base para que ocho grupos y
solistas mostraran parte del gran potencial del jazz en
esa norteña nación. Alí Brownman, Chris Mitchell, Havana
Fax, Hugh Fraser, Marcus Alí, Quarter Life, Sara de
Lucas y Tightrope integraron la plantilla canadiense.
Hubo
también nombres no tan conocidos por los aficionados
cubanos pero de gran calibre. Ese es el caso del
sudafricano Jimmy Dlu Dlu, ganador tres veces de los
Premios de la Música Sudafricana (SAMA). Este
compositor, guitarrista y arreglista es considerado el
talento con más estilo de la nueva generación jazzística
de África del Sur. Sus originales composiciones suman al
jazz africano géneros como el canguelo, el reggae, la
samba y la música latina.
Asimismo, entre los visitantes destacó el saxofonista
italiano Stefano "Bedo" Bedetti, quien ha colaborado con
grandes músicos como Jimmy
Owens, Tony Scout, Ingrid Jensen, George Cables, Randy
Bernsen, Greg Osby y Billy Hart.
Como es
habitual, por la parte cubana, encabezada por Jesús
“Chucho” Valdés, no faltó nadie de calibre que estuviera
en el país en esas fechas. La relación sería muy
dilatada, pero hay que mencionar a Bobby Carcassés,
César López, Pablo Menéndez, Basilio Márquez, Roberto
Carcassés, Roberto Fonseca, Bellita Expósito y Oscar
Valdés, con sus respectivos grupos.
También
llamó mucho la atención la artillería juvenil del piano
cubano de jazz, una cantera de talentos que ya va
alcanzado un espacio propio. En la vanguardia de ese
movimiento se encuentran Tony Rodríguez, Rolando Luna,
Aldo López-Gavilán y las más recientes estrellas Harold
López-Nussa y Alfredo Rodríguez, ganador y finalista de
la competencia de pianistas del cercano Festival de Jazz
de Montreux, en Suiza.
Momentos
inolvidables de este encuentro serán la velada
propiciada por Chucho Valdés, Pablo Milanés e Iván Lins,
la gala de inauguración con una big band armada por
Bobby Carcassés en homenaje a Armando Romeo, el homenaje
al saxofonista inglés Ronny Scott y la función de
clausura con la Orquesta Sinfónica Nacional y numerosos
invitados en la que se interpretarán obras del maestro
Chucho Valdés, incluida “Canto a Dios”, un estreno
dedicado a la sufrida New Orleans.
Por
segundo año consecutivo se realizó un coloquio
internacional de jazz, con participación del colombiano
Paulo Andrés Sánchez Gil, en una conferencia sobre este
género en su país. También participó el británico Pete
King, asociado a Ronnie Scott y con quien fundó el
famoso club en Londres que lleva el nombre del
saxofonista. En un conversatorio abierto sobre ese
centro, Chucho Valdés, Enrique Plá, Carlos Emilo Morales
y Yusa ilustraron su importancia como eje de la difusión
de la música cubana en el Viejo Continente.
Como ya
resulta habitual en estas fiestas del jazz, además de
las cinco sedes en las que se desarrollaron los
conciertos, durante los cuatro días del encuentro, tarde
en la noche otros cuatro lugares sirvieron de escenario
a las “descargas” o “jam sessions”, en las que los
músicos soltaron su imaginación y talento para confirmar
que el jazz es un arte de creación instantánea muy
difícil de superar.
Y
pensando ya en el XXIII Jazz Plaza, con el puente
anunciado fuera de las fronteras cubanas, los de siempre
seguiremos esperando un nuevo Festival Latinocaribeño
que sume cada vez más lo mejor de nuestra región. |