Año IV
La Habana
2005

Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

EL GRAN ZOO
NOTAS AL FASCISMO

PUEBLO MOCHO

CARTELERA

GALERÍA

LA OPINIÓN
MEMORIAS
LA CRÓNICA
APRENDE
EL CUENTO
POR E-MAIL
LA MIRADA
EN PROSCENIO
LA BUTACA
PALABRA VIVA

LIBROS DIGITALES

LA CARICATURA
NÚMEROS ANTERIORES
LA JIRIBILLA DE PAPEL



RECIBIR LAS
ACTUALIZACIONES
POR CORREO
ELECTRÓNICO
Click AQUÍ

Años más tarde
Amado del Pino
La Habana


Me invitaron a pasar un fresquito día en la Escuela Internacional de Cine que tiene su sede en el municipio habanero de San Antonio de los Baños. La experiencia fue provechosa y nutricia desde el punto de vista profesional y ―lo que me ocupa en este atardecer de diciembre recién estrenado― tuve la oportunidad de saludar amigos diversos y distantes.

A la hora del almuerzo compartí la mesa con el destacado narrador y antiguo profesor Francisco López Sacha. Los muchos que también lo conocen saben que este manzanillero locuaz y expresivo anda siempre con el espíritu arriba y unas envidiables ganas de vivir. Un colega de aquellos años 80 en que nos enseñó Historia del Teatro decía: “Sacha anda siempre con baterías nuevas”. Y cómo ayudan en el aprendizaje o la compañía esas personas de perenne  buen ánimo y renovadas ansias de emprender lo que sea. No es que carezcan de problemas, sino que poseen la capacidad de echarse atrás las angustias o las dudas propias para contribuir con la causa común. Esa vocación arranca por sostener un diálogo en el que se escucha al interlocutor y buscamos mejorarle el día o el rato que se comparte.

En otro momento de la intensa jornada en San Antonio, intercambié con el periodista y crítico Dean Luis Reyes. Aquí los recuerdos y las evocaciones apuntan más cerca en el tiempo. Tienen que ver con días de periodismo y de candentes comentarios acerca de libros, películas o vías de comunicarse con los lectores. Dean Luis anda enfrascado en la edición de una revista digital y charlamos  sobre el regalo que ha hecho la cibernética a las ediciones seriadas.  A los que durante años nos han interesado las publicaciones periódicas,  acumulamos montañas de papel que se hacen  visibles en las mudadas o en días de limpieza muy general. Esa revista que guardamos una semana en algún momento hace cien meses atrás conserva algún trabajo de interés, pero buena parte de sus páginas cumplieron una función concreta de información. En esos días de inventario casero uno no sabe si guardarlas o deshacerse de ellas. Algunos más curiosos elaboran su antología de trabajos, las llamadas “recortecas”. Con la versión digital resulta cómodo seleccionar y quemar un disco con decenas o hasta cientos de trabajos de nuestro interés.

El viaje de regreso se fue también entre comentarios y anécdotas de trabajo. Llegué a la casa agotado intelectual y emocionalmente, pero con la satisfacción de que Cuba es chiquita y los viejos colegas no están lejos, mientras se generen faenas que nos hagan encontrarnos, repasar antiguos sueños y aventurarnos en nuevas quimeras creativas. Las personas con las que una vez coincidimos en proyectos y encomiendas se recuerdan con una melancolía similar a la que despierta aquel buen vecino de tiempos en los que fuimos, o al menos nos creímos, un poquito felices.

SUBIR

 
 


Página principal

Enlaces Añadir a Favoritos Enviar correo

Suscripción

© La Jiribilla. La Habana. 2005
 IE-800X600