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Boaventura de Sousa Santos
(Coimbra, Portugal, 1940) es uno de los sociólogos más
prestigiosos e innovadores a nivel internacional.
Militante incondicional e impulsor del Foro Social
Mundial, sus análisis críticos de la sociedad
capitalista son indispensables para comprender las
transformaciones del orden mundial, y sus propuestas
alternativas de emancipación social revelan una mirada
novedosa en el actual panorama del pensamiento teórico
social. Es doctor en Sociología del Derecho por la
Universidad de Yale, profesor de la Facultad de Economía
y director del Centro de Estudios Sociales de la
Universidad de Coimbra, Portugal, y profesor en la
Facultad de Derecho de la Universidad de Wisconsin,
Madison, EE.UU. Es también director de la Revista
Crítica de Ciencias Sociales.
En
Cuba pronto veremos publicado su libro Reinventar
la democracia, reiventar el Estado (2004),
y ahora, tras ejercer como jurado de Literatura
brasileña en el Premio Casa de las Américas 2006, ha
recibido dentro de este mismo certamen,
para su gran sorpresa, el Premio de ensayo
Ezequiel Martínez de Estrada, por su libro La
Universidad en el siglo XXI. Para una reforma
democrática y emancipadora de la Universidad
(2005), otorgado, en palabras de Roberto
Fernández Retamar, por “abordar polémicamente un
tema de preocupación universal en el que se
condensan algunas de las disputas más intensas en
las actuales políticas públicas”.
Antes de conceder esta entrevista,
Boaventura de Sousa habló sobre su premio a toda la
prensa reunida en la Sala Che Guevara de la Casa de las
Américas:
Nunca me pasó en la vida, ser
miembro de un jurado como el del Premio Casa de las
Américas y recibir yo mismo uno de los premios. Soy muy
feliz, no solamente porque es un premio de la Casa de
las Américas, sino por haber escogido un tema que es muy
polémico, que va a ser uno de los grandes temas de este
siglo: La transformación de la universidad pública. Hay
una presión enorme del capitalismo global, en este
momento, para privatizar toda la Universidad pública,
para someterla a las leyes del mercado a través de la
liberalización de servicios. Entonces la educación
universitaria sería una mercancía como cualquier otra,
que sería producida en universidades globales —Harvard,
Yale, Oxford, etcétera— que podrían vender a todo el
mundo cursos de biología, de sociología, de derecho…,
pagando, claro, derechos de propiedad intelectual. Esto
a mi juicio es la destrucción del conocimiento público,
que la universidad siempre ha representado desde el
siglo XII. Ese es el peligro y no basta denunciar lo que
se está proponiendo. El proceso ocurre dentro de la
Organización Mundial de Comercio en esta nueva ronda de
negociaciones, y en este momento está un poco paralizado
por las acciones de Brasil, de Sudáfrica y de la India,
pero continúa en la agenda. Es importante no solamente
denunciarlo sino proponer alternativas, respuestas;
porque la universidad pública está muy indolente, está
muy vieja, está paralizada por privilegios, por gente
que no trabaja lo suficiente. Mi idea es también
revolucionar la universidad pública, que se relacione
cada vez más con la comunidad, con la gente; que se abra
más a la sociedad y también a nuevos temas. Que se
democratice, porque no logramos que los países
capitalistas de América Latina democraticen la
universidad. Hay que trabajar más en ese sentido sin
degradar, sin masificar la universidad.
Es un libro que surgió realmente
cuando el Ministro de Educación de Brasil, que es un
gran amigo mío, Tarso Genro, me pidió que escribiera un
texto e hiciera una charla para inaugurar el debate
oficial sobre la reforma de la universidad. Después
amplié un poco y salió este libro. Ya está publicado en
Brasil, en Argentina, en Ecuador, en México, y Roberto
Fernández Retamar me ha dicho que lo va a publicar
también aquí en Cuba. Estoy muy contento, muchas
gracias.
Luego, mientras nos rodeaban
algunos oyentes interesados en las opiniones de
Boaventura de Sousa, en un aparte en la misma sala Che
Guevara expuso algunas de sus ideas para La Jiribilla:
¿Cuál es el lugar del
intelectual dentro de los movimientos sociales?
