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Eduardo Hernández es arquitecto español y trabaja en el
grupo Coordinadora de Solidaridad con Cuba. Hace más de
año y medio que lleva una investigación: “Cuba en el
diario español El País”. A estas alturas de la
historia de este periódico, para muchos no será algo
nuevo la asociación del mismo con la mafia de Miami y la
revista Encuentro de la cultura cubana. No
obstante, “revelar verdades”, como él mismo afirmara,
sobre las intenciones de El País como parte de la
campaña mediática contra la Isla es una de las
pretensiones de ese trabajo. Así comenzó nuestra
entrevista luego de que interviniera con el tema en el
panel sobre la responsabilidad del periodista y los
medios de comunicación durante el Foro Social Mundial,
en Caracas.
En otros tiempos,
El País representaba al pensamiento liberal
progresista español; pero en los últimos años se ha
observado un viraje en su posición editorial que ha
tenido a Cuba en uno de sus más importantes puntos de
mira. ¿Ha traicionado a los propios españoles esa nueva
política del periódico?
No creo que los
españoles estemos engañados. Yo siempre estuve claro
respecto a la posición de El País. En los años 80
escribía para el diario en el apartado sobre Vivienda,
un día me llamaron y me dijeron: “esos temas no
interesan, no te vamos a publicar más”. Hubo un tiempo
en que El País fue un signo de la transición, de
la democracia, algo distinto, pero los que tuvimos
ocasión de tener una actitud militante, nos dimos cuenta
de su verdadero fin. A estas alturas, ya está claro que
no se puede hablar de transición. Yo era en la época de
Franco militante clandestino; luego seguí participando
en movimientos de base, sobre todo en movimientos
ciudadanos que se preocupaban por asuntos relacionados
con la vivienda y la salud.
He
visto cómo funciona y en absoluto me pilla una
sorpresa que tenga que ver con la posición de este
periódico.
Aunque pudiéramos
decir “no hay nada nuevo bajo el sol”, a partir de los
resultados, ¿cuál es la posición de
El País respecto a Cuba?
El grupo con el que
laboro tiene relación con Cuba desde hace mucho tiempo.
Somos todos militantes de la solidaridad y he trabajado
en el tema. Este trabajo surge precisamente porque en
los últimos años hemos percibido que el discurso sobre
la Isla se hace cada vez más negativo, implícito,
estereotipado, y además cala en la sociedad española de
forma muy homogénea. No se aprecian diferencias notables
entre el discurso y la imagen que transmite una persona
culta y formada sobre Cuba que la que puede transmitir
otra persona que no esté informada, ni tenga mucha
cultura. Incluso desde presupuestos ideológicos,
compañeros supuestamente progresistas y de izquierda
pueden tener un discurso muy parecido al de la derecha.
Pensamos que eso debería tener una razón, un origen.
¿Cómo se construyó y
sustentó esa imagen sobre Cuba? ¿Desde qué presupuestos?
¿Quién la financia?
Por eso decidimos
iniciar esta investigación. Para intentar poner de
manifiesto qué es lo que había sucedido para que esa
impresión que tiene la gente fuera tan extendida y
homogénea en algunos casos. Elegimos un medio como El
País que supuestamente es progresista, que atrae
gente de izquierda e intenta además dar una imagen
distinta sobre los temas que trata. Escogimos el año
2003 porque estaba completo en los archivos. Dio,
además, la casualidad de que fue un año enormemente
rico en noticias y, por lo tanto, extraordinariamente
interesante para estudiarlo. Se unieron al proyecto dos
periodistas jóvenes que nos han ayudado mucho. Pensamos
que el trabajo debía tener mucho rigor y fundamentación.
No hicimos selecciones previas ni distinción para que no
pudieran comprometerse los resultados. Revisamos todo lo
publicado durante ese año y resultó ser un período
largo. Lo primero fue recopilar la información.
Establecimos una serie de buscadores que nos permitieran
que no se nos escapara ninguna noticia. Se colocaron en
el buscador una serie de palabras clave y elaboramos
fichas para cada noticia donde quedaron registradas las
características de cada una.
Todas las noticias
analizadas, salvo una excepción que aparece en el
apartado de deportes, obedecen a los mismos rasgos del
estereotipo. En cientos de noticias no se generó ninguna
de estereotipo diferente al que se jerarquiza.
¿Pudiéramos hablar ya
de los resultados de esa investigación?
