Año IV
La Habana

28 ENERO
- 3 FEBRERO de 2006

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Taller de Poesía en el FSM
El reto del poeta latinoamericano

Lourdes González Caracas


¿Cuál ha sido siempre la esencia del poeta? ¿De qué ingredientes está hecho? Vale citar al menos tres de ellos: tenacidad, previsión y sensibilidad. Ateniéndonos a esta fórmula la pregunta siguiente es: ¿Por qué habría de abandonar alguno en esta contemporaneidad llena de avances tecnológicos y de rupturas deshumanizadoras?

El poeta que equilibra sus versos en el siglo XXI tiene, como en los primeros tiempos, la obligación ética de conocer los paisajes y las batallas que conmueven al mundo, reconocerse  en ellos y accionar de un modo tal que, aún en sus inevitables incertidumbres, se integre a él para indicar, iluminar, ofrecer bienes del espíritu.

Las épocas se suceden, pero la poesía demuestra siempre su vocación por el ejercicio de la verdad, porque la palabra poética es comunicación, afán de apropiarse de la realidad y sublimarla, decantando en ella todo lo vano, lo inútil, lo superfluo y lo proveniente de las fuerzas del mal.

El poeta está siempre situado en el horizonte, es decir, su mirada sostiene un intenso y continuo intercambio con lo que el futuro prepara para sí. Desde esa posición, él puede descifrar signos y claves, los puede ir mezclando con las noticias y con las experiencias hasta acercarse leve a una definición que al ser escrita, al convertirse en palabras, anunciará o dispondrá una idea del mundo que signifique  algo para el mundo.

Esta primera década del siglo está signada por las contradicciones sociales, las amenazas bélicas, el ruido de los combates aventureros, la codicia, la impunidad y, en muchísimos casos, el deshonor.  El poeta, definitivamente, debe observar y meditar, logrando tal intimidad con los acontecimientos, que no le parezca extraño o ajeno ninguno de los instantes del acontecer internacional.

Para el poeta de América Latina hay un reto aún mayor, y es el de igualar sus palabras con los hechos heroicos que ocurren en esta región, y de los cuales somos deudores todos los que consideramos al hombre como espejo del hombre. Describir, significar, reproducir, recrear los elementos del mundo americano de hoy, con sus conflictos, posibilidades y victorias, entrever el futuro de nuestros pueblos y reavivar la llama del fuego de las naciones, es hoy el término de nuestras labores, añadiendo, por supuesto, que la lírica del poeta, sus estructuras y presupuestos, tienen también que equilibrarse con las audacias, inteligencias y entregas de los mejores hombres y mujeres de nuestras patrias.

Tal es el reto, espero por sus palabras.

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