Pienso que el intelectual es muy
necesario en todos estos procesos, pero ya no es el
intelectual de vanguardia, que ya lo fue durante el
siglo XX, sobre todo en los 60 y 70, o sea, el
intelectual que tiene un conocimiento privilegiado, que
es único por lo que sabe, y que por eso va a guiar las
masas. Yo pienso que ese intelectual ya no puede
existir, porque hoy no hay masas en ese sentido. La
gente se organiza en movimientos sociales, en
organizaciones, en partidos, sindicatos, pero quiere
saber las razones por las que se moviliza. El
intelectual puede ayudar, puede ser un facilitador, pero
no una vanguardia. Tiene que hacerlo desde otro rol, que
es el siguiente: Hasta ahora, durante el siglo XX,
pensábamos que solamente el conocimiento científico
occidental era de rigor, y era lo único que valía; hoy
en día trabajamos para lo que yo llamo una “ecología de
saberes”, hay saberes intelectuales y científicos muy
importantes, pero hay también saberes campesinos,
saberes populares, saberes indígenas, que hoy son
absolutamente fundamentales, y que ahora, en el Foro
Social Mundial, se mostró que son fundamentales para
repensar la izquierda, para repensar el socialismo, para
repensar un “otro mundo” posible más justo. Entonces no
hay un conocimiento, hay varios conocimientos, y el
intelectual es uno entre otros. Tiene que ir un poco
atrás, y no delante. Tiene que ir con la gente. Tiene
que tener un discurso que le permita compartir su saber
sin nunca pretender que es el único o el más riguroso.
Tenemos que ser más humildes, más solidarios con los
otros saberes que se producen.
Se está escribiendo mucho sobre
“el giro a la izquierda” de los gobiernos
latinoamericanos; sin embargo continúa en la región una
tendencia a la liberalización del comercio. ¿Hasta qué
punto se puede pensar en lograr una articulación entre
los países latinoamericanos en la actual coyuntura?
El neoliberalismo está en crisis en
Latinoamérica porque se paralizó el ALCA. Los EE.UU. han
logrado algunos tratados de libre comercio con pequeños
países que casi no representan nada del PIB de América
Latina. Está emergiendo una alternativa, que es una
alternativa política, una alternativa económica y que
es una alternativa cultural. Pienso que las tres tienen
que ir juntas, porque no se puede hacer una integración
cultural si no tienes una base económica. En lo que se
está transformando el Mercosur, junto a la actividad y
todo el protagonismo de Chávez —en este momento con el
gaseoducto de 7 mil kilómetros entre Venezuela y Río de
la Plata—, son cosas muy novedosas, que te van a dar
otra concepción de desarrollo que hasta ahora no
existía. También la distribución solidaria del petróleo,
como se ha estado haciendo; claro que a nosotros nos
preocupa que estemos tan dependientes de una sola fuente
de energía, hay que diversificar. Pero pienso que estos
Estados están preparando las bases, y ahora con Evo
Morales se va a lograr, como ha dicho, la
nacionalización de los hidrocarburos en Bolivia, que es
una cosa novedosa. Durante el siglo XX se nacionalizaron
muchos de estos hidrocarburos antes del neoliberalismo,
el caso de México es el más importante tal vez, pero
hacerlo en este momento es ir contra la corriente. Por
eso pienso que las cosas están cambiando en América
Latina. Se muestra que hay varios modelos de socialismo
que están emergiendo, varias izquierdas, y deben
aprender unas de otras.
Ha comenzado ya el Foro Social
Mundial en Caracas. ¿Qué espera de este nuevo encuentro?
El Foro de Caracas no es el único
Foro Mundial. Estamos organizando tres Foros: el de
Bamako, en Mali, que terminó anteayer, y el de Karachi,
en Pakistán, que se va a realizar dentro de dos meses.
Es un Foro Mundial policéntrico.
En este Foro Mundial de Caracas hay
algunas prioridades, que son para mí muy importantes: la
organización de propuestas, o sea, cómo vamos a pasar a
propuestas concretas, que en este momento en América
Latina ya no vienen solamente de los movimientos
sociales, vienen de los Estados también. Porque hay
Estados que se sienten solidarios con las políticas, por
ejemplo de la deuda, de la energía, que nosotros
habíamos propuesto desde hace años. Si estos Estados son
solidarios con nosotros hay que traerlos [al Foro], lo
que crea un problema, porque el Foro Social Mundial no
es de Estados, y Chávez ha prometido, y pienso que
cumple, dar toda la autonomía al Foro. No sería posible
de otra manera, porque el Foro quiere autonomía siempre.
