Año IV
La Habana

28 ENERO
- 3 FEBRERO de 2006

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Los jóvenes y la memoria del futuro
Pedro de la Hoz Caracas
Fotos:
López Hevia


Entre escritores y periodistas debatimos en el VI Foro Social Mundial el papel de la prensa como instrumento de conservación y promoción de la memoria histórica. Y sí, estuvimos de acuerdo en que hay que llevar adelante esa tarea, en su necesidad impostergable como premisa para la desalienación de las sociedades inmersas en el turbión neoliberal.

El problema, como siempre, radica en cómo hacerlo y sobre qué bases salir adelante.

Quien escribe estas líneas tuvo la responsabilidad de abrir la ronda de intervenciones y el privilegio de poner banderillas al toro al final de la jornada.

En un primer momento me interesaba confrontar opiniones sobre el tratamiento desmemoriado con que se abordan en la mayoría de los medios convencionales los asuntos del arte y la literatura.

De una parte la manipulación del pasado, como una entelequia pétrea y cosificada de valores inmóviles  y establecidos, obedece a la transmisión de una escala de valores conveniente a los intereses del sistema hegemónico.

De otra parte, está el olvido, que cae como un pesado fardo sobre acontecimientos, personas, procesos y hechos. Se trata del ocultamiento de evidencias para beneficio de quienes ejercen el poder en todos los órdenes, incluido el simbólico.

En una tercera dimensión del problema, se instaló la bien conocida arista de la frivolidad informativa. El reflejo del diario acontecer de la vida cultural privilegia los contornos nimios, la sobreabundancia de ligerezas, los artificios de la fama.

Contra tal estado de cosas, los que estamos comprometidos con varios medios alternativos, tanto en soporte digital como de papel, asumimos la urgencia de coordinar mucho más las estrategias editoriales, en especial aquellas destinadas a desmitificar el carácter tendencioso y manipulador de los monopolios informativos.

Sin embargo, luego de escuchar a estudiantes de Comunicación de escuelas de Venezuela y Colombia, decidí abrir nuevamente el tema con varias interrogantes: ¿Estamos seguros de que los medios alternativos tienen una debida recepción entre los jóvenes? ¿Se posee una exacta perspectiva acerca del peso que tienen conceptos como los de identidad, patrimonio y memoria histórica en la proyección cotidiana de las generaciones emergentes? ¿Se ha estudiado suficientemente la relación entre forma y contenido en los nuevos medios de modo que se pueda medir la eficacia de sus discursos entre los jóvenes?

Por la calidad de las respuestas que seamos capaces de ofrecer, pasa indefectiblemente la ruta de la influencia real de nuestros medios en la formación de valores humanistas y el crecimiento espiritual de las muchachas y muchachos del siglo XXI.     

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