|
Me
invitaron a pasar un fresquito día en la Escuela
Internacional de Cine que tiene su sede en el municipio
habanero de San Antonio de los Baños. La experiencia fue
provechosa y nutricia desde el punto de vista
profesional y ―lo que me ocupa en este atardecer de
diciembre recién estrenado― tuve la oportunidad de
saludar amigos diversos y distantes.
A la
hora del almuerzo compartí la mesa con el destacado
narrador y antiguo profesor Francisco López Sacha. Los
muchos que también lo conocen saben que este
manzanillero locuaz y expresivo anda siempre con el
espíritu arriba y unas envidiables ganas de vivir. Un
colega de aquellos años 80 en que nos enseñó Historia
del Teatro decía: “Sacha anda siempre con baterías
nuevas”. Y cómo ayudan en el aprendizaje o la compañía
esas personas de perenne buen ánimo y renovadas ansias
de emprender lo que sea. No es que carezcan de
problemas, sino que poseen la capacidad de echarse atrás
las angustias o las dudas propias para contribuir con la
causa común. Esa vocación arranca por sostener un
diálogo en el que se escucha al interlocutor y buscamos
mejorarle el día o el rato que se comparte.
En otro
momento de la intensa jornada en San Antonio,
intercambié con el periodista y crítico Dean Luis Reyes.
Aquí los recuerdos y las evocaciones apuntan más cerca
en el tiempo. Tienen que ver con días de periodismo y de
candentes comentarios acerca de libros, películas o vías
de comunicarse con los lectores. Dean Luis anda
enfrascado en la edición de una revista digital y
charlamos sobre el regalo que ha hecho la cibernética a
las ediciones seriadas. A los que durante años nos han
interesado las publicaciones periódicas, acumulamos
montañas de papel que se hacen visibles en las mudadas
o en días de limpieza muy general. Esa revista que
guardamos una semana en algún momento hace cien meses
atrás conserva algún trabajo de interés, pero buena
parte de sus páginas cumplieron una función concreta de
información. En esos días de inventario casero uno no
sabe si guardarlas o deshacerse de ellas. Algunos más
curiosos elaboran su antología de trabajos, las llamadas
“recortecas”. Con la versión digital resulta cómodo
seleccionar y quemar un disco con decenas o hasta
cientos de trabajos de nuestro interés.
El viaje
de regreso se fue también entre comentarios y anécdotas
de trabajo. Llegué a la casa agotado intelectual y
emocionalmente, pero con la satisfacción de que Cuba es
chiquita y los viejos colegas no están lejos, mientras
se generen faenas que nos hagan encontrarnos, repasar
antiguos sueños y aventurarnos en nuevas quimeras
creativas. Las personas con las que una vez coincidimos
en proyectos y encomiendas se recuerdan con una
melancolía similar a la que despierta aquel buen vecino
de tiempos en los que fuimos, o al menos nos creímos, un
poquito felices. |