Año IV
La Habana
2006

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José Luis Serrano
(Holguín, 1971)


VERTER EN TIERRA

El CIERVO 

 […] vulnerado
 por el otero asoma.

                                                                  San Juan de la Cruz

 […] herido
que busca en el monte amparo.

                                                                 José Martí

para R. G.

No intentes ser el que jamás has sido.
Quédate con tus dardos en el pecho.
Siempre serás el mismo, el contrahecho,
el ciervo vulnerado, el ciervo herido. 

No pretendas ganarte lo perdido.
No reclames justicia sin derecho.
El que se marcha es un insatisfecho.
El que regresa es un arrepentido.

Enfrenta tu dolor como una broma.
Por el otero, ciervo herido, asoma.
El pecho del amor muy lastimado.

¿Qué culpa tienes tú de haber nacido
para el sangriento rol predestinado?
Busca en el monte amparo, ciervo herido.

Busca en el monte amparo.

PALINGENESIA

Hoy lloverá contra cualquier pronóstico.
Sin nubes y con sol hoy se desploma
el firmamento. Cuando el carcinoma
no es operable, ¿importa su diagnóstico?

Es imposible predecirlo todo.
El hierofante suele ser hermético
para eludir un riesgo más patético:
Que las cosas ocurran de otro modo.

Puedo ver, hierofante, que transformas
en tu provecho páginas extrañas
que nunca se avendrán a nuestras normas.
 
¿Confiar en tus ridículas patrañas?
Habrá metástasis de todas formas.
La primavera ocurre en mis entrañas.

MUERTE DEL SUJETO LÍRICO

CUERPO DEL MILAGRO

¡Levántate! —dirán—, Lázaro, anda.
Pero tú, que entendiste la hermosura
del cenotafio, la caverna oscura
no vas a abandonar porque Dios manda.

Feliz penetrarás en la nefanda
inmundicia del ser. Lo que perdura
no es la memoria ni el olvido. Abjura.
Permite que la muerte en ti se expanda. 

Aunque pretendan un trivial exordio
para tu destrozado clavicordio
no desdeñes su música. Adelántate.  

Demuéstrales que eres más virtuoso
al escindir de tu orfandad lo hermoso
antes que digan: —Lázaro, ¡levántate!

EL ORÍFICE

Podrá salvarse sólo quien enhebre
palabras en la estrofa sin saberlas
ridículas y absurdas como perlas
que con desgano bruñe un mal orfebre. 

Ciega la luz en ti se desarrolla
como un desesperante poliedro.
No eres un ebanista para el cedro
ni un orfebre serás para la joya.

Sólo podrá salvarse quien pretenda
la rota estrella, senescal postrero,
sin reclamar la críptica prebenda.

En ti ciega la luz busca un sendero.
¿Importa que la noche nos ofenda
cuando logramos injuriar primero?

Tomado de El yo profundo, libro de próxima publicación por la editorial Letras Cubanas.


Poeta. Holguín, 1971. Ha obtenido entre otros reconocimientos: Cucalambé 1995; La Joven Décima 1996; Premio Nacional de Talleres Literarios 1996. Autor de El mundo tiene la razón; Bufón de Dios (1997), Aneurisma (1999), Examen de fe (2002), La resaca de todo lo sufrido. (Premio "Fundación de la Ciudad de Santa Clara" 2002); Los inquilinos de la Casa Usher, Ediciones Holguín (2005).

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