Año IV
La Habana

17 - 23 de DICIEMBRE
de
2005

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Las “Transfiguraciones” de Jorge
María Fernanda Ferrer La Habana
Fotos: Cortesía del artista


Palabras del catálogo de la exposición Transfiguraciones

El movimiento plástico que anida, impulsa y cobija la Oficina del Historiador de la Ciudad parece no conocer el significado de la palabra respiro porque apenas nos acercamos al fin de año, doce meses en los que se ha trabajado intensamente por amplificar el quehacer pictórico de nuestros artistas, y ya se coordinan nuevas exposiciones para el venidero 2006.   

Una de esas muestras —que será inaugurada en el Hotel Ambos Mundos el cinco de enero del próximo año— es Transfiguraciones, de Jorge Álvarez Cárdenas (La Habana, 1970), un creador que está intentando buscar su propio camino; ese que se inició cuando era muy pequeño.  

“Recuerdo que siempre andaba con un lápiz y un papel; era un niño hiperactivo y mi madre decía que la única manera de lograr un poco de tranquilidad era cuando pintaba. Así fueron mis inicios; realmente muy inconsciente. A pesar de la vocación, nunca tomé en serio el arte hasta finales de los 90 en que sí aposté por la plástica. Reconozco que me ayudaron mucho otros artistas de más experiencia como Raúl Escobar Delgado, Francisco Javier Arteaga y Kamil Buyaudi quienes me brindaron gran ayuda y apoyo, y gracias a ellos, creo, que mi obra está teniendo algún resultado. Francamente considero que en mí el arte siempre ha estado presente.” 

¿Nunca te planteaste la necesidad de cursar una escuela?

Cuando cursaba la enseñanza secundaria, comenzó un movimiento plástico en la escuela; algunos jóvenes se acercaron, pero nunca llegué a relacionarme con ese grupo. Con el tiempo he reflexionado y creo que siempre fui muy rebelde. Recuerdo que en esa época me incliné hacia la caricatura que me daba la oportunidad de plasmar de un modo más subjetivo la vida. Al menos eso creía. Nunca tuve el interés de representar la realidad tal cual es. 

¿Y eso continúa estando dentro de tu quehacer?      

Pienso que sí. Para mí el arte es la relación interior del hombre que se nutre de las vivencias y es lo que se lleva a la realidad y uno lo plasma como discurso. Y mi discurso, creo, es muy alternativo y siempre intenta que se reflexione en torno a una serie de fenómenos existentes hoy en el mundo como la depauperación del medio ambiente, la lucha por la ecología, la existencia de las guerras y sus consecuencias a corto y a largo plazo… 

¿Sientes influencias?

Primeramente reconozco la influencia de todos aquellos amigos que han estado junto a mí en este tiempo en que intento buscar mi propio lenguaje. Creo que todos tenemos influencias de todos, porque detrás del hombre existe una carga ancestral que es la que, sin duda, nos nutre. 

Reconozco la influencia de Nelson Domínguez. Me fascina su obra. También siento el influjo de  Francisco Javier Arteaga, otro artista que lleva muchos años en el mundo de la plástica.  

De los  maestros del arte universal, intento no detenerme mucho tiempo delante de la obra de Wifredo Lam; incluso creo que conscientemente he huido de ella. La primera vez que me detuve ante la obra del Maestro decidí, completamente convencido, no volverlo a hacer porque estar cerca de Lam es como paralizarse en el tiempo. Las líneas y los trazos van quedando en el subconsciente y salen sin que uno se lo proponga. Desprenderme me costó mucho trabajo. 

Hablabas de la relación interior del hombre con el medio y parece que elementos como el pez y el agua son reiterativos. ¿Me equivoco?

No. El pez en mi obra es un icono que no se refiere, obviamente al pez, sino al hombre porque este siempre se encuentra ubicado en el centro… como bien decía Martí en su poema “Yugo y Estrella”… “hombre que en pez, ave y corcel se torna” es el deseo del hombre de trascender y de sobrepasar los límites que la naturaleza le impone. Esa conquista es la que como especie nos ha hecho evolucionar.  

