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Raymond
Chandler, en una de sus numerosas premisas afirmaba que
“este no es un mundo agradable, pero es en el mundo en
el que usted y yo vivimos”. Esta cita, que refleja la
realidad de los inicios de la novela negra hasta
nuestros días, es una buena muestra del
porqué el espacio y
el tiempo han sido aspectos trascendentales en este tipo
de narraciones. Centrándonos ya en el espacio español, y
sobre todo en el de Barcelona y Madrid que son los más
frecuentados a lo largo de las narraciones negras,
veremos pasar en el transcurso del tiempo a detectives
tan célebres como Pepe Carvalho, Luis Arquer, Petra
Delicado o Jorge Méndez evidenciando una relación con
los orígenes de la narrativa negra norteamericana.
La aparición de
este tipo de novelas se explica —entre muchos otros
factores— por la densidad demográfica y la aparición
del lumpen proletariado en las ciudades
españolas, tal como había sucedido en los años 20 y
30 en los EE.UU. Este hecho va a generar una nueva
manera de enfocar el policiaco a la hora de plasmar
los contextos espaciales y temporales.
Ambientes como los
bajos fondos de la ciudad, los hoteles, las pensiones de
toda índole, los barrios periféricos, prostíbulos y
lugares típicos de cada urbe, conforman un entramado
laberíntico que se podría definir en España como
“costumbrismo urbano”. Este costumbrismo nos lleva por
un lado a la necesidad de describir algunas de las
ciudades europeas y americanas que visitan estos
detectives, por ejemplo los viajes a Sudamérica de
Carvalho, como en Quinteto de Buenos Aires o a
Nápoles y Nueva York en Bajo el signo de sagitario,
del investigador Enric Vidal.
Por otro lado, parece
inevitable centrarse en la descripción detallada del
paisaje urbano de España con todos sus constituyentes:
no faltan referencias a las Ramblas, a la Vía Laietana y
a los barrios altos de la ciudad de Barcelona así como
también a la Gran Vía y al barrio de Vallecas en la
ciudad de Madrid. Estas menciones hacen referencia a un
espacio del mundo real, existente más allá del universo
de ficción, que viene a reflejar una fusión con la
realidad. Algunas alusiones a los barrios altos en las
distintas ciudades españolas pretenden evidenciar la
filiación social de sus ocupantes, lo cual quiere decir
que a través de las formas de vida se ofrece un material
informativo importante a la hora de caracterizar a los
personajes, vinculándolos con su entorno. Esto, por
consiguiente, se convierte en una especie de itinerario
por todo el espectro social. La narración,
indirectamente, se transforma en un testimonio de las
clases sociales mostrando una voluntad del autor para
poner de relieve estas diferencias representadas por los
personajes y por los lugares que habitan.
Me parece interesante
también hacer hincapié en los espacios comunes españoles
representados en las diferentes novelas. Se trata de
lugares arquetípicos donde se desarrollan buena parte de
las tramas, como los clubes nocturnos, los ambientes
portuarios y las vías férreas, tan propicias al
contrabando y al comercio con materiales de dudosa
legalidad. Sin duda, la novela negra americana de los
grandes clásicos —Hammett o McDonald— ya había hecho
referencia a esta clase de ambientes. También el cine
negro los ha recreado en numerosas ocasiones como en el
film El sueño eterno, adaptación de la obra
homónima de Raymond Chandler.
Por lo tanto, las
novelas de Vázquez Montalbán, Jaume Fuster, Francisco
González Ledesma y Lorenzo Silva por citar algunos
ejemplos son propicias para este tipo de entornos que
surgen en los momentos más delicados y trascendentales
de la narración y que reflejan unos valores puramente
urbanos.
Nos encontramos,
pues, delante de una utilización hábil del espacio como
punto de información sobre elementos y detalles que se
corresponden con el contexto. Se trata, en cierta
medida, de hacer que las páginas de la ficción literaria
transpiren aquello que se puede vivir en el contexto
social del momento. Esto era, en definitiva, una nueva
forma de reflejar la realidad constituyendo una muestra
fehaciente de la voluntad del autor que pretende
establecer unas relaciones entre el texto y el contexto
con el fin de ubicar históricamente y socialmente la
novela.
Si al reflejar estos
espacios contextuales el autor lo hace utilizando sus
dotes de observador de la realidad circundante, debemos
de tener presente que hay —dentro de lo que llamamos
anclaje en el contexto— una estrecha relación entre el
tiempo histórico vivido por el creador y unas fechas
cronológicas. Esto nos lleva, indefectiblemente, a
enlazar la novela negra con el tiempo en que fue
escrita, uniendo estrechamente el tiempo con la realidad
social del país. De aquí que la temática refleje
aspectos como el turismo, la emigración interior y
diversos acontecimientos que estuvieron muy de moda en
España, así como también las fugas de capitales, la
prostitución infantil, y, cómo no, el narcotráfico.
Por estos motivos,
la novela negra va tomando datos sociales e históricos
relevantes en lo que hace referencia a su situación
dentro de un contexto fidedigno muy concreto. A partir
de las pinceladas que hemos ido trazando, se establecen
claras conexiones con los elementos que envolvían la
creación literaria en aquel momento, en que se observa
un contraste ideológico entre unas posturas y otras.
Este panorama es el
resultado de una especie de collage de
manifestaciones sociales que se recogen dentro del
discurso de la narración, sea a través de los diálogos,
o bien a través de otras formas indirectas de citación
como la forma de pensar y de expresarse los personajes.
En definitiva, se trata de ver hasta qué punto la
heteroglosia da juego discursivo a todos los factores
antes referidos; nos interesa saber hasta qué punto hay
coherencia entre la diversidad social y la expresión de
la ideológica, como hemos apuntado hasta el momento.
Por todo esto,
creemos que es imprescindible tener en cuenta cómo se
organiza el texto de la novela; distinguirlo de aquello
que consideramos historia; aquello contado, enfrente de
cómo se cuenta.
Nos interesa
especialmente esta perspectiva discursiva porque de esta
forma llegaremos a entender las estrategias del discurso
—entre ellas tiempo y espacio en la novela negra— que ha
utilizado el autor para mantener el suspense y
administrar los datos, pero también para desvelar al
lector ciertas complicidades con un determinado tipo de
personaje. En este punto es donde nos remitiríamos a
Raymond Chandler y podríamos plantearnos el cómo y el
porqué se ha reflejado el mundo de una determinada
manera.
* Àlex Martín Escribà (Barcelona,
1974) Profesor de catalán en la Universidad de La
Habana. Es autor de los libros Catalana i Criminal
y Manuscrito Criminal.
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