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Justo detrás del home, animando al que fuera su equipo
por 22 años, está Lázaro Vargas, tercera base de
Industriales. Su oportunidad al bate y el gran desempeño
en la posición lo hacen un pelotero muy popular y a
quien los aficionados persiguen en pos de un autógrafo.
Hay momentos de su vida deportiva que resultan
inolvidables; así lo recordamos en 1988 en Italia,
cuando con un hit decidió la final frente a los EE.UU.;
en los Juegos Olímpicos de Barcelona fue el primer
jugador que logró la escalera —hit, doble, triple y
jonrón— y en Atlanta’ 96, después de una delicada
operación de rodilla, que casi le cuesta su permanencia
en el deporte activo, demostró toda su voluntad y
entrega al alcanzar una brillante actuación. Este
capitalino, que se mueve inquieto en su asiento, con su
presencia en el Latinoamericano exalta el amor a la
camiseta y la consecuencia deportiva.
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¿Qué se siente detrás de la malla del Coloso del
Cerro cuando se ha sido un deportista por tantos
años del equipo Industriales?
Conversaba con un
amigo mío y le decía que estaba más nervioso ahora,
viendo jugar a Industriales, que cuando jugaba, porque
quiero hacer las cosas y no puedo, estoy aquí y quiero
estar en el terreno. Me pongo nervioso y me digo: “Pero
por qué si cuando yo estaba ahí no sucedía”. Es mi
equipo, es decir, no jugué para otro equipo que no fuera
Industriales, ni para Metros ni para el Habana e,
incluso, te digo la verdad, a veces me tengo que parar
e irme, dar una vuelta, volver y sentarme, porque me
siento tenso. Mi deseo es que mi equipo gane y no puedo
hacer nada por eso.
Has dicho alguna vez que te acompañó un poco la suerte
en tu carrera deportiva. ¿Por qué la suerte?
Porque creo en la
suerte, creo que existe. Imagínate que la pelota es el
único deporte que juega uno contra nueve. En otros: un
todos contra todos, los dos rivales juntos en el
terreno. En el béisbol, no; el bateador y nueve en el
terreno y tus compañeros están sentados, nadie empuja a
nadie ni le puede tapar los ojos a nadie. Creo que hay
que tener mucha suerte para ser un buen jugador de
béisbol. Además, me gusta jugar con mi suerte, probarla.
Coincidiste en el tiempo con Omar Linares pero, a pesar
de ello, pudiste brillar no solo en Industriales, sino
también en partidos decisivos en el Equipo Cuba. ¿Qué
puedes decirme de esta coexistencia deportiva?
Tuve el honor de
poder jugar con Omar Linares que ha sido, en mi
criterio, el mejor pelotero del mundo. Sin embargo, no
me rendía. Yo me decía: “Él es bueno, pero tengo que
batear también porque no puedo llegar aquí a sentarme en
el banco, si no lo sientan a él, sentarán a alguien. Que
él haga su trabajo que yo haré el mío”. A veces tenía
compañeros que me decían: “Linares bateó de 4-4”. Yo le
respondía: “Yo no tengo que estar preocupado por lo que
está haciendo Linares, sino por lo que estoy haciendo
yo, preocuparme por mi trabajo, eso es lo mío”. Si me
ponía a detenerme en lo que hacía Linares, me volvía
loco.
¿Y no crees que el hecho de pertenecer a
Industriales te presionaba también?
Mira, jugar con
Industriales es lo máximo que hay en este país. He
hablado con muchas estrellas y todos, todos añoran haber
un día jugado con Industriales. Por eso me siento
orgulloso de haber sido parte de él por 22 años.
¿Cuáles han sido
tus mayores potencialidades y tus debilidades como
atleta?
Me gustaba ver este
estadio Latinoamericano o cualquier otro lleno, entonces
en el momento difícil decirme: “Ahora yo voy a parar a
este público y se va a formar tremenda gritería”, y me
concentraba en ello. Cuando daba las líneas a la hora
buena y los veía gritar, pues me daba cuenta de que uno
juega para ellos, para este público. Esa era mi mayor
potencialidad, sentir que lo más importante era el
público. Mi debilidad, un poco de miedo escénico. Me
costaba trabajo salir al terreno. La gente a veces
decía: “Vargas se demora”. Y no, me era difícil salir
afuera, en cualquier terreno.
Y
el Latinoamericano, ¿qué representa para ti?
Lo más grande de mi
vida. Tanto tiempo jugando aquí, esto fue mi vida, mi
trabajo, todo.
Sin embargo, el Latino, quizás por la posibilidad de
acoger a un público diverso que vive en la capital,
tiene sus propias particularidades.
El Latino es el lugar
más difícil para jugar en Cuba porque te exigen
demasiado los aficionados. Puedes batear de 4-4,
impulsar 10 carreras y, cuando cometes un error, te
quieren matar. No creo que pase en otros parques. He
visto jugar, por ejemplo, a Pacheco, a Kindelán en
Santiago y cuando hacían algo mal, al contrario, lo
aplaudían. Aquí no, son implacables, superexigentes.
Amigos en el béisbol.
Pacheco, Kindelán,
Linares, Muñoz, Medina, Marquetti, Javier Méndez, Juan
Padilla.
El pitcher más difícil para ti.
Asesor de la Comisión
Nacional de Béisbol.
¿Has pensado ser entrenador?
Pienso que me va a
llegar el momento, pero todavía no me han planteado
nada.
Tendrías algo que decirle a tu público, a ese que te
criticó, pero también te amó y aún te admira después del
retiro.
Pienso que cuando me
criticaron, hicieron bien, porque debía ser mejor. A
veces los peloteros se ponen bravos cuando les chiflan y
los critican, pero según esto suceda es como tú estás,
es un medidor y te obliga a ponerte a practicar. Yo se
los agradezco. Lo di todo. Salía a darlo todo en el
terreno. Y el agradecimiento para mi público. |