Creo que es un momento en América
Latina donde se puede, a través del Foro, empezar esto
que estamos haciendo también aquí [en Casa de las
Américas], o sea, no se hace integración política sin
que la gente se conozca. Y hay gente que está muy
ausente: el movimiento indígena; el movimiento
afrodescendiente, por ejemplo, que es muy fuerte ahora;
las feministas; los obreros, todo eso se junta en un
campo de fraternidad, para que se conozcan y para que
empiecen con acciones colectivas globales, en este caso
regionales y continentales, que a mi juicio es el
futuro. Pienso que ya no va a ser posible que los
yanquis invadan, digamos, América Latina, o algún país
de América Latina, porque hay una resistencia fuerte. Es
como Lula, sin presión popular va al neoliberalismo y a
la corrupción, con presión popular puede ser alguna
cosa.
Es un momento muy importante, muy
interesante, muy diverso. Nadie tiene la receta, no hay
un dogma. No hay una idea sola que sea la correcta, cada
país está encontrando su idea. Evo Morales es Evo
Morales. Lo estoy ayudando, por ejemplo, porque me
pidieron hacer para la Asamblea Constituyente una
articulación entre democracia representativa y
democracia participativa. Es Evo, no es Chávez, no es
Fidel, no es Michelle, no es Tavarés Vásquez. Cada uno
está creando su propia idea, adecuada a su país. Y ahora
hay que aprender. Sabemos que Chávez y Evo han aprendido
de Cuba, ¿va Cuba a aprender de Chávez y de Morales?
Espero que sí.
He discutido en mi libro la idea de
Estado Experimental. Es exactamente esto, es la idea de
que hay varias soluciones, no una sola. En cada Estado
se pueden crear las condiciones para la gente si
organizaran, no el mercado capitalista, sino otra cosa,
un régimen de gente que se organiza en cooperativas
autónomas, en comunidades, en microcréditos, y que
deciden trabajar por su propia iniciativa cuando hay,
por ejemplo, un presupuesto regional o provincial. En
vez de haber una solución para todo el país, puede haber
una solución por municipio, por provincia, solamente por
un año: Vamos a experimentar durante un año y vamos a
ver el resultado al final del año. Si es un buen
resultado podemos ampliarlo a la otra provincia, si es
uno malo, olvídate, vamos a otra. Esa es la
experimentación social y política que necesitamos,
porque nuestro modelo y nuestra cabeza de Estado
moderno, sea capitalista o socialista, es muy
centralizada, piensa de arriba y piensa sola. Eso hoy
está cambiando. Para poder recoger toda la energía del
pueblo hay que diversificar, pero de una manera que no
ponga en peligro lo principal, que es mantener la lucha
y el proyecto social y político, y para eso hay que
hacer experimentación social.
Un espectador ansioso que escucha a
un lado de nuestra entrevista no resiste la tentación y
lanza una pregunta por su cuenta:
Veo en su libro una apelación a
“refundar” la creatividad.
La creatividad política, la
creatividad social. Porque mira, hay tantas experiencias
sociales y políticas hoy en el mundo, y las oficiales,
el pensamiento hegemónico, que es el pensamiento
capitalista liberal, y el mismo pensamiento socialista,
no están aprendiendo con todas estas grandes
diversidades. Yo trabajé en un proyecto en Colombia,
Brasil, India, Mozambique y Sudáfrica, donde pude saber
cómo, por ejemplo, 600 mujeres organizaron una
cooperativa y abastecen de pollo a la ciudad de Maputo,
la capital de Mozambique. Ellas dijeron: Nosotras no
queremos aquí el pollo neoliberal, industrial, de
Sudáfrica. Vamos a producir, nosotras las mujeres, un
pollo de mejor calidad, que es nuestro, y al mismo
precio. Presentaron la iniciativa y el presidente
aceptó. Esas son las experiencias sociales que están
contando en el mundo. Es de eso que estoy dando cuenta.
Ahí está, como ves, el intelectual, que es facilitador y
te permite conocer esto. No inventé estas teorías, la
gente las está inventando. |