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¿Cuál ha sido siempre la esencia
del poeta? ¿De qué ingredientes está hecho? Vale citar
al menos tres de ellos: tenacidad, previsión y
sensibilidad. Ateniéndonos a esta fórmula la pregunta
siguiente es: ¿Por qué habría de abandonar alguno en
esta contemporaneidad llena de avances tecnológicos y de
rupturas deshumanizadoras?
El poeta que
equilibra sus versos en el siglo XXI tiene, como en
los primeros tiempos, la obligación ética de conocer
los paisajes y las batallas que conmueven al mundo,
reconocerse en ellos y accionar de un modo tal que,
aún en sus inevitables incertidumbres, se integre a
él para indicar, iluminar, ofrecer bienes del
espíritu.
Las épocas se
suceden, pero la poesía demuestra siempre su vocación
por el ejercicio de la verdad, porque la palabra poética
es comunicación, afán de apropiarse de la realidad y
sublimarla, decantando en ella todo lo vano, lo inútil,
lo superfluo y lo proveniente de las fuerzas del mal.
El poeta está siempre
situado en el horizonte, es decir, su mirada sostiene un
intenso y continuo intercambio con lo que el futuro
prepara para sí. Desde esa posición, él puede descifrar
signos y claves, los puede ir mezclando con las noticias
y con las experiencias hasta acercarse leve a una
definición que al ser escrita, al convertirse en
palabras, anunciará o dispondrá una idea del mundo que
signifique algo para el mundo.
Esta primera década
del siglo está signada por las contradicciones sociales,
las amenazas bélicas, el ruido de los combates
aventureros, la codicia, la impunidad y, en muchísimos
casos, el deshonor. El poeta, definitivamente, debe
observar y meditar, logrando tal intimidad con los
acontecimientos, que no le parezca extraño o ajeno
ninguno de los instantes del acontecer internacional.
Para el poeta de
América Latina hay un reto aún mayor, y es el de igualar
sus palabras con los hechos heroicos que ocurren en esta
región, y de los cuales somos deudores todos los que
consideramos al hombre como espejo del hombre.
Describir, significar, reproducir, recrear los elementos
del mundo americano de hoy, con sus conflictos,
posibilidades y victorias, entrever el futuro de
nuestros pueblos y reavivar la llama del fuego de las
naciones, es hoy el término de nuestras labores,
añadiendo, por supuesto, que la lírica del poeta, sus
estructuras y presupuestos, tienen también que
equilibrarse con las audacias, inteligencias y entregas
de los mejores hombres y mujeres de nuestras patrias.
Tal es el reto,
espero por sus palabras. |