En la exposición Transfiguraciones no solo está el hombre y el pez, sino también el ave. Ese carácter gestual viene siendo la huida del ser humano en una relación de espacio y tiempo donde todo se estrecha y a la vez se expande; es el hombre sumergido en un universo más allá de todo pensamiento y de una vida —que puede ser larga o corta—. Por encima de todo está siempre su batallar y su gran victoria. 

Según conozco, eres el responsable de un proyecto sociocultural que se llama Ismaelillo y que es una suerte de Taller de cerámica y pintura para niños en el ultramarino municipio de Guanabacoa.

Este proyecto comenzó hace más de un año apoyado por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, UNEAC, y actualmente tiene a 22 niños matriculados entre siete y doce años de edad. Está abierto a todos aquellos que tengan el deseo y la necesidad.  

Decidí involucrarme en este proyecto porque es una manera de cubrir una carencia; quiero que otros tengan la posibilidad que no tuve cuando era niño o que tuve y no aproveché.  

Creo que me he descubierto, también, como pedagogo porque no es solo una labor plástica, sino humana y social. Mi objetivo no es “cazar” un talento, sino ampliar el horizonte de conocimientos de estos niños que mañana van a continuar y que no solo serán los futuros artistas, sino los que impulsen la sociedad en su conjunto. Ese es el objetivo. 

¿Tienes algún método de enseñanza?

Los dejo crear libremente. No trabajo con una metodología específica, sino con las características de cada niño. Hay pequeños que tienen un aprendizaje lento y otros son más rápidos, algunos pueden tener muy buena mano, pero son muy inquietos, otros conversadores o distraídos. Como pedagogo no me puedo encasillar. 

¿Este proyecto no te roba demasiado tiempo que debes dedicar a tu propia obra?

No. Además de artista plástico y de desarrollar el proyecto comunitario con los niños de Guanabacoa, trabajo la tierra. Vivo en Berroa, una localidad ubicada en la periferia del municipio de La Habana del Este, y allí mis padres tienen una parcela. Ellos son campesinos y en el horario de la mañana los ayudo en las labores agrícolas porque creo que forma parte de mis obligaciones y de mi posición en este momento; también me ayuda mucho el contacto con la tierra y el estar ligado a la naturaleza. 

Por las tardes es que me dedico a la creación plástica. Veo el arte como un modo de vida y no como un medio. Es una posición muy consciente e incluso hasta alternativa porque intento buscar ante un fenómeno determinado aquello que me pueda equilibrar la existencia. Añoro un mundo en que exista una perfección. Ese es mi sueño.   


Palabras del catálogo de la exposición Transfiguraciones

Adentrarse en la obra de Jorge Álvarez es como intentar explorar en una dimensión otra, indagar en el posible deseo del hombre de sobrepasar los límites que se le imponen… es, en definitiva, una suerte de aventura sustancialmente marcada por la relación vital con ciertos fragmentos que componen la vida.  

Su quehacer está signado por la indagación, pero también está repleto de reflexiones que se redescubren a partir de algunos iconos (pez, pájaro, agua…); recursos a los que acude con el solo pretexto de ubicar al hombre en su sitio, es decir, en el centro de sus preocupaciones.   

Las piezas que conforman esta muestra constituyen su personal canto a la naturaleza y a la vida, esa que busca y encuentra en la tierra —que labra todas las mañanas junto a su padre— porque Jorge cultiva y cosecha; también en Guanabacoa enseña los secretos del arte a un grupo de niños lo que, de hecho, lo convierte en pedagogo, pero por encima de todo pinta ya que “es una manera de disfrutar en equilibrio”. 

Como casi todos los artistas está enfrascado en la búsqueda de su propio lenguaje sin renunciar o dar la espalda a las influencias que le llegan gracias a la carga ancestral de la que es heredero. No obstante, Wifredo Lam y Nelson Domínguez parecen ser cuatro ojos que permanentemente depositan su mirada discretamente tutelar… 

El trazo fuerte (¿enérgico?), el movimiento —en algunos lienzos francamente en tropel— y la marcada utilización del negro, refuerzan la idea, que desde el lienzo nos convoca, anima y emplaza a ser parte de este tiempo: ciertamente, época convulsa y difícil la de hoy, pero ¿podrá mañana ser peor?  

Ese es uno de los grandes retos que nos relanza Transfiguraciones

Estrella Díaz
(Periodista) 
 

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