Año IV
La Habana
2005

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EL DANZÓN. PARTE II:
Los primeros “pasillos”

Josefina Ortega  La Habana


Quien el danzón interpreta/ siente que con dulce calma/ en el fondo de su alma/ está cantando un poeta. / Siente que la brisa inquieta/ modula tierna canción, / siente que su corazón/ late gozoso y más presto: / quien no siente todo esto, / no sabe lo que es danzón.

El Danzón (a sus detractores)

Fernando Romero Fajardo, poeta matancero

Dicen que a los extranjeros les es difícil tocar un danzón por el Cinquillo, una figura musical que abarca tres corcheas y dos semicorcheas y que, según Don Fernando Ortiz, era un tema harto enigmático entre los estudiosos de la música afrocubana: “El cinquillo genera el ritmo del danzón. Debe acentuarse bien sus dos primeras notas y la última, cosa que no hacen quienes no sienten el ritmo cubano, porque ignoran la existencia de esta prosodia especial del referido ritmo”.  

Raimundo Valenzuela, músico y profesor, admitía divertido que el cinquillo debía ser un secreto bien guardado, pues si los extranjeros lo aprendían, los músicos nacionales perderían su vivío*.

El género danzón creado por Miguel Faílde comenzó como una composición de dos por cuatro, con paseo o introducción, un primer trío de clarinete, un segundo trío de violines y un tercer trío de metales, de un sabor muy popular. Sus partes son allegro, andante, allegro. La música recordaba algunos “aires”  similares a la habanera.

Se le reconoce diversas modalidades, desde la más antigua —de dos secciones— o las típicas actuales. Las agrupaciones iban desde las orquestas típicas a las llamadas charangas francesas, compuestas por piano, flautas, violín y contrabajo.

Una de las primeras charangas francesas —también conocidas como bungas— se llamó Unión Armónica y su debut se registró en la noche del  31 de julio de 1890, en la glorieta Saratoga.

A principios del siglo XX fueron famosas las charangas de Ramoncito Prendes y Miguelito Martínez, pero rápidamente fueron evolucionando y se estructuraron a partir de seis violines, dos flautas, violonchelo, contrabajo y cornetín con sordina.

Se cuenta que Miguel Faílde tenía varios magníficos cornetines, entre ellos uno de lujo —que nunca tocó—, con baño de oro y dedicatoria, regalo de un español fanático al danzón.

Llenará de admiración
ver en la gentil Yucayo
A los hijos de Pelayo
bailando el regio danzón

Dicen que se hizo popular entre los bailadores porque al tener un descanso entre el primer y segundo trío  —momentos en que se repetía la introducción—  daba un respiro para refrescar, teniendo en cuenta el clima tropical cubano y la vestimenta de entonces, que en los hombres incluía zapatos cerrado, levita, chaleco y sombrero.

A la forma de bailarlo se le llamó en un principio el vals cubano, para disgusto de muchos que desde el comienzo apreciaron en él un género danzario —y musical— nuevo y con luz propia.

Se bailaba hasta entonces una danza de cuadros con el mismo nombre, en el que participaban hasta 20 parejas, con ramos de flores y arcos, en evoluciones que mejor se avenían a la habanera.

El mismo Miguel Faílde contó en una ocasión que uno de los organizadores de dicha danza, le pidió que “escribiera una música ad hoc, pues hasta entonces las parejas ejecutaban las figura a viva voz. Y al escribir esa música se me ocurrió la idea del baile que hoy se llama danzón”.

“Lo escribí y lo puse en ensayo. Gustó a todo el mundo, es decir, a los músicos y a los bailadores, y se hizo popular en muy corto tiempo…”.  

El mismo Faílde contaba que luego lo llevó a la capital del país, y que lo interpretó, por primera vez, en una reunión familiar, aunque el costumbrista Gustavo Robreño contara otra versión.

Según Robreño, el músico matancero Antonio Torroella —Papaíto—,  célebre por su destreza y agilidad en el piano, andaba por La Habana e invitado a la fiesta de un prestamista de la calle Tejadillo, tocaba una danza ante numeroso público y a mitad de la danza interrumpió el compás de seis por ocho para tocar, por primera vez en la capital, el danzón Las Alturas de Simpson, estrenado poco días antes en Matanzas.

Sea cual sea la verdadera versión de la llegada del danzón a la capital del país, lo cierto es que a partir de entonces fue tomando cuerpo su identidad con la nacionalidad y cubanía, que Faílde defendió activamente hasta el año 1920 el día en que tocó, por última vez, en un bailable en el pueblo de Palos. En medio de la presentación y debido al esfuerzo al soplar el instrumento se sintió tan mal, que a duras penas pudo terminar la función. Tisis laríngea diagnosticaron luego de una hemorragia que sufrió al llegar a casa.

A partir de entonces dejo de tocar, afectado por su salud, pero aún animoso y afable.

El epíteto de “bello disparate musical” que muchos le endosaron a su invención no hace más que acentuar su valor.

Un célebre coreógrafo italiano llamado Maurice Walter sentenció que el danzón era un baile superior, “por su ritmo majestuoso, sus cadencias suaves y sus formas y figuras aristocráticas”.

* vivío es una expresión cubana que denota la suerte de poseer una especie de don, talismán o formula del éxito para “vivir” cómodamente sin matarse trabajando.

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