Hasta ahora hemos
identificado más de 20 formas de manipulación. Muchas de
ellas se repiten sistemáticamente. Se incluyen:
tergiversación, descontextualización, exageración,
ocultación, engaño… un verdadero catálogo. En un
principio nos preguntábamos cómo se podían producir
noticias con la misma intencionalidad y de fuentes
diversas; pero al investigar a través de Internet las
señas de identidad que suscribían los artículos, hemos
descubierto —al relacionar unos y otros— que eran muy
pocas fuentes las que suministraban un cúmulo de
información diversa, eso no podía ser cierto. Al final,
en meses clave como abril de 2003, se producen más de 40
noticias sobre Cuba. Casi se iguala con la cantidad de
textos sobre la guerra de Iraq. Lo interesante, además,
es que las fuentes de información no sobrepasan las
cuatro o cinco. Entre ellas: Mauricio Vicent, Reporteros
sin fronteras y la revista Encuentro —que aparece
a veces como periodistas “independientes”, otras, como
disidentes o con cualquier otro nombre y resulta que
todo es lo mismo. Llegan hasta camuflar identidades
ocultando su condición de periodistas. Tenemos una nota
que aparece en el apartado Viajeros donde supuestamente
alguien ha ido a Cuba y ha transmitido una impresión
crítica sobre la Isla y cuando buscamos, esa persona
había hasta publicado libros con contenidos
contrarrevolucionarios; pero en El País aparece
como un inocente viajero que ha hecho una excursión por
la Isla. El repertorio es inmenso. Hemos hallado también
en los artículos publicados una vulneración histórica
que resulta hasta increíble. De repente, la época
anterior a la Revolución era una etapa gloriosa, llena
de felicidad con un país extraordinario y avanzado,
hasta los sicarios de la dictadura de Batista aparecen
como honrados disidentes que solo están en contra de la
Revolución. Es mucho más que un juego entre la verdad y
la mentira, tratan de construir una imagen muy potente
que una vez asentada en la mente de la gente con
mecanismos de vocación conocidos en periodismo como es
un titular, un pie de foto, una frase ya se logra
colocar el resto del discurso sin ninguna resistencia.
Esta investigación ha
pretendido demostrar que no es solo el asunto de la
falsedad en un discurso, que hay una forma de construir
una manera de pensar, de tal manera que es mucho más
fácil a partir de ahí que la propaganda continúe
funcionando sin necesidad de reflexión alguna. Intentan
que la gente mantenga vivo un mismo estereotipo, en este
caso negativo.
Partiendo de los
resultados de este análisis de contenido tan revelador,
¿cómo se evidencia las tan divulgadas “objetividad” y
“credibilidad” de que ha hecho gala El País?
Hemos descubierto
también los contenidos ideológicos de los mensajes. Lo
más paradigmático es un
editorial que saca El País
(8 o 12 de abril de 2003) sobre Cuba frente a otro sobre
Iraq en las mismas fechas. En el caso de Cuba es un
discurso incluso gramaticalmente muy mal construido, ahí
se ve el estereotipo sobre la Isla muy bien reflejado.
Se exagera y se miente sobre la situación de Cuba: la
famosa carta de los 10 mil disidentes, de un día para
otro se convierten en 20 mil (con la euforia y
borrachera que tenían en ese momento no les importó
cambiar la cifra). Hacían mucho hincapié en que se había
fusilado a personas que querían salir de la Isla, que
cometieron crímenes; mientras, en la parte dedicada a
Iraq comentan sobre las intervenciones del ejército
norteamericano que no había respetado los altos al
fuego, mató civiles, gran cantidad de mujeres y niños,
verdaderas masacres. Mientras el editorial sobre Cuba es
condenatorio porque se han ajusticiado a tres personas
por un delito fragante de armas, sin tener en cuenta que
habían puesto en peligro a decenas de personas y que
este —el secuestro— incluso en EE.UU. está tipificado
con la pena de muerte, el de Iraq termina diciendo que
todo eso debe ser corregido solo porque al fin y al
cabo, el ejército norteamericano es un ejército
democrático y, por lo tanto, debe tener cuidado en cómo
hacer las cosas. Justifica la intervención de EE.UU. y
los crímenes cometidos. Creo que eso refleja muy bien la
supuesta objetividad de El País, no hay ninguna
objetividad, ningún rigor. Se dicen sencillamente: “esto
lo condeno porque quiero condenarlo; y aquello lo
apruebo porque quiero aprobarlo”.
No tienen medida. Una
de las cosas sorprendentes de El País es la
absoluta falta de rigor, profesionalismo y fundamento.
Es increíble que un periódico que se intenta mostrar
como “serio y responsable” funcione de esa manera.
Haciendo un análisis
comparativo con lo que publica hoy El País sobre
Cuba, ¿qué signos pudieran marcarse en medio de la
campaña mediática que se difunde contra la Isla?
Como especialista de
lecturas de El País (risas), creo que hay que
analizar los mecanismos que utiliza y cómo los utiliza.
Se mantienen los niveles de violencia, agresividad y
dogmatismo a la hora de enjuiciar a Cuba. Asimismo, la
construcción negativa de ese estereotipo y la
construcción positiva de todo cuanto esté contra la
Revolución Cubana. No ha variado un ápice, ni siquiera
en el tono del lenguaje. Lo que sucede es que en este
momento no tienen una campaña tan intensa como la que
había en 2003, pero no deja de ser una campaña. Hay
informaciones que se repiten sin tener una razón para
ello; noticias que se publican como noticias cuando no
lo son, sin tener siquiera valor como tal; se mantiene,
además, el servicio a las campañas de todos los grupos
contrarrevolucionarios de España y Europa. Eso sigue en
sus espacios, intervenciones, en las citas. La campaña
persiste, y como toda campaña tiene momentos álgidos y
otros menos. Tú me preguntabas quién lo financia. Según
las noticias que tenemos, el grupo Prisa se está
extendiendo por América Latina y está cada vez más firme
en Miami. Eso lo obliga a intensificar su campaña contra
Cuba no solo por intereses de afiliación política o
económica, sino por sus propios intereses comerciales.
Además de eso, también tenemos noticias de la aprobación
de nuevos fondos para la revista Encuentro y la
disidencia, con lo cual lo único que se puede esperar,
en todo caso, es que se acentúe. |