Año IV
La Habana

28 ENERO
- 3 FEBRERO de 2006

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Entrevista con el pelotero cubano LÁZARO VARGAS
Detrás de la malla

Juliana Venero Bon La Habana

Fotos:
Alexis Sánchez


Justo detrás del home, animando al que fuera su equipo por 22 años, está Lázaro Vargas, tercera base de Industriales. Su oportunidad al bate y el gran desempeño en la posición lo hacen un pelotero muy popular y a quien los aficionados persiguen en pos de un autógrafo. Hay momentos de su vida deportiva que resultan inolvidables;  así lo recordamos en  1988 en Italia, cuando con un hit decidió la final frente a los EE.UU.; en los Juegos Olímpicos de Barcelona  fue el primer jugador que logró la escalera —hit, doble, triple y jonrón— y en Atlanta’ 96, después de una delicada operación de rodilla, que casi le cuesta su permanencia en el deporte activo, demostró toda su voluntad y entrega al alcanzar una brillante actuación.  Este capitalino, que  se mueve inquieto en su asiento, con su presencia en el Latinoamericano exalta el amor a la camiseta y la consecuencia deportiva.

¿Qué se siente detrás de la malla del Coloso del Cerro cuando se ha sido un deportista por tantos años del equipo Industriales?

Conversaba con un  amigo mío y le decía que estaba más nervioso ahora, viendo jugar a Industriales, que cuando jugaba, porque quiero  hacer las cosas y no puedo, estoy aquí y quiero estar en el terreno. Me pongo nervioso y me digo: “Pero por qué si cuando yo estaba ahí no sucedía”.  Es mi equipo, es decir, no jugué para otro equipo que no fuera Industriales, ni para Metros ni para el Habana e, incluso, te digo la verdad, a veces  me tengo que parar e irme, dar una vuelta, volver y sentarme, porque me siento tenso. Mi deseo  es que mi equipo gane y no puedo hacer nada por eso.

Has dicho alguna vez que te acompañó un poco la suerte en tu carrera deportiva. ¿Por qué la suerte?

Porque creo en la suerte, creo que existe. Imagínate que la pelota es el único deporte que juega uno contra nueve. En otros: un todos contra todos, los dos rivales juntos en el terreno. En el béisbol, no; el bateador y  nueve en el terreno y tus compañeros están sentados, nadie empuja a nadie ni le puede tapar los ojos a nadie. Creo que hay que tener mucha suerte para ser un  buen jugador de béisbol. Además, me gusta jugar con mi suerte, probarla.

Coincidiste en el tiempo con Omar Linares pero, a pesar de ello, pudiste brillar no solo en Industriales, sino también en partidos  decisivos en el Equipo Cuba. ¿Qué puedes decirme de esta coexistencia deportiva?

Tuve el honor de poder jugar con Omar Linares que ha sido, en mi criterio, el mejor pelotero del mundo. Sin embargo, no me rendía. Yo me decía: “Él es bueno, pero tengo que batear también porque no puedo llegar aquí a sentarme en el banco, si no lo sientan a él, sentarán a alguien. Que él haga su trabajo que yo haré el mío”. A veces  tenía compañeros que me decían: “Linares bateó de  4-4”. Yo le respondía: “Yo no tengo que estar preocupado por lo que está haciendo Linares, sino por lo que estoy haciendo yo, preocuparme por mi trabajo, eso es lo mío”. Si me ponía a detenerme en lo que hacía Linares, me volvía loco.

¿Y no crees que el hecho de  pertenecer a Industriales te presionaba también?

Mira, jugar con Industriales es lo máximo que hay en este país.  He hablado con muchas estrellas y todos, todos añoran haber un día jugado con Industriales. Por eso me siento orgulloso de haber sido parte de él por 22 años.

¿Cuáles  han  sido tus  mayores potencialidades y tus debilidades como atleta?

Me gustaba ver este estadio Latinoamericano o cualquier otro lleno, entonces en el momento difícil  decirme: “Ahora yo voy a parar a este público y se va  a formar tremenda gritería”,  y me concentraba en ello. Cuando daba las líneas a la hora buena y los veía gritar, pues me daba cuenta de que uno juega para ellos, para este público.  Esa era mi mayor potencialidad, sentir que lo más importante era el público. Mi debilidad, un poco de miedo escénico. Me costaba trabajo salir al terreno. La  gente a veces decía: “Vargas se demora”. Y no, me era difícil salir afuera, en cualquier terreno.

Y el  Latinoamericano, ¿qué representa para ti?

Lo más grande de mi vida. Tanto tiempo jugando aquí, esto fue mi vida, mi trabajo, todo.

Sin embargo, el Latino,  quizás por la posibilidad de acoger a un público diverso que  vive en la capital, tiene sus propias particularidades.

El Latino es el lugar más difícil para jugar en Cuba porque te exigen demasiado los aficionados. Puedes batear de 4-4, impulsar 10 carreras y, cuando cometes un error, te quieren matar. No creo que pase en otros parques.  He visto jugar, por ejemplo, a Pacheco,  a Kindelán en Santiago y cuando hacían algo mal, al contrario, lo aplaudían. Aquí no, son implacables, superexigentes.

Amigos en el béisbol.

Pacheco, Kindelán, Linares, Muñoz, Medina, Marquetti, Javier Méndez, Juan Padilla.

El pitcher más difícil para ti.

José Ibar. Me costaba mucho trabajo. Creo que el batazo más largo que le di fue un fly a segunda.

Los jugadores que más has admirado.

Anglada, Capiró, Medina, Marquetti, Muñoz, Cheíto, Casanova, Linares, Pacheco, Kindelán.

¿Qué tienen esos jugadores que merecen tu elección?

Que fueron unas estrellas, que lo dieron todo, pero, además, muy oportunos, que es lo que yo miro del jugador. A mí no me interesa que bateen  400. A la hora buena es cuando tú tienes que hacerlo y estos atletas eran de esos.

¿A qué te dedicas actualmente?

Asesor de la Comisión Nacional de Béisbol.

¿Has pensado ser entrenador?

Pienso que me va a llegar el momento, pero todavía no me han planteado nada.

Tendrías algo que decirle a  tu público, a ese que te criticó, pero también te amó y aún te admira después del retiro.

Pienso que cuando me criticaron, hicieron bien,  porque debía ser mejor. A veces los peloteros se ponen bravos cuando les chiflan y los critican, pero según esto suceda es como tú estás, es un medidor y te obliga a ponerte a practicar. Yo se los agradezco.  Lo di todo. Salía a darlo todo en el terreno. Y el agradecimiento para mi público.

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