Año IV
La Habana

28 ENERO
- 3 FEBRERO de 2006

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Un tiempo y un espacio
para la novela negra española

Àlex Martín Escribà* Barcelona


Raymond Chandler, en una de sus numerosas premisas afirmaba que “este no es un mundo agradable, pero es en el mundo en el que usted y yo vivimos”. Esta cita, que refleja la realidad de los inicios de la novela negra hasta nuestros días, es una buena muestra del porqué el espacio y el tiempo han sido aspectos trascendentales en este tipo de narraciones. Centrándonos ya en el espacio español, y sobre todo en el de Barcelona y Madrid que son los más frecuentados a lo largo de las narraciones negras, veremos pasar en el transcurso del tiempo a detectives tan célebres como Pepe Carvalho, Luis Arquer, Petra Delicado o Jorge Méndez evidenciando una relación con los orígenes de la narrativa negra norteamericana.

La aparición de este tipo de novelas se explica —entre muchos otros factores— por la densidad demográfica y la aparición del lumpen proletariado en las ciudades españolas, tal como había sucedido en los años 20 y 30 en los EE.UU. Este hecho va a generar una nueva manera de enfocar el policiaco a la hora de plasmar los contextos espaciales y temporales.

Ambientes como los bajos fondos de la ciudad, los hoteles, las pensiones de toda índole, los barrios periféricos, prostíbulos y lugares típicos de cada urbe, conforman un entramado laberíntico que se podría definir en España como “costumbrismo urbano”. Este costumbrismo nos lleva por un lado a la necesidad de describir algunas de las ciudades europeas y americanas que visitan estos detectives, por ejemplo los viajes a Sudamérica de Carvalho, como en Quinteto de Buenos Aires o a Nápoles y Nueva York en Bajo el signo de sagitario, del investigador Enric Vidal.

Por otro lado, parece inevitable centrarse en la descripción detallada del paisaje urbano de España con todos sus constituyentes: no faltan referencias a las Ramblas, a la Vía Laietana y a los barrios altos de la ciudad de Barcelona así como también a la Gran Vía y al barrio de Vallecas en la ciudad de Madrid. Estas menciones hacen referencia a un espacio del mundo real, existente más allá del universo de ficción, que viene a reflejar una fusión con la realidad. Algunas alusiones a los barrios altos en las distintas ciudades españolas pretenden evidenciar la filiación social de sus ocupantes, lo cual quiere decir que a través de las formas de vida se ofrece un material informativo importante a la hora de caracterizar a los personajes, vinculándolos con su entorno. Esto, por consiguiente, se convierte en una especie de itinerario por todo el espectro social. La narración, indirectamente, se transforma en un testimonio de las clases sociales mostrando una voluntad del autor para poner de relieve estas diferencias representadas por los personajes y por los lugares que habitan.

Me parece interesante también hacer hincapié en los espacios comunes españoles representados en las diferentes novelas. Se trata de lugares arquetípicos donde se desarrollan buena parte de las tramas, como los clubes nocturnos, los ambientes portuarios y las vías férreas, tan propicias al contrabando y al comercio con materiales de dudosa legalidad. Sin duda, la novela negra americana de los grandes clásicos —Hammett o McDonald— ya había hecho referencia a esta clase de ambientes. También el cine negro los ha recreado en numerosas ocasiones como en el film El sueño eterno, adaptación de la obra homónima de Raymond Chandler.

Por lo tanto, las novelas de Vázquez Montalbán, Jaume Fuster, Francisco González Ledesma y Lorenzo Silva por citar algunos ejemplos son propicias para este tipo de entornos que surgen en los momentos más delicados y trascendentales de la narración y que reflejan unos valores puramente urbanos.

Nos encontramos, pues, delante de una utilización hábil del espacio como punto de información sobre elementos y detalles que se corresponden con el contexto. Se trata, en cierta medida, de hacer que las páginas de la ficción literaria transpiren aquello que se puede vivir en el contexto social del momento. Esto era, en definitiva, una nueva forma de reflejar la realidad constituyendo una muestra fehaciente de la voluntad del autor que pretende establecer unas relaciones entre el texto y el contexto con el fin de ubicar históricamente y socialmente la novela.

Si al reflejar estos espacios contextuales el autor lo hace utilizando sus dotes de observador de la realidad circundante, debemos de tener presente que hay —dentro de lo que llamamos anclaje en el contexto— una estrecha relación entre el tiempo histórico vivido por el creador y unas fechas cronológicas. Esto nos lleva, indefectiblemente, a enlazar la novela negra con el tiempo en que fue escrita, uniendo estrechamente el tiempo con la realidad social del país. De aquí que la temática refleje aspectos como el turismo, la emigración interior y diversos acontecimientos que estuvieron muy de moda en España, así como también las fugas de capitales, la prostitución infantil, y, cómo no, el narcotráfico.

 Por estos motivos, la novela negra va tomando datos sociales e históricos relevantes en lo que hace referencia a su situación dentro de un contexto fidedigno muy concreto. A partir de las pinceladas que hemos ido trazando, se establecen claras conexiones con los elementos que envolvían la creación literaria en aquel momento,  en que se observa un contraste ideológico entre unas posturas y otras.

Este panorama es el resultado de una especie de collage de manifestaciones sociales que se recogen dentro del discurso de la narración, sea a través de los diálogos, o bien a través de otras formas indirectas de citación como la forma de pensar y de expresarse los personajes. En definitiva, se trata de ver hasta qué punto la heteroglosia da juego discursivo a todos los factores antes referidos; nos interesa saber hasta qué punto hay coherencia entre la diversidad social y la expresión de la ideológica, como hemos apuntado hasta el momento.

Por todo esto, creemos que es imprescindible tener en cuenta cómo se organiza el texto de la novela; distinguirlo de aquello que consideramos historia; aquello contado, enfrente de cómo se cuenta.

Nos interesa especialmente esta perspectiva discursiva porque de esta forma llegaremos a entender las estrategias del discurso —entre ellas tiempo y espacio en la novela negra— que ha utilizado el autor para mantener el suspense y administrar los datos, pero también para desvelar al lector ciertas complicidades con un determinado tipo de personaje. En este punto es donde nos remitiríamos a Raymond Chandler y podríamos plantearnos el cómo y el porqué se ha reflejado el mundo de una determinada manera.

* Àlex Martín Escribà (Barcelona, 1974) Profesor de catalán en la Universidad de La Habana. Es autor de los libros Catalana i Criminal y Manuscrito Criminal.

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