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Quien el danzón interpreta/ siente que con dulce calma/
en el fondo de su alma/ está cantando un poeta. / Siente
que la brisa inquieta/ modula tierna canción, / siente
que su corazón/ late gozoso y más presto: / quien no
siente todo esto, / no sabe lo que es danzón.
El Danzón (a sus detractores)
Fernando Romero Fajardo, poeta matancero
Dicen
que a los extranjeros les es difícil tocar un danzón por
el Cinquillo, una figura musical que abarca tres
corcheas y dos semicorcheas y que, según Don Fernando
Ortiz, era un tema harto enigmático entre los estudiosos
de la música afrocubana: “El cinquillo genera el ritmo
del danzón. Debe acentuarse bien sus dos primeras notas
y la última, cosa que no hacen quienes no sienten el
ritmo cubano, porque ignoran la existencia de esta
prosodia especial del referido ritmo”.
Raimundo Valenzuela,
músico y profesor, admitía divertido que el cinquillo
debía ser un secreto bien guardado, pues si los
extranjeros lo aprendían, los músicos nacionales
perderían su vivío*.
El género danzón
creado por Miguel Faílde comenzó como una composición de
dos por cuatro, con paseo o introducción, un primer trío
de clarinete, un segundo trío de violines y un tercer
trío de metales, de un sabor muy popular. Sus partes son
allegro, andante, allegro. La
música recordaba algunos “aires” similares a la
habanera.
Se le reconoce
diversas modalidades, desde la más antigua —de dos
secciones— o las típicas actuales. Las agrupaciones iban
desde las orquestas típicas a las llamadas charangas
francesas, compuestas por piano, flautas, violín y
contrabajo.
Una de las primeras
charangas francesas —también conocidas como bungas— se
llamó Unión Armónica y su debut se registró en la
noche del 31 de julio de 1890, en la glorieta Saratoga.
A principios del
siglo XX fueron famosas las charangas de Ramoncito
Prendes y Miguelito Martínez, pero rápidamente fueron
evolucionando y se estructuraron a partir de seis
violines, dos flautas, violonchelo, contrabajo y
cornetín con sordina.
Se cuenta que Miguel
Faílde tenía varios magníficos cornetines, entre ellos
uno de lujo —que nunca tocó—, con baño de oro y
dedicatoria, regalo de un español fanático al danzón.
Llenará de admiración
ver en la gentil Yucayo
A los hijos de Pelayo
bailando el regio danzón
Dicen que se hizo
popular entre los bailadores porque al tener un descanso
entre el primer y segundo trío —momentos en que se
repetía la introducción— daba un respiro para
refrescar, teniendo en cuenta el clima tropical cubano y
la vestimenta de entonces, que en los hombres incluía
zapatos cerrado, levita, chaleco y sombrero.
A la forma de
bailarlo se le llamó en un principio el vals cubano,
para disgusto de muchos que desde el comienzo apreciaron
en él un género danzario —y musical— nuevo y con luz
propia.
Se bailaba hasta
entonces una danza de cuadros con el mismo nombre, en el
que participaban hasta 20 parejas, con ramos de flores y
arcos, en evoluciones que mejor se avenían a la
habanera.
El mismo Miguel
Faílde contó en una ocasión que uno de los organizadores
de dicha danza, le pidió que “escribiera una música
ad hoc, pues hasta entonces las parejas ejecutaban
las figura a viva voz. Y al escribir esa música se me
ocurrió la idea del baile que hoy se llama danzón”.
“Lo escribí y lo puse
en ensayo. Gustó a todo el mundo, es decir, a los
músicos y a los bailadores, y se hizo popular en muy
corto tiempo…”.
El mismo Faílde
contaba que luego lo llevó a la capital del país, y que
lo interpretó, por primera vez, en una reunión familiar,
aunque el costumbrista Gustavo Robreño contara otra
versión.
Según Robreño, el
músico matancero Antonio Torroella —Papaíto—, célebre
por su destreza y agilidad en el piano, andaba por La
Habana e invitado a la fiesta de un prestamista de la
calle Tejadillo, tocaba una danza ante numeroso público
y a mitad de la danza interrumpió el compás de seis por
ocho para tocar, por primera vez en la capital,
el danzón Las Alturas de Simpson, estrenado poco
días antes en Matanzas.
Sea cual sea la
verdadera versión de la llegada del danzón a la capital
del país, lo cierto es que a partir de entonces fue
tomando cuerpo su identidad con la nacionalidad y
cubanía, que Faílde defendió activamente hasta el año
1920 el día en que tocó, por última vez, en un bailable
en el pueblo de Palos. En medio de la presentación y
debido al esfuerzo al soplar el instrumento se sintió
tan mal, que a duras penas pudo terminar la función.
Tisis laríngea diagnosticaron luego de una hemorragia
que sufrió al llegar a casa.
A partir de entonces
dejo de tocar, afectado por su salud, pero aún animoso y
afable.
El epíteto de “bello
disparate musical” que muchos le endosaron a su
invención no hace más que acentuar su valor.
Un célebre coreógrafo
italiano llamado Maurice Walter sentenció que el danzón
era un baile superior, “por su ritmo majestuoso, sus
cadencias suaves y sus formas y figuras aristocráticas”.
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vivío es una
expresión cubana que denota la suerte de poseer una
especie de don, talismán o formula del éxito para
“vivir” cómodamente sin matarse trabajando. |